Pronto establecieron una rutina. Cat Noir acudía todas las noches a casa de Marinette y se quedaba a dormir con ella. Solían dormir abrazados o como mucho acurrucados el uno junto al otro, porque en cuanto se separaban volvían a asaltarlos las pesadillas.

Al principio se les cerraban los ojos enseguida. Pero en cuanto recuperaron sueño empezaron a aguantar más tiempo despiertos, de modo que charlaban en voz baja en la oscuridad hasta que se quedaban dormidos.

Marinette le hablaba a Cat Noir de sus peripecias en el colegio, de las clases, de sus amigos, de sus nuevos proyectos. Y él disfrutaba mucho escuchándola. En el día a día, parecía que a Marinette le costaba hablar con Adrián: se trababa, se ponía nerviosa y tartamudeaba tanto que él apenas podía entenderla. Al principio había pensado que ella era así con todo el mundo. Poco a poco había ido comprendiendo que le pasaba sobre todo con él. Había llegado a sospechar que quizá le gustaba a Marinette como algo más que un amigo –las fotos de su cuarto le habían parecido reveladoras en ese sentido–, pero ella lo había negado en varias ocasiones y le había explicado que solo lo admiraba como modelo.

Eso había entristecido un poco a Adrián. No tanto por el hecho de que ella no sintiera nada especial por él –después de todo, no podría corresponderla, porque su corazón pertenecía a Ladybug–, sino porque sus fans tendían a comportarse con él de forma extravagante y poco natural. Adrián quería tener amigos, no admiradores. Gente con la que salir, charlar y reír sin más, que no lo persiguiesen como locos por la calle para hacerle fotos o pedirle autógrafos, y que no chillaran histéricos cada vez que lo veían. Gente como Nino o como Alya, a quienes el hecho de que la cara de su amigo estuviese por todas partes no los impresionaba especialmente.

Tenía que reconocer, sin embargo, que Marinette era bastante discreta en ese aspecto. Se ponía nerviosa cuando él le dirigía la palabra, pero se esforzaba mucho por superar aquella timidez y tratarlo como a un amigo más.

Y él estaba empezando a darse cuenta de que, aunque a ella le costase relacionarse con un supermodelo, al parecer los superhéroes no la perturbaban en absoluto.

Confiaba en Cat Noir, hablaba con él sin balbucear y tropezaba bastante menos que de costumbre cuando estaba con él. El chico sabía que ella era simpática, amable, ingeniosa y divertida. Y le gustaba mucho aquella versión de Marinette, mucho más suelta, más tranquila y segura de sí misma. Le gustaba su sentido del humor, la forma que tenía de contar anécdotas sin importancia como si fuesen grandes aventuras y el cariño que afloraba a su voz cuando hablaba de su familia y sus amigos.

Cuando hablaba de Adrián.

Al principio, Cat Noir se había sentido un poco incómodo cada vez que Marinette mencionaba a su alter ego, porque temía que en cualquier momento ella establecería algún tipo de conexión entre los dos. Pero en la mente de su amiga ambos parecían ser dos personas completamente diferentes.

De modo que Cat Noir terminó por relajarse y ahora se limitaba a cerrar los ojos y disfrutar de aquella calidez que llenaba su pecho cada vez que ella elogiaba a Adrián Agreste.

Él, por su parte, no podía compartir con ella sus anécdotas cotidianas sin desvelar su identidad, aunque le habría gustado contarle muchas cosas. Habría querido decirle que no era ni de lejos tan perfecto como su amiga pensaba; que también tenía dudas, miedos y debilidades, como todo el mundo. Que se sentía prisionero en su propia casa y que a veces tenía la impresión de que él y su padre eran dos extraños que no tenían nada que decirse. Que echaba de menos a su madre y que sentía que también estaba perdiendo a su padre, pero no sabía cómo llegar hasta él.

Que estaba feliz por tener la oportunidad de ir al colegio y contar con un grupo de amigos en los que podía confiar.

Y que dos de las mejores cosas que le habían pasado en la vida habían sucedido en el último año: ser elegido para portar el prodigio del gato (y haber conocido a Ladybug) y poder ir a la escuela como cualquier chico de su edad (y haber conocido a Nino, Alya... y a Marinette).

Pero no podía contarle todo aquello a su amiga, por lo que le relataba historias, batallas y anécdotas de su vida como Cat Noir. Le hablaba de sus peleas contra los villanos, de lo que se sentía al tener superpoderes y correr por los tejados de París.

Y, por supuesto, le hablaba de Ladybug.

Marinette escuchaba muy atenta. Por supuesto, sabía que a Cat Noir le gustaba Ladybug; había empezado a coquetear con ella prácticamente desde su primera misión juntos y, a pesar de que su compañera le había dicho que amaba a otro, él no había dejado de cortejarla.

