NOTA: La verdad es que al principio había planteado este capítulo en una línea distinta, pero el episodio "Papá Garou" me ha hecho pensar. No hay spoilers, tranquilos. Sin embargo, el nuevo episodio ha matizado un poco la visión que tenía de la relación entre los personajes. Los que lo hayáis visto probablemente entenderéis lo que quiero decir al leer este capítulo. Y los que no, no pasa nada, la historia sigue igual y sin spoilers, y va a llegar al mismo punto.
Fue un beso suave y tímido, pero desencadenó toda una explosión de emociones en su interior, tan hermosas e intensas que Marinette suspiró de felicidad.
Cat Noir, aturdido, apenas se atrevía a respirar. Marinette sintió la necesidad de besarlo de nuevo, y lo hizo, con delicadeza, porque tenía la sensación de que aquello que compartían era tan frágil y bello como las alas de una mariposa, y merecía ser tratado con mimo y cuidado.
Él le devolvió el beso con la misma suavidad.
Marinette se derretía, incapaz de comprender de dónde había salido aquel sentimiento tan bello y profundo que le costaba creer que fuese real.
Volvieron a abrazarse. Marinette cerró los ojos y apoyó la cabeza en el hombro de Cat Noir. Se sentía como en una nube, tan maravillada y feliz que ni siquiera se detuvo a analizar cómo era posible que fuese él, y no Adrián, quien hubiese despertado aquellos sentimientos en su interior.
Se dio cuenta de pronto de que su compañero estaba muy quieto, y alzó la cabeza para mirarlo. Lo vio serio, con el ceño ligeramente fruncido, como si algo no acabase de encajar.
–¿Pasa... algo malo? –preguntó, inquieta.
Cat Noir movió la cabeza y le devolvió la mirada, aún muy serio.
–Es que... acabas de decir que... me quieres.
–Sí –respondió Marinette, algo perpleja; sonrió con picardía y se puso de puntillas para besarlo de nuevo–. Si quieres, te lo demuestro otra vez.
Pero, ante su sorpresa, Cat Noir se puso tenso y retiró la cara. Marinette se detuvo, con el corazón en vilo.
–¿Estás...? –empezó, pero el superhéroe la interrumpió.
–Eres Ladybug –constató, y un brillo de sospecha prendió en su mirada–. Me has dicho muchas veces que no me quieres.
–Pero...
–Y otras veces has fingido que sí. Pero no era verdad.
–Cat Noir, yo...
–Ya sé que tenías razones, que formaba parte del plan, que querías salvarme o qué se yo. –Cat Noir se separó de ella, y Marinette se sintió de pronto como si se quedase sin aire–. Y lo entiendo, de verdad, y por eso... –Sacudió la cabeza–. No sé, quizá me lo tengo merecido por intentar cortejarte también como Marinette. Pero mis sentimientos son sinceros y estoy empezando a cansarme de que juegues con ellos.
Marinette inspiró hondo, horrorizada.
–¡No estoy jugando! ¿Crees que te habría besado si no lo sintiera de verdad?
–No sería la primera vez –replicó él con amargura, y Marinette calló, dolida–. Al menos puedes estar segura de que yo jamás te he mentido ni engañado al respecto.
Marinette tragó saliva y parpadeó para contener las lágrimas. Cat Noir se encaramó a la barandilla del balcón pero, antes de marcharse, se volvió hacia ella y le dijo con una triste sonrisa:
–Ha sido bonito de todas maneras. Y quiero que sepas que me alegro mucho de que estés bien, porque yo tampoco quiero perderte, por nada del mundo. Es solo que no quiero que me hagas más daño. Hasta yo tengo un límite, ¿sabes?
–¡Pero...!
–Buenas noches, Ladybug.
–¡Espera! –gritó Marinette, y corrió hacia él para detenerlo...
...Pero Cat Noir ya se había ido.
Marinette se apoyó sobre la barandilla, temblando, con las mejillas empapadas en llanto.
–¡Marinette! –exclamó Tikki junto a ella, alarmada–. ¿Qué ha pasado?
