-Hace 1 año-

Estaba nervioso, en realidad cuando se trataba de él, siempre estaba nervioso. Trataba de calmarse mientras caminaba de de aquí para allá de un lado al otro de la habitación, lejos de la multitud, de las cámaras y los flashes. Si miraba al centro de la habitación podía divisar a decenas de periodistas en sus asientos ansiosos por lograr la exclusiva y, si miraba al final de la recámara, podía divisar a un sonriente y despreocupado Viktor sonriendo para la cámara y para los visitantes.

Él había pedido a los medios venir porque quería dar unas importantes declaraciones, y habían muchas hipótesis sobre lo que podría decir. Aun con todo, su rostro reflejaba tranquilidad y simpatía, quizás más de la acostumbrada. Sea como sea, Yuri deambulaba de aquí para allá esperando nervioso el comienzo de aquellas "importantes declaraciones".

¿Qué serían? ¿De qué tratarían? Ni siquiera Yuri lo sabía. Le daba miedo indagar demasiado en la vida de Viktor, y este tampoco se lo dijo. Parecía poner un rostro serio cuando hablaba del tema, y eso le traía ansiedad. Solo quería que la rueda de prensa empezara de una vez por todas.

Y eventualmente lo hizo. Viktor agradeció a los medios por su presencia y luego de dar unas palabras de aprecio para todos aquellos que siguieron su carrera desde sus inicios, cuando solo era un desconocido -pero talentoso- joven de cabello largo y gris con un sueño de grandeza, hasta convertirse en la referencia obligada del patinaje artístico ruso como lo era ahora, sin dejar de lado sus hazañas como instructor del joven Katsuki que logró remontar muchísimo en el Grand Prix Final de hacía unos meses gracias a su tutela. Tambien sin olvidar la influencia que tuvo en el joven y talentoso patinador Yuri Plisetsky, que resultó como el ganador del Grand Prix.

Luego de todo aquello, el silencio y la pesadez en el aire se hacían más evidentes cuando todos esperaban las importantes declaraciones del patinador estrella de Rusia. Y estas fueron: ...

- Me retiro del patinaje.

...

Capítulo II: Contextos

...

Un estruendo tremendo se escuchó en toda la sala. Desde susurros a viva voz hasta gritos de locura, toda la sala se llenó de agitación.

Yuri al escuchar aquello quedó paralizado. Su respiración pareció detenerse y solo sus ojos miraban a un punto fijo: El sonriente Viktor.

No podía creer lo que acababa de escuchar, era demasiado repentino, demasiado increíble. ¿Por qué alguien tan talentoso como Viktor y que, de hecho, se encontraba en la plenitud de su carrera, incluso hasta el punto de que nadie se igualara a él en todo el universo del patinaje artístico, decidiera de buenas a primeras dejarlo y proseguir con su vida? ¡No podía entenderlo! ¡Ni siquiera podía ser verdad!

- ¿Cómo que dejarás el patinaje artístico? ¿¡Está loco!? -preguntó un eufórico reportero presa del pánico.

Aun con lo ofensiva de la pregunta, Viktor nunca perdió su sonrisa.

- Te lo explicaré de la manera más sencilla que pueda -respondió con simpatía.- ¡Estoy cansado!

Aquella respuesta solo generó más incertidumbre y confusión. Pero Viktor aclaró su garganta frente al micrófono para dar a entender que no había terminado de hablar.

- He estado mi vida entera entrenando para ser el mejor en el mundo del patinaje artístico -confesó- siempre fue mi sueño, y amo lo que hago. Pero para lograr lo que logré sacrifiqué demasiado. Mi niñez, no fue como la niñez que todo niño debería tener. Nunca jugué con mis amigos. Mis únicos juguetes eran patines, mis únicas herramientas eran los utensilios de protección. Nunca salí a pasear con amigos, nunca salí a mojarme en la lluvia. Nunca siquiera fui a la escuela, más bien mi maestro venía a casa. No me estoy quejando por eso -aclaró al instante- era lo que tenía que hacer para alcanzar la cima. Y hoy, que he visto que he podido lograr lo que de niño quería, ahora, el adulto que soy quiere cumplir lo que de niño nunca pudo. Quiero mojarme en la lluvia, quiero tener juguetes, quiero ir a alguna escuela, quiero ser un niño otra vez.

Las miradas de los reporteros lo juzgaban y, entre labios, se decía de boca en boca que esas no eran razones suficientes para abandonar su puesto en el mundo del patinaje artístico y, de hecho, lo tildaban de vago e irresponsable.

