Los personajes de Resident Evil no me pertenecen, son propiedad de CAPCOM, únicamente la trama es mía.

Aclaraciones:

Letra normal. –Narración general.

Letra en negritas. – Notas de autor, algunos pensamientos de los personajes.

Letra en cursiva. –Recuerdos, algunas frases.

Historia AU, si no es del agrado del lector recomendaría dejar la historia. Sin reclamos ¿entendido?


The War of Seduction

[Tregua]


– ¿Rebecca?

La aludida parpadeó repetidas veces, intentando darse valor para no salir corriendo ante la locura que estaba a punto de cometer. ¿Cómo había llegado ahí, en primer lugar? Recordaba haber estado acompañando a Chris dentro del restaurant antes de recibir la llamada de Coen, quien la había citado hasta el punto de encuentro. No obstante ahora se debatía entre ser responsable o dejarse llevar por el breve momento de irracionalidad.

Y que recordara, Claire era la única del grupo capaz de encajar en ese tipo de situaciones pues ya habían estado en el hospital dos veces por su culpa. Sin embargo la realidad estaba sobrepasándola de sobremanera.

– ¿Y bien? – preguntó la voz, contemplando con incredulidad la sonrisa socarrona de Billy, el cual movía el otro casco hacia adelante e invitándola a unirse. – ¿Estás lista?

Para nada. Más tampoco podía verbalizarlo libremente, hacerlo significaba retractarse ante la apuesta perdida y todavía mantenía el orgullo lo suficientemente alto para perderlo por una noción mundana.

–Solo dame eso… – le arrebató el objeto rendida. Sintió la mirada de Billy sobre ella, provocándole irritabilidad. – ¿Prometes que no tendremos problemas con la ley?

Él encendió el motor.

–Ya veremos.

Deslizó la lengua por el cuello femenino llevando las manos hasta el contorno de la blusa blanca abotonada. Todavía seguía sin asimilar del todo el cómo demonios habían llegado hasta ese punto, donde la tensión era irracional dentro de esas cuatro paredes calurosas y maldijo nuevamente el cuerpo de Valentine. Aunque no todo era culpa suya, pues él había dado las pausas durante el parque central a pesar de conocerse durante un mes. De ahí en más nada, solo compartían la misma mentalidad y ambos debían lidiar con dos seres estúpidos unidos por la mano de dios.

–Jill debemos parar… – le recordó, observando el primer botón salirse de su lugar, se levantó a duras penas tomándola por las muñecas para aprisionarlas contra la almohada y la miró a los ojos. El gris intenso de ellos lograba parecerse a la plata fundida, producto de la expectativa. –estoy hablando enserio.

Ella sonrió, sintiendo el peso del pecho de Chris contra el suyo propio y tuvo que darle la razón. Estaban sobrepasando las barreras permitidas entre dos personas coherentes como ellos.

–Tienes razón… – cerró los ojos, sintiendo la respiración del castaño hacerle cosquillas en el cuello. –. Esto está fuera de nuestro límite.

Si Claire la viera seguramente estaría en problemas, después de todo las reglas existían con el fin de demostrar que pareja sobresalía entre las otras. Por eso, la idea de perder ante la pelirroja estaba totalmente descartado y Chris apoyaría su decisión sin dudar, o al menos hasta ver a su hermana disculpándose por sus acciones inocuas.

No obstante un segundo botón prosiguió a otro. Jill forcejeó hasta liberarse una mano, llevándola hasta la cadera del hombre donde recorrió con la punta de los dedos el borde del cinturón. Quiso desabrocharlo para observar su reacción y levantó la cara esperando autorización, solo que fue el mismo Chris Redfield quien la tomó de la mano, incitándola a continuar, sorprendiéndola gratamente ante dicha acción. Y pese a la intimidad del momento él mantenía el mismo gesto, las cejas fruncidas, la mirada demandante que dejaba en claro que batallaba consigo mismo entre dejarse llevar o mantenerse cuerdo. Pero sabía que bajo la fachada estoica del hombre se escondía otro capaz de mantenerla a la expectativa.

–Jilliam… – advirtió el Redfield al no ver movimiento alguno y ella amplió la mueca en sus labios.

–Eso dices, sin embargo tus acciones muestran todo lo contrario. –respondió burlona, cambiando la posición para quedar sobre él, dejando caer las caderas femeninas con fuerza contra las suyas, sin moverse y evaluó cada gesto en su rostro. – Mucho mejor. ¿No te parece?

Él gruñó contra la piel del cuello de Jill mientras sintió un calor familiar atravesarle la espina dorsal. Bien, si eso era lo que ella quería, entonces continuarían hasta el final.

–No está mal… – murmuró en respuesta, dirigiendo ambas manos hasta el contorno de su cintura, donde tomó su blusa banca y tironeó de ella para quitarla por completo. –pero ya basta de alargar lo inevitable.

–Tienes toda la razón.

El castaño le mordió el hombro con suavidad. Jill sintió su piel rasgarse contra la tenue barba, terminando de matar todo rastro de racionalidad en ella. A esas alturas negar esa atracción mutua era inminente, así que darse esa tregua mutua para liberar las tensiones sin duda saldría beneficioso para ambos. ¿Qué más daba? Tenían veintinueve años, eran dos personas con profesiones destacables y no unos adolescentes experimentando tocar terrenos prohibidos.

Chris arrojó la prenda contra los pies de la cama, tratando visualizar entre la obscuridad el cuerpo generoso de Valente envuelto en un sostén de encaje rosa que sin duda alguna realzaba el color blanco de su piel.

– ¿Te gusta lo que ves?–preguntó ella mordaz. Chris acarició el contorno de las femeninas piernas. Desde su posición la vista era agradable, llego a la conclusión de que era una mujer atractiva, aunque su carácter dejara mucho que desear.

