Hola!
Finalmente, mi amado capítulo 17 (corazón). Antes que nada, algunas advertencias.
ADVERTENCIAS: Hay menores tomando alcohol y mención de drogas. Si te sientes incómodo con alguno de esos temas, te recomiendo saltear el capítulo o leerlo bajo tu propio riesgo.
Las aclaraciones vendrán al final, so...
Los personajes no son de mi propiedad, si lo fueran, sería un todos con todos.
Disfruten.
La fiesta no era tan lejos, pero igual demoraron unos largos minutos en llegar caminando. No tenía un horario exacto de comienzo, así que iban tranquilos. Era la noche de 31 de octubre y cada vez era más presente el calor de la primavera, empezada en septiembre.
Ambos caminaban en silencio, uno al lado del otro. Era un silencio casi involuntario, ninguno se había dado cuenta que estaba presente por la comodidad que sentían. Lentamente, el alboroto de la fiesta comenzó a hacerse presente, trayendo consigo un tema de conversación también.
―¿De qué hablaste con Serena y mi mamá? ―Alain caminaba con sus manos en los bolsillos delanteros de su jean, mirando casualmente hacia el cielo estrellado. Su tono era despreocupado, a pesar de querer mirar por el rabillo del ojo la reacción de Mairin.
―No sé ―Mairin sonrió, dándose cuenta de los gestos de él―. Nada importante, creo.
El tema quedó ahí.
Llegaron a la casa donde era la fiesta. Una casa como cualquier otra, solo que en la zona buena del barrio. Tenía un patio delantero un poco chico, aunque había bastante gente ahí por la calidez de la noche. A medida que fueron adentrándose, tanto en el patio como en la casa, muchos chicos y chicas saludaban a Alain, aunque él no se paraba a charlar con caminaba delante de él y Alain la seguía, creyendo que se dirigían a algún lugar específico. De repente, Mairin se detuvo, provocando que Alain casi se chocara con ella.
―Um, ¿quieres que salgamos al patio de atrás? ―Lo miró algo nerviosa y él se encogió de hombros.
Ella tomó su mano, enlazando apenas sus dedos y ambos salieron de la casa.
El patio trasero era bastante amplio, pero no había casi gente allí. Estaba apenas iluminado por las luces de la casa, pero estas solo llegaban hasta pocos metros; el fondo estaba casi en completa oscuridad. A la izquierda de la puerta, a cierta distancia, había una parrilla, asando hamburguesas, hot dogs y otras comidas de parrilla. Había un chico encargándose de eso; era rubio, llevaba una fedora y una camiseta amarilla debajo de un delantal blanco con la silueta de dos senos dibujados en el pecho. Al lado de la parrilla había una chica, de tez morena y cabello negro, vestida con un short de jean roto y una musculosa blanca sobre un top negro. Su cabello estaba recogido en dos coletas bajas bastante abultadas y llevaba una gorra. Ella estaba contando dinero; tenía dos heladeras pequeñas portátiles a su lado, muchos vasos sobre una mesa y, colgado de la misma, un cartel con precios.
―¡Mairin! ¡Viniste! ―El chico exclamó en cuanto la vio y luego giró hacia la chica ―. ¡Sina, Mairin vino!
―Sí, la estoy viendo ―la chica rodó los ojos y sonrió. Rodeó la mesa y se acercó a Mairin con intención de abrazarla, pero se detuvo en cuanto vio los dedos de ambos enlazados ―. No sabía que ustedes estaban saliendo…
―No estamos saliendo ―contestó Mairin, riendo y soltándose de Alain para abrazar a su amiga ―. No sé si se conocen, él es…
―Alain ―respondió él mismo, veloz y dando un paso hacia las chicas ―. Creo que compartimos algunas clases, pero nunca nos conocimos formalmente.
―Yo soy Sina ―dijo la chica; tenía un brazo sobre los hombros de Mairin y el rostro serio, pero su tono de voz era amigable.
―¡Yo soy Dexio! ―Exclamó el chico, sin moverse de su lugar en la parrilla.
―¿Están… vendiendo comida? ―Cuestionó Alain con una ceja levantada.
