Los personajes no me pertenecen, son propiedad de CAPCOM con sus respectivos creadores. Únicamente la trama es mía y queda prohibida su reproducción sin mi consentimiento.
The War of Seduction.
Capítulo 5: Perspectivas
[Las consecuencias de un simple intercambio de citas].
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Claire Redfield intentó mantener mirada en el hombre sentado frente a ella, alternando la mirada entre Jake Muller y el reloj postrado en la pared. Llevaban alrededor de dos horas sentados esperando alguna iniciativa que ninguno de los dos estaba dispuesto a dar. No solo porque Jake era insoportable, el tenerlo cara cara y sin terceros interviniendo comenzaba a ponerla de mal humor y si continuaba así, pronto perdería los estribos. Hasta el momento, seguía sin comprender como Sherry podía hablar dos palabras con él o sentirse cómoda a su lado cuando ella ni siquiera toleraba sus ojos azules o el arrogante tono con el que hablaba. Demonios, ¿Por qué había sugerido esa estúpida apuesta? Ada tenía razón, sus constantes estupideces solían meterlas en situaciones incómodas desde la época universitaria, pero ahora estaba pagando en carne viva las consecuencias de sus actos idiotas
Estaban en un restaurant famoso a las afueras de Raccoon city, el cual tenía una gran ventana que les proporcionaba una gran vista del bosque de daba camino a las montañas Arklay. Y, si la vista no era poco, la decoración hecha con mantenerles largos de color crema, la luz vespertina y las flores exóticas como decoración volvían ese lugar demasiado agradable para pasarla bien. Sin embargo, le bastaba ver la cara arrogante de Jake Muller para arruinarse el buen humor. Por eso se preguntaba como la pequeña Sherry Birkin encontraba agradarle estar cerca de él, cuando ella sentía ganas de irse a cualquier lado lejos de ese infeliz.
– Si vas a hablar, te recomiendo hacerlo ahora Redfield –murmuró Jake de brazos cruzados contra la mesa e inconscientemente la pelirroja miró el reloj en la pared y él resopló, irritado. –. Llevo dos horas esperando que lo hagas, y si no dices algo en los próximos minutos me voy.
El Muller entrecerró los ojos. ¿Por qué había aceptado asistir si odiaba a Chris Redfield y lo que fuera relacionado con él? Casi inmediatamente llegó la respuesta: El día anterior tres mujeres lo habían interrumpido mientras tomaba unas cervezas con Billy Coen, después escuchó la estruendosa voz de Valentine proponerle el estúpido intercambio de parejas y él había aceptado el reto porque no soportaba a la mujer ni quería escucharla hablar. Pero entre todas ellas Claire Redfield era más irritante que la misma Valentine; no solo odiaba su mal genio, tenía una voz aguda que le daba dolor de cabeza y tenía la capacidad de cabrearlo hasta los huesos como el bastardo de su hermano mayor.
Jake inhaló profundamente.
–Si continúas hablándome así seré yo quien se irá, Muller. –aclaró la pelirroja, denotando su mal humor. El pelirrojo apretó los dientes con fuerza ¿Qué acaso estaba tratando con alguien de cinco a años o solo tenía poco nivel de comprensión?
–Mira Redfield. Estoy cansado de esto casi tanto como tú. – respondió arisco, sin apartarle la mirada. –. En verdad detesto la idea de seguir un segundo más contigo.
Ella asintió entendiendo bastante bien el sentimiento mutuo.
–Entonces… –tragó en seco. ¿Así se sentía el fingir la amabilidad? Ahora entendía mucho mejor el odio de Ada cuando le había insinuado alguna vez sobre si escondía una relación con Chris en la universidad.
–Me alegra haber aclarado tu ridículo punto. –ironizó Muller. ¿Qué podía encontrar Steve de atractivo en ella? Aun si usaba una blusa con generoso escote azul. Unos vaqueros gastados negros, el cabello amarrado en una coleta alta, mostrando las pecas pelirrojas a la altura de los pómulos, la encontraban bastante desagradable por el hecho de ser un Redfield
–Simplemente renuncia a esto y libérame de ti.
O quizá, el quitarle la atención de Claire a Chris era el acto más estúpido y suicida que Steve quería conseguir.
–Lo siento, pero no puedo hacerlo – si Ada se enteraba sería presa de las burlas, así que prefería morir del coraje a escucharla varios días hablar de eso.
Él arrugó la nariz. Nunca había sido un hombre de paciencia prodigiosa. Entonces solo le quedaba demostrarle quien llevaba el mando.
–Entonces prepárate para esperar otras dos horas sentada Redfield. Porque no pienso ir a ningún maldito lado contigo. – espetó. La Redfield apretó los dientes, apoyando las manos contra la mesa. Esperaba que al menos las otras sufrieran. De verdad lo hacía.
Si sobrevivía, dejaría de meterse en problemas por un buen tiempo.
– Acepto el reto.
Jake sonrió.
Tonta e ilusa Claire Redfield.
…
Leon Kennedy frunció el ceño al escuchar la puerta de la oficina abrirse. Logró ver desde su lugar la silueta estilizada entrar hasta quedarse frente del escritorio. Usaba un pantalón negro ceñido al cuerpo, una camisa color rojo intenso que dejaba ver en el escote un collar de madera con forma de cruz, tenía un aura misteriosa e intrigante, como se esperaba de una persona con su profesión.
