Los personajes no me pertenecen, son propiedad de CAPCOM (el cual me tiene en descontento por la muerte rara de Wesker) y sus respectivos creadores. La historia me pertenece. Queda prohibida su reproducción sin mi consentimiento.
Advertencia: historia UA. Si no te gusta de este tipo recomendaría no seguir la lectura. Sin reclamos ¿Ok? Ya está advertido
The War Of Seduction
Capítulo 3: Parque
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Parque central de Raccoon City. 6:20pm
Chris Redfield se permitió estirar los pies descansando sobre una banca en el famoso parque de la cuidad. Estaba situado junto a la torre del reloj y varios metros delante un pequeño zoológico lograba apreciarse con el fin de preservar las visitas turísticas o al menos así lo recordaba. Llevaba varios años fuera de Raccoon aunque por las mismas características parecía que el tiempo no avanzaba aun pasados los años. La tarde le daba un toque irreal y agradable, mucho mejor a lo acostumbrado siendo un solado que siempre solía pasar largas jornadas fuera del hogar.
La entrada del parque estaba adornada con una reja negra, la cual tenía el nombre de la ciudad impreso en letras grandes. Varios árboles daban camino a un sendero de piedra, donde otros bancos volvían más grande el espacio repleto de césped y varias farolas comenzaban a encenderse dada la hora. Algunos niños jugueteaban con las palomas y los adultos mayores sonreían entretenidos. Debía disfrutarlo pero el mal humor que sentía no le permitía sentir la tranquilidad esperada y todo radicaba en una sola cosa, Steve Burnside, quien le había llamado el día anterior con el fin de tratar asuntos laborales del ejército tras la caída de Umbrella. Sin embargo llevaba dos horas esperando algún rastro del pelirrojo y su teniente tampoco contestaba la llamada ¿Por qué diablos los seguía tratando? Del idiota pelirrojo lo entendía, pero de Nivans… Respiró aire, era un hombre de poca paciencia, y esta estaba a punto de terminarse.
–Señor Redfield, le recomiendo mejorar su ceño o preocupará a los mayores. –Habló alguien caminando hacia él. Chris Reconoció el acento de la mujer y sonrió, solo ella sabía hacer comentarios sarcásticos sin remordimiento. –Veo que no disfruta la vista agradable, lo cual dice mucho de usted.
–Señorita Valentine –saludó siguiendo el ridículo juego de formalidad. –Raccoon por las tardes parece una ciudad fantasma, pero coincido con usted, es una tarde medianamente agradable.
Ella arrugó el ceño en respuesta. Las palabras de Redfield sonaban demasiado huecas y el semblante irritado le indicaba que estaba de pésimo humor por alguna razón.
–Eso no parece hacerlo feliz –le sonrió. – ¿Pasa algo?
El soldado alzó la cara intentando tener un mejor panorama de los ojos grises de su acompañante. Usaba un pantalón mezclilla entallado, una blusa mangas largas rosa pálido sin escote que era sujeto por el cinturón y al final aquel atuendo hacía claro contraste con el rubio cabello. No traía escote alguno y tal vez eso era lo mejor, todavía encontraba estúpido intimidarse por un simple encanto y de todas las personas Valentine era la menos indicada para notar que pese a ser militar era un simple humano con debilidades tontas.
Además el único imbécil entre ellos era Steve, nadie más.
–Llevo dos horas sentado esperando noticias de Burnside ¿Piensas que alguien estaría de buenas tanto tiempo? –se masajeó las sienes irritado. –Ese idiota sin remedio…
La rubia analizó sus palabras y asintió.
–Digamos que yo también estoy pasando por las mismas circunstancias. –Redfield alzó la cara para verla. –fui invitada a una reunión pero me retrasé y me citaron aquí, por favor dime que no estamos aquí sin nuestro consentimiento.
Jill esperaba lo contrario. ¿Cómo diablos se le ocurría a Claire dejarlos solos sin rastro de terceras personas? El hombre no era fácil de tratar y pensar que la pelirroja los trató de estúpidos por caer ante ese juego absurdo era inaceptable para ambos.
–Suena trillado pero probable. –Reconoció Chris a regañadientes- –Steve tiende a hacer las cosas cuando tiene un plan en mente, no quiero pensar que lo usó para estar con Claire o voy a matarlo.
Jill sonrió mientras el hombre seguía maldiciendo, en esos momentos Chris Redfield le recordaba terriblemente a Claire con su paranoia excesiva de sobreprotección. Sherry Birkin era una de las menores del grupo y la mujer solía cuidar de ella desde años atrás añadiendo un extraño sentimiento opresor hacia el género masculino tras la rubia y ahora lograba comprender un poco donde había aprendido la mujer dichas manías exageradas solo con verlo. Lo cual encontraba divertido, Claire Redfield podía ser cualquier cosa menos una damisela en peligro.