Y él carecía de paciencia para esos casos.

–Posiblemente. –respondió divertido. La mujer lo imitó, recorriendo con la punta de los dedos la cara del castaño y él le devolvió la mirada. – ¿Y a ti?

–Por supuesto.

¿Quién no querría tener al serio hermano de Claire Redfield en esa posición?

Lo arrojó contra la cama sin más. Le quitó la camisa gris, degustando la vista que le proporcionaba el estar a horcajadas. Desde ese punto, el abdomen de Chris era directamente proporcional al color de su cuerpo. Moreno, firme, fuerte. Aunque dentro del paquete estaban las pequeñas protuberancias de un hombre acostumbrado al trabajo duro. Chris tenía tantas cicatrices que era difícil no reparar en ellas, algo impropio para alguien de la fuerza aérea y sintió deseos de preguntar, pero no era el momento, no cuando Redfield estaba dándole rienda suelta a sus propios instintos.

–Ahora sí que no hay retorno, Redfield. –le informó llevando las manos hasta el lugar donde ansiaba llegar desde el comienzo. Desabrochó el cinturón para bajar el cierre cuando escuchó el timbre de la puerta principal; Chris apoyó la cara contra sus pechos al sentir la rigidez de su cuerpo. Jill intentó retomar lo que estaba haciendo, más él la detuvo por segunda vez en la noche y ella gruñó. – Solo olvídalo, dejarme así no es parte de nuestro trato.

–Tal vez sea importante…–insistió el moreno, buscando el reloj sobre el buró, al ver la hora le devolvió la mirada con interés. – ¿Sueles tener este tipo de visitas inoportunas?

–Algunas veces. –le guiñó el ojo. Se reacomodó en cama y casi instantáneamente escuchó el sonido de la puerta principal abrirse, paralizándole los sentidos. Rememoró las personas a las que les había dado la copia de sus llaves durante el paso de los años, pero dudaba que Ada fuera a interrumpirle en plena madrugada y mucho menos con Kennedy ocupando su centro de atención. Entonces solo quedaba una persona de la lista.

Y el sonido familiar comprobó la teoría.

– ¡Jill! –Chris parpadeó ante el grito. ¿Por qué demonios Claire estaba ahí a esas horas de la noche? No, se corrigió. Esa no era la verdadera pregunta, si no el por qué había llegado sin Steve. –Necesito hablar contigo ahora mismo.

–Mierda, mierda, mierda. – la rubia bajó de la cama dando vueltas en círculos e intentando buscar alguna solución o Claire podía tirar la puerta y descubrirlos. Volteó hacia el Redfield, buscando en silencio opinión externa pero el moreno atinó a caminar hasta la puerta. Y fue instantáneo, Jill lo jaló del brazo para tirarlo contra la alfombra del piso. El hombre gruñó adolorido, manteniendo el ceño fruncido a la par que admiraba el semblante molesto de una mujer en ropa interior.

Mierda que aquello era igual de interesante.

– ¿Enloqueciste?

–Solo intento mantener la calma, pero tú no me estás ayudando. –reprendió. Luego apuntó bajo su cama. –. Mejor escóndete, he presenciado su comportamiento varias veces. Solo debemos escucharla y se irá, así que te recomiendo hacer lo mismo después.

Él asintió a regañadientes. Jill lo vio rodar, ocultándose completamente e hizo un intento por peinarse el cabello alborotado. Buscó su blusa arrugada entre el edredón azul y la colocó con rapidez caminando hacia la puerta. Abrió despacio, pero una mata de cabello rojo no le permitió quejarse, pues Claire entró sin saludar dando vueltas en círculo. Algo le preocupaba, y apostaba todo a que seguramente Steve Burnside estaba en implicado en dicha problemática.

–Tomaste demasiado tiempo en abrirme. – regañó la pelirroja una vez la tuvo de frente. Se cruzó de brazos contra el marco de manera incrédula. ¿Enserio? ¿Arruinaba su interesante noche y ahora ella tenía la culpa?

.

–Por si no te has dado cuenta Claire, es media noche –señaló acusatoria, esperando que con ello captara la indirecta. Sin embargo ella no cesó su agarre y Jill suspiró derrotada y se hizo a un lado para dejarla entrar.

La pelirroja avanzó hasta quedarse de pie contra el colchón, Valentine entrecerró los ojos unos segundos antes de bostezar para darse credibilidad.

– ¿Y bien? ¿Ocurre algo?

– Nada relevante… –confesó, observando distraídamente la lámpara de Jilliam. Jugueteó con sus dedos y finalmente decidió hablar. – Hoy tuve la oportunidad de encontrarme a Ada con el policía en el parque central.

A pesar del cambio contundente de tema, Jill alzó la ceja. ¿Wong paseando con alguien sin implicar el entorno laboral? Eso sí que era extraño, aunque razonable. Había notado desde el almuerzo que ambos se llevaban medianamente y al parecer la agente del FBI tenía bastante alto el nivel de tolerancia en lo concerniente al rubio. Tampoco parecía difícil de asimilar, aunque suponía que le era difícil a Claire ver a la impenetrable Ada Wong ser amiga de los ejemplares masculinos ajenos a su trabajo. Y al verla removerse incómoda en el colchón, comprobó su punto.

– ¿Ese es el problema? No pensé que te interesaran las personas serias, Redfield.

La pelirroja se encogió de hombros.

–Ella era la compañera de Billy para la cita, pero luego Chris dejó ir a Rebecca y gracias a eso ellos terminaron juntos. – justificó airada.

¿Eso era todo? ¿Había interrumpido la interesante sesión con su hermano solo para informarle sobre las estúpidas citas?

