Hola. Aún no me rindo(?
Los personajes no son míos, si lo fueran, sería un todos con todos.
Cabe decir que en la historia hay OCs, que por ahora serían los padres de Alain, la madre de Mairin, Sandy(?)
Disfruten.
Hacía bastante calor, por lo que Mairin se cuestionaba si era buena idea continuar con sus planes del día. Por otro lado, ya se había comprometido, así que, de ninguna forma la dejaría plantada.
―Buenas tardes, Mairin ―saludó el padre de Alain, mientras le abría la puerta.
―Buenas, señor Berth ―dijo, algo incómoda por usar su nombre.
El hombre soltó una risa y le puso una mano en el hombro, al mismo tiempo que ambos ingresaban a la casa―, creo que me agrada esto de verte todos los sábados.
―A mí también me agrada ―sonrió ella.
―Supongo que vienes a ver a Alain ―comentó él, acompañándola hasta la sala.
―En realidad, no ―ella se detuvo y él la miró―, Norah dijo que iba a organizar la cochera, así que me ofrecí a ayudarla.
―En ese caso, te acompaño allí.
Berth atravesó la sala y Mairin lo siguió.
Llegando a la puerta, él la dejó y ella salió. Abrió despacio, y se encontró con Serena y Norah, quienes se detuvieron en su charla, hasta que vieron quién era.
―Oh, es solo Mairin ―dijo Serena, luego se acercó a abrazarla―, ¿cómo estuvo tu semana?
―Bien, ¿qué tal la tuya? ―contestó de vuelta, correspondiendo el abrazo.
Si tuviera que elegir su parte favorita de esta familia, Mairin pensaba, seguro sería lo cálida y acogedora que era. Serena y Norah siempre la abrazaban cuando la veían, Berth siempre le sacaba conversación, aunque fuera de cosas triviales, y Alain, pues, era Alain. Él no necesitaba explicación.
La cochera era grande, con lugar para dos autos, pero gran parte estaba ocupada con cajas. Algunas parecían recientes, mientras que otras parecían de hace años. En un rincón había un ventilador de pie, el único alivio para el calor.
Ellas ya habían comenzado con algunas cajas cuando Mairin llegó. Había una gran bolsa negra de basura en el suelo y dos cajas, una para guardar y la otra no se imaginaba Mairin para qué era.
―Entonces, ¿en qué las ayudo?
La segunda caja era de cosas para vender.
En sí, no era divertido ordenar, pero con ellas sí. Charlando, el tiempo se pasaba más rápido. Serena era bastante divertida, elocuente en lo que decía. Norah era de risa fácil, por lo que todo le parecía gracioso.
…
Él sabía que Mairin vendría. Serena le había comentado en el desayuno. Después de haberla escuchado, por alguna razón, se había puesto un poco ansioso. Trataba de estudiar, pero se interrumpía a sí mismo a cada rato para ver si ella había llegado.
Claro que Serena no le había dicho a qué hora vendría.
Se decidió, para concentrarse y distraerse, que luego de que terminara de leer un capítulo de su libro, iría a fijarse. Se puso audífonos, el ventilador de pie en su nuca y comenzó a leer.
Al final, quedó tan inmerso en la lectura que olvidó hacer el descanso, y, por tener audífonos, no escuchaba las risas que venían de abajo, mucho menos la de Mairin.
Cuando comenzó a dolerle la espalda decidió parar. Se estiró y se levantó, pensando en tomar algo refrescante.
―Ah… ―llegó a la cocina y se encontró con Mairin, de quien se había olvidado―, eh, hola.
―Hola ―sonrió ella, mirándolo, pero sin dejar revolver el jugo en la jarra en la mesada―, ¿qué tal el estudio?
Él suspiró, acercándose, y apoyándose en la mesada a su lado―, es una tortura.
―¿Valdrá la pena?
―Valdrá la pena ―confirmó, veloz, pero no tan seguro. Alain la miraba mientras ella ponía la jarra y algunos vasos en una bandeja―. Ah, déjame ayudarte…
―No es pesado ―ella sonrió y agregó―, además, soy más fuerte de lo que parezco.
Mairin se dirigió a la puerta de la cocina y se detuvo antes de salir.
―¿Vienes?
…
―Mairin ―llamó Serena al mismo tiempo que recibía el vaso con jugo―, ¿te quedarás a cenar?