―Y bebidas. Es más, tengan ―Sina se soltó de su amiga y se acercó a la mesa; luego regresó con dos papelitos que Mairin recibió ―. Son vales: una salchicha y una bebida cada uno.
―¡Incluye las alcohólicas! ―Volvió a exclamar Dexio.
―Uh, gracias, chicos ―Mairin giró a Alain y le extendió los vales ―. ¿Puedes guardarlos? Iré rápido al baño.
Él asintió y los guardó en su bolsillo trasero. En cuanto la pelirroja desapareció, Sina se acercó a él.
―No sabía que Mairin era tan amiga tuya.
―O sea, escuchamos los rumores, pero como ella no nos contó nada… ―Dexio se acercó también, pasando su brazo sobre los hombros de la chica.
―Esperen, ¿qué rumores? ―Alain frunció el ceño y preguntó más confundido ―. ¿Hay rumores sobre nosotros?
La pareja intercambió miradas y Dexio siguió hablando ―. ¿No has escuchado nada? ¿De verdad? ―Alain negó con la cabeza ―. Todo el mundo cree que salen.
―¿Cómo es que piensan eso?
La pareja volvió a intercambiar miradas y sonrieron.
―Vamos, no hacemos nada extraño ―se excusó Alain.
―Van juntos a la escuela ―dijo Sina.
―Tomamos el mismo autobús ―refutó.
―Se sientan juntos ―dijo Dexio.
―Se van juntos de la escuela.
―¡Vivimos en el mismo vecindario! ―Se volvió a excusar Alain, un poco exaltado.
―¡Todos los días se esperan el uno al otro en la salida! ―Dexio soltó una carcajada y Alain se cruzó de brazos.
―O sea que todos saben que salimos, excepto nosotros.
―Sí ―respondieron al unísono.
―¿Algo se quema? ―Un chico preguntó a espaldas de Dexio.
―¡Mierda! ―Maldijo y regresó a la parrilla.
Sina le dio una última mirada a Alain y dijo: ―como sea, ignora los rumores. Ya estás en último año.
Alain asintió ausente. La chica se acercó a la mesa, preparó una bebida y se regresó a Alain.
―¿Qué es?
―Vodka con energizante(*). Para levantar el ánimo.
Una pequeña fila de chicos y chicas se había formado delante de la mesa. Alain se alejó de los chicos para que hicieran su trabajo y caminó adentrándose más en el patio. Estaba a una distancia cómoda: veía claramente a Dexio y a Sina vender comida y bebidas, escuchaba la música y captaba algunas voces, pero no prestaba atención a lo que decían. Se sentó en el pasto con las piernas cruzadas y miró el vaso. No era la primera vez que tomaba alcohol, pero sí la primera que tomaba vodka. Sin embargo, se encogió de hombros y dio un trago largo.
Se puso a pensar.
La verdad, desde hacía tiempo que no prestaba atención en la escuela; es decir, no a sus compañeros. Ya sabía cómo eran los chicos de secundaria: ruidosos, molestos y siempre buscando llamar la atención. No le gustaban los adolescentes.
Tú eres adolescente.
Sí, pero no como ellos. Es decir, no todos eran igual, por supuesto que no. Sina y Dexio no eran así. Bueno, no los conocía bien, pero sabía que no lo eran. Clemont tampoco era así, y Calem tampoco.
Mairin no era así.
Mairin.
Dio otro trago largo y luego miró su mano, la que Mairin había sostenido. Nunca había reparado en lo suaves que eran sus dedos, o en lo cálida que se sentía su mano, o en lo pequeña que era en comparación con la suya, o que esa noche tenía las uñas pintadas de negro.
Nunca había reparado en ella de ninguna forma que no fuera amistad, ¿o tal vez sí?
¿Acaso había algo que él hacía que solo era evidente a los ojos ajenos?
¿Acaso Mairin sabía de esos rumores?
―Hey ―la aludida se sentó a su lado ―, no te encontraba.
Alain dio otro trago largo y se giró a mirarla.
―¿Estás… bien? ―Mairin tenía las cejas entornadas y una sonrisa en sus labios.
¿Sabes algo de los rumores?