–Ya veo, aunque Rebecca puede cuidarse sola. – recalcó calmadamente dando el tema terminado. Claire le devolvió la mirada, expresando con ello que todavía no lograba comprender la magnitud de los hechos y en respuesta la rubia apuntó hacia la entrada del dormitorio, donde la puerta seguía entreabierta. – y por favor, intenta no romperla nuevamente o tu salario se irá en reparaciones innecesarias. ¿Entendido?

En respuesta las manos de un lado a otro restando importancia.

–Lo que hice hace años fue accidental Jilliam –exclamó resentida. Ella enarcó la ceja suspicaz y quiso contradecirle, pero la Redfield siguió hablando como si nada. –. Mejor olvidemos el pasado para concentrarnos en el presente. En especial porque después de ver a Ada me encontré con Excella Guionne.

–Algo relativamente normal compañera, es la esposa de Wesker

Una de las personas con mayor influencia de la ciudad, pensó.

–También fue la persona que se colgaba mi hermano durante los juzgados. –arrugó la nariz asqueada. El solo rememorarlo le retorció el estómago. –. Es una suerte que el carácter asexual de Chris me evite dolores de cabeza en estos años.

El mayor, todavía bajo la cama siguió atento la conversación. ¿Por qué a ella le gustaba hablar sobre él? Que recordara, Claire había sido su mayor fuente de problemas en veintinueve años. Todo había comenzado cuando tenía veinte años y ella quince, una noche cualquiera, la chica le había cortado el cabello mientras dormía porque según una revista se podía hacer un ritual para espantarle las mujeres. Después, al cumplir los veinticuatro la misma pelirroja interrumpió su oficia mientras examinaba los detalles del caso contra Wesker. Recordaba haberse disculpado con Excella para llevarla al médico y cuando lograron estar a considerable distancia Claire había soltado un "Lo siento Chris, pero esa mujer solo quería conquistarte y tú no hacías nada" ¿Cómo demonios pensaba en imaginar una relación entre ellos? Aun entonces Wesker era un eslabón alto como su jefe y él respetaba todo lo que le involucrara, incluyendo su esposa.

Además, era un hombre que prefería concentrarse en el trabajo pues todas las mujeres conocidas terminaban causándole problemas. Y aquel momento era el mejor ejemplo de todos ¿Dónde estaba ahora, por evitarle un conflicto interno a Claire? Con la mandíbula lastimada y sus costillas resintiendo el peso de Claire al comprimirle el tórax, mientras ella seguía criticando su vida como si nada.

Aquel día no podía ser peor.

–Apuesto que tu hermano estaría de mal humor si llegara a enterarse – respondió, tratando de ver alguna señal del Redfield. Nada, y el simple silencio delató que estaba poniéndose de mal humor con dichas palabras tanto que incluso podía escucharlo soltar una maldición silenciosa por el carácter incorregible de la pelirroja. –. Tal vez debas darle un descanso, es algo tedioso lidiar con el trabajo y encima tener una hermana sobreprotectora.

Claire suspiró, fastidiada.

– ¿Exactamente de qué lado estás, Jill? –le apuntó acusatoria. –. Incluso si ustedes se llevan bien, tu deber como amiga es apoyarme. Está en las reglas de nuestra amistad.

Ella rió.

– No recuerdo haber firmado un contrato con esas normas. –contradijo entretenida, con una mano en la cadera. –solo estoy del lado de la justicia.

Claire se quedó unos minutos en silencio, mirando el techo de la habitación ¿Qué podía pasar por su mente para dejarla tan pensativa? Esperaba que no fuera sobre el paradero de su hermano o el por qué miraba demasiado el suelo. Estaba a punto de preguntarle si estaba bien cuando la Redfield suspiró.

–Hasta el momento, eres la segunda persona con quien conversa tranquilamente. – confesó ella en un murmuro. –Rebecca es la primera, pero ella es quien inicia las conversaciones cuando nos visita, e incluso le hiciste burlarse de Piers aquel día en el restaurante. Dime, ¿Escondes algún truco bajo la manga?

Ella negó. De cierta manera, aquel comentario le recordaba terriblemente a Chris también. Y eran esos modismos los cuales dejaban en claro que pese a tener caracteres diferentes, compartían el mismo lazo genético quisieran o no

–Tratarlo amablemente era mi mejor truco hasta el momento. –repitió las mismas palabras anteriores, tratando de olvidar el hecho de haberle arrojado un objeto de vidrio la última vez. – tranquila, sé tratar a los hombres rudos.

– Sin embargo, me niego a pensar en él como un hombre sexualmente activo. – la pelirroja se frotó el brazo izquierdo ante la idea de ver a su hermano mayor mostrarse en un plano romántico. – es algo…. Difícil de imaginar.

Valentine rodó los ojos, conteniendo las intensas ganas de tenía por contradecirla. Si ella nunca hubiera interrumpido la sesión media hora atrás, seguro podría decir lo contrario del esquema que Claire idealizaba a su hermano mayor.

–Prefería que no lo hicieras, es algo extraño. –reconoció entre dientes. Ella le miró extraña y Jill negó con la cabeza. Era divertido confundirla, pero debía dejar el tópico antes de sobrecargar la ira del hombre bajo la cama, así que optó por continuar la anterior conversación, sobre Leon, Ada y Excella. –. Entonces volviendo al tema inicial: Te encontraste a Guionne, supongo que eso fue suficiente para coronar tu mal día ya que ustedes nunca se llevaron bien. ¿Pasó algo interesante después?

–Sí… – reconoció ella. –Alexia Ashford estuvo presente también.

¿Un Ashford fuera de la mansión? ¿Desde cuándo hacían tales cosas? Era de conocimiento público la buena relación entre los Wesker y Alfred Ashford, pero que la misma matriarca estuviera fuera de los dominios sin ningún motivo particular era insólito.

–Vaya ¿Incluso tu hermano piensa enredarse con uno de ellos? – interrumpió sarcástica sobre su propio chiste. Incluso si fuera cierto, Claire nunca aceptaría tal cosa por el simple hecho de ser amiga de un Wesker. – quien lo diría.