El rubio sintió la necesidad de decir algo, pero estaba demasiado sorprendido. Encontrarla en el único sitio donde nunca había citado a una mujer: Su trabajo no era algo que sucediera con frecuencia, ni siquiera recordaba haberle dicho donde trabajaba o los horarios impartidos. Seguramente Hunnigan tenía algo que ver entre, pues el dia anterior ambas mujeres se habían saludado como si llevaran tiempo conociéndose. Tanto que le seguía pareciendo extraño que Hunnigan tuviera este tipo de amistad con algún miembro femenino del FBI, cuando solía quejarse de éstas por perseguir a Olivera.
¿Quién las entendía?
–Te vez sorprendido… – la mujer cerró la puerta caminando hasta detenerse a unos pasos en frente del escritorio. Leon se encogió de hombros, señalándole la silla vacía e invitándola a tomar asiento, mientras él seguía trabajando. – ¿Sabes? Es curioso verte dentro de tu entorno laboral, señor Kennedy.
–En realidad diferimos, lo sorprendente para mí es verte encontrarte aquí, Ada – respondió sin apartar la mirada de los documentos. Esperó unos segundos y después levantó el rostro. – ¿Cómo me encontraste?
– ¿Estabas escondiéndote de mí? – contratacó entretenida. Leon levantó la ceja. – Puedes haber puesto más empeño si eso querías.
–Saber a lo que me refiero… –gruñó el policía enojado, jugueteando con el bolígrafo. –. El día de ayer aceptamos el intercambio de parejas, pero sin embargo estás aquí.
Oh, con que eso tenía a Leon de mal humor.
–Podría decirse que prefiero la compañía de alguien razonable –respondió al oficial con simpleza. Además, prefería estar ahí a lidiar con el bastardo de Redfield y su séquito de idiotas. – y respondiendo la pregunta anterior: dale las gracias a Ingrid Hunnigan, fue quien me dijo dónde estabas.
El rubio entrecerró los ojos. ¿Por qué Hunnigan seguía haciendo cosas de ese calibre? Si seguía encerrado entre esas cuatro paredes había sido obra de ella, al llamarlo para terminar el estúpido papeleo antes de finalizarse sus vacaciones.
Leon la miró nuevamente mientras Ada ocupaba el asiendo libre, cruzándose de brazos e instintivamente gruñó irritado. Aquello era un movimiento abrupto aun si estaba en plena guerra, cosa que le dejaba en claro una absoluta verdad: Ninguno quería darle el gusto a Steve Burnside de perder comenzando la partida.
Pero por otro lado…
–Es extraño que ustedes dos se conozcan. – admitió el oficial entre dientes. – ¿Quieres contarme cual fue el truco?
–Nada relevante si a eso te refieres. – respondió, restándole importancia. –. Olivera fue mi compañero de investigación durante el caso contra Umbrella.
–Ya veo... –murmuró sorprendido. Incluso Ada Wong había estado en el incidente también, aunque algo seguía sin encajar. –para ser unidas no recuerdo haberte visto antes o el día de su boda.
¿Cómo hacerlo si el bastardo de Redfield estaba entre los invitados mientras Nicholai se refundía en la cárcel?
–El pasado es algo que no debe preocuparnos en este momento Kennedy – movió las manos de un lado a otro dando el tema por terminado. – por ahora te recomiendo concentrarte en el presente que es más interesante.
Wong se levantó de la silla y apoyó las manos contra el escritorio, arañando con sus unas la superficie de manera a la par que tironeó de su corbata. Leon observó el gesto interesado. Los ojos azules del oficial eran un color azul tan intenso que prometían cosas interesantes si se les daba el uso adecuado.
–Ada... – reprendió él, sujetándole la mano sujeta a la corbata. Ella sonrió ante dicha acción. ¿Quién hubiera imaginado que bajo el gesto tranquilo del hombre se escondía otro de acción? Además, pocas veces podía verlo enojado y ansiaba ver hasta donde podían llegar si seguían así. –No soy un juguete que puedes usar cuando quieras. Además estoy de servicio todavía.
–Puedes estar tranquilo. – Wong aflojó el agarre. – vengo en son de paz.
– ¿Ahora haces actos caritativos?
–De vez cuando es bueno hacerlos
Leon suspiró. Tal vez ella decía la verdad, pues Wong no parecía ser una mujer capaz de lanzarse al juego antes de plantear las jugadas. No, Ada tenía armas a tomar y ello resultaba interesante, ya que no había visto a ninguna mujer desde la universidad que intentara destruir la barrera. Ninguna tenía los atributos suficientes hasta ahora, solo que las relaciones interpersonales seguían fuera de la lista de prioridades y en los de Ada tampoco.
Aunque eso tampoco era un impedimento para tentarse mutuamente ¿Cierto?
– Entonces… –se inclinó hacia adelante invadiendo el terreno personal de Wong. – ¿Piensas quedarte aquí toda la tarde?
Ada amplió la mueca en el rostro femenino. Leon comprendió al instante que había caído en la boca del lobo, más no se dejaría llevar. Ninguna mujer podía hacerlo ceder. Era un hombre recto, apegado a las reglas y alguien como Ada no lo haría cambiar de opinión.
–En realidad vine por ti.
Él sonrió ante el descaro usado.
– ¿Y qué buscas exactamente de mí?
– Esa es una excelente pregunta, señor Kennedy. – Wong le sujetó la mano que tenía sobre la suya y tiró de ella. – Pero aquí la verdadera interrogante es: ¿Qué estás dispuesto a ofrecerme?
