Holis.
Los personajes no son míos, si lo fueran, sería un todos con todos.
Creo que no tengo nada más interesante para decir(?)
Disfruten.
Esa noche se acostó tranquilo, una tranquilidad que no había sentido en varias semanas. Calem no lo odiaba, eso era un alivio.
El resto de la semana fue normal. Trató, en verdad que lo hizo, de no estudiar demasiado, pero el examen estaba a la vuelta de la esquina, justo después de su graduación de preparatoria. Ahh, tenía tanto qué hacer en estas últimas semanas.
—Cress dijo que hoy irían a probarse esas cosas raras que usan los graduados —comentó Serena, sentándose a desayunar con él.
—Túnica —murmuró Alain, mirando su celular.
—En la mesa, sin celulares, hijo —reprimió Berth, con los ojos fijos en la televisión.
Alain rodó los ojos y lo dejó a un costado, mientras daba un trago a su café con leche.
—¿Entonces? —insistió Serena.
—Uh... ¿A qué hora irán?
—Si tú vas, cuando salgas de la escuela, si no, ahora, en la mañana.
Alain asintió, terminando el café y se levantó—, bien, luego les aviso a ellos. Nos vemos más tarde.
Serena y Berth respondieron su despedida, y luego volvieron, él a mirar la televisión y ella su celular.
—Serena... —dijo él.
—¿Qué diferencia hay entre mi atención al teléfono y la tuya a la tele?
Él apagó la tele—, hablemos de algo más interesante, como, por ejemplo, ¿qué harás con el buffet?
…
Cuando lo vio, él ya estaba en la parada, esperándola. Tenía audífonos y apuntes en sus manos, igual que en el último mes. Suspiró, aún preocupada por él; cuando pudo verle la cara, se alivió un poco. Las bolsas bajo sus ojos eran mucho más pequeñas desde la última vez que lo vio (el viernes anterior) y sus ojeras también eran menores.
—¡Ya no te ves muerto! —Sonrió ella cuando estuvo a su lado.
—Oh, buenos días para ti también —dijo, sarcástico y sonriente, mientras se sacaba los audífonos y guardaba los apuntes en su mochila. El autobús justo estaba dando la vuelta a la esquina.
—Me refiero a que te ves mejor. Las bolsas bajo los ojos no te sientan bien.
—Gracias, supongo.
—Entonces, ¿estás ansioso? ¡Es tu última semana como estudiante de preparatoria! —dijo ella, sentándose en su lugar de siempre en el autobús.
—Claro —mintió él—, estoy eufórico.
…
—¿A qué te refieres con qué haré? —cuestionó Serena, haciéndose la desentendida.
Berth suspiró—, sabes que no te estoy reprimiendo. Tu tía está preocupada por ti, y yo también. Está bien si ya no quieres trabajar allí, pero tienes que decirlo, cariño.
—Lo sé —suspiró—, y lo siento, por preocuparlos a los dos. Han sido tan buenos conmigo, por tanto tiempo, yo... Siento que los esto-y decep-cio-nan-
—No nos decepcionas, Serena —él se acercó a abrazarla mientras ella lloraba—, nunca lo has hecho, cariño. Y no te digo esto para hacerte sentir mal, es porque nos damos cuenta que no te gusta.
—Lo sé... —ella lo abrazó también y agregó―, abrazarme m-me hace llorar más.
Él no la soltó hasta que ella se calmó.
…
—¿Harás algo hoy? —preguntó Mairin. Estaban a mitad de la mañana, en el segundo receso. Ella estaba comprando una bebida en la máquina expendedora. Al no recibir respuesta de él, se giró a mirarlo—. Alain- no me digas que estás estudiando desde tu celular.
—No —respondió veloz, guardando su celular, con un tono de voz que lo dejaba al descubierto—. ¿Qué decías?
Ella rodó los ojos, abrió la boca para hablar, pero luego la cerró cuando otra chica se acercó a la máquina. Era pelirroja y tenía cara de aburrida. Compró su bebida y luego se alejó de ellos.
—¿¡Viste eso!? —Exclamó en un susurro Mairin, acercándose más a Alain y mirando sobre su hombro a la chica. Él también miró, sin entender y se encogió de hombros—. ¡Era Sandy! ¡Y ni siquiera nos miró!
—¿Entonces? —cuestionó sin entender.
—¡Es extraño, Alain!
—¿No es ella la que te molestaba? ¿No deberías estar feliz?
—Me alegraría más saber qué le pasó —respondió, volviendo a mirar sobre su hombro, pero la chica ya no estaba en su campo visual.
Alain no contestó, esperando que el tema fuera olvidado. Su celular vibró y lo sacó para mirar el mensaje.
¿Vendrás a la tarde?
—Ah, ¿teníamos algo planeado hoy? —Mairin negó sin mirarlo—. Iré con los chicos a probarme las túnicas de graduado. ¿Quieres, ah, venir?
—¡Claro! —sonrió ella—. No sabía que tus amigos se graduaban también, creí que eran más grandes.
…
Se sentía bien sacarse todo eso del pecho. Ella sabía que sus tíos eran comprensivos, que no se enfadarían con ella por algo así, pero...
La conversación había ido bien, dejaría el buffet de su tío, luego, se había decidido, haría un curso en el verano y, con eso, conseguiría algo bueno para el año siguiente. Se pondría a trabajar en su vida, de verdad, se lo debía a ellos; sus tíos, Alain. Habían tenido tanta paciencia con ella estos años, eran-
—¿Hola? —Contestó el teléfono de la casa, que estaba junto a ella, en la mesa de la computadora.
—¿Serena?
—¿Quién habla? —cuestionó contrariada.
—Marcy- tu tía Marcy, ¡ah, cariño! ¡Qué alegría que tengo de hablar contigo!