–En realidad ella solo le prestaba atención a Steve. – Jill dio un paso hacia adelante, pero al escucharla paró en seco mientras la pelirroja se sentaba en la cama, mirando distraídamente las almohadas. Luego arrugó la nariz, oliéndolas a consciencia, para la Redfield aquel olor le recordaba al Shampoo de Chris, pero decidió ignorarlo, era imposible que él hubiera estado hasta esa parte del departamento de Jill y prefirió dejarlo pasar. –al parecer fue el abogado de Excella en el juicio contra Simmons y ganó.

Raccoon city escondía demasiado secretos para unir a diversos tipos de personas, notó Valentine. Pues, a pesar de haberse conocido en la boda, Umbrella había tejido los hilos que entrelazaban cada historia, volviéndose un hincapié molesto de sus vidas.

–Eso no parece hacerte feliz. – expresó confusa. – ¿Guione se sobrepasó con sus comentarios elitistas otra vez?

–No, Kennedy y Ada hablaron casi toda la conversación. – la pelirroja se recostó en la cama mirando el blanco del techo. –. Tanto que es muy sospechoso, mi instinto me dice que algo esconden esos dos, considerando el estatus familiar e incluso podrían tener una relación. Por eso te necesito Jilliam, si le pregunto a Chris tampoco me revelará nada, así que debes conseguirme esa información.

¿La había buscado en medio de la noche para eso? Sin duda alguna los Redfield tenían una capacidad impresionante para sorprenderla

–De ser el caso ¿Te gustaría arruinar algo estable? –le preguntó genuinamente interesada por su respuesta. Ella negó en respuesta y Jill suspiró aliviada. Claire podía ser ruidosa, malas pulgas y orgullosa, pero nunca alguien vengativa. No, estaba en los genes de esa chica servir a las personas.

–Nunca haría tal cosa, aunque eso no evita que quiera saber de la situación con más detalles. –le respondió finalmente con resolución. – Además, aquello me servirá, Excella todavía no queda excluida de haberle coqueteado a Chris.

Jill rió, divertida.

–Eres una hermana muy sobreprotectora, pequeña Redfield. – soltó ella. Le revolvió el cabello, juguetona. De cierta manera le resultaba divertido ver la faceta sobreprotectora de Claire ¿Qué opinión tendría si descubría donde estaba su asexual hermano? Casi enseguida recordó otro detalle importante. – deberías llegar a tu departamento. Si Chris habla con Jake y se entera, no le hará mucha gracia verte nuevamente a manos del abogado.

–Eso ya lo tengo resuelto. – le cerró el ojo cómplice, moviendo las manos de un lado a otro. –es cuestión de cambiar su perspectiva. Mi hermano odia a Steve, pero si consigo hacer que se interese en la estrecha amistad de Leon y Ada, lo tendré varios días entretenido.

Ella asintió, comprendiendo hasta donde quería llegar. Jill nunca había conocido al mayor de los Redfield hasta la boda, pero sabía bastante bien el odio de Wong contra éste. Cosa irónica, pues habían estudiado en la misma universidad en el extranjero durante cinco años. Y ahora, años después las consecuencias de tentar esa enemistad seguramente generarían consecuencias, ya que ambos sabían manejar armas de fuego, maniobras defensivas y permisos para actuar.

–Ya veo… – murmuró. –. Espero logres tu cometido.

Chris observó asqueado los pies descalzos de Jill ante el comentario. ¿Enserio pensaba apoyarla? Definitivamente iba a patear el trasero de Steve apenas consiguiera salir de ese embrollo, así como también hablar a solas con él sobre el compromiso con los Ashford o de lo contrario perdería los estribos del coraje.

– Es cuestión de ver los resultados. –Claire saltó enérgica sobre el colchón y Chris sintió su mentón golpear el suelo sin piedad. Maldijo nuevamente, mientras la pelirroja tocaba la superficie suave del material. –Creo que ya deberías cambiar este colchón Jilliam, comienza a sentirse un poco duro.

Ella asintió y giró la cara para ver si Chris se había roto un hueso cuando encontró la bota del castaño de pie contra la cama. Caminó hasta ella, empujándola hacia adentro, escuchó un gruñido nada sano, señal de que el Redfield estaba al límite.

Chris Redfield maldijo su suerte aquel día. Después de eso, dejaría de juntarse con Kennedy, le estaba pegando esa estúpida mala suerte.

Jake aparcó el automóvil observando con recelo el lugar. Estaba conformado por un terreno de dos hectáreas, donde mayormente podían verse distintos tipos de plantas. Desde árboles frutales, hasta distintos tipos de flores exóticas. De frente, el enorme sendero de piedra daba camino hasta la casa de dos pisos donde solían habitar los Birkin, personas dentro de alto rango económico gracias a las contribuciones directas para Umbrella. Tenían el poder y privilegios exuberantes, colocándolos dentro de la alta cadena, incluso por encima del jefe Irons.

El Muller miró el volante distraídamente y casi instintivamente reparó en su rubia acompañante. Sherry portaba la genética Birkin impresa por donde se mirara. No obstante intentaba relacionarse con ellos lo más mínimo posible, incluso si vivían en la misma casa.

–Hogar, dulce hogar superchica. –habló sarcástico, señalando el imponente lugar. Sherry se encogió de hombros dudosa, que Jake conociera donde vivía sin pedir ubicación delataba que había estado en la casa contadas veces seguramente gracias a la relación entre su padre y Wesker. .

–Gracias por traerme – le sonrió suavemente. Intentó disculparse por lo ocurrido con su amiga, más prefirió omitirlo o de lo contrario estaría de mal humor y pensaba mantener el aura pacífica entre ellos todo lo que pudiera. Le acarició la rodilla, mirando de reojo el paisaje –. Para ser algo inesperado funcionó bastante bien.