Había pensado evitar el peligro, pero con esa proposición toda su convicción de evitarla se fue al diablo.
…
Chris Redfield parpadeó repetidas veces enfocando la mirada en un punto inconexo del lugar e intentando alivianar el tenso ambiente entre ambos. La mujer, sentada del lado izquierdo sonreía forzadamente, tanto que incluso aquel gesto se le antojaba extraño, pues la conocía desde tiempo atrás y de todas las amistades alrededor del círculo amistoso de Claire era Rebecca Chambers la más tolerada dentro de ese grupo. Entonces no entendía el gesto incómodo de la chica, no obstante respiró profundamente, relajándose o terminaría asustándola otra vez y él debía tener toda su paciencia intacta antes de matar al bastardo de Burnside.
Encontrarse en el mismo lugar donde había estado con Valentine, Piers y Helena tampoco ayudaba a disminuir su mal humor. Estaba enojado ¿Cómo demonios había aceptado no darle un balazo certero en el cráneo a Steve por sugerir tal intercambio de parejas? Ah, claro, no lo había hecho por él si no gracias a Jill quien había apostado con Muller el día anterior. Como fuera, todos estaban distribuidos y rogaba al cielo que ese infeliz estuviera lejos de su hermana o no sería tan amable. Steve tenía un excelente perfil como abogado, sí, pero no dejaba de ser un pobre diablo perdido de la mano de dios.
Tras él, seguía el retoño de Wesker. Pero dudaba que Claire considerara tener una cita con Muller cuando ambos se odiaban. Su hermana no podía hacer una ridiculez de ese tipo ¿Cierto?
–Lo lamento Chirs... –Rebecca jugueteó con sus dedos sobre la mesa, sin dirigirle la mirada. –. Todo es culpa mía. Apoyé la idea de tu hermana y ahora estamos pagando las consecuencias.
Quería irse lejos de ese lugar. Estaba demasiado nerviosa, Chris Redfield era tan familiar desde que estaba en la universidad, pero una cosa era ser la invitada de Claire, a quien Chris nunca solía prestarle atención para adaptarse a otro escenario íntimo. Incluso aunque Redfield era atractivo, su mal humor y carácter temperamental le hacía sentir como si Jill estuviera en la misma mesa, en lugar del ejemplar masculino de veintinueve años. Ambos eran tan iguales que todavía no entendía cómo demonios podían llevarse bien.
–Ser partícipe de este acto imprudente me deja algo descolocado Rebecca, pero tampoco estoy enojado contigo. –le confesó. A fin de cuentas le resultaba mejor compañía que Wong sin duda alguna. – Salgamos de aquí ¿De acuerdo? Después puedes buscar a Coen si quieres.
–Yo…
Se detuvo unos momentos para hacer una pequeña comparación. Chris y Coen no tenían nada en común. Chris le transmitía una paz aturdidora, mientras que Billy Coen solo sabía exasperarla usando sus palabras arrogantes. El hombre tenía demasiados defectos que le resultaban interesantes, a comparación del aura impenetrable del Redfield.
Eso se lo dejaba a Jill.
– ¿Y bien?
Sonrió.
–De acuerdo.
...
–Si continúas mirándome te dispararé.
Jill Valente inhaló repetidas veces antes de tomar asiento. Para desgracia suya recordaba poco de Steve Burnside al haberlo visto en los juzgados contra Umbrella. Wesker lo había presentado como la persona que llevaría el caso cuando Simmons había destruido la compañía desde adentro y sus aportes los habían librado de la cárcel. No obstante, el tenerlo frente a frente fuera del campo laboral era diferente. Comenzando con todo lo ocurrido hasta el momento.
– Por si no te has dado cuenta Valentine, estamos en un restaurante –habló el pelirrojo mirándola detenidamente. Los ojos grises de Jill prometían el infierno a carne viva y seguramente seguía enojada con él que ni siquiera su mejor jugada podría ayudarlo. ¿Qué haría Chris si estuviera en su lugar? Seguro nada, pues la misma mujer le había arrojado un plato sin el menor remordimiento a pesar de ser una mujer muy atractiva.
Si le decía que se miraba bien en ese vestido azul entallado, seguro era hombre muerto.
– Lo sé, pero estoy advirtiendo las reglas del juego Burnside. – le aclaró. El abogado abrió la boca cuando el sonido del móvil acaparó su atención. Lo tomó entre sus manos para leer el contenido y sonrió. Era un texto simple, con pocas palabras que había enviado la pelirroja Redfield.
Miró de reojo su reloj. Claire había pasado dos horas con Jake Muller, eso sí que era un nuevo récord.
"Si estás tan aburrido como yo, te propongo escaparnos ¿Qué dices?"
–Parece que es hora de irme, Jilliam. –Steve se levantó de la silla, recogió su maletín del suelo, mirándole una última vez. Jill frunció el ceño ¿Eso era todo? Lo tomó del brazo, impidiéndole escapar y el pelirrojo aflojó el agarre. – es un asunto importante.
–Me queda bastante claro. –ironizó ella. – por favor ¿Podrías decirle a Claire que al menos se declare perdedora de forma pública? – él alzó la cara para verla, pero se encontró con el cabello rubio de la agente. –Me gusta ver a la gente perder en su propio juego. Es divertido ganar la batalla sin esforzarse demasiado.