Abrió la boca pero el ceño fruncido del soldado le dijo que no encontraría divertido el humor cínico. Y el atuendo militar le hacía exudar testosterona donde se mirara pese a estar sentado con las manos sobre la cabeza, ocultando su ira del resto.
–Tu hermana seguro sabrá ingeniárselas, es inteligente –consoló aun de pie frente a Chris. –, demasiado para su propio bien.
–No es ella quien me preocupa –el castaño cerró los ojos y Jill comprendió que no solo era el asunto de Steve por el cual seguía enojado. –puedes irte cuando desees Jill, te libero de esta situación mientras busco contactar con Steve antes de dispararle por dejarnos varados sin previo aviso.
–Eso se escucha bien señor Redfield –respondió. –Pero me temo que no soy una mujer que se asusta fácilmente.
Necesitaba saber el responsable de la cadena de acontecimientos. El primer detonante del mal humor suelto e iba a conseguir el resto de la información quisiera Redfield o no.
–Jill…
–Escúchame, llevamos bastante tiempo en el parque central de Raccoon y me niego a irme sin antes escuchar el por qué sigues aquí. Si me dices te propongo encontrar una solución que no involucre el uso de armas de fuego.
Él abrió los ojos. Azul contra gris intenso y suspiró derrotado ¿Qué podía salir mal si le contaba? Debía ceder o de lo contrario estaba a punto de sufrir una contractura si seguía apretando la mandíbula.
–Se trata de mi teniente. –confesó. –La central espera unos documentos de una misión en Taiwán pero Piers desapareció la tarde de ayer cuando recibió una llamada y él tiene el informe, le he llamado varias veces pero el bastardo sigue sin responderme.
Oh, así que eso era.
–Ya veo… –murmuró. – creo que te entiendo.
Ella también se encontraba en Raccoon gracias al trabajo e incluso Ada Wong también había viajado desde la otra punta del mundo con la misma finalidad, solo que la mujer había caído bajo las garras de Claire y si aquello llamaba la atención de la agente estaba segura que la castaña no entraría en acción laboral hasta una buena temporada.
Pero eso no quería decir que no podían divertirse un rato ¿cierto?
–Nos arruinaron la tarde Valentine, ahora debemos hacerles lo mismo ¿No te parece?
¿Desconectarse del mundo solo para molestar a quienes los habían dejado? Sonaba impropio de un soldado y tentador, otra cosa interesante de Chris Redfield que no siempre seguía del todo la reglas ¿Quién lo habría imaginado?
–Suena bien Chris… –Jill le extendió la mano invitándolo a ponerse de pie. El aceptó. –, demos un paseo por el parque. Por como lo veo necesitamos relajarnos. Solo debes seguirme el ritmo y nos llevaremos bien.
El soldado sonrió ante la propuesta. El comentario no parecía tener segundas intenciones más que socializar, pero Valentine debía recordar que ambos eran partícipes de una guerra de la cual ninguno estaba dispuesto a ceder.
–No te preocupes Jilliam. –ella lo imitó, comprendiendo también el mensaje. –veremos quién de los dos resiste el ritmo.
…
Piers Nivans dejó el móvil contra la mesa repasando en silencio las catorce llamadas del capitán Redfield. Seguro estuviera enojado por no asistir a la reunión de Steve y todavía seguía sin entregar los reportes de Taiwán pero había un motivo válido para todo. Se encontraba en un restaurante agradable cercano al parque de Raccoon con el fin de entretenerse con Helena Harper tras la boda de los Wong. Era poco concurrido, lo suficientemente lejano de Chris y perfecto para tener un encuentro clandestino sin tener terceros involucrados en su vida privada. Y prefería no tener a Steve Burnside riéndose de lo lindo por ser hombre muerto al desobedecer órdenes de su superior.
El local estaba adornado de aspecto rustico, con puertas de madera acompañadas de pequeñas mesas con manteles blancos y una rosa blanca en el centro que le daba un toque informal. Miró hacia ambos lados buscando su objetivo castaño y miró el reloj de pared. ¿Por qué las mujeres siempre llegaban tarde a los eventos? Antes de maldecir en voz baja una sombra delgada le impidió la visión.
–Buenas noches señor Nivans, luce algo enfadado ¿Busca alguien en particular? –picó la mujer divertida. Piers sonrió ante el comentario de Helena y señaló el asiento vacío junto a él.
–De hecho sí, buscaba a una dama de la cual huye el sector masculino por su filosa lengua. –ella frunció el ceño tomando asiento. – de lo contrario dudo hubiera aceptado mi invitación. ¿Es correcto? Mis compañeros todavía intentan recuperarse de una resaca y estoy en una especie misión suicida, así que por el momento estamos solos, señorita Harper.