Jake gruñó. No veía nada de bueno soportar a la molestia pelirroja por dos horas. Era tan irritante como el bastardo que en verdad quería darle el pésame al infeliz. Abrió la puerta del automóvil esperando que la chica hiciera lo mismo y se recostó contra cajuela. Respiró el frio aire dadas las altas horas de la noche, después regresó la mirada hacia la menor de los Birkin.

–He pensado darle un premio al bastardo de Redfield – cerró los ojos, intentando con ello borrar al horrible recuerdo de su hermana. –tal vez una galleta para su cachorro estúpido, o una correa.

–O quizá solo debas comprarle un buen postre – le dijo divertida. –. Tienes suerte que mi restaurante sea famoso por la comida y los aperitivos. También deberías…

El sonido de la puerta abriéndose cortó el momento. Sherry logró ver desde la entrada la silueta de dos mujeres familiares hablar entretenidas. Ambas vestían elegantes, distinguidas y desprendían un aura penetrante por donde se mirara. La primera tenía el cabello castaño obscuro amarrado en un rodete alto y era tan alta como el mismo Jake Muller, solo la piel pálida acompañada de los ojos azules lograban diferenciaros entre ellos. Y junto a ella, otra figura rubia que reconoció incluso con el sonido de su voz.

¿Acaso era una maldita broma?

Excella paró en seco al reconocer al hijo de Albert, acompañado por la pequeña hija de Annette e instintivamente ladeó la cabeza hacia la matriarca Birkin, quien levantó el mentón disgustada, cruzando los brazos a la defensiva.

–Chico Wesker. – saludó cortés deteniéndose unos segundos en la curiosa interacción de su hija con el bastardo de Wesker. –nunca imaginé que ustedes fueran a conocerse.

–Fue simple casualidad –contestó, todavía sin moverse. Annette entrecerró los ojos, tratando de encontrar el motivo oculto. Sherry había vivido en Londres desde los quince años, que precisamente ellos tuvieran cercanía era más que simple coincidencia y decidió reparar en el pelirrojo.

–Espero no estés utilizándola para hacer las paces con nuestra familia, Muller. – advirtió. Sherry observó a Jake apretar la mandíbula. ¿Desde cuándo su madre perdía sus modismos burocráticos por un simple civil? No, la verdadera cuestión no era esa, si no que había hecho Jake para ganarse su odio a pulso.

–Es agradable saber que todavía tengo tu atención, señora Birkin. –respondió él, siguiéndole el juego de superioridad. Ella mantuvo la espalda erguida, si el engreído chico pensaba continuar con ese humor dentro de sus dominios estaba muy equivocado.

–Mantén tu lenguaje a raya. – demandó amenazante, enfocándose nuevamente en la menor. – ¿Quieres explicarme cómo mi única hija que no vive en Raccoon city puede encontrar agradable tu compañía? ¿O te divierte esto, Muller?

–Descuide. Es demasiado interesante señora – el pelirrojo jugueteó con el hombro de la joven, dejándole en claro que no tenía reparo en acercarse a ella. – pero no te preocupes, lo que menos tengo planeado es pertenecer a una familia tan podrida como los Birkin.

Oh por dios.

–Entonces puedes irte.

–Me temo que eso solo puede decidirlo ella.

Annette carraspeó, mirando reprobatoriamente a su hija. – Sherry ¿Quieres explicarme cómo demonios puedes hablar con este hombre? Jake Muller estuvo a punto de hundirnos gracias a que se negó a usar su empresa para ayudar a Wesker y si la compañía se hundía nosotros terminaríamos con ella. Si no fuera por el abogado Burnside estaríamos en prisión.

La Birkin suspiró. Recordaba poco de la confrontación de sus padres contra Umbrella tras la culpabilidad de Simmons, sin embargo los logros de Burnside durante los acontecimientos habían calado a cualquier persona afectada. Entre ellos, sus figuras paternas.

Pero ella conocía la verdadera faceta detrás del abogado profesional, el cual era demasiado idiota para su propio bien.

– Bueno…

–Todavía puedes ser amiga del abogado Steve, Sherry. – propuso Excella uniéndose a la conversación entre Annette y Jake, tratando de eliminar la tensión latente en el ambiente. –o el oficial Kennedy, ambos son personas solteras y respetadas en Raccoon city.

Sonaba sencillo, pero el carácter de ambos sobrepasaba el límite de cualquier persona promedio. Incluida ella. Diablos, que hasta Ada veía ridículo que Claire hubiera encontrando a alguien con su mismo nivel de inmadurez.

Asintió solo para complacerla. No importaba demasiado la tensa relación entre Annette y Jake o las curiosidades de la vida.

–Creo que tengo una mejor idea. – sonrió Annette, regresando hacia el interior de la casa. Se detuvo dándoles la espalda y habló. – deberían quedarse a cenar, Muller. Estoy segura que a William le agradará tu compañía.

El hombre la imitó ante el reto.

–Seguro señora. Llevo esperando mucho tiempo colarme entre los Birkin.

–Perfecto, es por aquí.

La siguió en silencio sin mirar atrás. Sherry contempló atónita la escena, tratando de procesar lo sucedido y se giró hacia Excella, quien estaba igual o más confundida que ella misma

Entonces la realidad cayó. .

Sus padres y Jake dentro de la misma casa….

–Hey ¡Detente!

Rebecca Chambers sonrió nerviosamente al hombre sentado frente a ella, cual releía varios informes en el escritorio correspondientes al caso en turno. A pesar de ser casi media noche usaba el uniforme de policía, derrochando autoridad por cada poro e intentó mantenerse lo más relajada posible. No obstante, los ojos azules del oficial no le ayudaban en nada a mantener su autocontrol y apretó los labios antes de esconderse hasta lo profundo de la comisaría.