Pero Yuri, Yuri, que estaba paralizado al fondo del salón mirándolo fijamente, entendió mejor que cualquier otro allí. Y de alguna manera, Viktor quería que principalmente el joven Katsuki entendiera sus razones.

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La rueda de prensa terminó y eventualmente todos los reporteros se fueron sin abandonar nunca sus expresiones de sorpresa, juzgatividad e incredulidad. Habían buscado de acosarlo con preguntas por horas, cosa que fatigaría a cualquiera. Habían puesto en duda su integridad como hombre y patinador más de una vez, cosa que enojaría a cualquiera y, probablemente se enfrentaría al mal humor de sus patrocinadores, entrenadores y personal de trabajo, cosa que enloquecería a cualquiera.

Ese día, podría ser la descripción perfecta de lo que es tener un mal día y, aun con todo, Viktor, cuando todo finalmente había pasado ya, dibujó una sonrisa enorme al acercarse a Yuri y decir...

- Bueno Yuri, ahora que tendré más tiempo libre, ¿Qué quieres hacer?

Yuri estaba encadenado a varios sentimientos con los que era difícil de lidiar: Negación, sorpresa, incredulidad, decepción, tristeza, confusión. No sabía literalmente cómo debía sentirse. No sabía realmente cómo responder.

- Viktor, ¿por qué dijiste todo eso?

- Ya te dije, estoy cansado. -refunfuñó él-

- Pero no es justo, hicimos promesas ¿recuerdas? Me prometiste que un día, cuando mejorara lo suficiente ibas a enfrentarte a mí e íbamos a competir. Ese en parte era mi sueño y ahora nunca se hará realidad porque decidiste retirarte del patinaje artístico. -dijo con indignación luego de darle la espalda.

No era que Yuri no entendiera las razones de Viktor, respetaba y admiraba sus decisiones siempre. Pero esta decisión en particular acababa fusilando sin piedad varios de sus sueños, aniquilándolos en el acto, sin posibilidad de redención. Tarde o temprano, Yuri terminaría apoyando a Viktor, siempre lo supo. Pero ¿Y sus sueños? ¿Y lo que él quería? ¿De eso quién se ocupaba?

Entonces Yuri sintió como las manos tibias de Viktor se entremetían por debajo de sus brazos y abrazaban su torso hasta tenerlo aprisionado contra su figura. Su aliento calentaba la nuca de Yuri y la tibieza de este le creaba espasmos. Nuevamente, Yuri quedó a merced del agraciado Ruso.

- No eres el centro del mundo, Yuri -le susurró.

El joven de cabello negro abrió los ojos de par en par, física y figurativamente también, al entender que todos tienen derecho a decidir qué hacer con sus vidas y, a veces, esas decisiones afectan a otros, como en este caso. Pero los sueños de Yuri eran eso, solo sueños, y no se suponía que los sueños de alguien interfirieran con la vida real de una persona. La manera de darse cuenta de aquello fue abrupta, pero con ese cariñoso abrazo, Viktor aplacó el golpe de realidad.

- Podemos patinar juntos cuando quieras, solo que no bajo los reflectores.

- ¿Puedo confiar en tus promesas? -preguntó en voz suave y aguda-

- Confía.

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Los días y semanas subsiguientes fueron muy difíciles para Viktor: Reuniones, Entrevistas, reclamos. La prensa fue implacable. Todos parecían creer tener derecho a opinar sobre su vida y los actos que tomaba, como si la misma perteneciera a todos menos a él. Viktor sabía que ese era el lado malo de la fama, incluso Katsuki había probado algo de ese bocado mortal, pero aún así, el patinador ruso tuvo que llenarse de valor para enfrentar las consecuencias de su decisión.

Yuri -que lo acompañaba siempre que debía presentarse a los medios para dar declaraciones- lo veía sonreír ante las cámaras y tratar de ganarse a la gente con el mismo carisma y simpatía que mostraba en todo momento. Pero luego, cuando las cámaras se apagaban y volvía a casa, se encerraba en un cuarto oscuro y permanecía allí, no comía. Ni siquiera Yuri podía convencerlo de hablar. Eso le partía el alma.

Y esa escena se repetía cada día, cada semana por casi tres meses. Entonces la noticia dejó de ser novedad y ambos pudieron respirar algo de aire fresco.

- Viktor -exclamó Yuri mientras entraba a la habitación de este último con un plato de pescado y arroz para él. Este estaba sentado en la cama mirando un poster suyo.

