Lo Que Dice La Música.

Capitulo Dos.

Los días y sus semanas pasaron. La idea no de iba de la cabeza y sus sentimientos no estaban claros aún. Nunca se había planteado esa posibilidad porque no era algo que… bueno, creía posible. Más allá de su admiración y sentimientos por Marinette; en Adrien solo veía algo lejano. Demasiado pulcro. Demasiado perfecto como para inmiscuirse en los asuntos de los simples mortales.

No estaba al tanto de la pelea con Miraculer y Mayura, más que nada porque no le prestaba atención a los medios de comunicación; por eso se sorprendió de ver a Chat Noir bajar a la calle y arrastrarse hasta un callejón cercano. Parecía herido.

De todas las posibilidades en el mundo, y el justo va a hacer ese camino su ruta para volver a casa.

Luka no lo dudó. Lo sentía como su deber de parisino ayudar a los héroes cuando éstos parecían necesitarlo. Ellos lo salvaban a él en cada enfrentamiento. Así, apuró el ritmo de la bici y la estacionó a un lado de la pared antes de meterse al callejón.

Y contempló algo que no esperaba.

— -dentro—la voz de Chat, transformada por el dolor, terminó de pronunciar las palabras mágicas.

La luz verde respondió de inmediato, desintegrando el traje símil cuero y expulsando un orbe negro que descanso sobre el pecho de él. Paralizado por la sorpresa de ver el momento mas íntimo de uno de los héroes más queridos de la ciudad, se sumaba a que reconocía al joven detrás de la máscara.

—Ah… Adrien...—pronunció.

Pudo apreciar como el rostro que quería infundirle tranquilidad al orbe negro, se convertía en horror puro y a medias vocales, pronunciaba su nombre. Adrien quiso disimular la verdad, pero Luka no lo dejó. Se acercó a él y se arrodilló a su lado.

—¿Estas bien? —las palabras le salieron solas, pese a la patente sorpresa dibujada en su rostro, pese al creciente miedo por saber de toda la responsabilidad que descansaba en los hombros del pianista no oficial de su equipo.

—Eh, lo estaré… eventualmente —respondió y ahogó un quejido—; cuando Ladybug use sus poderes para restaurarlo todo…

Luka asintió, trémulo.

—¿Necesitas algo?—inquirió luego de lo que les pareció a ambos una eternidad.

—Nno… Plagg solo tiene que comer camembert y podremos volver al ruedo—una sonrisa débil, que intentaba ser confiada salió de sus labios.

Luka no prestó atención a esos intentos de ser el Adrien Agreste inmaculado que conocía.

—¿Plagg?

Lo que creyó que era una orbe, le vio ojos verdes, cola y boca. Intentaba arrastrarse de manera casual a la camisa de Adrien.

—Hola...—la voz sonaba débil y más cansada, pero se las arregló para hablar al sentirse observado.

—Creo que tengo algo de dinero, y hay una tienda aquí cerca…—sugirió Luka, presupuesto a ayudar.

—Eh, yo ten-

—Shhh, Adrien, deja que nos ayude… no nos viene mal— Adrien suspiró y accedió

. . . . .

Luka volvió al cabo de unos minutos, con una bolsa y una porción de camembert que Plagg engulló con avidez. En ese momento, Adrien logró explicarle con mucha brevedad la situación: que el akumatizado de turno tenía la capacidad de robarles la habilidad y que la había utilizado en su contra. Que el golpe lo recibió en las costillas y le dolía como mil demonios.

Frente al pedido nada irracional de ir a un hospital, Adrien se negó.

-El traje… amortigua el dolor. Un poco- hizo una mueca de sufrir mientras respiraba-. Y cuando milady haga lo suyo, cuando todo termine… todo lo que el akuma causó, se irá. Y estaré bien.

La expresión de Luka no mejoraba frente aquellas palabras. Adrien le sonrió lo mejor que pudo. Quizás, muy probablemente, su sobre-preocupación se debía a lo que había descubierto hacía algunos días atrás. Quizás, la causa era que se daba cuenta que uno de los grandes héroes era un simple chico de secundaria que tenía más demonios internos de los que quería demostrar.