―Sí, am, yo… ―sacudió su cabeza, y volvió a mirarla, sonriendo ―, estoy tomando alcohol.
Mairin soltó una risita y luego otras más, y Alain la acompañó apenas, ya que su rostro lo desconcentraba. Porque nunca había reparado en ella, en cómo echaba la cabeza hacia atrás cuando se reía mucho, o en que esa noche se había maquillado, que tenía sus ojos finamente delineados con negro y sus pestañas estaban más largas de lo usual, y sus labios, finos, pero de dos tonos rosado más oscuro que lo usual.
―Pero eres menor.
Y, por primera vez en mucho tiempo, Alain soltó una carcajada.
Y Mairin pensó en que ese era el sonido más bello que jamás escuchó.
―Tienes una risa muy linda, Alain ―sus mejillas se sonrojaron apenas, de la vergüenza por hacer un cumplido tan directo.
―No tanto como tú ―Alain la miró a los ojos, sonriendo ampliamente. Sus mejillas también estaban rosadas y sus ojos cristalizados, ambos producto de las risas.
Ella rio nerviosa y le dio un empujón juguetón en el brazo.
―El alcohol te cambia drásticamente, ¿sabes?
―¿Me hace mejor o peor? ―Dio el último trago a su bebida y dejó el vaso a un costado.
Estiró sus piernas y se apoyó en sus manos, apenas reclinado hacia atrás. Mairin abrazaba sus piernas y estaba entornada hacia su lado, cosa de poder mirarlo cómodamente.
―Eres igual, pero distinto.
―Eso es contradictorio ―él sonrió y ella rio al verse descubierta.
―Veo que ahora eres más franco que de costumbre ―él asintió, obviando el hecho de que cambió de tema ―. ¿Puedo hacerte una pregunta?
―Dos.
―¿Quién ―ignoró el comentario de él ―se supone que es Serena? Es decir, sé que no es tu hermana, pero…
―Es mi prima.
Ella asintió y no dijo más. Sentía un curioso alivio dentro de ella, mayormente por haberlo escuchado de Alain, ya que sola se lo había imaginado. Miró sus uñas y sonrió; Serena parecía una buena persona, la madre de Alain, Norah, también parecía serlo.
Vio por el rabillo del ojo que Alain se movía apenas, acostándose en el pasto. Ella lo imitó y sacó su teléfono.
―Saquémonos una foto ―se acercó más a él y sostuvo su celular alto, enfocando sus caras con la cámara delantera. Sonó un chasquido y luego miró la foto ―. Salió muy oscura.
Repitió esto, pero esta vez con flash.
Sostuvo el teléfono alto y enfocó el rostro de los dos.
―Sonríe ―dijo ella. El flash brilló fuerte contra sus ojos abiertos, provocando que ambos cerraran veloces los mismos. Mientras rompían en carcajadas, Mairin miró la foto ―. ¡Esto es horrible! ¡Mira!
Alain paró por un momento de reír y miró la foto; ambos tenían los ojos fuertemente cerrados y sus sonrisas eran anchas, casi tanto como sus papadas.
―¿¡Qué es esto!? ―Alain soltaba carcajadas, una detrás de otra sin parar, tanto que comenzó a rodar apenas en el suelo.
Luego de unos minutos, sus risas cesaron. Seguían acostados en el césped, uno al lado del otro, mirando las estrellas. La noche había refrescado apenas, aunque gracias a las risas, ni lo habían notado. La cabeza de Alain, que antes daba algunas vueltas por su baja tolerancia al alcohol, se había tranquilizado un poco, regresándolo a su usual seriedad.
Sacó su teléfono y encontró un mensaje de Serena.
―Mairin ―ella hizo un sonido de afirmación ―, ¿te dijo Serena que nos recogería luego de la fiesta?
Ella negó y se sentó con las piernas cruzadas, mirándolo a los ojos.
―Dijo que, como no vendría a la fiesta, nos llevaría a algún lado después ―Alain desvió su mirada, de vuelta al cielo ―. ¿Quieres, uh, venir?
―¡Claro! ―Se levantó de un salto y sacudió su ropa ―. ¿Tienes los vales? ¿Qué quieres tomar?
