Actualización!
La verdad es que solo puedo actualizar 8 veces al año, perdón, no lo digo yo, lo dice la ley(?)
Tbt, tengo tres capítulos más escritos, así que, cuando me acuerde, subiré más. O no. No sé.
Disclaimer: Los personajes no son míos, si lo fueran, sería un todos con todos.
Disfruten.
Era sábado. Ayer había llovido, así que el día estaba perfectamente templado.
Por primera vez, Mairin había sido formalmente invitada a la casa de Alain. Invitada por Serena, en realidad, pero eso no hacía diferencia.
Eran alrededor de las cuatro de la tarde cuando ella llegó. El padre de Alain la recibió, un hombre simple en todos los aspectos, incluso en su apariencia, excepto por sus ojos. Eran azules, exactamente iguales a los de Alain, solo que los del hombre tenían un tinte característico del paso de los años.
Él la invitó a pasar con una sonrisa cálida, a pesar de ser la primera vez que la veía.
―Serena me dijo que vendrías; salió a hacer compras con Norah ―explicaba mientras ambos caminaban hacia la sala―. Y aquí está Alain, preso de sus aspiraciones de estudiante promedio que quiere entrar a la universidad.
Mairin sonrió sin entender bien a qué se refería.
―Gracias por la presentación, papá ―Alain estaba sentado en el suelo delante de una mesa ratona llena de libros y apuntes―. Hola, Mairin, uh, él quiso decir que estoy estudiando.
El hombre salió de escena riendo de su propio chiste. Mairin se acercó y se sentó detrás de Alain, pero en el sofá.
―¿Cómo te sientes? ―Preguntó, poniendo sus manos en sus hombros.
―Mejor que nunca ―respondió sarcástico, echándose hacia atrás y chocando con las piernas de ella. Se quedó en su lugar, quieto e incómodo, no atreviéndose a acercarse más a ella. Sin embargo, él sentía sus manos, seguras y firmes en sus hombros. Cerró los ojos fuerte, tratando de dejar de pensar tanto, se apoyó más contra ella y reclinó su cabeza en su falda; cuando la miró, se encontró con los ojos de Mairin que lo miraban de vuelta. Alain sonrió, una cansada y pequeña mueca sobre sus labios.
―Esas ojeras no están de acuerdo contigo ―ella sonrió. Acarició sus hombros y luego subió sus manos hasta descansarlas en las mejillas de él―. Tienes que dormir, aunque sea siestas luego de la escuela.
―Lo sé… ―cerró los ojos y siguió hablando―, es solo que no- no puedo. No logro dormir.
―A veces ―acariciaba sus mejillas, su voz suave en la silenciosa habitación―, la mejor solución para los problemas irresolvibles es decirlos en voz alta.
La ventana de la sala tenía las cortinas corridas, oscureciendo apenas la estancia. Todo era tan silencioso y tranquilo y no hacía ni frío ni calor y las manos sobre el rostro de Alain se sentían maravillosas que casi se estaba quedando dormido.
―Mairin, te traje un vaso de jugo… Oh, oh ―ambos saltaron cuando lo escucharon; Alain abrió los ojos y se incorporó, planeando regresar a sus estudios―. Ten ―dijo el padre de Alain, dándole el vaso a la chica.
―Gracias.
―Así que, Mairin ―el hombre, Berth, se sentó en el sillón al otro lado de la mesa ratona, frente a los dos adolescentes―, ¿cuántos años tienes?
Dio un trago al jugo y respondió―, quince.
―Ah, los quince años ―sonrió y Alain rodó los ojos―, cuando tenía esa edad, aprendí a conducir. Solía robarle el auto a mi padre. ¿Sabes conducir?
Alain no prestaba mucha atención, pero algunos fragmentos de la conversación captaba. No consideró importante lo que decían Mairin y su padre, hasta que escuchó su nombre.
―Para que sea justo, te enseñaré a cambio de que logres que Alain tome un descanso ―Alain levantó la cabeza y miró a su padre.
―Entonces, aceptaré a cambio de que Alain venga también ―Mairin sonrió cuando él giró a mirarla, interrogante.
―¡Perfecto, trato hecho!
Berth y Mairin se levantaron, se dieron un apretón de manos y miraron a Alain, quien seguía sentado en el suelo sin entender qué sucedía.
Su padre salió de la sala y segundos después, escuchó el tintineo de las llaves. Mairin estaba a su lado y tenía sus manos extendidas hacia él.
―¿A dónde vamos? ―Tomó las manos de la chica sin dudar y se levantó.