Había tantas posibilidades y Luka no podía evaluarlas en ese momento de tormenta.

Ayudó a Adrien a ponerse de pie y observó cómo se transformaba. La preocupación lo carcomía por dentro y por fuera. No podía dejar de pensar en todas esas cosas.

Chat Noir le sonrió, en un mal intento de aplacar ese mar de emociones que notaba que el mayor poseía.

-Estaré bien-le aseguró, dando algunos pasos lentos, forzando el rostro relajado ante las punzadas de dolor.

-No piensas ir a pelear así…-el comentario fue lo suficientemente audible como para que llegara a sus oídos.

-Milady me lo pidió, tengo que hacerlo. Ella confía en mí-fue la respuesta que le dio mientras avanzaba con una lentitud casi preocupante, fallando en aparentar normalidad.

Luka suspiró, dando cuenta que el chico de marfil era más terco de lo que aparentaba. Levantó su brazo y lo estiró hasta tomar la mano de Chat que no apretaba sus costillas. Irremediablemente, Chat Noir tuvo que mirarlo, solo para ver que no se animaba a verlo del todo.

-Vuelve-pidió-; te esperaré aquí.

Chat Noir lo observó y asintió, demasiado trémulo y con una pizca de miedo frente a ese pedido.

-Y cuidate-agregó Luka.

Una lastima que no pudo ver como las mejillas del héroe se encendían.

-Lo haré, no te preocupes.

. . . . .

Luka esperó, sentado en la misma forma que encontró a Adrien. Había cerrado los ojos después de calzarse los auriculares y poner a Jagged Stone a todo volumen en el reproductor del celular.

No quería pensar, la verdad no quería. La realidad cobraba un nuevo significado, una nueva dimensión. Y el chico tan puro y etéreo, el inalcanzable Adrien. El perfecto, el que tenía a muchas chicas perdidas por él (incluidas Marinette), el chico que siempre tenía una sonrisa o un comentario amable. El chico que mirase por donde se lo mirase, era la definición de perfección.

El chico encerrado en una jaula de cristal, aislado y lejos lo más posible del contacto humano. De sentir el amor de otro, el cariño, la preocupación. De sentirse necesitado y querido por quienes él quería y amaba.

Ese chico que pese a tener un corazón de su hijo lo acompañase en el duelo, con la misma dedicación y disciplina.

Ese chico, a él de todos los que existían en París, le tocó ser Chat Noir. La otra cara una moneda que ahora parecía pertenecerle. Con los comentarios sagaces y absurdos, con los chistes rebuscados pero inteligentes, con la sonrisa pícara y el desaliño de un héroe que podía ser un buen villano por sus temibles poderes. Y, sin embargo, paraba para sonreír y hacer bobadas propias de un adolescente que nunca era libre. Que nunca podía equivocarse y aprender. Sino que debía seguir un camino ya trazado.

No escuchó el ruido del bastón girar para amortiguar la caída, ni el ruido de los pies de quien poseía el miraculous del gato negro; pero si sintió el movimiento. Abrió los ojos para verlo y se encontró con un Chat Noir en pose heroica, con su sonrisa de dientes perfectos.

-¿Lo ves? Como nuevo- se dio algunos golpes en el pecho, donde antes se había sostenido con dolor.

Luka no lo pensó demasiado, solo actuó, guiado por sus emociones. Se puso de pie de tal manera que no recordaría haberlo hecho, y lo abrazó. Lo rodeó por los hombros, descansó su mentón en la unión del cuello con los hombros, escondió su propio rostro detrás de los brazos que envolvieron el cuerpo vestido de simil cuero.

Chat Noir tardó demasiado tiempo en reaccionar, pero terminó sonriendo y dejando que el momento ocurriese, cobre sentido para el mayor y pase. Que la separación se dilate el mayor tiempo que podía dilatarse.

Ocurrió de forma natural, con lentitud y revelando un rostro de Luka aún preocupado, húmedo por unas lágrimas que no sabía que tenía. Se sentía ahora liviano, frágil. Se secó el rostro con el antebrazo de la campera de tela de jogging que tenía y él como Chat Noir se sonrieron con cierta debilidad. Había una emoción que no podían describir. Una necesidad por mirarse, comprobarse que el otro estaba bien porque ambos se preocupaban por el otro y no por sí.