- Recuerdo este día -acotó él- estaba nervioso, me dolía el estómago y tenía miedo. Pero aun así salí. Había practicado tanto la rutina que por mucho temor que me diera mostrarla al mundo, más enfermo me pondría si dejaba pasar la oportunidad.

Entonces el peliblanco miró al joven Katsuki con una sonrisa ladina y agregó.

- Ese día salí y tuve un buen show. No lo habría tenido si hubiera renunciado a hacerlo.

- Tomaste una decisión -interrumpió Yuri- Y ellos te atacaron por eso. Pero no puedes quedarte encerrado por siempre. Sal y ten un buen show

Algo en la inocencia de Yuri impregnó a Viktor de cierta esperanza. No era el más sabiondo del mundo ni daba los mejores consejos, pero cuando el joven Katsuki decía algo, Viktor sabía que venía del corazón, era sincero.

El ruso sacó su teléfono y luego de revisarlo unos segundos se lo mostró a Yuri.

- He estado mirando que Japón tiene muchos lugares turísticos que no conozco. Hay un mapa ahí -señaló el teléfono- ¿Quieres ir conmigo?

Yuri no pudo contener la emoción ni las lágrimas en sus ojos, así que se le avalanzó a Viktor y ambos se fueron de espaldas a la cama entre risas.

Así fue como la joven pareja de patinadores comenzaban a recoger los pedazos de su algo alocada vida. Los pedazos que habían dejado las críticas, los rencores y las cizañas.

Los medios aun no hablaban bien de Viktor del todo, y habían pasado algunos meses, pero finalmente, el patinador ruso dejó su cueva y por primera vez en algo de tiempo, se le vio caminando las calles de Japón.

- Ey Yuri, colócate ahí al lado de la estatua y te tomaré una foto.

- ¡Ya voy Viktor!

Entre risas y jugueteos, el joven nipón corrió hacia la gran estatua del emperador Kong que se erigía sobre la plazoleta de aquella pequeña ciudad mientras Viktor daba pasos hacia atrás con el celular frente a sus ojos, intentando sacar en la foto un cuadro completo.

Las personas que pasaban por allí esa tarde comenzaban a reconocerlos.

- ¡Miren! ¡Es Viktor! ¡Está con Yuri Katsuki!

La gente, de hecho, era amable. Se acercaban para saludarlos, pedirles autografos y decirles cuánto los admiraban. La gente común era muy diferente de los poderosos elitistas que gobernaban la difusión de información en el país. Aunque la decisión de dejar el patinaje estaba tomada y las razones no estaban aún totalmente claras, la gente seguía acercándose a Viktor como si acabara de salir de una competición.

Luego de visitar un destino, iban hacia el otro sin detenerse.

- Woooow -esbozó Yuri- ¿Este es un barco real?

Frente a ellos, un navío inmenso se dejaba ver en todo su esplendor en aquella feria de piratas al sur de la provincia. Viktor revisó en su teléfono y contestó...

- Acá dice que es una réplica exacta del navío del capitán Chong, que peleó en la segunda guerra en contra de las fuerzas aliadas.

- Wooooow

Viktor sonrió entonces. Había cierta ternura en el hecho de que Yuri supiera tampoco de su país o su historia. Había muchos lugares que no conocía o había visitado, y ese viaje se lo demotró con más claridad aún.

Aunque él había vivido toda su vida en Japón, el visitar cada pasaje parecía ser nuevo para ambos, como si estuvieran descubriendo el mundo juntos. Algo de entre todo ello lo hacía sentir muy bien.

Visitaron dos o tres lugares más, comieron una rica comida típica a las afueras de la ciudad y hablaron por horas sobre las aficiones de cada uno. Finalmente, cuando los rayos del atardecer se hacían más ténues y pintaban el cielo de un dramático naranja rojizo, los chicos terminaron en un templo circular de unos tres pisos, con una arquitectura fascinante.

El suelo del templo, desde la entrada hacia el lugar más recóndito, tenía canales de agua cristalina para que las personas pudieran ver su reflejo en ellas al caminar. El aire que entraba por las ventanas se arremolinaban y arrancaban algunas florecillas del árbol inmenso que había sido plantado en medio del templo. Y las flores viajaban al compás de la brisa por todo en derredor de los chicos.