―Gracias, pero no, yo…
―¿Por qué no? ―Cuestionó Alain, quien se había unido a ellas en la cochera.
―Ah, no la presionen, seguro quiere pasar tiempo con sus padres ―respondió Norah por ella.
―No, para nada ―ella rio apenas. Los tres la miraron sin entender y Mairin se sonrojó―. E-es decir, claro que me gusta pasar tiempo con mis padres, solo que no tengo padre y mi madre está de viaje… ―risa incómoda.
Todos quedaron en silencio, hasta que Norah habló.
―No te preocupes, cariño, siempre que tengas ganas, serás bienvenida aquí ―ella sonrió, mientras que Serena y Alain asentían.
Mairin asintió también y murmuró un gracias, aun avergonzada.
Siguieron ordenando un poco más, ahora también con la ayuda de Alain, aunque él no hacía mucho. Con cada caja que revisaba, se quedaba un largo rato mirando el contenido, mayormente porque eran cajas con cosas suyas: cuadernos viejos de la escuela, libros, CDs.
―Alain, si no vas a ayudar, mejor vete ―dijo Serena, quitándole todos los discos que él había separado como importantes.
―¡Oye, eso sirve!
―Odias estas bandas, además ―sacó uno de la caja para que lo viera―, están todos viejos y rayados. Ya no sirven.
―¿Qué es esto? ―Los dos giraron a Mairin, que tenía un cuaderno en sus manos.
―¡Ah! ―Exclamó Serena y se acercó, para mirar el cuaderno con ella―, es un viejo álbum de recortes que hice.
Mairin abrió la primera página. Tenía escrito en color rojo y grande malo, y en las páginas siguientes había fotos de Serena con, Mairin adivinaba, sus padres. Se giró a mirarla, sin entender.
―Oh, había olvidado eso ―rio nerviosa―, es de cuando mis padres me echaron de casa.
―¿... qué? ―La miró sin creerle, luego miró a Alain, quien asintió―. ¿Cómo- por qué?
Serena rio un poco incómoda y Norah intervino―, ya es tarde, guardemos las cosas. Alain, ¿podrías sacar la basura?
…
Eran alrededor de las nueve de la noche. Mairin caminaba hacia su casa y Alain la acompañaba.
―Creo que puse incómoda a Serena ―él asintió―. No era mi intención... dile que lo siento.
Él volvió a asentir―, no pasa nada.
Caminaban en silencio, cerca uno del otro. Era el último sábado de noviembre y el verano ya estaba a la vuelta de la esquina. Era por eso que les sudaban tanto las manos, ¿verdad?
―¿Y qué harás mañana? ―Preguntó ella.
―Estudiar ―suspiró―, estudiar y estudiar.
―Suena divertido ―bromeó ella y él sonrió―, pero, en serio, ¿es necesario que estudies tanto? Casi no estás durmiendo.
―Duermo bien ―murmuró él, molesto al verse descubierto―, es solo que quiero prepararme bien.
―¿Cuándo es el examen?
―Mediados de diciembre.
Ella asintió sin responder, pero Alain seguía inquieto. Llegaron a la cerca de la casa de Mairin. Ella la pasó y Alain se quedó del otro lado. Él estaba apoyado sobre la verja, quedando casi de la altura de Mairin.
―No me mires así ―murmuró él, desviando su mirada de ella.
―Estoy preocupada ―se acercó a la cerca también y puso su mano sobre la mejilla de él.
―No deberías, ese es mi trabajo ―bromeó, apoyándose en la caricia y disfrutando la pequeña risa de ella.
―Escucha ―apoyó su mano sobre la de ella en su mejilla―, cuando termine todo esto del examen y la graduación, me tomaré un descanso. De verdad. Así que, de verdad, no te preocupes.
―Dijiste de verdad dos veces.
―Mi nivel de daño es grave.
Mairin soltó una carcajada, de esas que le gustaba a Alain.
―Ya es tarde, debería irme.
Ella asintió, sacando su mano de su mejilla―, mañana te llamo.
Alain asintió también y se giró para irse.
Not gonna lie, me gustó el final(?) Aunque, la verdad, no estuvo muy fluida la narración en este capítulo. ugh. Also, estoy por resfriarme, así que, no hay mucho que pueda hacer(?)
¡Gracias por leer!
No me enojo si me dejan review.
Saludos.