¿Tanta preocupación? Adrien no entendía, o no quería entender.

Se destransformó y lo miró con la tranquilidad que lo caracterizaba mientras Plagg buscaba esconderse en el bolsillo interno a dormir.

-No tengo mucho tiempo, pero podemos hablar…-Adrien se encogió de hombros mientras pronunciaba aquellas palabras.

Luka se daba cuenta de que no querría hablar, de que se sentía incómodo por toda esa situación, pero la proponía porque… bueno, porque era lo correcto, lo que Adrien haría. Se llevó unas mano a la nuca, sopesando las opciones. Terminó por suspirar.

—Gracias, por todo—pronuncio al fin, encontrando alguna que otra palabra.

Adrien lo miró, al principio no entendió la situación y luego, el color se le subió solo al rostro. Los ojos le empezaron a arder e hizo un esfuerzo por mantenerlos abiertos.

No ayudó que Luka posara su mano en su hombro.

—No… no te arriesgues más de la cuenta. Cuidate—siguió—; por más que te debas a París, no te sacrifiques por ella. Tu vida es tan importante como aquellas que buscas proteger-

Las palabras fueron interrumpidas por una larga inhalación húmeda y ambos ojos claros se encontraron entre todo ese mar de emociones.

—No… no le diré a nadie lo que haces o quién eres—siguió Luka con un poco de dificultad—; me aseguraré de que tu identidad este a salvo.

Adrien asintió, varias veces, mientras intentaba exhalar sin quebrar en un llanto.

Él lo sabía.

Luka lo sabía.

Su secreto estaba al descubierto. Si Hawk Moth se enteraba, esa persona… Luka, en este caso, correría peligro. Mucho peligro. Si su lady se enteraba…

Oh… la decepción. Le había fallado. En una de las pocas cosas que ella le pidió.

Le falló a ella.

Esta vez fue él el que buscó su abrazo.

. . . . .

Un baño de agua bien caliente era lo ideal. Que el vapor llenase la habitación y lo hiciera exudar cada una de las preocupaciones, quizás así el peso disminuiría y podría pensar con mayor claridad la situación.

Luka estaba preocupado por él, eso era claro. Luka se preocupaba por él. Le importaba. Existía para él. Era alguien más allá de un miembro de una banda. Más que un personaje de relleno en su vida.

Su corazón latía con una fuerza inusual, la misma con la que latía cuando se daba cuenta que le importaba a alguien más allá de las simples apariencias. Que el cariño que le profesaban era genuino.

Luka se preocupaba por él de verdad. Aquello era una sorpresa. No se esperaba tener algún tipo de relación con el tipo que le gustaba a Marinette, el mismo tipo con el que compartía una banda musical.

Adrien dejó que el agua golpeara su cuerpo, recorriendo la piel que horas antes le dolía a morir. Si antes no tenía claro el gran daño que conllevaba su poder, ahora debía que quedarle más que claro. Siempre extremó precauciones, pero ahora lo llevaría a un extremo.

Sí, mejor distraerse con eso.

Mejor pensar en cosas que podía manejar.


Nota: Si, vuelvo de los muertos; o eso intento. Oigan, esa frase me resulta conocida. Sera deja-vu? xD Bueno, si, fuera del chiste, no tengo palabras para decir. Hago mi mejor esfuerzo para que la vida no me coma mis hobbies, pero aquí me ven. Lo bueno es que el último capitulo que salió me permitió obligarme a hacer tiempo para escribir (esas horas de sueño no las recuperaré jamás, pero valió la pena... creo)

Que tomó un giro inesperado a como quería plantear el capitulo, sí. Que me gusta, también. Que me disgusta? no tener la bandeja de trabajo pendiente vacía para escribir a diestra y siniestra. Eso. Se tenía que decir y se dijo, carajo.

Un agradecimiento muy especial a Acuinipuini, por escucharme divagar de los personajes y sus estados mentales; Y a Saori Sere y Rosita, por mantenerme al tanto de los capitulos xD