–No me cree –musitó ella–. Piensa que no lo tomo en serio, que estoy jugando con sus sentimientos. –Alzó la cabeza para mirar al kwami–. Tikki, ¿por qué he tardado tanto en darme cuenta de lo que sentía por él?
El dulce rostro de Tikki dibujó de pronto una expresión de férrea determinación.
–Tienes que hablar con él, Marinette. Y tiene que ser ahora. No puedes dejarlo pasar.
–Pero ¿cómo? Ya se ha ido y...
–Tienes que transformarte.
–Pero...
–Yo ya estoy casi recuperada por completo. Vamos, hazlo, antes de que le pierdas la pista. Esto es importante, Marinette.
Ella le dirigió una mirada de profunda gratitud antes de pronunciar las palabras mágicas.
Encontró a Cat Noir acuclillado sobre un tejado, contemplando la torre Eiffel con aire miserable. Dudó antes de acercarse a él. Pero el chico la miró con una sonrisa cansada.
–Veo que Tikki está mejor. Me alegro.
–Sí, yo... gracias –acertó a responder Ladybug.
Se sentó a su lado, pero a una prudente distancia para no presionarlo.
–Lo siento –fue lo primero que le dijo.
No tenía muy claro por qué estaba pidiendo disculpas. Solo sabía que Cat Noir se sentía herido por algo que ella había hecho, o quizá se tratase de un malentendido. En cualquier caso, le pareció un buen comienzo.
Él sacudió la cabeza.
–No tiene importancia. No es solo culpa tuya, ¿sabes? Quizá he sido demasiado insistente y debería haber captado el mensaje a la primera. Supongo que no te ha hecho gracia que me declarase también a tu identidad civil. Puedo ser muy pesado si me lo propongo –añadió con una media sonrisa.
Ladybug frunció el ceño, perpleja.
–¿Crees que te he besado y te he dicho que te quiero... porque me he cansado de que me tires los tejos? Cat Noir, eso no tiene ningún sentido.
Él la miró de soslayo, con una mezcla de temor y esperanza en la mirada, y Ladybug entendió de pronto qué era lo que le pasaba. Estaba tan acostumbrado al rechazo que no se atrevía a creer que ella pudiese corresponderlo... de verdad. Y le aterrorizaba la posibilidad de hacerse ilusiones y que ella le rompiese otra vez el corazón.
Inspiró hondo mientras trataba de encontrar la mejor manera de enfocar el problema.
–Sabes, antes tenía la sensación de que te conocía muy bien –empezó–, porque llevamos mucho tiempo peleando juntos, porque somos un gran equipo y porque a estas alturas ya prácticamente nos entendemos sin palabras.
Miro de reojo a Cat Noir y se sintió más tranquila al ver que él sonreía un poco.
–Y por eso –continuó– me olvidaba muy a menudo de que en realidad solo te conozco a medias. Y no me refiero solo a tu otra identidad.
Él la miró interrogante. Ladybug prosiguió:
–Sé que al principio no pensaba que fueras en serio conmigo, pero hace ya tiempo que no dudo de lo que sientes por mí, y mucho menos ahora. Es que no te conocía, ¿entiendes? No tanto como ahora. Pensaba que sí, pero estas últimas semanas que hemos pasado juntos... creo que he empezado a verte como eres de verdad, sin la máscara. No digo que tú no seas realmente Cat Noir, sino que eres... mucho más de lo que aparentas. Que la parte que conocía de ti es solo una parte. Y que, cuanto mejor te conozco, más... me gustas –confesó, ruborizándose intensamente.
Cat Noir se sonrojó también y desvió la mirada con cierta timidez. Ella continuó:
–Quizá al principio sí pensaba que estabas jugando y te seguía el juego, lo admito. Y te pido perdón si te hice daño alguna vez. Nunca tuve intención de herirte.
Cat Noir no supo qué decir. Tras un momento de silencio incómodo, Ladybug preguntó:
–¿Recuerdas cuando nos enfrentamos a Sandboy? ¿Te acuerdas de aquella Ladybug malvada de tus pesadillas?
–Sí, pero ya te dije que...