¿Exactamente que había querido decir con ello? Steve movió la boca, no obstante Jill atinó a levantarse sin decir nada y caminó hacia la salida del restaurant, dejándolos perplejos. Varios de los camareros murmuraron en silencio, el pelirrojo suspiró forzándose a comprender qué demonios había sucedido.
Por fin comprendía la paranoia de Leon sobre lo complicado que era el sector femenino.
Miró hacia el cielo. Nubes grises estaban cubriendo el cielo, pronto llovería.
Y entonces, captó el mensaje de Jill.
…
Jake observó el lugar vacío donde Claire Redfield había estado minutos antes. El empresario se masajeó las sienes intentando alivianar el creciente dolor de cabeza que le provocaba pensar el tiempo desperdiciado con aquella mujer. Mierda, que ahora sentía lástima por Chris. ¿Cómo demonios continuaba cuerdo, con esa mujer revoloteando a su alrededor? No lo sabía y tampoco quería conocer la respuesta. El Muller recogió el móvil de la mesa, levantándose para irse cuando sintió tras él la presencia de otra persona. Enojado, se giró para ver quién era, encontrándose con los ojos azules de Sherry Birkin mirarlo con sorpresa mientras sostenía una bandeja de comida.
La rubia depositó el pedido en la mesa ¿Cómo había descubierto su paradero cuando nadie más que sus amigas lo sabían?
–Jake Muller... – saludó la fémina incrédula. El pelirrojo siguió atento cada movimiento de la mujer vestida con ropas que daban a conocer su conocimiento en la alta gama gastronómica. – ¿Por qué estás aquí?
Sherry torció los labios. No, la verdadera pregunta era otra y Jake lo sabía bastante bien.
– ¿Trabajas aquí?
Ella se encogió de hombros.
–Una vez te hablé sobre mis restaurante, pero pude haber omitido hablar sobre la sucursal en Raccoon City – se disculpó. Muller notó la mentira, pero optó por seguirle el juego.
–Vaya…– silbó presuntuoso, apoyando la espalda contra el respaldar de la silla y Sherry aprovechó el momento para dejar sobre la mesa el platillo. – Eres una caja de sorpresas Birkin.
–En realidad la sorprendida soy yo – soltó ella y apuntó en dirección al plato, el cual reconoció como una rebanada de pastel adornado con crema batilla, nueces y fresas trozadas –. Nunca hubiera pensando que tendrías un gusto particular los postres dulces.
– Y tienes razón. Es desagradable – respondió asqueado. Sherry esperó en silencio invitándolo a continuar, cosa que él siguió poco después. – imagino que esa molesta amiga tuya lo ordenó antes de irse.
La joven rubia sonrió. Había esperado aquello desde el comienzo del intercambio ya que Claire era una Redfield hecha y derecha, estaba en su genética sentir poca empatía hacia los Wesker en un odio tan natural que ninguno podía disimilarlo. Era divertido ¿Qué pensaría la gran Ada Wong si los descubría? Podía imaginarse a la agente del BFI burlándose de lo lindo.
Sí, la pelirroja pagaría con creces y quería presenciarlo. Se lo merecía por hacerles pasar esa pesadilla interminable. Aunque de momento, dos horas sentada junto a Jake Muller debía ser suficiente castigo.
–Lamento informarte que es un pedido ya pagado, al menos debes consumirlo – sugirió entretenida. Cortó una parte con el cuchillo llevándolo hasta la boca masculina. No obstante Jake apartó la cuchara antes de lograr su cometido y ella suspiró. –. Es solo un bocado Muller, puedes hacerlo.
Él meneó la cabeza en gesto negativo.
– Hablo enserio Birkin – respondió arisco. La sola idea de probar algo dulce le generaba náuseas. –. Ordenaré otra cosa. ¿Qué tal si en vez de hostigarme comienzas ofreciéndome el menú? Este lugar es uno de los mejores en la ciudad.
– ¿Desde hace cuando lo sabes? – Jake levantó la mirada y Sherry carraspeó, buscando dentro de su cabeza las palabras adecuadas. – quiero decir….
–Los Birkin son famosos en esta maldita ciudad Birkin – interrumpió bruscamente –ninguno pasa desapercibido para Raccoon, ni siquiera tú.
–Entiendo… – murmuró. La mayor parte de los comensales hablaban algo al respecto. Que sus logros eran pequeños comparados a las grandes influencias de William y Annette; apretó el tenedor e irguió la cabeza tratando de mantener su orgullo intacto. – ¿Prueba un poco, si?
–No.
–Jake….
El pelirrojo negó nuevamente. La faceta insistente de Sherry era nueva, seguramente a consecuencia de su profesión. Y quizá eso hacía que Birkin fuera alguien paciente para soportar a sus compañeras. Sin embargo estaba dándole vueltas al asunto, lo mejor sería no pensarlo demasiado, solo necesitaba otra cosa para comer e irse. Si Birkin quería comerse aquella basura azucarada era problema suyo.
–Te equivocas si crees que pienso comerlo.
– ¿Ah, sí? –le devolvió la mirada risueña. –. Tengo una mejor idea.
Sherry llevó nuevamente la cuchara contra la boca masculina sin avisar, metiéndola hasta el fondo obligándolo a recibir el impacto. Él tragó y sintió el sabor de las fresas bajar hasta el fondo del estómago, seguido de un enfermo olor a leche dulce desde todos lados.
Mierda.
–Así está mejor – la aludida bajó el cubierto victoriosa, limpiándole con una servilleta el resto de la crema batida que escurría por el mentón masculino. – Sobreviviste, felicidades.