Definitivamente, Leon Kennedy sabía ganarse el sueldo intimidando a las personas. Sin embargo, se abstuvo de hacer comentario alguno o la figura sentada del lado contrario del oficial no encontraría divertido su humor irónico. En vez de eso, le mantenía la mirada con sus ojos verdes, similar a un depredador avistando a la próxima víctima antes de atacar.

Y nadie escapaba de ira de los Wong, ni siquiera ella.

–Parece que podemos encontrarle solución a esto. – habló Ada, dejando caer la cabeza hacia atrás. El rubio meneó la suya, masajeándose el puente de la nariz antes de pasarle otro documento. Ella procedió a revisarlo y Rebecca apretó los dientes. Que Ada Wong ayudara sin esperar nada a cambio era un hecho insólito e incómodo, pues no recordaba alguna vez en que ella había participado en algo así nunca, incluso en la universidad. Y que considerara a Leon Kennedy como un igual era interesante, por otro lado, considerando la tensa relación entre la policía y ella tras el encierro de Nicholai.

Kennedy gruñó, repasando en silencio los últimos acontecimientos que los llevaron hasta ese punto. Debían estar cenando en un restaurante, no reparando la estupidez de Billy Coen y sin embargo ahí estaba, haciendo el papel de héroe como llevaba haciendo en los últimos diez años.

–Sí, solo debemos verificar las cámaras de seguridad. –Leon desvió la mirada hacia el dúo que se mantenía en silencio durante más de media hora –. Ustedes dos, ¿Quieren explicarme al menos como sucedió?

–En realidad…

–Olvídalo, no quiero escucharlos – el rubio regresó la mirada al historial que ahora Ada releía recelosamente. Cerró los ojos, respirando con fuerza para mantenerse todo lo tranquilo posible. –. Según este informe preliminar fueron detenidos por sobrepasar el límite permitido en la ciudad y todavía no conformes con eso casi atropellan a dos de mis mejores subordinados durante la captura. – recitó de manera profesional, dejando caer los papeles con fuerza en el escritorio. – ¿Es que solo quieren verme perder la cabeza? Llevo todo el día encerrado para lidiar también con tus asuntos, Billy.

La cuestión no era del todo ajena e incluso creía cualquier cosa de él. Pero que la misma chiquilla Chambers hubiera apoyado la idea tampoco la volvían una mujer inteligente.

–Como sea, mejor modera tu vocabulario Kennedy – expresó hastiado, apoyando las manos contra la madera del escritorio retador. –Me importa poco tu auto encierro obligatorio, solo dinos si puedes ayudarnos o no.

Ada Wong alzó una ceja ¿Primero los obligaban a salvarles el pellejo y luego se daba aires de interesante? Vaya amistades se conseguía el oficial.

–Debo recordarles que ustedes interrumpieron nuestra cita. – contestó ella calmadamente. –tal vez solo necesites pasar una noche en prisión para que valores nuestra intervención oportuna. ¿Qué dices?

El hombre abrió la boca dispuesto a responder cuando Rebecca le jaló del brazo. Billy no tenía idea alguna sobre el carácter temperamental de su amiga y quería mantenerlo vivo al menos unos años más.

– Perdónalo, estaremos bien con su decisión. – expresó ella en disculpas.

–No te preocupes, resolveremos esto de manera civilizada. – sonrió la agente. Y ese simple gesto le erizó los cabellos a la científica. –Comencemos con nuestro nuevo descubrimiento, nunca habría imaginado que a la pequeña Rebecca le gustara jugar con el peligro. Un hallazgo verdaderamente interesante.

La castaña boqueó, sintiendo el impacto imaginario de Ada contra su mejilla. Wong nunca solía bromear o mostrarse diversita, por lo tanto seguramente estaba enojada hasta el fondo.

– Entonces… – preguntó dudosa. – ¿Nos ayudaran?

–Esa es otra excelente pregunta – reparó en el rubio. – ¿Tú qué opinas Leon?

–Merecen pagar al menos lo justo – expresó el rubio con sinceridad, luego olisqueó el aire antes de caer rendido contra el documento. – pero voy a dejarlos libres por el momento. Necesito hacer unas llamadas extras y los quiero lejos de mi vista antes de que yo regrese.

Al verlo salir de la habitación los tres de miraron entre sí andes de que Wong sacara del tercer cajón el botiquín de primeros auxilios. Lo dejó sobre el escritorio, la sentó y procedió a curar el corte que tenía en la frente mientras Rebecca no dejaba de pensar el por qué tenía conocimientos del lugar.

–Quédate quieta. – ordenó la castaña, olvidándose de su duda. Wong aplicó presión sobre la herida abierta provocándole un ligero ardor. Si bien no era una mujer dada al cuidado del prójimo, al menos podía preocuparse por ella a pesar de su enfado.

–Con respecto a tu cita…

–Es la segunda vez en el día que me toca ser la niñera – interrumpió con brusquedad, aplicando spray curativo para facilitar su recuperación y colocó las manos sobre los hombros de Rebecca. –Escucha, es problema tuyo si quieres jugar a la mujer suicida. Pero te recuerdo que debes moderarte, no quiero tener otra chica irritante como Claire.

–Ojalá hubieras visto cómo sucedió – Billy se unió a la conversación, ajeno. Recogió unas vendas y procedió a vendarse el pie herido. Chambers le pateó el miembro sano, haciéndole tiritar por el dolor que le recorría hasta la punta de los dedos. –sirenas de policía, dos amigos de Leon furiosos, acción, peligro y Rebecca maldiciendo en diez idiomas, fue… particular.

– ¿Oh, enserio? – Rebecca escondió la cabeza en el hueco del cuello femenino, avergonzada. – ¿Lograste tomar fotografías?