–Esa Ladybug estaba dentro de tu cabeza –cortó ella–. Y puede que también dentro de mí –admitió, avergonzada–. Pero no es la única chica tras la máscara, ¿sabes? Lo que quiero decir... es que, aunque probablemente tuvieses razones para no confiar en Ladybug..., sí que confiaste en Marinette. Porque ibas a su balcón en busca de ayuda y consejo. Y a Marinette no le gustaba verte sufrir, así que te acogió en su cuarto y durmió a tu lado todas las noches para que no tuvieras pesadillas. El cariño que te demostraba... no lo fingía, Cat Noir. Realmente le importas, realmente se preocupa por ti. De verdad te quiere muchísimo.
Él se quedó mirándola, con los ojos llenos de emoción contenida.
–Esa chica también soy yo, Cat Noir –añadió ella, y tuvo que parpadear para retener las lágrimas que amenazaban con desbordarla–. También existe detrás de la máscara.
Y justo entonces la envolvió un resplandor rosado y su transformación se desvaneció, convirtiéndola de nuevo en Marinette. Ella recogió a Tikki, alarmada.
–Lo siento, ya no tengo fuerzas –susurró el kwami.
Marinette sonrió.
–Ya has hecho demasiado, Tikki. Descansa.
–No lo dejes a medias –le aconsejó ella con esfuerzo–. Tenéis que aclarar las cosas, Marinette.
La chica asintió decidida y guardó a Tikki en su bolso para que pudiera recuperarse.
–Marinette... –murmuró Cat Noir.
Ella se atrevió por fin a levantar la cabeza para mirarlo a los ojos. Él la contemplaba con cierta ternura, y su corazón se aceleró de nuevo.
–Lo-lo que quiero decir –prosiguió por fin– es que tú tampoco me conocías tanto como pensabas. Porque, en ese caso, me habrías reconocido. Te habrías dado cuenta de que Marinette es Ladybug, y Ladybug es Marinette. Y, si me paro a pensarlo, la verdad es que el hecho de que te enamoraras de Marinette también antes de saber que era Ladybug... es algo muy bonito e increíblemente romántico.
De nuevo bajó la cabeza con timidez.
–Probablemente no tengo derecho a pedirte que me des una oportunidad –susurró–, así que no voy a hacerlo. Solo quería que supieras... que me importas de verdad. Y que te he besado porque quería hacerlo. Todavía quiero –confesó, enrojeciendo un poco más–. Pero aceptaré que seamos solo amigos, si consideras que es demasiado tarde y que he perdido mi oportunidad. Lo comprendo –concluyó, pero no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas.
–Marinette –repitió él.
Su voz sonó muy cerca de su oído, y ella alzó la mirada, sobresaltada. Cat Noir se había acercado tanto a ella que bastaría con que hiciese un ligero movimiento y podrían volver a besarse. Se aturulló solo de pensarlo, dio un respingo y resbaló por el tejado.
Pero justo cuando estaba a punto de caer al vacío, alguien la retuvo por la cintura.
Marinette se sorprendió al comprender que no había tenido miedo en ningún momento. Sabía que él la salvaría, porque siempre lo hacía.
Cat Noir la alzó entre sus brazos y Marinette se acurrucó contra su pecho con un estremecimiento.
–Te llevaré a casa antes de que cojas frío –le dijo él con suavidad, y ella reprimió un suspiro.
–No tengo frío –murmuró.
–De todas formas, es tarde, y hoy han pasado demasiadas cosas. Necesitas descansar.
Marinette no discutió. Cerró los ojos mientras Cat Noir la llevaba en brazos por los tejados. Cuando él la depositó por fin en su balcón, los dos cruzaron una mirada cargada de ternura.
–Vete a dormir –le aconsejó él–. Mañana será otro día.
La besó en la frente y dio media vuelta para marcharse, pero ella lo retuvo.
–Espera. ¿Quieres... quedarte? –Cat Noir se volvió hacia ella, sorprendido–. Como todas las noches –aclaró Marinette.
–Pero... pero en teoría ya no voy a tener pesadillas...
Ella negó con la cabeza.
–No necesitas tener pesadillas para quedarte a mi lado, gatito –le dijo con una tímida sonrisa.
Él la miró como si la viera por primera vez.
–Lo dices... lo dices en serio –comprendió por fin.