Sin embargo, oír al superhéroe hablar de ella era algo muy distinto. Más allá de aquellos flirteos que Ladybug encontraba tan irritantes, lo cierto era que Cat Noir la admiraba muchísimo. Hablaba de ella con pasión, orgullo y ternura. No solo de sus ojos o de su sonrisa, sino sobre todo de su ingenio, su valentía, su sensatez y su gran corazón. Por vanidoso que pudiera parecerle a veces, en realidad Cat Noir nunca se atribuía méritos que no le correspondían, más bien al contrario. Podía pasar horas relatando cómo habían vencido a tal o cual villano gracias a un increíble plan de Ladybug, y si Marinette no hubiese estado presente en todas aquellas ocasiones podría haber llegado a creer que, tal y como él lo contaba, la participación de Cat Noir había sido meramente anecdótica.

Le resultaba muy extraño, como si el chico que la visitaba todas las noches fuese una persona muy diferente al superhéroe que ella conocía. Pero le gustaba.

Le gustaba la suavidad de su voz, su risa, su dulzura. La forma que tenía de arroparla para que no pasase frío, o de acariciarle el pelo casi sin darse cuenta.

Ella encontraba natural confiar en él. Eran compañeros y se conocían desde hacía mucho tiempo. Para él, sin embargo, Marinette debía de ser poco menos que una extraña. Y sin embargo había conectado con ella con mucha facilidad, como si fuesen amigos de toda la vida. Marinette tenía miedo de que él intuyese que era Ladybug, pero el chico no parecía sospecharlo siquiera. Así que el origen del cariño y la confianza que demostraba hacia ella seguía resultándole un misterio.

Pero era indudable que eran ya buenos amigos, de modo que una noche Marinette se decidió a plantear el tema que tanto le preocupaba.

–Cat Noir –susurró en la oscuridad.

–¿Mmmm? –preguntó él medio dormido.

–¿Has... pensado ya en lo que vas a hacer... con respecto a tu última vida?

Cat Noir abrió los ojos.

–¿Cómo?

–¿Has averiguado alguna cosa más? –siguió preguntando Marinette.

Ella, por su parte, había vuelto a visitar al maestro Fu en un par de ocasiones, pero él no había encontrado aún ninguna solución en el libro de hechizos.

–No –respondió el superhéroe. Hizo una pausa y añadió–. Pero ya entiendo que no podemos estar así siempre.

–¿Qué quieres decir?

–Lo de dormir aquí era una solución temporal, ya lo sé. Pero no es la definitiva. –Inspiró hondo–. Ya he recuperado sueño, así que en cuanto te canses de mí no tienes más que decirlo, y no te molestaré más –concluyó con una sonrisa y un guiño simpático.

–¡No! Yo... no te estoy echando. Puedes quedarte aquí el tiempo que necesites, ya lo sabes. Pero tú mismo dijiste que las pesadillas son solo un aviso.

–Un aviso exagerado –respondió él, estirándose perezosamente–. No es para tanto, ya te lo dije, sobre todo ahora que estoy descansando bien.

–¿Exagerado? –repitió Marinette–. ¡Se trata de tu última vida!

–¿Y? –planteó Cat Noir–. Ladybug solo tiene una, y no le supone ningún drama.

–Pero ella no... –empezó Marinette; se calló de golpe al comprender lo que quería decir su compañero.

–Todos podemos morir, desaparecer sin más o ser transformados en estatuas de oro, de piedra o de helado, da igual –prosiguió él–, porque Ladybug lo arreglará todo al final. Pero si ella cae... no habrá nadie que pueda devolverla a la vida.

–No lo había pensado –musitó Marinette.

–En realidad depende del akuma –añadió Cat Noir–. Si hiciese desaparecer a Ladybug y su prodigio desapareciese con ella, entonces, en efecto, ya no habría salvación para nadie. En cambio, si... si muriese de alguna manera... otra persona podría hacerse con su prodigio y lanzar el hechizo en su lugar para arreglarlo todo después. –Se encogió de hombros–. Ladybug es el salvavidas de todo París, pero no hay nadie que pueda hacer lo mismo por ella. A mí me ha salvado la vida seis veces ya, así que puedo considerarme un gato afortunado.

–Pero es ella quien tiene la suerte de su parte –objetó Marinette–. Tú tienes más posibilidades de caer en la batalla, me lo dijiste.

–Es verdad, pero siguen siendo siete vidas contra una. En conjunto, seguimos estando a la par. Así que, en realidad, yo no corro más peligro que Ladybug ahora mismo. Los dos hemos decidido correr el riesgo para mantener París a salvo. Sería muy egoísta por mi parte tirar la toalla ahora cuando ella sigue exponiendo su vida sin dudar y sin pedir nada a cambio.

