Los personajes no son míos. Si lo fueran, sería un todos con todos.

Disfruten.


Los heridos de mayor gravedad habían sido Mairin, él y otros tres chicos que estaban también del lado del impacto. Mairin había sido llevada en ambulancia primero, los otros chicos tenían heridas externas y habían recibido suturas en la otra ambulancia que había llegado. Él, por otro lado, también estaba yendo al hospital en una ambulancia, pues era muy probable que tuviera una pierna rota y tenían que hacerle una radiografía.

Estaba acostado en la camilla, mientras la ambulancia iba a toda velocidad. Miraba el techo, casi sin parpadear, su mente estaba en blanco. Trataba de recordar cómo había sido la secuencia del choque, pero no podía pensar en nada, ni siquiera en ella.

―Estás en shock ―dijo el paramédico a su lado, pero Alain no lo miró―, en unos momentos se te pasará y todas las emociones regresarán de golpe, así que, recuerda: estás a salvo, tus compañeros están a salvo.

Trató de asentir, como para que viera que lo había escuchado.

Poco después, llegaron al hospital. Todo fue muy rápido para él, cuando quiso darse cuenta, ya tenía un yeso en su pierna. Los médicos le dijeron que estaba listo para irse y que sus padres estaban en camino. Él asintió y se quedó sentado en la sala de espera a, bueno, esperar. Suspiró y miró su pierna; habían dicho que tenía una fisura en el peroné, que no era fractura, pero casi. No recordaba cuánto tiempo tenía que llevar el yeso, pero le habían dado un papel con instrucciones.

Miró hacia la entrada, esperando por sus padres, pero solo vio a una mujer. Caminaba veloz y se dirigió hacia la mesa de recepción. Alain no logró escuchar qué decía, pero se le hacía conocida esa mujer.

―Alain, cariño ―giró veloz y se encontró con su madre, que tenía los ojos aguados―, estábamos muy preocupados.

Alain la miró, sin saber qué responder.

―¿Estás bien, hijo? ―Cuestionó su padre, preocupado.

Él le extendió las instrucciones médicas, que ambos leyeron. Shock por trauma. Fisura de peroné. Reposo de seis semanas.

―Um, parece que estás bien ―dijo su padre. Tomó unas muletas que recién en ese momento Alain notaba y se las extendió―, vamos a casa.

Estando en el auto de regreso, comenzó a tener pensamientos más claros, comenzó a ver todo en cámara lenta y recordó a Mairin.

―Ah, cuando dijeron que hubo un accidente en el autobús escolar, nos preocupamos mucho ―dijo su madre, girando en su asiento para mirarlo.

―Sí, creímos que te habías roto el peroné…

―Berth, no te atrevas ―dijo ella, conociendo perfectamente a su esposo.

Pero no ―concluyó él, ignorándola y soltando una carcajada.

―Es solo una fisura ―murmuró Alain.

Pocos días después, volvió al hospital. La pierna había comenzado a dolerle demasiado en la escuela, por lo que lo dejaron retirarse solo. Luego de ver a un doctor de guardia, le recetaron analgésicos.

Estaba a punto de irse, pero…

―¡Pase! ―respondieron del otro lado de la puerta cuando golpeó―. ¿Alain?

―Hola ―dijo él, algo incómodo.

―¡Ah, tu pierna! ―Mairin tenía los ojos fijos en el yeso―. Fue por el accidente, ¿verdad? ―él asintió―. ¿Quieres sentarte?

En la habitación había dos camas, la de Mairin y otra vacía, y entre ambas, una silla. Ella tenía puesto un pijama que, él asumía, era de ella, por los colores vivos. Tenía el pelo atado de una forma rara y una venda en la cabeza.

―¿Cómo te sientes?

―Ahora bien. Cuando llegué me llevaron directo a cirugía, pero ahora estoy perfecta.

―¿Cirugía-? ¿Tan grave fue?

Ella se encogió de hombros y giró la cabeza al costado―. ¿Quieres ver la cicatriz? Tuvieron que raparme esa parte de la cabeza-

―¡No, no! ―él le dio la espalda, veloz―. Uh, me dan ñáñaras las heridas.

Mairin soltó una carcajada y Alain la miró sin entender.

―¿Qué?

―¡Qué clase de palabra es esa!

Él se sonrojó apenas, de la vergüenza, y se cruzó de brazos―. No tiene nada de malo.

―Lo siento, lo siento.

Ella trataba de apaciguar su risa, mientras él refunfuñaba en su lugar. De un momento a otro quedaron en silencio y ella lo miró.

―Recuerdo cómo me sacaron del autobús ―él la miró también, serio―, cómo me sacaste. Es decir- no recuerdo del todo, tengo imágenes entre mezcladas y algunas cosas no tienes mucho sentido, pero- ―se frenó de golpe cuando comenzó a balbucear y sonrió―, pero quiero decirte gracias.

―No es nada-

―¡Claro que sí! ―Exclamó, sorprendiéndolo―. Alain, tu pierna estaba rota, y me cargaste hasta la salida.

―Fisurada ―corrigió, desviando la mirada―, y no te llevé hasta la salida, fue solo hasta-

La risa de Mairin lo interrumpió y él devolvió su vista a ella.

―¿No sabes tomar un agradecimiento, verdad? ―sonrió, molestándolo.

―No es eso, es que- cualquiera lo hubiera hecho, ¿está bien? No fue nada especial.

Sentía que esta chica quedaría en deuda con él, como si hubiera hecho algo descomunal por ella y no le gustaba eso.

Sí lo fue ―cuestionó, seria―. No importa si cualquier otro lo hubiera hecho, porque lo hiciste, ¿está bien?

―Yo-

―No desestimes ni minimices tus logros y acciones, Alain.

La conversación quedó ahí, y poco después, Alain regresó a su casa.

Era algo… curioso.

No minimices tus logros.

Eso- ¿lo había hecho alguna vez?

Se durmió pensando en esas palabras, y por primera vez desde hacía unos días, logró tener dulces sueños.


Edit 29/3/19: Los próximos capítulos cambié TANTAS cosas. Oh, well. Cambié el orden de los títulos también, fusioné otros... Espero que nadie lea este fic hasta que termine de editarlo(?)

¡Gracias por leer!