…
En el camino de la escuela hasta el centro, Alain le había explicado cómo sus amigos eran más grandes que él y se graduaban juntos. Es decir, tanta explicación no había: habían repetido de año... algunas veces. Por eso habían sido compañeros de él de segundo y, aunque ahora iban a la tarde-noche, se graduarían con él. Mágico.
El viaje en autobús no era tan largo, había algo de tráfico por el horario, pero no tardarían tanto en llegar.
—¿A ellos, ah, no les molesta que yo vaya? —preguntó Mairin, dudosa, mirando a Alain de reojo—, es decir, suena a una actividad de amigos...
—Tú eres mi amiga —contestó Alain, veloz.
—Me refiero a amigos, chicos. Además, ustedes son amigos desde hace más tiempo.
Alain sonrió y puso su mano sobre la de ella—, no te preocupes, Mairin, ellos son geniales. Además, les caes genial.
—¿Hablaron de mí? —Preguntó con una sonrisa, tomando la mano de él.
Alain tuvo un momento de flashback, recordando la pelea con Calem y la pregunta específica que él le había hecho.
—S-sí, uh, Serena habló de ti —mintió, desviando su mirada a la ventana, no queriendo que ella lo vea avergonzando.
Llegaron a su destino, el restaurante de Cress. Calem y él estaban en la parada del bus, esperándolos. Ninguno de ellos sabía que Mairin también iría, pero no les sorprendía.
—¡Mairin, qué gusto verte! —Exclamó Cress, acercándose a ellos, luego giró a Alain—, ugh, tú.
—¡Tú me invitaste! —Exclamó él, dándole un empujón, que Cress evitó.
—Hola —dijo Mairin, más para Calem que Cress, ya que él estaba a algunos pasos de ellos, jugando con Alain.
—¿Cómo va todo? —Preguntó Calem, amigable.
Los cuatro comenzaron a caminar. No era tan lejos, unas cuatro calles del restaurante. Los cuatro caminaban uno al lado del otro en la acera. Las calles laterales estaban prácticamente vacías, así que no pasaba nada con que ocuparan todo el lugar. Cress y Calem iban junto Mairin, y Alain al otro lado de ella, mirando su teléfono. Los dos chicos hablaban con ella, buscando gustos en común.
Alain caminaba casi con ojo en el celular y otro en el camino, pero no funcionaba muy bien. Algunas veces había tropezado sin caer, y otras había esquivado postes por nada.
―¿Qué diablos haces ahora? ―Cuestionó Cress.
―Estudiando ―contestaron Calem y Mairin al unísono.
Alain levantó la vista veloz, listo para mentir, pero Mairin lo agarró con brazo. Lo tiró hacia ella, evitando así que se chocara con una parada de autobús.
―Gracias ―dijo y devolvió su vista al celular. Mairin rodó los ojos, sonriendo, y siguió guiándolo, aferrada a su brazo.
Entonces, los tres volvieron a su conversación. Resultó que a Mairin le gustaba el rock, rock bien pesado.
…
La casa de ropa era vieja, ahí se hacían las túnicas todos los años. Tenía otros tipos de uniformes y prendas de ropa, pero se especificaba en las túnicas de graduados. Los tres chicos se acercaron a la vendedora y ella los guio a los probadores, para luego entregarles las túnicas.
―¿Qué usarán debajo? ―preguntó Mairin, mientras miraba los percheros.
―Traje ―dijeron Calem y Alain.
―Nada ―dijo Cress. Los tres lo miraron, aunque ninguna mirada se encontró porque estaban dentro de los probadores―, ¿qué? ¿No funciona así?
Quedaron en silencio hasta que Mairin soltó una carcajada.
―¿Cómo me veo? ―Preguntó Alain, saliendo de su probador. Vestía una túnica color beige hasta la mitad de la pantorrilla.
Antes de que Mairin respondiera, Calem salió de su probador―, oye, te quedan bien los vestidos ―bromeó.
Se escuchó la carcajada de Cress y Mairin los acompañó con una risita reprimida.
―Vamos, no era tan gracioso ―refunfuñó Alain, girando para volver al probador.
―Creo que te ves bien ―dijo Mairin, deteniéndolo del brazo y acercándose para acomodarle mejor el cuello―, este color realza tus ojos.
Alain sonreía como tonto a los ojos de Calem. Era una sonrisa nueva para él, tan alegre, tan simple, tan sincero. Tan enamorado.
―Deberíamos ver una película ―dijo Calem, con un plan completamente formulado en su cabeza.
―¿Ahora? ―Cuestionó Alain―, tengo que estudiar, el examen-
―No nos interesa ―dijo Cress, saliendo del probador―, a que me veo maravilloso, todo azul ―dijo, modelando frente al espejo una túnica azul como su cabello.
―Qué mal que tengan que ser negras ―contestó Calem y giró de vuelta a Alain―, vamos, solo serán dos horas-
―En realidad ―intervino Mairin―, yo debo regresar a casa. Mi mamá vuelve de viaje.
―Oh, eso es bueno ―Alain se giró a ella. Calem dejó de escucharlos cuando se envolvieron en su propia conversación. Suspiró y se devolvió a su probador.
―Yo iré al cine contigo ―dijo Cress―, ¿qué veremos?
Calem volvió a suspirar.
―Pero me encantaría ir igual ―dijo Mairin―, ¿tal vez luego del examen de Alain?
―Hecho ―Calem sonrió.
Huh, su plan no estaba arruinado, solo retrasado.
¡Gracias por leer!
Cuando estaba dándole la última revisión al capítulo, quedé contrariada del final abrupto omg por qué soy así?
Espero que les haya gustado!
Los próximos dos capítulos serán interesantes(?)
o no(?)
dejenme reviews goddammit