La agente alzó la ceja. Estaba segura que Chris Redfield solo había debido dos tragos la noche anterior y dudaba que el resto estuviera ebrio pues se miraban emocionados por alguna razón desconocida con la compañía femenina que todavía no se dignaba a aparecer. Sonrió, seguro Piers había evitado deliberadamente los terceros por cuestiones incómodas como ella. Si Claire se enterara que le había mentido para no ir por Ada al aeropuerto gracias al teniente seguro la pondría de mal humor. Y escuchar a Claire Redfield enfadada era un castigo divino que cualquiera quería evitar.
–Entonces asumo que ninguna mujer le ha hecho caso señor, es una lástima –retrucó. El juego se jugaba bien de dos. –lamento decirle que gracias a su comentario solo tiene dos opciones. La primera es dejar de portarse como imbécil y disfrutar la velada o puedo arrojarle mi bebida para irme a casa, usted decide.
Piers sonrió. Era divertido hacerla enfadar.
–Por el momento tengamos una velada tranquila Helena –propuso. Ella asintió mientras el mesero dejaba las respectivas cartas sobre la mesa y decidió reanudar su conversación intentando aligerar el ambiente. –Bien, una vez tranquilos quizá puedas explicarme el por qué me hiciste esperarte media hora.
Helena lo miró. Sus ojos claros contrariados le indicaron que no le gustaba el rumbo de la conversación.
–Es mi hermana menor. –soltó. Él enarcó una ceja, revelando con el gesto su identidad militar oculta bajo la ropa formal. –tiene diecinueve y atraviesa la etapa universitaria pero tuvo un accidente en la facultad del cual me notificaron para arreglarlo y demoró más de lo normal.
–Entiendo… –regresó la mirada al blanco mantel. –los universitarios suelen ser terribles.
–Eso parece.
Piers le hizo una seña al camarero. Ordenó los pedidos mirando el ceño marcado de la agente financiera. Era agradable a comparación del promedio, las cuales estaban más interesadas en Chris Redfield según el estándar de la base. Miró el mantel blanco e inhaló aire, tomó el menú y antes de siguiera hablar Helena carraspeó consiguiendo la atención.
–Hablemos sobre nosotros... –propuso, dejando la carta sobre la mesa. –comencemos primero contigo soldado.
–Parece un trato justo. –sonrió. El mesero llegó hasta ellos y ordenaron. –soy parte de una compañía antiterrorista llamada BSAA la cual maneja el contrabando de productos ilegales con mi compañero Chris Redfield, estamos en Raccoon estudiando unas anomalías pero ya nos urgía un pequeño descanso. –ella asintió. –supongo que ahora te toca a ti.
–Vivo en Raccoon desde hace unos diez años con mi hermana Deborah. Quise estudiar leyes pero abandoné el camino tras unos altercados y decidí estudiar finanzas para entrar a Tricell hace cinco años, fue la época donde la cuidad tuvo varios fraudes de Umbrella, cambió a Raccoon para siempre. –el mesero dejó la comida y Piers esperó la continuación.
La ciudad era famosa por ese desastre, Chris lo mencionaba cuando se trataba el tema de Albert Wesker y si alguien lo odiaba por sobre su propia vida era sin duda el capitán.
–Vaya, al menos tienen algo de paz –consoló, dando un sorbo a su bebida. La música de fondo resonó suavemente, invitándolos a tomar ese descanso en serio. Le tendió la mano, ella le observó dudosa. –Para equilibrar las cosas le propongo bailar una pieza, espero sus pies sean tan ágiles como su lenguaje.
–En ese caso estaré decepcionada contigo si solo hablas y no ejerces acciones. –dio pie hasta la pista, donde varias personas comenzaban a bailar. Piers la siguió preguntándose si estaba bien abandonar a Chris para eso.
–Oh no te preocupes por eso Harper, soy bueno para muchas otras cosas más.
¿Qué podía salir mal de todo eso?
…
Miró los árboles de la cuidad cercanos al parque de la ciudad y contemplando la construcción arquitectónica de Umbrella, una de las compañías que financiaban aquella ciudad como si el escandalo nunca hubiera sucedido. Había dejado a Claire en compañía de Sherry y Ada para asistir al lugar citado que Billy Coen había sugerido y debía admitirlo, era relajante encontrarse en un lugar sencillo fuera de lujos absurdos como preferían sus otras compañeras. No era la primera vez en Raccoon pero le agradaba visitarlo durante las vacaciones, aunque la pelirroja la hubiera entrometido en una absurda guerra de género con unos desconocidos los cuales eran capaces de robar varios suspiros al rector femenino. Sentía ganas de matar a Claire pero su sexto sentido le decía que podía ser divertido, justo como lo había sugerido en la boda.