–Sí –sonrió ella.
Cat Noir avanzó unos pasos y alzó la mano para acariciarle la mejilla, aún abrumado.
–Pero... tú eres Ladybug.
–Eso parece.
Cat Noir le sostuvo el rostro con ambas manos para mirarla a los ojos.
–Y también Marinette –musitó.
Ella asintió, aún sonriendo.
–¿Te quedarás?
–¿Quieres... que me quede?
–Sí –volvió a susurrar ella.
Cat Noir sonrió. Se inclinó un poco, pero por alguna razón no se atrevió a besarla. La envolvió entre sus brazos y la estrechó contra su pecho. Marinette lo abrazó por la cintura y suspiró, sintiéndose mucho mejor.
–Te quiero –dijo en voz baja.
–Te quiero –respondió él en su oído.
Marinette entró primero en la habitación para ponerse el pijama. Después, volvió a asomarse a la terraza para decirle a Cat Noir que podía entrar. Lo hizo con cierta inquietud, temerosa de que él hubiese cambiado de idea y se hubiese marchado después de todo. Pero allí estaba el superhéroe, apoyado contra la barandilla, con su silueta felina recortada contra el cielo nocturno y su cola batiendo blandamente junto a él.
Se acomodaron en la cama de Marinette, abrazados, como todas las noches. Permanecieron un rato en silencio, tratando de asimilar todo lo que había pasado.
–¿Entonces me quieres... de verdad? –se atrevió a preguntar Cat Noir al cabo de un rato.
–Hoy he dado mi vida por ti –le recordó ella en un susurro–. ¿Por qué creías que lo he hecho, si no ha sido por amor?
–Bueno, eres Ladybug. Una heroína. Y siempre estás ahí para salvar a la gente..., incluso a mí.
–Me preocupo por ti de una manera especial. Si necesitas que te lo diga otra vez, lo haré. Todas las veces que haga falta.
Cat Noir permaneció en silencio un instante antes de preguntar:
–¿Y podemos estar... juntos?
–Sí, si tú quieres –susurró Marinette. Suspiró y añadió–: Tenías razón, ya ves. Al final he acabado enamorándome de ti. Siento haber dado tantas vueltas.
–Lo comprendo –respondió él–. Tampoco yo estaba enamorado de Marinette, al principio. Ahora me siento un poco estúpido por no haber sido capaz de reconocerte antes.
Ella sonrió.
–Ni mis padres han sido capaces de reconocerme. Ni siquiera Alya ha descubierto aún la identidad de Ladybug, y no será porque no lo haya intentado.
Cat Noir sonrió también. Parecía que el ambiente se había relajado un poco entre los dos. El chico se sentía como en una nube, pero una parte de él aún temía que nada de aquello fuese real.
–Sé que me rechazabas porque querías a otro –recordó de pronto; evocó vagamente su conversación con Nino, pero parecía haber sucedido hacía mucho tiempo, quizá en un universo lejano–. ¿Puedo preguntarte quién era?
Marinette tardó un poco en contestar.
–Lo siento, quizá sea algo demasiado personal –se apresuró a añadir él.
–No, no. Supongo que ya no importa. –Suspiró–. De todos modos deberías saberlo ya, ahora que conoces mi identidad.
–¿Debería...?
–Has estado en mi habitación un montón de veces. Has visto las fotos. Y sé que te has fijado en ellas –le recordó, dándole un par de toquecitos en la nariz con la yema del dedo índice.
El corazón de Cat Noir se había acelerado de nuevo.
–¿Te refieres a... Adrián Agreste? –se atrevió a preguntar.
–¿Ves como era evidente?
–No tanto. También tienes un poster de Jagged Stone.
Marinette se rió.
–No seas bobo –le reprochó con cariño–. Bueno, quizá no te hayas dado cuenta, pero Adrián y yo vamos juntos a clase. Y él es uno de mis mejores amigos, o sea, que no me gusta porque sea un modelo famoso, sino porque lo conozco de verdad y...
–Entonces, ¿estás hablando en serio? –cortó él, casi sin aliento–. ¿Me has estado rechazando todo este tiempo... por Adrián Agreste?
