Los personajes no son míos. Si lo fueran, sería un todos con todos.
Disfruten.
Alain estaba apoyado en el paredón de la escuela, esperándola. Habían quedado en volver juntos de la escuela, como sus casas quedaban en la misma dirección…
Él miraba su celular, su rostro tenía una mueca que parecía que algo le había causado gracias, pero no la suficiente como para reír, ni sonreír. Mientras caminaba hacia él, ella pensaba si lo había visto reír en algún momento.
―¿Listo?
Él asintió y comenzaron a caminar lentamente hasta sus casas.
―¿No quieres que lleve tu mochila? ―Él negó―. ¿Estás seguro?
―¿Qué te hace pensar que no puedo cargarla? ―La miró con una ceja elevada.
Ella lo miró como si fuera obvio –porque lo era–. Él miró su pierna también y bufó apenas.
―Estoy bien, no es como si me hubieran cortado la pierna.
Ella suspiró y dejó el tema ahí, para saltar al que sí quería llegar―, Alain, ¿eres inteligente?
Él la miró confundido―, uh, ¿supongo?
―¿Podrías ayudarme con mi tarea?
…
No se consideraba el más inteligente, pero comoél ya había pasado por las clases en que ella estaba, suponía que podría ayudarla. Ambos fueron a la casa de ella, donde estudiarían. Resultó que estaba a solo cinco calles de la casa de él.
Era una casa linda, más pequeña que la de él y con patio delantero. La puerta de entrada daba a la sala, donde había unas escaleras y una puerta que daba a la cocina. Mairin dejó sus cosas en el sofá y se dirigió a la cocina.
―Siéntate ahí, iré a hacer té.
Alain asintió y se sentó. Luego, comenzó a sacar sus libros para hacer su propia tarea.
―¡Mairin! ¿¡Llegaste!? ―Alain miró hacia las escaleras, lugar de donde provenía la voz.
―¡Sí, mamá! ―Exclamó ella desde la cocina.
―¡¿Cómo estuvo la escuela!? ―Alain seguía sentado en el sofá, algo contrariado por el intercambio.
―¡Bien! ¿¡Tú qué hiciste hoy!?
―¡Pues-! ―la mujer se asomó y se encontró con Alain, con quien hizo contacto visual―. ¡Mairin! ¡No dijiste que viniste con compañía!
La mujer bajó veloz los escalones para saludar a Alain, por lo que él trató de levantarse.
―¡Oh! No, no, no, está bien ―dijo ella―. Soy Anna, mucho gusto.
―Alain ―respondió.
―Oh, oh, Alain ―ella sonrió y se sentó a su lado―, así que, tú eres el compañero que la sacó del autobús ―él asintió, algo incómodo por alguna razón―. Bien hecho.
Alain frunció apenas el ceño, contrariado―. Uh, ¿gracias?
Mairin regresó con dos tazas de té que dejó en la mesa ratona delante del sofá, luego se acercó a saludar a su madre.
―No me dijiste que traerías compañía ―dijo la mujer, levantándose del sofá y dejándole el lugar a Mairin.
―Fue algo de último minuto ―contestó ella, sacando sus libros―. Vamos a estudiar, así que…
―Oh, claro. Igual, tengo que prepararme para salir.
Mairin se detuvo y la miró, afligida―, ¿salir?
―Sí, me llamaron en la mañana…
―Claro ―ella la cortó y enfocó su mirada en sus libros―, entiendo.
Alain también enfocó su vista en sus libros, pues, no era de su incumbencia. La mujer miró un momento más a Mairin y luego regresó a su habitación. Alain giró apenas y miró a la chica de soslayo. Tenía el ceño fruncido y una mueca en los labios.
―¿Estás bien? ―murmuró él.
―¿Sabes qué me molesta? ―dijo ella, en voz baja―. Que estuve en un accidente de tránsito, me hicieron cirugía de emergencia y pude haber muerto, pero a ellos no les importa eso.
Alain no entendía de qué hablaba.
―La empresa para la que trabaja mi mamá ―explicó ella―. Ella tenía que salir de viaje el día que tuvimos el accidente, pero no lo hizo. Desde entonces, la están llamando todos los días para saber cuándo irá a trabajar.
―Qué, uh, qué malditos ―dijo Alain, sin estar seguro de qué responder.
―¡Lo sé, verdad! ―dijo ella, aún indignada.
Antes de que pudieran comenzar con las tareas, la mujer volvió a aparecer, esta vez con una valija, que dejó en la puerta.
―Ah, discúlpame ―dijo Mairin y fue a la cocina, siguiendo a su madre.
Alain no quería escuchar la conversación ajena, pero hablaban tan alto. Mairin le había preguntado cuánto tiempo se iría y otros detalles del viaje. Luego de un rato, Mairin volvió y la mujer salió por la puerta de calle con su bolso.
―Dijo que no sería muy largo el viaje.
―Qué bien ―contestó.
―Estoy acostumbrada ya, así que…
―¿Sueles quedarte sola? ―Cuestionó él, girando a mirarla. Ella asintió, sonriendo apenas―. ¿No te sientes sola?
Se encogió de hombros―, es lo que hay.
Le producía un sabor amargo saber que ella estaba sola todo el tiempo.
―Dame tu número y te daré el mío ―dijo él, de golpe.
―Claro ―ella sonrió―, ¿para qué?
―Si te sientes sola, puedes llamarme. Bueno, no, porque no me gusta hablar por teléfono, pero puedes escribirme ―por alguna razón, se sentía algo avergonzado.
Mairin rio apenas―, agradezco tu sacrificio ―bromeó, celular en mano, lista para marcar el número de él―, y tú llámame si necesitas algo.
Edit 29/3/19: creo que en la versión anterior estaban todos medios raros(?). También descubrí que nunca le había puesto un nombre a la madre de Mairin, así que, a partir de ahora, será Anna(?) si la ven en otro capítulo con otro nombre, díGANMELO.
Gracias por leer.