Muller parpadeó dos veces. Luego sonrió, sintiendo la ira burbujear sus venas con violencia y se levantó abruptamente asustándola. Sherry retrocedió defensiva e interpuso la charola entre ellos.
–Bien jugado superchica – la tomó del brazo, tirándola contra la silla. Escuchó el sonido del metal chocar contra el piso y llamo al mesero con la mano libre. – pero aún no hemos terminado. Es mi turno de escoger.
El ayudante levantó la bandeja del suelo, mirándola detenida mente en búsqueda de aprobación sobre intervenir o no. Ella negó ¿Qué podía salir mal?
Veinte minutos después, había aprendido a no dejarse llevar por el tono retador de Jake. La rubia vio los platillos sobre la mesa, arrepintiéndose una vez más sobre sus impulsos del momento.
– ¿Y bien Birkin?
La fémina sonrió, sintiendo el ardor traspasarla la garganta hasta tornarse insoportable. E incluso podía sentir el rastro caliente de la comida bajar hasta su estómago y respiró, tratando de normalizarse la respiración. Varios mechones se le adherían al rostro producto del sudor que resbalaba por sus sienes. Y Jake Muller frente a ella parecía disfrutar el momento mientras ella sentía el peso de la propia comida pasarle factura.
Faltaba poco para terminarlo, pero su lengua se había vuelto tan sensible al tacto que incluso el beber agua resultaba doloroso. ¿Qué acaso no pensaba darle tregua alguna? Sherry no necesitaba verse en un espejo para saber que tenía las mejillas rojas, solo quería beber agua, o algo que le calmara el picor.
No, ya no podía continuar
–Me rindo… –dejó caer la cuchara, derrotada y el contratista le dio una copa de vino. Desde su posición Sherry Birkin tenía el cuello perlado del sudor, al punto de mostrar parte del generoso escote que dejaba ver su blusa blanca entallada.
La joven sintió el alivio instantáneo. Suspiró agradecida ojeando el reloj en la pared. Pronto cerraría el restaurante, e inconsciente miró hacia la obscuridad reflejada en los bosques Arklay.
Si eso había sido una cita, era la más extrañada vivida hasta el momento.
–Ya ha oscurecido demasiado… – murmuró ausente, observándolo de reojo mantener el misto porte rígido de horas atrás. – ¿Te irás pronto?
Él negó.
–Te llevaré, así que apresúrate y cierra esto pronto.
Sherry Birkin boqueó por segunda vez en el día. Pudo escuchar a uno de sus empleados murmurar algo sobre la falta de tacto del Muller ante ella, quien era una mujer conocida gracias al prestigio de sus padres. Pero para ella, Jake Muller estaba liberándola de esa estorbosa barrera. Y ese simple hecho lo dejaba fuera de su límite de comprensión.
…
Excella Guionne detuvo sus pasos abruptamente, reconociendo entre el mar de personas que deambulaban el parque de Raccon city la silueta de Leon Kennedy, sentado en una de las bancas que daban camino hacia la entrada del parque. ¿Cuántos años llevaba sin verlo? Recordando, cinco años habían pasado tras la caída de Umbrella, pues él había sido junto con el abogado Burnside y Redfield tres de los personajes más destacados durante dicha tragedia y sus intentos de mantener el orden arcaico de la ciudad.
Gracias a eso Albert todavía debía cumplir una serie de multas ya que el incidente dejaba una huella para cualquier residente de Raccoon city. Pero disfrutar de esa paz engañosa era algo gratificante e incluso todos parecían recuperarse poco a poco, y seguro aquel pensamiento había llevado a Kennedy hasta ese lugar. Era un hombre atractivo, sin duda. Cabello cenizo, porte erguido, no tan musculoso como el capitán Redfield o el mismo Wesker, pero había algo en él que sobresalía con creces, incluso usando su uniforme normal de policía. Y lo único mal en el rubio era su carácter arrogante y mordaz que tenía a poner el bien profesional ante el personal por sobre cualquier cosa.
La genetista acortó la distancia hasta quedar ochos metros tras el policía. Dio un paso más e intentó saludarlo, pero el sonido de una voz familiar lo impidió. ¿Maldición, acaso no pensaba dejarla vivir en paz?
–Señora Wesker. –saludó Ada tras ella. Excella sintió los músculos de sus hombros rígidos. Recordaba bastante bien a Wong, durante el caso contra Derek la misma mujer había puesto un fino quiebre en su situación marital. ¿Qué la traía de nuevo en Raccoon city? Entrecerró los ojos, defensiva, observándola sonreír triunfante y aún con la paranoia de vestir atuendos rojos. Ahora, en una blusa entallada. El único cambio en ella eran los pantalones negros y las botas.
Fuera de eso, seguía siendo la misma mujer arrogante de antaño.
– Wong –respondió al saludo entre dientes. Dicha acción facilitó el goce personal de la agente. Excella Guione era la mujer con mayor importancia en toda la ciudad. Y hacerla enojar con simples palabras era el pago justo por sus acciones, sin duda alguna. –Considerando que la boda fue hace un mes, te hacía lejos de la ciudad.
–Me alegra saber que todavía tengo tu atención. –reconoció, cambiando la mirada hasta Kennedy y ello le generó otra interrogante. ¿Desde cuándo ellos se conocían? Aun estando en el mismo accidente, dudaba que Ada hubiera congeniado con los ideales del Kennedy cinco años atrás. No cuando su prioridad había sido sacar a su primo de la cárcel por culpa del Redfield. No, ahí había algo escondido y la mirada prepotente de Wong lo confirmaba con creces.