–Sí –respondió ella, un tanto perpleja–. Es lo que estoy intentando decirte. –Dudó un momento antes de preguntar–: ¿No estarás... celoso?
Pero, ante su sorpresa, Cat Noir dejó escapar una alegre carcajada.
–¡Ssssh! –lo riñó ella–. ¡Te van a oír mis padres!
Cat Noir, sin embargo, no podía dejar de sonreír. Era todo incomprensible, absurdo y estúpido. Se habían estado persiguiendo el uno al otro en círculos, como un pez que se muerde la cola. Podrían haberse ahorrado tanto sufrimiento, tantos desengaños...
«Siempre ha sido ella. Siempre he sido yo», pensó. «No había terceras personas».
Excepto Luka, tal vez. Pero trató de no pensar en ello. Después de todo, Marinette no lo había mencionado. Y no había fotos de Luka en su habitación.
–¿Y te gusta... todavía? –preguntó por si acaso.
Marinette vaciló.
–Yo... No sé... ¡Oh! –exclamó de pronto, recordando algo.
Se incorporó de golpe y buscó su teléfono móvil. Consultó la pantalla con nerviosismo, pero solo tenía una llamada perdida de Alya.
–¿Pasa algo? –se inquietó Cat Noir.
–Había quedado esta tarde con Adrián, precisamente. Se me había olvidado por completo.
Cat Noir luchó contra la tentación de seguir indagando al respecto... y perdió la batalla.
–¿Tenías una cita con él?
Marinette se ruborizó un poco.
–¿Una... cita? ¡Nooo, qué va! No hay nada entre nosotros, en realidad. Él quería hablarme de algo, y Alya pensaba que... Es igual –concluyó, un tanto abatida.
Se recostó de nuevo junto a Cat Noir, que la acogió encantado entre sus brazos.
–¿Qué es lo que pensaba Alya? –siguió preguntando él, como quien no quiere la cosa.
–Que quería pedirme salir. –Marinette dejó escapar un suspiro–. Como si eso fuera posible.
–¿Y por qué no? Eres una chica increíble, no me parece que...
–Pero se supone que íbamos a quedar esta tarde, y no me ha llamado.
–Bueno, quizá le haya surgido algo. Tengo entendido que siempre está muy ocupado.
–Sí, pero si estuviese interesado en mí, como mínimo me habría enviado un mensaje. De todos modos, probablemente sea mejor así –añadió, acurrucándose junto a Cat Noir–. Llevo demasiado tiempo soñando con él, y es evidente que no iba a ninguna parte. Quizá, si no hubiese estado tan obsesionada, me habría fijado antes en ti... No estoy diciendo que te diese calabazas solo por Adrián –añadió, deprisa–. También estaba el hecho de que apenas nos conocíamos, teníamos que mantener en secreto nuestras identidades y no me parecía buena idea plantear una relación en esas circunstancias...
–Entonces, ¿estás dispuesta a cambiar a un modelo del montón por un atractivo superhéroe? –le preguntó él, sonriendo.
–¡Adrián no es «un modelo del montón»! –se indignó Marinette–. Él... –se interrumpió al darse cuenta de que Cat Noir le estaba tomando el pelo–. Estás disfrutando con esto, ¿verdad?
–Puedes apostar a que sí, milady. Pero no has contestado a mi pregunta.
Marinette abrió la boca, dispuesta a irse por las ramas o a responderle con alguna broma, pero quedó perdida en su mirada felina.
–Creo que sí –susurró por fin–, si me das tiempo para hacerme a la idea.
–Se me da bien esperar –le aseguró él.
Se besaron con suavidad. Marinette rodeó su cintura con los brazos y apoyó la cabeza en su pecho con un suspiro de satisfacción.
–Estoy tan cansada –musitó–. Pero estoy contenta de que estemos juntos.
–Yo también. Duerme y descansa, bichito. Mañana será otro día. Y decidiremos qué hacer con respecto a la caja de los prodigios.
Marinette suspiró, preocupada, al recordar la misión que tenían por delante. Pero Cat Noir le acariciaba el cabello con suavidad, y ella acabó por cerrar de nuevo los ojos y rendirse al sueño.