Marinette no supo qué decir. De nuevo, la fiera lealtad de Cat Noir la había dejado sin palabras.

–¿Por eso... por eso no quieres renunciar al anillo? ¿Por ella? –logró preguntar por fin.

Él se volvió para mirarla y sonrió.

–No, no es solo por ella. En realidad, no me necesita. Puede recurrir a otros héroes, y si yo renuncio habrá otro Cat Noir con siete vidas para cubrirle las espaldas.

«Pero no serás tú», pensó de pronto Marinette.

–Por otro lado –prosiguió él–, si dejo de ser Cat Noir, podría revelarle por fin mi verdadera identidad. –Marinette alzó la cabeza para mirarlo, conteniendo el aliento–. Ella debería seguir manteniendo el secreto, pero yo no tendría por qué hacerlo. Y, aunque no luchásemos juntos, aunque no fuésemos ya compañeros... a lo mejor podríamos ser amigos.

La voz de él sonaba tan esperanzada que a Marinette se le encogió el corazón.

–Claro que sí –respondió, y el chico sonrió de nuevo.

–No sería como ahora, claro, pero podríamos vernos de vez en cuando, tal vez. Aunque no fuese en lo alto de un tejado.

Marinette sonrió también.

–Tampoco podrías visitar mi balcón ni venir a verme todas las noches –señaló.

–No haría falta –respondió él–, porque ya no tendría pesadillas.

Marinette permaneció un momento en silencio, sorprendida por la súbita decepción que aquellas palabras habían despertado en ella.

–Entonces...

–Entonces entraría por la puerta, como todo el mundo –concluyó Cat Noir con una sonrisa.

De nuevo, Marinette tardó un instante en asumir las implicaciones de lo que él acababa de decir.

–¿Quieres decir... que me revelarías tu verdadera identidad? ¿A mí, quiero decir... a Marinette? ¿Y seguiríamos siendo... amigos?

–Claro –respondió él, como si fuera obvio–. Es algo que me gustaría mucho, en realidad. Poder decirte quién soy..., poder salir como amigos, ir al cine, a patinar o a tomar un helado... Y podría venir a visitarte de día, y haríamos otras cosas aparte de hablar en voz baja para que nadie nos oiga. Veríamos pelis, jugaríamos a videojuegos...

–Te daría una paliza.

–Lo sé –sonrió Cat Noir–, pero sería divertido de todas maneras.

Marinette tardó un poco en contestar, y el superhéroe añadió, titubeante:

–¿No... no te gustaría que siguiésemos siendo amigos?

–Por supuesto que sí. Es solo que...

Que nunca se había preguntado acerca de la verdadera identidad de Cat Noir. Jamás había tratado de imaginar qué aspecto tenía bajo la máscara, cómo era en su día a día..., cómo interactuarían siendo solamente Marinette... y comoquiera que se llamase el muchacho que se ocultaba tras la identidad de Cat Noir.

–Entonces, ¿estás considerando en serio renunciar al anillo?

Cat Noir suspiró.

–No soy indispensable, ya ves –murmuró–. Al principio, Ladybug y yo éramos un dúo; nos eligieron el mismo día, nuestros poderes son complementarios..., pero luego resultó que yo no podía completar las misiones sin ella, aunque ella sí podía hacerlo sin mí. Después llegaron los otros héroes, y bueno..., supongo que fue una tontería por mi parte creerme especial. Ladybug es imprescindible. Yo solo soy un héroe más.

No había amargura ni rencor en sus palabras, solo una profunda tristeza. Marinette lo abrazó con más fuerza.

–Eso no es verdad –musitó–. Por supuesto que eres importante y...

–Mi prodigio es importante, no yo. Y lo puede llevar cualquier otro. Supongo que sería una faena para Ladybug tener que trabajar con un Cat Noir novato, pero acabarían por acostumbrarse los dos. Y quizá ella se sentiría más cómoda con otro compañero, con alguien con quien pueda mantener una relación estrictamente profesional. Alguien... que no esté enamorado de ella –concluyó con un susurro, y suspiró–. Es lo que a ella le gustaría.

–Yo no... –empezó Marinette; se mordió la lengua y prosiguió–. Sé que a Ladybug le importas muchísimo, y si renuncias a tu anillo te echará mucho de menos. Por favor, que nunca se te ocurra pensar lo contrario.

Cat Noir sacudió la cabeza.

–Gracias, Marinette, pero ya sé cómo son las cosas. Sin embargo, si sigo siendo Cat Noir a pesar de todo no es por Ladybug.

–¿Ah..., no? –preguntó la muchacha, sorprendida–. Entonces, ¿por qué? ¿Por... responsabilidad?