–Unas cuantas. – sacó el celular para mostrarle la evidencia. Luego entornó los ojos. A pesar de ser pareja en el intercambio de citas, prefería el resultado donde Rebecca había entrado dentro del juego. Que Kennedy se ocupara Wong si quería.

–Perfecto, a Claire le encantará verlas después.

El ruido de la puerta abriéndose cortó la conversación. Leon entró aún más enojado de lo anterior ocupando su lugar en la silla, mientras contenía una maldición.

–Mis contactos lograron hacer parte del trabajo sucio pero deberán regresar mañana si se presentan cargos – les informó, recargándose contra la silla y se giró para darles la espalda. –Son libres por el momento, váyanse ahora y procuren no regresar nunca.

Demandante, vaya gusto tenía Ada.

El sargento dio media vuelta camino hasta la salida más fue interrumpido por otras dos personas que ingresaban a la comisaría acompañadas por otros policías. Rebecca sudó nerviosa al ver el semblante curioso de Helena Harper en compañía del Teniente Nivans, aunque lo sorprendente era ver el moretón en el rostro de Piers Nivans quien aún tenía puesto el uniforme militar.

Leon vio a sus colegas dejarnos en la puerta de su oficina, dejándole el caso. Con un demonio ¿Acaso era el día de molestarlo o solo de divertían con él?

– ¿Ahora tú también?

Estaba cansado, enojado y hambriento. Solo quería ir a su casa para relajarse o era capaz de encerrarlos unos tres días por imbéciles.

Ellos nunca le habían dado problemas de ese tipo. Piers Nivans, el mejor teniente de Chris Redfield compartía el mismo gusto del mayor hacia las reglas, Coen rara vez se metía en riñas que acabaran en la cárcel, el único problemático era Steve, quien antes había sido el pequeño novato en la academia de policía, antes de desistir la idea y encaminarse hacia el mundo de los tribunales.

–Lo lamento Leon, sin querer golpee a dos hombres en un evento recreativo. – respondió el Teniente, enseñándole las heridas de sus puños. – hoy en día es difícil que alguien soporte siete golpes antes de querer demandarte.

Par de…

–Tendré que hacer otras llamadas gracias a ustedes dos. – los señaló, impresionado con su propia mala suerte. – es más de media noche. ¿Tienen idea de cuánto tiempo me tomará quedarme en la oficina?

– A Claire le gustará bastante enterarse de esto. – burló Ada, separándose de Rebecca y colocando ambas manos sobre los hombros de las chicas, disfrutando aquel momento épico. –Y Jilliam estará encantada de saber los detalles.

–Aunque podríamos guardar el secreto. – pidió la Chambers y juntó las manos. –Por favor Ada, Claire es demasiado tediosa cuando ella no es el blanco de atención

–Entonces evítenme este tipo de escenarios o me veré obligada a decirle –advirtió una vez más. Girándose hacia el rubio policía. – ¿Necesitaremos un par de horas extras Kennedy? O pueden irse.

–Por el momento los quiero lejos de mi oficina… – espetó nuevamente regresando al inicio en lo que el resto salía sin decir nada. Ada permaneció de pre frente él y Leon continuó revisando otros números dentro del directorio. –Si quieres ayudarme este es el mejor momento para hacerlo Hunnigan se enfadará al enterarse que los dejé libres.

Ella afirmó, terminando de acortar las distancias entre ellos. Leon vio las manos de Wong colarse entre sus hombros, masajeando la zona con movimientos circulares y ejerciendo presión en las zonas rígidas producidas por el estrés antes de cerrar los ojos, genuinamente agradecido del contado hasta que la sintió levantarle la cara, mirándolo con determinación.

–Estás demasiado tenso Leon. –le susurró al oído. – necesitarás un descanso urgente o colapsaras. Creo que puedo encargarme de Hunnigan – aseguró, dejando caer los labios en su mejilla y el rubio enterró la nariz en el cuello de la agente.

–Kennedy ¿Sabes algo de Chris? Piers no ha logrado contactarlo y – Billy entró a la oficina. Admiró la escena durante varios segundos, después al verlos compartir espacio tan… íntimamente tosió para hacerse notar. Con un demonio, ese tipo de tensión estaba lejos de sus límites. – Si querías privacidad no era requisito sacarnos de esa manera – se dio la media vuelta, encaminándose hasta la salida. –ignoren que estuve aquí. Solo…. Olvídenlo.

El castaño dio un portazo. Leon abrió los ojos, miró a Ada y ella le devolvió la mirada.

No, nunca serían como ellos.

Estaban disfrutando una tregua agradable, nada más.

Steve sonrió desde el asiento de su automóvil al ver el mensaje escrito en el celular. Era uno de esos eventos extraños que ocurrían una vez al año. Después de todo ¿Desde cuándo el gran Chris Redfield pedía favores? Usualmente el hombre solía reñirle a él su carácter poco profesional fuera del trabajo, nunca le hablaba para algo personal. Quizá, el asunto requería la discreción de uno de los mejores abogados con los que contaba Raccon city. Aunque también Leon habría sido otra opción acertada, pues Kennedy era más centrado como el mismo Redfield y una guerra absurda no podría cambiar cambiarlos de la noche a la mañana. Solo que ellos estaban tomando bastante bien el asunto y estaba agradecido con las chicas, pues ambos podrían dispararle sin piedad y esconder su cadáver.

Valía pena, se dijo. La Redfield tenía un potencial innato para ganar la guerra e iba a aprovecharlo lo mejor posible.

Necesito que te lleves a Claire lejos, esta es la dirección del punto de encuentro, evita hacer preguntas innecesarias y regrésala a casa.