Una sombra se cernió sobre ella y giró los talones encontrándose al castaño, el cual estaba vestido con una playera remangada negra en conjunto a unos pantalones de mezclilla. Lo vio sonreír aprobando su vestimenta y Rebecca suspiró, que no verbalizara sin tacto alguno era mejor a soportar el carácter de Ada o Claire, sin lugar a dudas.
–Buenas tardes Rebecca –saludó Billy unos pasos adelante. Sus músculos se contrajeron ante el tono masculino que destilaba seguridad. Todos los hombres de esa boda no eran normales o de lo contrario todo sería más fácil con ellos. –llegas tarde ¿sabías?
–Lo siento Billy, mi compañera Claire sigue teniendo unas manías extrañas para conseguir sus propósitos –se justificó observando maravillada la ciudad. –llegamos en el momento justo ¿No te parece? Es… fascinante.
Coen asintió girando la cabeza a la entrada principal del parque central. El viento revolvía suavemente los árboles creando una brisa agradable. Algunas personas paseaban sus perros y otras hacían deporte como si el tiempo se detuviera ante el menor descuido. Sí, aquello de verdad era relajante. Pese a que era obra de Steve el citarlos a solas para quedarse con la hermana de Chris realmente no le disgustaba la compañía femenina,
–No tengo queja por el momento… –soltó señalando un banco de manera e invitándola a tomar asiento. – no te he visto nunca en Raccoon, así que no eres de este lugar ¿cierto?
Rebecca suspiró.
–Estuve viviendo en Washington varios años pero al final terminé en Lanshiang gracias al trabajo. –comentó ausente. Extrañaba la ciudad. –viajar de ahí hasta Raccoon es demasiado lejos Billy, pero para ser sincera disfruto mucho este lugar pues la mayoría de nosotras nació aquí.
El hombre asintió contemplando los faroles encenderse. Observó a Rebecca de reojo e hizo una mueca con los labios. A diferencia de las otras mujeres que la acompañaban en la boda sus palabras sonaban casi infantiles e idealistas, y resultaba mejor compañía a comparación de Claire Redfield sin duda alguna
–Raccoon tiene sus buenos y malos momentos –reconoció el hombre, observando la torre del reloj. –hace unos años pasó una mala racha tras el incidente con la compañía Umbrella, fue realmente catastrófico que casi desaparecía del mapa pero afortunadamente la policía local hizo un buen trabajo para restaurar el honor de la ciudad.
–Sí, escuché sobre eso en las noticias. –le sonrió amable. –suerte que eso ya es cosa del pasado.
–Los RDP hicieron bien su trabajo, pero todo fue gracias a Carlos Oliveira, un compañero que logró sacar el caso con su esposa, quien es una especialista en comunicaciones muy impresionante. –Cerró los ojos- –demasiado.
Rebecca dejó de prestar atención al paisaje para escucharlo. El nombre del hombre le sonaba demasiado familiar. Dio un paso hacia adelante quedando frente al castaño y sonrió.
– ¿Espera, acaso eres amigo del gran Carlos Oliveira de la DSO?
Sí, el mundo era bastante pequeño.
…
–Al final no fue tan malo como pensé
Helena asintió disfrutando el arrastrar lento de las palabras masculinas contra su oído. Deslizó los dedos alrededor de la camisa color rojo vino e intentaba seguirle el ritmo. Encontraba curioso que, pese a ser alguien relacionado a la milicia Piers supiera bailar una pieza decente sin trastabillar y fuera ella quien intentara seguirle los movimientos sin parecer una chiquilla estúpida. Recostó su cabeza contra el hombro masculino con la mirada perdida en el exterior. ¿Cuánto tiempo llevaban en ese lugar? La noche cubría terreno y ninguno daba indicios de marcharse.
–Eso parece. –reconoció contra el pecho masculino. El hombre colocó una mano en la cintura, giró hacia la derecha contemplando la parte frontal del local donde un convertible se estacionaba, lo reconoció con absurdo miedo y tragó grueso. E instintivamente detuvo sus movimientos, sintió sus músculos contraerse y maldijo internamente su mala suerte. La mujer lo miró unos segundos confundida.
– ¿Qué sucede?
–Helena, si quieres verme vivo debemos irnos rápido. –susurró. Ella se sintió tentada a contradecirlo pero algo se lo impidió. Al mirar el punto donde él estaba estático se topó con una mata de cabello rubio platinado que le paralizó los sentidos y casi olvidó como respirar.
Diablos. ¿En verdad tenían tanta mala suerte?