–Sí, eso por descontado. Pero también... –Cat Noir calló un momento antes de continuar, en voz baja–: Toda mi vida me he sentido como si llevase unos zapatos demasiado pequeños. De esos que te aprietan y te hacen daño al andar. Pero no era consciente, porque no conocía otra cosa. Obtener el prodigio de Cat Noir fue para mí... como si de pronto me hubiesen dado un calzado de mi talla. Y no cualquier calzado: unas zapatillas de deporte cómodas y resistentes, para correr como el viento..., para volar muy lejos.

Hizo una pausa. Marinette escuchaba, conteniendo el aliento.

–Renunciar al prodigio sería para mí como volver a mis viejos zapatos, Marinette –concluyó él–. Antes los toleraba porque no sabía que podía correr. Ahora... la simple posibilidad de ponérmelos otra vez me produce angustia. Como la idea de cerrar para siempre la única ventana a la que puedo asomarme para respirar. No puedo volver atrás otra vez. No puedo.

Marinette tenía un nudo en la garganta. Parpadeó para retener las lágrimas y lo abrazó con más fuerza.

–Lo siento mucho –musitó–. No lo sabía.

–No tenías que saberlo –respondió él sonriendo–. No debo dar pistas sobre mi verdadera identidad, después de todo.

–¿Tan mala es... tu vida tras la máscara? –se atrevió a preguntar ella.

–No, no lo es. Se ha vuelto mucho mejor en los últimos tiempos, y no solo a causa del prodigio. Estoy contento en el colegio, y tengo buenos amigos –añadió, dirigiéndole una mirada cargada de cariño.

Pero Marinette no se dio cuenta, porque estaba pensando en otra cosa.

–Entonces... –murmuró–, ¿estarías dispuesto a arriesgar tu vida... con tal de seguir siendo Cat Noir? ¿Estás seguro de eso?

El chico reflexionó un momento.

–Solo sé que no estoy preparado para renunciar al prodigio, Marinette –confesó–. A lo mejor te parezco cobarde y egoísta, pero no me siento capaz de cerrar esa ventana para siempre.

–¿Egoísta, tú? –repitió ella–. Para nada. ¿Cobarde? Jamás. –Lo estrechó con fuerza entre sus brazos–. Ojalá pudiera hacer algo más por ti –susurró.

Cat Noir sonrió.

–Ya estás haciendo mucho por mí. Me acoges en tu casa, me soportas todas las noches... –bromeó.

–Gato bobo –sonrió ella.

–Y lo más importante –prosiguió él–: Me escuchas y me brindas tu apoyo. No te imaginas lo que eso significa para mí, Marinette.

Marinette alzó la cabeza y vio los ojos verdes de Cat Noir clavados en ella. Le sonreía con tanto cariño que el corazón se le aceleró. Abrió la boca para responder algo, pero no fue capaz.

La sonrisa de él se ensanchó.

–Buenas noches –le dijo; le apartó el flequillo con cuidado y la besó en la frente.

Marinette se quedó muy sorprendida. Se preguntó cómo debía responder ante aquella muestra de afecto. ¿Le devolvía el beso? ¿En la mejilla, tal vez? ¿O quizá debía limitarse a contestar con palabras sin más?

–Buenas noches –soltó por fin, pero él no respondió.

Se había quedado dormido.


NOTA: Bueno, pues este capítulo no tiene acción, pero me apetecía mucho escribirlo. Soy consciente de que me está saliendo un Cat Noir con un carácter muy "adrianesco", pero después de todo lo que hemos estado viendo en la segunda temporada, y especialmente en Glaciator (aunque también en Befana), tengo la sensación de que él seguiría tratando así a Marinette con máscara o sin ella. Es un poco frustrante que le tenga tantísimo cariño y aún así siga empeñado en friendzonearla, pero así es en la serie, al menos por el momento, y voy a intentar tirar un poco de ese hilo en esta historia. De hecho me gustaría pensar que el cariño de Adrien por Marinette seguirá aumentando hasta que la realidad le estalle en la cara :). En la segunda temporada me ha faltado que Marinette/Ladybug también desarrolle un poco más ese tipo de afecto por Cat Noir, así que básicamente para eso está este fic: para que lo haga de una vez.

Hablando de la segunda temporada, voy a poner un aviso en la descripción del fic porque es posible que haya spoilers de aquí en adelante; ya he ido incluyendo cositas de algunos de los últimos episodios, pero no descarto que aparezcan referencias a los capítulos finales porque en España ya se han estrenado todos. No estaba planeado en un principio pero no puedo evitar incorporar el nuevo canon a medida que van saliendo los episodios. Espero que no suponga mucho problema.

Muchas gracias por todos vuestros comentarios. Seguiremos actualizando :).