Le extendió los papelitos y, por un momento, pensó en no pedir nada.
Pero, por otro lado, esta era su última fiesta en la secundaria.
―Uh, dile a Sina que lo mismo de antes ―sonrió apenas y agregó ―, gracias.
Ella le devolvió la sonrisa ampliamente y se alejó en dirección a la casa.
…
Poco después de la una de la madrugada, Alain recibió un mensaje de Serena, preguntándoles si ya era hora. Él le respondió afirmativamente, y luego de eso, se sentaron a esperarla en el porche de la casa.
Había un banco blanco colgante a la izquierda de la puerta de calle donde se sentaron. Ya no había tanta gente en el patio delantero como antes, aunque sí pasaban seguido por la puerta, entrando y saliendo.
―Está… algo fresca la noche ―comentó Mairin soltando un bostezo.
Hacía un largo rato que estaban afuera. El calor de las risas y el alcohol se había disipado por completo. La música seguía presente, pero había bajado apenas de volumen; las risas de los demás resonaban fuertes, seguro influenciados por el alcohol y otras cosas.
―Eres muy popular, Alain ―volvió a hablar Mairin, acercándose más a él y apoyando su cabeza en su hombro.
―¿Ah, sí? ¿Cómo es eso?
―Pues, todos te saludaban, y muchas chicas querían bailar contigo.
La voz de ella era suave, pero él la escuchaba perfectamente. Alain trataba de relajarse, pero era la primera vez que tenía esta cercanía con otra persona, por lo que se volvía muy consciente de sí mismo. ¿Tendría olor raro? ¿Sería incómodo su hombro? ¿Estaría frío él y le daría más frío a la chica?
Sin embargo, trató de dejar todos esos pensamientos de lado para concentrarse en la pregunta que le daba un poco de curiosidad.
―¿Tú querías bailar conmigo?
―Claro, ¿por qué no? ―Respondió simple y él sonrió, finalmente relajado.
―Debimos haberlo hecho ―apoyó su cabeza sobre la de la chica.
―La próxima será.
Rodeados de ese silencio cómodo que hacía cierto tiempo se había creado entre ellos, esperaron por Serena, que mucho más no tardó.
Tocó bocina dos veces y ambos se levantaron sobresaltados, luego caminaron veloces hasta el auto.
―¡Holass, cariñoss! ―Exclamó una chica rubia, asomada del asiento del copiloto.
Estaban en un auto rojo oscuro, el del padre de Alain. Las ventanillas estaban del todo bajas en los asientos delanteros y música pop del 2000 sonaba a todo volumen. Mairin miró a la chica, porque en verdad no le había entendido bien lo que dijo y le sonrió, luego subió al auto, seguida de Alain.
―¡Alain, hace tantoss que no te veía…!―La chica trató de pasar a los asientos traseros, pero Serena volvió a acomodarla, al mismo tiempo que conducía ―. Bueno, bueno, me quedo aquí… ¡Alainn! ¡Hay que festejar tus cumpleaños!
―¡Korrina, siéntate bien o Alain se enojará contigo! ―Exclamó ella, un poco más alto de lo que debía. La otra chica solo soltó risitas y miró a los dos menores en el asiento trasero.
―Ella es Korrina ―le explicó a Mairin, hablándole casi al oído por la música ―, es vecina nuestra desde pequeños. Y creo que está ebria.
―¡Chicos! ¡Korrina está borracha! ―Gritó Serena, en lugar de bajar el volumen de la música ―. Así que iremos a su casa y luego seguiremos… ¡Amo esta canción!
Claramente, Serena estaba un poco ebria también. Por suerte iban muy lento, tal vez debajo del mínimo permitido, y las calles del vecindario estaban vacías. La canción retumbaba fuerte en los oídos de Alain y no le gustaba esa canción, pero debía admitir que sabía la letra de memoria, gracias a Serena y Korrina.
―¿Estás… cantando? ―Preguntó Mairin en su oído, sorprendiéndolo.
―Sí ―sonrió y suspiró en la oreja de ella las estrofas ―, voulez vous coucher avec moi ce soir/ voulez vous coucher avec moi.