–Si avanzamos despacio seguro pasaremos desapercibidos… –sugirió. Piers negó con la cabeza. Nadie nunca escapaba del ojo voraz de un Redfield, y estaba seguro que esa tampoco sería una excepción.
–Estoy perdido.
Jill Valentine arqueó la ceja contemplando el restaurante poco concurrido. Había insistido en ese lugar gracias a Claire quien solía llevarlas cuando iban de paseo por el parque. Era pequeño pero destacaba elegante gracias a la decoración, miró al hombre junto a ella quien lucía tenso e incómodo, sin embargo intentaba mantener la situación como se esperaba de un soldado y los hombros relajados de Chris le dijeron que pese a todo estaba conforme con la elección.
–Te felicito Valentine, es agradable. –Chris señaló el asiento tras ellos. –tenemos mesa pero todavía no entiendo cómo conseguiste reservación tan rápido.
–Contactos. –caminó hasta la mesa contemplando los adornos, mientras tomaban asiento y miraban el menú sobre el mantel. –mi compañera Sherry es dueña de la franquicia. Si guardas el secreto prometo llevarte a todas las sucursales con el fin de complacerte, ¿qué dices?
Él asintió tomando asiento. Recordaba vagamente a la menor de los Birkin debido al incidente con los padres de ésta, que eran amigos del capitán Albert Wesker desde muchos años atrás, cuando Chris le guardaba respeto antes del incidente de Umbrella. Y, debía admitir, encontraba irónico que la hija de dos grandes científicos expertos se dedicara a otra profesión.
Miró a su acompañante unos instantes. Jill miraba el menú entretenida, luego frunció el ceño segundo después para sonreír mordaz, como si se hubiera dado cuenta una revelación
–El mundo resulta casi cómico Chris. –ladeó la cabeza divertida, todavía sin apartar los ojos grises del papel. –Y creo que encontré a tu teniente, si no me equivoco intenta salir por la puerta con su acompañante que también es mi amiga. ¿Curioso, no?
Tardó unos segundos en procesar la información ¿Piers lo había abandonado para una estúpida cita? Respiró hondo, sus músculos se contrajeron y avanzó un paso hacia la pareja, pero las manos pálidas le impidieron seguir. Helena al ver el gesto de ayuda asintió agradecida la intervención femenina, Valentine pocas veces consentía actos idiotas pero comprendió el motivo de su silencio: Chris Redfield era un ser que destilaba irritabilidad y odio puro, ni siquiera alguien como Jill podría manejarlo enojado cuando ella también tenía un carácter terrible.
Piers tragó en seco ¿Quién era esa rubia y qué diablos había hecho para sacar al capitán del cuartel? Respiró con dificultad mientras la rubia sonreía divertida con la situación.
Sí, para estar codo a codo debía ser igual o peor que el hombre.
–Buenas noches chicos, lamento que debamos conocernos en estas circunstancia. –saludó Valentine mordaz y se levantó de la silla, avanzando hacia ellos concentrando su atención en la castaña. –Helena ¿pensabas irte sin saludar? No sabía tu paradero desde la boda de los Wong y seguro a Claire le encantará saber dónde has estado acompañada del famoso teniente Piers Nivans. ¿Tú qué opinas, Chris?
–Fueron muy estúpidos si pensaban salir sin ser vistos. –respondió el Redfield. Piers sonrió en son de disculpas pero en lugar de ablandarlo su furia adquirió intensidad latente. –tienes diez segundos para explicarme todo Piers, así que empieza. Demasiado tengo con esperar dos horas a ese idiota pelirrojo para soportar tus propias estupideces
–Entonces las presentaciones quedarán para después… –comentó Helena intentando aminorar el ambiente sin éxito. Jill alzó la ceja y ello le hizo entender que ninguno de los dos estaba dispuesto a bromear. Se miraban tensos, demasiado para que ellos fueran el motivo particular, pero si un buen blanco para pagar los errores de otros. –Piers, por favor explícales.
–Eh, Chris. No creo que…
–Siete segundos y contando.
Jill rió
–El tiempo se agota chicos, piensen bien sus respuestas.
Helena y Piers se miraron. Maldición. Estaban en serios problemas.
…
Steve detuvo el automóvil una vez encontrado un lugar adecuado para estacionarse frente a la torre del reloj, metros adelante del parque. A esas alturas de la noche los faroles encendidos le daban color al parque central de manera impresionante. Algunas personas contemplaban los puestos ambulantes mientras otras disfrutaban los restaurantes famosos del lugar. Abrió la puerta y salió del auto seguido de Claire en dirección a la fuente principal cuando distinguió entre los restaurantes la cabellera castaña de Chris Redfield entrar acompañado de la mujer rubia. Parpadeó dos veces tratando de procesar la información y sonrió. Juntar a Chris con una mujer era un acto suicida del cual querrían su cabeza más tarde, pero habían conseguido someterlo a una cita y él no parecía desaprobarlo en lo absoluto.