- Este es el templo de la vida -leía Viktor desde su celular- Construido a finales del siglo XIX en torno a un árbol conocido como "El árbol de la vida". Ese árbol era autóctono del Japón y cubría grandes extensiones de terreno, pero la guerra, la tala indiscriminada y los incendios acabaron con todos los ejemplares. Actualmente, este templo alberga el único ejemplar que existe en el mundo.

Yuri alzó su mirada impresionado para apreciar la majestuosidad de ese impotente árbol de tronco grueso y ramas cortas. Con pocas hojas pero muchas flores tipo campanas blancas que adornaban sus copas y que, continuamente eran arrancadas por los vientos que entraban por las ventanas del templo y dibujaban compases de danza antes de caer.

- Es hermoso -apreció Katsuki con los ojos emotivos-

- Según los lugareños -continúa Viktor- el árbol tiene propiedades que se creen mágicas o espirituales. Según cuenta la leyenda, la pareja que construyó este templo, lo hicieron para resguardar el árbol del clima inclemente o de la tala, y el árbol se los agradeció. Un día, la señora murió de una terrible enfermedad, dejando solo al hombre con el templo. Él rogó al árbol que quería estar con ella, y dicen, que el árbol se la devolvió. Desde ese momento, le llaman el árbol de la vida. -luego de terminar, Viktor miró a un entusiasmado Yuri- vaya, tu pueblo tiene una cultura e historia bastante curiosa.

Yuri sonrió.

Cuando el anochecer llegó, ambos estaban sentados en una colina para observar las estrellas. Iban a tratar de encontrar alguna constelación y disfrutar de un picnic al aire libre. Esa sería la conclusión maravillosa de un día maravilloso con Viktor, y Yuri estaba muy emocionado.

El cielo les decidió hacer un favor y se despejó para ellos, así que el manto negro del firmamento tenía millones de puntos brillantes como diamantes que alumbraban en la penumbra. De alguna manera, el ambiente era propicio para conversar.

- Fuiste muy valiente -exclama Yuri-

- ¿Por qué?

- Fue un paso muy valiente el salir hoy luego de tanto tiempo. Mostrarte a todos, ya no como lo que solías ser, sino como lo que eres.

- Es muy profundo eso -sonríe Viktor- La verdad entendí que debo seguir, no quería quedarme estancado. Pero estar aquí no ha sido fácil. Me han atacado mucho por la decisión que tomé y pienso que no es justo, este ni siquiera es mi país -se quejó- me quedé aquí porque quería estar contigo, pero a veces me siento solo y me provoca regresar.

En eso, Viktor siente el tacto tibio de la mano de Yuri que se posó sobre la suya, entonces se cruzaron sus miradas. Katsuki lo miraba con los ojos más sinceros del mundo y la sonrisa más cálida que había visto.

- Te entiendo, a veces me sentía así en Rusia.

Un minuto de silencio fue el tiempo exacto que separó lo dicho por Yuri a lo que salió a continuación de la boca de Viktor, luego de segundos de pensar en silencio.

- Quiero un tiempo a solas con mi familia y amigos, Yuri. Solo unas semanas, en Rusia -Yuri lo ve con ojos bien abiertos-

- ¿Te vas?

- Quiero alejarme de este escenario un tiempo, para, no sé, respirar mi aire. -Entonces le devolvió la mirada al joven- pero regresaré, por ti.

Katsuki se sintió halagado y bajó su mirada en un intento por ocultar su sonrojo.

- Supongo que eso te hará bien. Te esperaré.

Luego de unos momentos, Viktor volvió a mirar al joven, detallando su rostro, sus preciosos rasgos japoneses y, haciéndole finalmente una pregunta que había rondado desde hace tiempo en su cabeza.

- Yuri... ¿Qué somos?

La pregunta lo tomó por sorpresa, aunque llevaba tiempo esperándola.

- ¿A qué te refieres?

- ¿Cómo me ves? -inquirió el peliblanco- ¿Qué soy para ti?

- Viktor, eres alguien muy especial. Tanto, que acabo de pasar el día contigo y creo que fue lo más maravilloso que pudo pasarme.

- ¿Quisieras que todos los días fueran así? -preguntó nervioso mientras miraba a otro lado, porque no tenía el valor para verlo a los ojos-

- Cuando tú estás... Lo son -admitió Yuri sonrojado-

Acto seguido Viktor le plantó su imponente mirada y, con esa seriedad tan seductora suya, le dijo...

- Entonces espérame... Y todos los días serán como este.