La castaña admiró el rumbo de la mirada femenina ¿Así que Guionne era otra colada por Kennedy? Interesante.
–Deja de meterte en mis asuntos Wong.
–Lo haría, pero desgraciadamente soy quien lo acompaña a él. –lo apuntó sin rodeo esperando el efecto. Excella arrugó el entrecejo y Ada intentó no reírse las curiosidades de la vida. – ¿Tienes algún problema con ello?
–No necesariamente – confesó ella. –.Solo me sorprende que seas amiga de un policía cuando en su momento poco te importó seguir las reglas.
Ada fijó la mirada el hombre. Leon saludaba animadamente a dos turistas frente al restaurante de Sherry. Su ceño fruncido, la seriedad de su propia voz y las manías delataban aquello que Excella decía: Era un oficial seguidor de las leyes, sin duda. ¿Pero perderse la oportunidad de malhumorar a un Wesker? Ni hablar.
Todos podían irse al mismo infierno por haber apoyado en el encierro de Nicholai.
– Hey, Leon –llamó. El aludido alzó la cara para verla, se despidió de los turistas con dirección hasta las mujeres. Una vez llegó, las miró curioso. Que Ada conociera a la matriarca de los Wesker y no hiciera nada contra ella no dejaba nada bueno. Wong sonrió. –. Ella es Excella Guione, aunque debo asumir que ustedes ya se conocen.
¿Cómo no hacerlo? Pensó Leon. La genetista era una mujer influyente, estaba en todos los periódicos y cualquier persona que había vivido el desastre de Umbrella la conocía. Incluida ella.
–Así es. –extendió la mano hacia la mujer. – ¿Cómo va Albert ahora?
–Entre lo aceptable, todavía nos faltan algunos juicios más para desligarnos de Umbrella. –contestó. Tomó asiento en una de las bancas, abanicándose con las manos ante el incesante calor de la ciudad. –pronto podremos hablar libremente sobre nuestra asociación con Tricell, solo que Alexia, mi socia sigue algo disgustada. Al parecer el abogado Burnside se ha negado a visitarla últimamente.
– ¿Oh, enserio? ¿El abogado Burnside?
Leon asintió en seco, tratando de mantenerse erguido ante la mirada penetrante de Ada. Mierda, había olvidado la relación entre Steve y los Ashford después del caso. Seguro Steve hacía caso omiso a la rubia, aunque estaba seguro que Alexia tomaría el sentido literal. Y mientras Steve tuviera en mente un objetivo con el mismo color de cabello, las probabilidades de tomarla en serio se reducían al mínimo.
Ada procesó la información con rapidez. Estaba al tanto que Steve era el menos inocente de ellos ¿Pero los Ashford? Debía ser demasiado retorcido para meterse en las garras de esas personas.
Tentarlos era otro retro más para añadir en la ridícula lista de Claire., ¿Quién podría imaginar el rumbo de este encuentro? Al parecer la Redfield tendría batalla por su nueva adquisición. Sin embargo ella no estaba ahí para ser niñera de la pelirroja, para eso Chris Redfield debía cumplir su rol en la cadena familiar. Ada estaba ahí para disfrutar sus vacaciones y no pensaba interrumpirlas gracias a los extraños arrebatos amorosos de la pelirroja.
–Me aseguraré de hablar con él –atinó a decir el policía incómodo. Sin embargo, antes de siquiera despedirse escuchó una voz al fondo, que reconoció al instante por lo que giró la cara para ver a la mujer que llegaba hasta ellos, sonriéndole a Excella Guione. Tenía una sonrisa blanca, un vestido morado ceñido al cuerpo, hasta las rodillas. Y entre sus dedos, el emblema de los Ashford.
–Oficial Kennedy, es un placer verlo de nuevo. –saludó Alexia. No obstante, se detuvo a medio camino cuando reconoció atrás del policía otra silueta familiar. –Ada, no sabía que estabas en Raccoon otra vez.
–Puedo decir lo mismo Ashford. –Ada maldijo su día. Leon era un imán de mala suerte impresionante. – ha pasado un tiempo.
–Demasiado.
El mundo era verdaderamente pequeño.
La castaña abrió la boca para contestar cuando escuchó otra cuarta voz resonar con fuerza. Perpleja miró a Burnside con la boca abierta, envuelvo en un traje de vestir color azul marino y su maleta en la mano izquierda.
– ¿Alexia? –Ada apretó la palma de su mano. ¿Acaso ese hombre era tan idiota para llamarla, aun cuando estaban ellos? Él parpadeó, comprendiendo la situación y Wong sintió deseos de golpearlo por esa estupidez sobrehumana. Aunque lo sorprendente del caso no era el cinismo del pelirrojo, si no la mujer que lo acompañaba.
Ninguno dijo palabra alguna, y Ada se lamentó de haber ido al parque central.
Claire Redfield entrecerró los ojos asimilando la situación. Había decidido irse de aquella perturbadora cita con Jake Muller para pasar un momento agradable en compañía de Steve hasta el parque. ¿Ahora dos mujeres le mantenían la mirada? A Excella la conocía, solía acosar a Chris durante los juzgados mientras Wesker seguía en prisión. Y si odiaba a alguien más que al mismo Jake, era sin duda a esa mujer.
–Señor Burnside, nuevamente nos encontramos en circunstancias extrañas.