Llevó la mano a su hermana impidiéndole seguir caminando. Ella se detuvo contrariada.
–Pelirroja lo hemos conseguido. – Comunicó señalando hacia los restaurantes. Claire siguió la ruta de su mirada confundida y vio en la entrada del restaurante de Sherry la silueta delgada de Jill Valentine apoyada hombro a hombro contra Chris. Abrió la boca sorprendida ¿acaso era una broma o un loco sueño?
Entornó los ojos apreciando cada detalle. Chris apretaba su puño derecho reprendiendo al joven Nivans, el único que conocía por el trabajo del Redfield. Chris estaba demasiado enfadado para disimular su mal humor y pese a ello Jill lucía complacida del maltrato.
–Increíble. –el pelirrojo asintió todavía incrédulo con la escena. Ella tosió divertida, mirando la rubia sonriente. –.Sabes Steve, si hubiera sabido que Jill podía hacer esta clase de cosas los habría presentado hace muchos años. Quizá hasta la hubiera invitado a casa solo para ver a Chris pensar en otra cosa que no fuera la milicia.
–Lo sé. –respondió recargando la espalda contra el automóvil. –llevo casi diez años conociendo a tu hermano y lo que a nosotros nos tomó varios años ella logró conseguirlo en cuatro horas. ¿Cuál es el truco aquí, Claire?
–Paciencia y resistencia. Supongo. – el alzó una ceja pero no comentó nada al respecto. Chris era una persona difícil de tratar, si Valentine le seguía el ritmo entonces era alguien peor que el mismo hombre. Y cuanto ambos decidieran tomar venganza él iba a pagarlo con creces.
–Espero que Leon y Jake no se comporten como estúpidos –habló de la nada, captando la atención de su acompañante. –es solo el principio pelirroja, pero en verdad esos dos son demasiado estrictos para conocer el significado de la palabra tacto.
–Si… –murmuró en respuesta. –Gracias por no tener un carácter arrogante Steve, si hubiera conversado con ese tal Jake seguro estuviera en prisión por faltas a la moral.
–Debemos agradecer al destino entonces, pelirroja. –Burnside llevó la mano hacia un mechón de cabello y lo colocó detrás de su oreja sin perder detalle de sus ojos azules. –entonces confiaremos en tus otras compañeras para lograr un cambio positivo.
–Me parece bien – contestó mientras se inclinaba para darle un suave beso en la mejilla. –ya hablamos mucho sobre ellos, ahora vamos a concentrarnos en nosotros.
–Esa es la parte más interesante Claire. –le susurró al oído. –tendré otra sentencia cuanto tu hermano se entere que llegarás tarde a casa.
Ella desvió el rostro tratando de visualizar a su hermano. Chris no se encontraba por ningún lado a esas alturas ¿Dónde podía estar? Definitivamente había sido buena idea, aunque la mayoría estuviera en contra.
Y Steve pareció de acuerdo con sus pensamientos al abrir la puerta del automóvil.
–Definitivamente la noche es joven, esto todavía no acaba.
¿Qué podía salir mal?
…
Billy Coen se sorprendió al escuchar el nombre de Carlos Olivera. No era un nombre común salvo alguien era cercano al agente que llevaba uno de los casos contra Umbrella. Miró a Rebecca, avanzando entre el sendero de piedra en dirección hacia los puestos ambulantes que rodeaban la fuente del parque.
–Es el esposo de Hunnigan, analista de campo. –respondió después de un lapso. Ella asintió y sintió la necesidad de decir algo más, pues la respuesta no le aclaraba sus dudas. – ¿Ustedes se conocen?
–También gracias a Ingrid. –entrecerró los ojos. –Estuve invitada cuando se casaron pero tuve una investigación parasitaria que me dejó varios días en el laboratorio y no pude asistir. Carlos me evitó por semanas.
Oh, pensó Billy. Recordaba vagamente el mal humor de Carlos aquel día, estaba enojado por alguien ¿Seria acaso la misma persona con la que intentó juntarlo varias semanas antes de la boda? No, sonaba demasiado bizarro para encontrarla cinco años después por culpa de Steve.
–Entiendo… -pausó el hombre desistiendo las ideas de su cabeza. –Yo asistí al evento. De hecho fui el padrino, Carlos trabaja conmigo en el mismo operativo especial.
Rebecca recorrió el duro rostro del hombre. No le sorprendió demasiado la respuesta, Billy no era de una profesión sencilla. Le sonrió comprensiva y caminaron en silencio unos minutos antes de seguir la conversación.