―Tu padre me enseñará a conducir y tú tomarás un descanso ―comenzó a caminar en dirección a la puerta de salida―. Puedes dormir en el asiento trasero, si quieres.
Ella rio por su comentario y Alain sonrió, aún contrariado.
…
―Bueno, ahora quita el freno de mano, pisa el embrague y suelta... lentamente ―el auto comenzaba a moverse―, mantén el volante derecho y ahora, pisa el acelerador de a poco...
―¿Acelerador? Creo que vamos a una velocidad buena ―Alain estaba sentado en el borde del asiento trasero, en el medio, bien cerca de Mairin y su padre.
Mairin miró al hombre, insegura de qué hacer.
―No te preocupes, Mairin, no le hagas caso ―él sonrió cálidamente, queriendo darle seguridad―, ahora, pisa apenas el acelerador, y pon el segundo cambio.
El auto fue más rápido y se desviaba un poco del centro de la calle. Los puños de Alain se ponían blancos de la fuerza que ejercía tratando de calmar su ansiedad.
―Te estás yendo un poco, cariño ―Berth estiró su mano y enderezó el volante; Mairin se giró a mirarlo y él la miró de vuelta, sonriendo.
―Oigan, ¿no deberían estar-? ¡Freno, freno, freno! ―Alain exclamó.
Mairin pisó el freno y el auto se detuvo bruscamente.
―¿¡Qué sucede!? ―Exclamó Berth mirando a todos lados.
―Casi se saltaban la señal de "pare".
Mairin se giró a mirarlo, molesta por el susto―, ¿hablas en serio?
―Ya, no importa. Como el auto se detuvo, comienzas de vuelta: embrague y... Así, genial.
El auto avanzaba lentamente, los nervios y el miedo de Mairin no se iban, seguía tensa y sus manos temblaban.
―Vas muy bien, no te pongas nerviosa ―comentó el hombre―, gira aquí y luego pisa el acelerador...
―¡Mira a ambos lados! ―Acotó Alain con urgencia.
―Lo sé ―respondió ella.
El auto tomó más velocidad y Mairin, más seguridad.
―Ahora, frena...
―¡Freno!
―Alain ―el hombre se giró a mirarlo―, ¿podrías tranquilizarte?
Él bufó―, estoy tranquil- ¡Mira a ambos lados!
El auto frenó de golpe.
―¿Mairin...?
―¿Qué sucede? ―Alain puso su mano en su hombro, preocupado.
―Alain ―Mairin sujetó su mano y le dio un apretón, luego lo miró a los ojos―, necesito que te bajes del auto.
El padre de Alain reprimió una risa y miró para otro lado.
―Yo- Qué- ¿Estás segura? ―Cuestionó confundido.
―Estoy bastante segura.
…
―¿Y cómo va el trabajo en el buffet de Berth, cariño?
―Uh, bien ―Serena miró hacia otro lado.
―¿Bien porque hace tres días que no vas? ―Norah la miró.
―¡Ah, mira, es Alain! ―Exclamó Serena y apresuró el paso.
Alain estaba sentado en la acera, su cabeza apoyada en sus piernas y con cara de dormido.
―¿Qué haces sentado aquí afuera?
Su respuesta llegó doblando en la esquina; dos bocinazos salieron del auto y el padre de Alain se asomaba por la ventana.
―¡Te dije que podía enseñarle a alguien a conducir, Norah!
―¿Esa es Mairin?
…
Estaban de vuelta en la sala, esta vez, la mesa ratona estaba cubierta de snacks, propios de una tarde de películas. Las persianas estaban cerradas y la única luz era la que proveía la televisión. Serena estaba sentada en el sofá, en un costado, mirando su celular; Alain estaba en el rincón contrario del mismo sofá, mirando la pantalla, esperando a Mairin para comenzar la película.
―Ya estoy lista ―se anunció cuando regresó del baño.
Alain dio play a la película con el control mientras la chica se acomodaba entre ellos.
―Puedes dormir si quieres ―le dijo Mairin a Alain―, te despierto cuando termine.
―No creo que… ―un bostezo escapó de su boca―me duerma.
Contradiciéndose, luego de acomodarse mejor y apoyar su cabeza en el hombro de Mairin, sus ojos comenzaron a pesar más y más hasta que comenzó a dormirse.
―… Creo que anoche tampoco durmió por quedarse estudiando… ―Escuchó a la lejanía.
¡Gracias por leer! Si les gustó, agradecería un comentario. Si no les gustó, también(?)
Ahh... si pasa mucho tiempo y quieres actualización, no dudes en enviarme un mensaje privado lol
En serio que me olvido de esta historia a veces.
Saludos.