Leon carraspeó, cortando la tensión asfixiante. Hecho que Ada agradeció con creces o de lo contrario era capaz de dispararle al pelirrojo.
Aquello debía ser el peor día de su vida.
–Por supuesto. – sonrió tenso. Si decía algo más, Leon podía dispararle a quema ropa si Ada no lo hacía primero. –Ha pasado un tiempo, señorita Ashford.
–Demasiado. –Alexia le cerró un ojo divertida, y Steve miró a Claire de reojo. Seguía calmada, observando cada movimiento como un animal antes de atacar. – es agradable verlo abogado. Mi padre todavía sigue agradecido con usted por salvar su compañía.
El pelirrojo tragó. Le dolía el cuello de tanta tensión acumulada y que la Redfield siguiera sin decir nada tampoco lo ayudaba, demasiado tenía con ver a la chica que lo había acosado durante el caso, al amigo que era capaz de romperle el rostro a golpes por sus tonterías y a la mujer capaz de apoyar dicha idea. Pero si la pelirroja no decía nada, tenía que ser algo bueno, o de lo contrario ya estaría en el suelo sufriendo una ira incontrolable.
–Es parte del trabajo. –finalizó. Mirando a Claire sonreír. No se había equivocado cuando la escogió para esa guerra de seducción. La hermana de Chris escondía varias cosas tras esa mueca, e iba a descifrarlas todas así tuviera que evitar encontrarse con el patriarca de los Ashford.
Solo faltaba una cosa. ¿Cómo demonios salía de ahí?
….
–Parece que volvemos a encontrarnos, Redfield. – saludó Jill, mirando el paisaje del cielo nocturno. Estaban fuera de la plaza de Raccoon city, los alrededores eran calmos y el viento les rozaba la cara, mientras algunos adultos mayores paseaban con sus familiares, dándole comodidad al entorno ya que era un lugar especial para las personas de la tercera edad. Chris no miró el rostro de Valentine todavía, se limitó a observar el camino de piedra, donde varios restaurantes aglomeraban parte del terreno y escondían las montañas Arklay a lo lejos.
Para Jilliam, Chris y Claire parecían ser tan diferente que a veces olvidaba su parentesco.
–Rebecca te agradecerá el haber dejado solo al bastardo de Coen. – habló él. Ella sonrió, los ojos masculinos no mostraban nada salvo el mismo desinterés de siempre. Y esa misma dificultad creaba entre ellos una tensión nada sana para ellos.
– ¿Entonces debo deducir tu soledad porque la dejaste ir con él? – Chris asintió, invitándola a sentarse. Ella obedeció, con la vista fija en el cielo nocturno.
–Nada alejado de la realidad, esa es una buena observación –alagó. –además, volver al parque central equivale lo mismo que verle la cara a esa maldita asiática. Y te prefiero por mucho a ser acompañado por esa estúpida mujer.
Jill suspiró. La rivalidad entre ellos desde el encierro de Nicholai había creado mella en Chris con creces tanto que le resultaba tedioso. Si algún día ellos decidían irse a una cita seguro acabarían muertos ya que ambos tenían permisos para manejar armas de fuego. También el que Ada añadiera a Kennedy, uno de los mejores amigos de Chris al juego, solo aumentaba una raya más a la lista de odio del Redfield.
Y eso sí que no se lo perdonaría.
–Entiendo, me sucede lo mismo con tu compañero el abogado. – confesó después de un lapso. La rubia se giró, levantándose para quedar frente al castaño, quien la miró sin moverse de su lugar. Y teniendo eso como iniciativa recorrió con ambas manos el contorno del mentón masculino. Estaba bien, nadie los vería cometer tal desliz. –Chris…
"En la guerra de seducción existen reglas básicas. Una de ellas es nunca dejarse llevar por las emociones fuertes, el cerebro hará su proceso químico liberando las hormonas necesarias de dopamina. Una persona fuerte debe resistir el impulso, porque de no hacerlo… las consecuencias pueden ser inesperadas"
Chris Redfield no tenía nada semejante a la timidez. Tenía años de experiencia en el servicio militar, los cuales servían para hacerlo diferenciar entre lo bueno y malo, enfriando sus sentidos. El mirarla, aun en ese momento intimo así de serio e inaccesible lo confirmaba. Era alguien inmune al encanto femenino, como Leon o Jake Muller, pero si la misma Ada Wong había conseguido algo, ella podría hacerlo mejor.
–Este es un buen momento para hablar, Redfield. –el soldado sonrió. Mierda, el verlo hacerlo sin tensión era un acto peculiar e interesante.
–O tal vez solo deberías callarte, Valentine. –la rubia eliminó la distancia, estampando sus labios contra el castaño con fuerza. Enredó los dedos entre el cabello castaño del soldado, bajando por el cuello masculino y lo abrazó. Chris tenía la boca caliente, áspera y contradictoriamente adictiva. No entendía como ninguna mujer había intentado eso antes. Jill sintió las manos fuertes rodearle la cintura, mientras le mordió el labio inferior. Percibió el olor metálico de la sangre bajo su nariz y la cordura llegó a la rubia. Debían controlarse, como figuras públicas debían mantener su imagen intacta. Además, casi podía ver el párrafo donde no estaban permitido esas cosas en una guerra, pero la lengua de Chris enredándose con la suya no le permitía pensar con claridad.
El hombre se separó bruscamente, mirando la imagen de una mujer de cabello rubio jadear, mientras un hilillo de sangre recorría su boca.