–Sargento Billy Coen se escucha demasiado importante para alguien que intenta ocultarlo al público.
Él asintió avanzando entre la multitud y disfrutando el clima nocturno de Raccon City. La población general continuaba paseando distraídamente a la par que los puestos seguían llamando la atención. Siendo alguien de régimen militar rara vez tenía un descanso o momento de relajación, cosa que compartía con Chris Redfield pues solían ser ellos quienes llevaban la batuta en sus respectivos trabajos. Que pudiera relajarse sin sentirse incómodo con su acompañante le daba un punto a Steve para no perforarle la cabeza.
Steve era un idiota inteligente.
–Una científica y un militar reunidos, sueña trillado – volvió a hablar Chambers. –Claire definitivamente ya no está en sus cincos sentidos. En respuesta, vamos a buscar algo entretenido para olvidar todo este enredo. ¿Te apetecen los juegos de tiro?
Billy alzó la ceja, dejándose guiar hasta el área. Había una diana en medio del local donde según el locatario les daban cinco dardos a tirar. Varias personas extranjeras hablaban sobre el parque y sus dificultades en las actividades. Quiso rodar los ojos, más estaba seguro que si expresaba su opinión la gente odiaría sentirse inferior ante un agente militar y pelearse ante algo tonto cortaría la tranquilidad del momento.
–Al parecer al público realmente le gusta este tipo de atracciones. –hablo a la nada. Había personas de todas las edades removiéndose retadoramente, presumiendo sus habilidades o sus experiencias. Alzó una ceja tratando de distraerse con la madera del poste mientras escuchaba los silbidos dirigidos a Rebecca, la cual arrojaba los dados ignorando que no encontraba grato encontrarse ahí. ¿Acaso las mujeres nunca podían escuchar opiniones?
–Maldición, ese hubiera sido un tiro perfecto –expresó la castaña jalando el brazo de Coen con intenciones de unirlo al juego. –Debemos divertirnos Billy, tú serás el siguiente que nos llevará a la victoria.
¿Qué sentido tenía aquello? Respiró profundamente. El hombre encargado le tendió el arma para el juego y su ceño se frunció más de lo necesario en toda la noche.
–Dardos… yo hubiera preferido unas armas de fuego. –lanzó el primero, ese impactó en el centro maravillando a los jugadores. Rebecca rió triunfadora. Palmeó su brazo, mirándolo tirar el siguiente un centímetro abajo del primero. Billy intentaba esconder su experiencia, pero al parecer era imposible.
– ¿Qué tipo de armas te agradan? –cambió de tema buscando aligerar la tensión repentina de su compañero. Billy relajó los hombros, solo era un juego estúpido, hasta Steve podía hacerlo sin notarse ¿cierto?
–Prefiero las armas de precisión, son más eficaces para acabar con el enemigo. –confesó dando media vuelta para verla. –Vamos a competir separados Rebecca, hagamos más interesante este juego.
¿Acaso eso sonaba a descaro intenso? Maldijo en voz baja. Billy usaba un tono de voz grave para no tomárselo enserio. ¿Qué tan malo podía ser si se dejaba llevar?
–De acuerdo. –musitó. –que gane el mejor.
–Espero una buena recompensa Rebecca Chambers.
–Lo mismo digo, Señor Billy Coen.
Si, definitivamente Steve se salvaría de mandarlo al diablo por primera vez en años.
…
–Y… esa es la historia.
Jill dejó salir el aire contenido en sus pulmones con satisfacción. Llevaban media hora escuchando a la pareja hablar sobre cómo habían llegado a ese lugar, sin embargo Chris parecía menos reacio con la temática. Al parecer Claire había planeado una cita desconocida para Helena y ella había desaparecido para evitarse el momento incómodo, reuniendo al hombre y la cita se había dado sola. No sonaba del todo creíble en lo absoluto pero conocía a Claire desde el instituto y algunas cosas que encajaban al cien con la personalidad de la pelirroja.
La rubia miró al cielo, varias estrellas se asomaban curiosas en el cielo nocturno cautelosas, como el pupilo de soldado quien la examinaba detenidamente esperando su opinión.
–Hoy ha sido un día agitado para todos, lo mejor será ponerle fin a la tensión. –propuso. El Redfield gruñó, dando a entender que desistiera la idea de perdonarlos y siguieran tratándolos mal para compensar el mal humor del día. –Por favor Chris, o de lo contrario ninguno podrá irse a casa y descansar.
Piers detuvo la respiración, Chris suspiró rendido. Al fin de cuentas Valentine estaba en lo cierto.
–De acuerdo. –cedió, Jill le guiñó el ojo.
–Gran elección. Ahora regresemos al restaurante, este problema me ha abierto el apetito nuevamente.