Vaya nota tan linda…

El pelirrojo se estacionó según la ubicación en el mensaje, no encontró rastros del todoterreno de Chris y la casa tampoco se le hacía familiar ya que éste vivía con su hermana cuando estaba de visita en la ciudad. Se bajó del auto dudoso, caminó hacia la puerta, tocó dos veces y fue cuando abrió que logró comprender con claridad la situación.

–Steve… – murmuró la mujer incrédula. Él encogió los hombros apoyándose contra el marco de la entrada, ligeramente confundido. ¿Esa era la importante misión de Redfield? ¿Visitar a su conquista fallida? Debía haber otro motivo válido para hacerlo ir hasta casa de Jill a mitad de la noche.

–Lamento molestarte a esta hora, pero necesito hablar con Claire si ella está aquí. Tenemos unos…asuntos pendientes. –la rubia asintió y Steve sintió el rompecabezas acomodarse al ver mejor las vestimentas de Valentine. Le sonrió burlón. – puedo apostar a que ha interrumpido tu interesante noche, pero no te preocupes, estoy aquí para solucionarlo.

Jilliam entrecerró la mirada, más se arrepintió cuando él señaló una extensión de su cuello y ella alzó hacia arriba su blusa blanca, ocultando cualquier evidencia. Era un tipo astuto, y solo por eso logró comprender el por qué Chris confiaba plenamente en él a pesar de ser un cretino. Era alguien analítico, ya que Claire llevaba una hora en la casa y estaba segura que todavía no había notado a su hermano debajo de la cama, aun si ella hubiera detectado el aroma del Shampoo impreso en las almohadas. Steve por el contrario era un hombre, el cual sabia ganarse el sueldo con creces, alguien como él no necesitaba usar la cabeza si estaba acostumbrado a trabajar con evidencia circunstancial.

– ¿Esto fue idea de Chris?

–Soy su mejor alternativa hasta el momento. –aseguró. Ella suspiró resignada y se hizo a un lado para darle el total acceso a su departamento. Una vez adentro apunto hacia las escaleras que daban camino hasta la segunda planta.

– Es la primera puerta, en el dormitorio.

Steve subió mirando con detenimiento la puerta, se miraba bastante floja debido a un golpe o algún tipo de forcejeo y entró. Vio a Claire acostada en la cama, con una mano sobre la almohada y la otra en el abdomen pensativa. Ella al reconocer su voz alzó los brazos pidiendo contención, cosa que aceptó.

– Es hora de irnos, pelirroja.

Ella negó, observando el celular del lado derecho de la cama. No tenía ninguna llamada perdida y aquello la alertaba de sobremanera. ¿Dónde estaba su sobreprotector hermano todo el maldito día?

–Estoy empezando a preocuparme por Chris. – expresó. Steve la miró incrédulo. ¿Hablaba enserio? Había pistas de Chris por toda la casa y que Claire no pudiera darse cuenta era… enfermo.

–Tal vez deberías preguntarle a Jilliam sobre su ubicación. –picó. La rubia apretó los puños, intentando calmarse antes de sacarlos a los dos lejos de su departamento. – ¿Tú qué opinas?

–Si tienes tantas dudas, asegúrate de preguntarle a la persona correcta Burnside. – sentenció cruzada de brazos. –las acciones de Redfield no tiene nada que ver conmigo.

– Creo que en eso diferimos, rubia.

El hombre debajo de la cama rechinó los dientes. ¿Acaso no podía llevarse a Claire e irse de una maldita vez por todas?

–Seguramente está con Piers haciendo un trabajo importante.

–Yo diría que estaba a punto de darse un buen banquete. – siguió él como si nada, enfocándose en la rubia mujer. – ¿tú que dices, Jill?

Mataría a ese infeliz.

– Tal vez sea mejor irnos a casa Steve, Jill debe estar cansada. – dedujo la pelirroja al verla molesta.

Chris se mordió la lengua. No iba a enojarse, si bien estaba en contra del código golpear a las personas civiles no pensaba visitar a Kennedy por golpearlo hasta quedarse satisfecho. Era un Redfield, y estaba en su sangre ser alguien racional.

–Entonces vámonos. – el pelirrojo la guio hasta la puerta entreabierta. – Valentine, te dejamos descansar.

Claire lo miró sin entender, levantándose de la cama.

–Si encuentro a Chris te llamaré Jill. Ustedes se llevan bien.

–Oh si –rio Steve –no tienes idea que tan es sólida su amistad.

La pelirroja se despidió de Jill confundida, dejó a Steve guiarla hasta la salida. Valentine agudizó el oído. Escuchó el cerrojo de la entrada, el ruido del automóvil de Steve ponerse en marcha. Al recibir silencio se recostó contra el piso y vio un par de ojos azules mirarla enfadado. Rozaba la furia de saber dónde pasaría Claire la noche.

–Ese inútil…. – farfulló el castaño. –algún día le quitaré la licencia.

–Déjalo. Luego podemos vengarnos – le sonrió, jalándolo de los brazos para sacarlo de la cama. Todavía en el suelo preguntó: – Ahora ¿seguimos lo anterior o hacemos una tregua? Será nuestro secreto.

Él la levantó y procedió a dejarla sobre el colchón.

– Ambas…

Al demonio. Necesitaba relajarse.

Y la tregua serviría para todos, algo se lo decía.

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Hola, Hola. Sé que algunos ya ni se acuerdan de esta historia ¡Dos años para escribir una continuación! Lo sé. No tengo ninguna excusa para esto y lo menos que puedo hacer es terminar la historia hasta el final. Prometo continuarlo, aunque me tome mi tiempo. Esto va para las personas que siguen ahí fieles ¡Gracias! El siguiente ya está escrito, si veo que las personas se interesan lo subiré pronto.

Este capítulo va dedicado para Ainesita, quien siempre me anima a continuar aun cuando mi bloqueo es poderoso. ¡Espero que te guste!

En fin es todo. Se me cuidan.

Fatty Rose Malfoy.