–Esto… – Jill levantó la mirada gris, tratando de recuperar el ritmo de su respiración. – Nunca ocurrió. ¿Entendido?
….
Ada Wong hizo una mueca con los labios, sonriendo ante lo divertido de la escena. Debía admitir que tenía su gracia ver al pelirrojo Burnside intentando usar el cerebro para sacarlo de esa situación comprometedora. Solo así sentía lástima por Claire Redfield, pero otra parte dentro de ella encontraba gratificante verla sufrir las consecuencias de sus actos idiotas.
Sin duda valía la pena presenciar esa escena.
–Tal vez sea conversación para otro momento. – intervino el Kennedy. Alexia asintió a regañadientes, inclinada sobre ellos dos. Sabía que quería preguntar algo relacionado a Claire, podía verlo en sus ojos claros y Claire no sería tan amable como Steve, sin duda alguna.
Entonces tenía el deber de salvarla… otra vez.
–Ustedes dos, es momento de irnos. –soltó la de cabello castaño demandante. Leon comprendió la indirecta, tironeó el brazo de Steve intentando dejarle en claro que sería la única vez que los sacarían de ese embrollo. –Lamento cortar este interesante reencuentro, pero debemos irnos. Le prometí a Hunnigan verla antes de pasar a su oficina, señor Kennedy.
Claire suspiró. ¿Ellos llevaban juntos todo el día? ¿Por qué no estaban sufriendo el intercambio de citas? Luego lo averiguaría, primero debían irse del parque.
Alexia entrecerró los ojos. Jaló del brazo masculino del cual Leon no sostenía y le besó la mejilla. –Fue un placer encontrarlo, abogado. A usted también oficial. – giró, despidiéndose con la mano del resto. –Ada, Pelirroja…
Leon caminó sin mirar atrás. El pelirrojo los seguía con Claire Redfield siguiéndole los pasos e instintivamente retrocedió, haciendo una seña a Wong, esta entendió el mensaje y disminuyó la velocidad para dejar a la pareja solos. Tenían cosas por aclarar y si lo hacían, tal vez podían olvidar esa estúpida guerra.
– ¿Crees eso posible? Intentas escalar demasiado alto, Kennedy – habló la fémina a la nada. El rubio meneó la cabeza, agradeciendo en silencio la habilidad de Ada para comprender sus pensamientos.
Mientras Claire fuera insistente o amante de los retos quedaba descartado que ambos asentaran cabeza. Quizá incluso le parecía excitante lidiarse con un hombre próximo al matrimonio.
–Sí, tienes razón. – razonó el de los ojos azules. – ¿Todavía pretendas tenerme contigo toda la noche?
– ¿Piensas invitarme a cenar?
–Solo si tengo libre la agenda.
Oh, el sarcasmo de Leon era perfecto para su mal humor. Solo que ella nunca armaría alboroto alguno como Claire, porque Leon Kennedy tenía el afín de amargar al sector femenino. Con suerte ninguna loca estaría arruinándole los planes.
O eso esperaba, porque tampoco era una mujer paciente.
….
Su cuerpo chocó contra la pared de concreto, reconociendo entre la mediana obscuridad una mesita con varias fotografías donde podía ver la sonrisa de una mujer pelirroja, que cayó al suelo a consecuencia del impacto. Aunque ignoró el hecho de que esa chica misma era la hermana de mismo hombre que la desvestía, solo le importó las manos curiosas de Chris Redfield en dicha labor. Jill suspiró en medio del beso, acariciando el contorno del rostro masculino, deleitándose con el penetrando arroma a sándalo y la suavidad de su mentón contra sus yemas.
¿Cómo habían llegado hasta su casa, en primer lugar? No lo recordaba y tampoco quería hacerlo, no cuando había cosas más importantes por explorar.
–Chris… –la mujer entrecerró los ojos, tratando de verlo entre la oscuridad. –, si vas a parar este es el mejor momento para hacerlo.
El soldado irguió la postura. Ninguno de los dos sabía cómo demonios habían llegado hasta este punto, donde ni siquiera podían ver el camino de retorno. Y Jill tenía toda la razón. ¿Qué sabían el uno del otro? Nada, todavía seguían siendo simples desconocidos unidos por una guerra estúpida. Sin embargo, esa maldita tensión entre ellos era demasiado fuerte para evitarlo.
– Sí, es mejor parar. –demandó. Jill entreabrió los labios, recorriéndole con la punta de los dedos el pecho masculino. Dejó un beso en el hombro, dejando la marca del labial rosado. Observó su reacción y al verlo sonreír con soberbia, sintió cómo toda su determinación quedaba en el olvido, Al diablo con los demás, si la gente podía ser imprudente, ellos también podían darse le el lujo de ceder.
En ese momento solo importaban ellos. Ya inventaría algo para cuando Claire intentara contactarlos. Por mientras, tendría a Chris Redfield como su objeto de entretenimiento, una tregua momentánea y nada más.
O al menos eso quería creer.
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Este capítulo en su momento fue uno de los más curiosos a la hora de escribirlo. Y ahora, ya reeditado le da otro toque interesante. Espero que les guste, así como a las personas que lo leyeron la primera vez.
En fin, el siguiente es la tregua de varias parejas. Esta vez, cumpliré mi parte y les dejaré el Helena/Piers que tanto me pedían antes. Lo prometo.
Eso es todo por el momento. Se me cuidan.
Fatty Rose Malfoy.