¿Qué pacto diabólico había hecho Jill Valentine para tolerar a Chris Redfield sin sentirse incómoda?
–Bien. –Helena se unió a la plática, tratando de desviar el tema o el hombre se enojaría otra vez. –Ustedes son soldados en Raccoon City ¿Qué los trae exactamente hasta este lugar en vez de salvar el mundo?
El mayor apretó los puños. Odiaba ser llamado héroe.
–Vacaciones. –se adelantó Nivans antes que su capitán hablara. –debemos entregar unos papeles en Taiwán antes de ser completamente libres.
–Oh, el documento que no has entregado.
El comentario de Jill sonaba desinteresado, más algo en el tono le dijo a Piers que estaba medianamente enojada por su falta laboral. Chris tal vez le habría contado sobre la reunión y todo tenía sentido si era así. El enojo monumental de ambos podía ser la razón por la cual ambos parecían llevarse bien.
Eso no era nada bueno. Podía soportar una persona terrible pero dos podía ser una pesadilla interminable, tal vez debía separar al capitán de esa mujer antes de pagar las consecuencias a futuro
No estaba asustado. Solo debía ser precavido.
–Me pregunto si Billy estará bien –habló Chris. Llevaba varias horas sin contacto con el recto, cosa que le estaba dando mala espina. – ¿sabes algo de él, Piers?
–Negativo señor. –se llevó la mano al mentón pensativo. –tampoco el señor Burnside ha cometido alguna estupidez en el día.
Jill se mordió la lengua. Si tan solo el cachorro supiera quien los había metido en esa situación…
–Espero esté veinte metros lejos de mi hermana. –declaró el Redfield.
–Quizá podría ser peor. –animó Helena. –debemos ver el lado positivo de las cosas señor Chris, al menos solo hoy.
–Tienes razón. –sonrió Jill. Sintió su móvil vibrar y miró el contenido. –o tal vez no tanto.
Chris le observó ceñudo desde su lugar. Vio nuevamente el mensaje, entendiendo que a Claire le gustaba el peligro extremo o solo estaba volviéndose loca conforme pasaban los años. La rubia avanzó dos pasos hacia el castaño extendiendo el móvil frente a él.
"Jill tengo una misión para ti, sé que Chris está contigo y aunque no entiendo quien soporta a quien confío en ti para decirle de manera diplomática que llegaré tarde a casa. Steve y yo la estamos pasando bien…"
–Oh diablos. –Piers leyó de reojo el mensaje. –ese imbécil es hombre muerto.
–Sí.
Nivans asintió pero de pronto algo captó su atención. Una mata rubia unos metros adelante la cual reconoció como el policía Kennedy, sentado sobre el banco de concreto. –Wow. Chris, tal vez debas ver esto.
Él obedeció. Leon Kennedy besaba a alguien con tanta intensidad que estaba sintiéndose asqueado ¿Quién demonios era esa mujer? Jill pareció entender su duda mental pues soltó un suspiro de resignación ¿Acaso se conocían?
–Ella es Ada. –Chris apretó los dientes. Esa maldita mujer… –Y se supone que cuidaba a Claire el día de hoy.
El Redfield sintió un golpe en el estómago. Luego todo encajó con extraña frialdad y el odio que resguardaba para Steve Regresaba con más fuerza que antes.
–Ese idiota lo planeo todo… ¡Maldito seas, Steve Burnside!
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¡Hola! después de pensar y pensar una vez más al fin logré terminar el capítulo el cual quería hacer más largo pero tengo poco tiempo (ando corta de inspiración también)
¿Cuántos pairings junté en este capítulo? Jo, son varios xD
Respondiendo los comentarios…
CandeEsp: Hola linda. Un pequeño Claire/Steve solo para ti
Ary Valentine: Bueno, en lo personal me alegra bastante que te guste mi historia, y si, Steve le gusta llamarle mucho con ese "mote" de cariño a Claire xD Y logró engañar a todos para hacer su movimiento de conquista
Gotasdelluvia: me alegro que te guste hermana. Espero que este igual.
Rosa Kennedy: Joo, ¡solo un poco más! Espero que esto te guste.
Solitaria: No, no tendrá cosas romanticonas. Pero si sus atrevimientos entre las parejas. El Shake será de los más complicados a unir, espero que esto te guste n.n
Nelida Roquelaure: es cierto. Leon se derretirá ante Ada o ella ante él. Quién sabe. Uno tiene que ceder xD
Lirionegro1: Yo también amo el Aeon. Espero que este te guste :D
Bien. Nos vemos en el siguiente capítulo. Espero sus comentarios, quejas y/o amenazas de muerte
Un saludo. Se me cuidan.
Fatty Rose Malfoy.
Capítulo Editado: 10/12/17