Mairin soltó una carcajada y lo miró a los ojos ―. ¿Sabes francés?
―Debo estudiar un poco más…
―No tienes ni idea de lo que has dicho ―ella seguía riendo.
El auto se detuvo y la música se cortó. Ambos miraron al frente, encontrándose con las miradas de Serena y Korrina.
―Pues, no queremos cortarles el rollo ―comenzó Serena, mirando a Alain y moviendo las cejas sugestivamente ―, pero iré a dejar a Korrina en su cama, así que, esperen aquí.
No esperó respuesta y salió del auto. Korrina seguía mirándolos y sonreía de forma tonta.
―Hacen una pareja taaaaan linda… ―Serena la llamó desde afuera y abrió la puerta ―. Los veré otro día, cariñoss.
Las chicas se alejaron del auto y, segundos después, entre risitas y shsh, entraron en la casa.
Alain y Mairin estaban solos en el auto. Las ventanillas delanteras seguían completamente abiertas, pero no se sentía el fresco. El silencio zumbaba en sus oídos y la oscuridad los rodeaba. Habían olvidado de lo que hablaban y solo estaban en silencio. Alain estaba tenso en su asiento, porque luego de haberse acercado a la menor, nunca había vuelto a acomodarse; Mairin estaba de costado en el asiento y tenía los ojos entrecerrados. Por un momento, creyó que se quedaría dormida, pero el sonido de la voz de Alain la espabiló.
―Así que… ―ella lo miró apenas ―, ¿qué significa…?
―No, no, no ―interrumpió riéndose ―, no te diré qué significa, investiga tú solo. Mejor hablemos de cuándo fue tu cumpleaños y por qué yo no sabía.
―Ugh ―Alain desvió la mirada y sonrió apenas ―, fue la semana pasada.
Mairin jadeó indignada ―. ¿Y no me dijiste? ―Lazó los brazos hacia arriba dramáticamente y se golpeó contra el techo, luego, echó a reírse.
―Es que… ―Tenía el rostro serio y giró a mirar al frente ―, tengo muchas cosas en la cabeza. Creo que solo se me pasó.
Mairin dejó de reír y lo miró preocupada. Alain tenía los ojos entrecerrados, seguro por el sueño provocado por el alcohol, pero también se le notaba el desánimo.
―Oye ―Mairin se le acercó un poco y llevaba su mano hacia su hombro ―, ¿estás bien?
―¡Volví! ―Exclamó Serena, entrando en el auto. Ambos se exaltaron y Mairin se alejó de él ―. ¡Siguiente parada!
La rubia encendió el auto y la música se reanudó a todo volumen. Los tres saltaron asustados y Serena lo bajó de un golpe.
―Am, ¿Serena? ¿A dónde se supone que vamos?
Ella se tomó su tiempo para responder. Buscó en la guantera del auto una carpeta con cds, hasta que se decidió por uno. Era un disco pirata de los Red Hot Chilli Peppers.
―Mairin ―la rubia la llamó cuando el auto comenzó a moverse ―, ¿tienes algún problema con las drogas?
―¡Serena! ―Exclamó Alain.
―… Creo que no.
―¡Mairin! ―Exclamó de vuelta Alain, mirando a la chica a su lado. Ella solo se encogió de hombros y sonrió.
…
En pocos minutos llegaron a su destino. Era la cochera de una casa a un par de calles de la casa de Alain. La puerta estaba entreabierta y luz y risas salían de allí. Serena se acercó de forma familiar y levantó la puerta, revelando a tres chicos riendo a carcajadas.
Dos de ellos, tal vez de la edad de Serena estaban sentados uno al lado del otro en un sofá. Uno tenía el cabello negro y llevaba una sudadera azul; el otro tenía cabello celeste, aunque se le comenzaban a ver las raíces marrones. Ambos tenían ojos cansados, una gran sonrisa y las mejillas rojas, además de estar sudando. El tercero parecía mayor, era de tez más oscura y tenía cabello castaño. Parecía tener piedras de colores trenzadas en el cabello.
―¡Alain! ―Exclamaron los dos menores desde el sofá, trataron de levantarse al mismo tiempo, impulsándose con el cuerpo del otro, pero por los movimientos erráticos, cayeron bruscamente en el sofá.