Esas palabras significaban mucho. Era un aclaramiento de su relación para ambos. Era como sentar las bases de algo que se estaba construyendo en sus corazones desde hacía tiempo pero no sabían que rumbo tomaría. Esa noche, lo supieron.

Viktor se acercó lentamente hacia Yuri y los segundos parecieron convertirse en minutos. Sus ojos se cerraron y ninguno sintió más nada. Ni las suaves caricias de la brisa, ni su cabello bailando al compás de este. Todo se redujo al momento en el que sus labios se rozaron y comenzaron a acariciarse entre sí. Su tacto era suave, terso y tibio. Uno podía sentir la respiración del otro y varios sentimientos fuertes salieron a flote. Ese fue su primer beso como novios. Inolvidable.

Una vez que se separaron, Yuri se quedó mirándolo por varios segundos.

- Ahora no hay manera que deje que te vayas.

- Me dejarás ir porque me amas, pero porque sabes que te amo, sabes que regresaré -contestó Viktor, y ese fue el final de aquella conversación. El resto del tiempo lo pasaron mirando las estrellas, y fue algo maravilloso mientras duró.-

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Presente

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Los ojos del peliblanco se abrieron lentamente luego de un sueño plácido. Era domingo y se permitió dormir hasta más tarde. Sin embargo, la silueta de una persona se comenzó a dibujar en medio de su pixelada visión mañanera, hasta que poco a poco fue tomando forma.

Era Yuri, sentado frente a su cama callado, esperando. Tenía algo que apretaba con sus dedos y miraba fijamente, algo blanco. Pero no hacía nada más... Solo esperaba.

- ¿Yuri? -exclamó confundido-

- Al irte a Rusia hace unos meses, dijiste que volverías -exclamó el pelinegro- y no mentiste. Sí volviste. Sin embargo, me costó tanto dejarte ir, sobre todo después de nuestro primer beso y el establecimiento de nuestra relación.

- Yuri... ¿de qué h...?

- Pero el tiempo que te fuiste a Rusia para estar con tu familia, también me sirvió a mí para pensar, y a atar cabos... Me di cuenta que nada era casualidad. El hecho de que, repentinamente, y sin habérmelo participado ni siquiera a mí antes, decidieras hacer público tu retiro del patinaje artístico, aun cuando claramente ambos seguíamos teniendo planes ahí. Luego tu repentina decisión de irte a Rusia a pasar tiempo con los tuyos de manera tan apresurada... Es como si sintieras que no tenías suficiente tiempo.

- Yuri... -suspiró-

- No. Nada fue casualidad Viktor. -Para ese momento, la voz de Yuri comenzó a quebrarse y las lágrimas se empujaban unas a otras fuera de sus ojos, y las gotas comenzaron a humedecer la alfombra- Tú sentías que no tendrías el tiempo suficiente para hacer todo lo que soñabas. Querías darle conclusión a todo. ¿Y por qué? Yo me hacía esa misma pregunta. -Entonces el joven lo miró directo a los ojos y extendió lo que hubo sostenido en su mano todo ese tiempo para que Viktor lo pudiera ver- Pero ahora lo sé.

El joven Ruso observó la toallita tiznada de sangre que había dejado por montones en el baño la noche anterior. Suspiró y cerró los ojos por un segundo y todo lo que pudo escuchar fueron los gemidos de Yuri.

- ¿Qué pasó, Viktor? ¿Por qué no me cuentas todo lo que me has estado ocultando?

El ambiente era pesado, el silencio era pesado. El dolor también pesaba. Por un considerable lapso de tiempo, Viktor no supo qué responder y durante el mismo tiempo Yuri lo estuvo mirando a los ojos exigiendo una respuesta, pero era tan difícil darla, sobre todo ahora, sobre todo a él.

- ¿Estás enfermo, verdad?

Viktor sabía que estaba contra la espada y la pared, también sabía que en algún momento lo estaría, pero no pensó que tan pronto. Su mente quedó en blanco y algo dentro de él se apagó. Sintió frío de repente y ese frío los envolvió a ambos.

Bajó la cabeza en silencio, derrotado por las circunstancias, y una lágrima se resbaló por su mejilla y manchó sus sábanas. Todas las piezas habían caído en su sitio y era inútil tratar de ignorar lo que había estado siguiendo su curso por tantos años. Sin quererse mentir a sí mismo ni a Yuri, finalmente Viktor respondió en voz baja y débil.

- ... Sí.

Y ese momento fue eterno. Fue el día que cambió todo para ambos.

Y eso estaba prohibido Olvidarlo.

Continuará...