―Ustedes dos ―el mayor los miró, serio ―, quietos.
Serena se acercó a él y sujetó una de sus manos.
―Vuelve a tu lugar ―dijo y lo sentó en una silla al lado del sofá ―, aún no terminé.
Mairin miraba a todos sin entender del todo qué sucedía. Alain colocó una mano en su espalda, la miró y sonrió suave.
―Ella es Mairin ―presentó y luego señaló a los chicos del sofá, primero al azabache y después al peliazul ―, él es Calem y él, Cress ―se giró al chico restante ―, él es Grant.
―Hola ―dijeron Calem y Cress al unísono y rompieron en carcajadas otra vez.
Ella los acompañó apenas con la risa, sin entender ―. ¿Qué es tan gracioso?
Ninguno de los presentes respondió. Ella miró a Alain y él desvió apenas la mirada. Oh, pensó Mairin, están todos drogados.
―Así que ―trató de cambiar de tema ―, ¿qué hacían?
Calem sonrió y, mientras asentía con la cabeza, dijo, ―me agrada tu novia, Alain.
Él rodó los ojos, sin siquiera gastarse en negarlo y Mairin rio incómoda.
―No somos novios, solo amigos.
Todos corearon "oohh" al unísono, gritando, y Alain no pudo evitar pensar que esa sería una larga madrugada.
…
En un momento planeó irse cuando Mairin comenzara a dormirse. Lo que no planeó fue dormirse él. En el transcurso de la reunión, Calem y Cress le habían dejado el lugar a Mairin y a él en el sofá para que se sentaran, pero en cuanto se apoyó, sus ojos comenzaron a estar más y más pesados. Ya no escuchaba de lo que hablaban los demás, ni reparaba en porqué Mairin reía.
No supo cuándo despertó, ni cuánto tiempo había pasado. Abriendo un solo ojo, veía a Grant y Serena jugando videojuegos en un rincón en una computadora portátil. Volvió a cerrarlo y trató de acomodarse mejor, hasta que se dio cuenta que su cabeza estaba apoyada en el hombro de, rezaba, Mairin. Abrió los ojos apenas y vio en la pantalla del celular de la chica su propio rostro, junto con un filtro que le ponía bigotes y orejas de gatito.
―¿Qué haces? ―Preguntó suave y con voz ronca, aunque sin moverse.
Ella giró su cabeza hacia él y dijo en su cabello ―, me recordó a ti.
Luego miró a la cámara y sonrió.
No hubo ni flash ni sonido; la foto que tomó había capturado el rostro de ella, sonriente y con el maquillaje apenas corrido, y el rostro de Alain, recién despierto, contrariado y con las mejillas ligeramente sonrosadas.
Sí, fue un capítulo largo, pero no esperen que todos sean así. Les advierto que los próximos dos tienen menos de 1k palabras.
Aclaraciones:
-Vodka con energizante: en mi bella tierra de borrachos inmundos (Argentina), es común mezclar el vodka con jugo de naranja (marca cepita(?)) o con bebidas energizantes con guaraná (usualmente, marca speed). Anyway, según me dijeron mis fuentes, no es una mezcla muy saludable, así que, si alguien llega a copiarlo, hágalo con cuidado y siempre beban con moderación.
-Ah, no sé cómo se le suele decir a las comidas de parrilla en otros países, traté de hacerlo lo más neutral posible.
-La bella canción que cantaban era Lady Marmalade. No estaba en todas mis facultades cuando escribí esa parte del capítulo, así que, disculpen mi extraña elección de canción.
-A pesar de que se hablen de las drogas en el capítulo de forma tan ligera, les recomiendo, más allá del rol que tuvieron acá, que si algún día prueban alguna, que lo hagan en un entorno seguro y con personas en quienes confían. Nunca las prueben en fiestas ni cosas por el estilo, esos son los casos que suelen llevar a tragedias.
Anywayyy, creo que me fui por las ramas.
¡Gracias por leer! Espero que les haya gustado y los reviews siempre son bienvenidos.
Me voy a dormir.
Saludos.
