NOTA: Ojo, aquí hay spoilers de S3, en concreto referencias al episodio Weredad.


Un resplandor de color verde envolvió el cuerpo de Cat Noir, y Marinette cerró instintivamente los ojos y se los cubrió con las manos.

–Ya puedes mirar, Marinette –dijo él entonces, y a ella le pareció que sonaba un poco diferente: más cálido, más tímido... y extrañamente familiar.

Titubeó.

–No me atrevo –confesó, sonriendo–. ¿Te lo puedes creer?

Él se rió suavemente, despertando un nuevo cosquilleo en el estómago de Marinette.

–Yo también estoy nervioso –respondió–. Pero no tiene sentido retrasarlo más a estas alturas, ¿verdad?

–Supongo que no –dijo ella.

Retiró las manos y se atrevió a echar un vistazo.

Lanzó un grito y trató de apartarse de Adrián, pero la tumbona era demasiado estrecha y los obligaba a estar muy juntos, prácticamente pegados.

–Marinette –dijo él, reteniéndola a su lado–. Vamos, tranquila, soy yo.

–N-n-no puedes ser tú –balbuceó ella.

–Es lo que intentaba decirte esta mañana, antes de que Rastreador nos interrumpiera. Tenía que contarte dos cosas, ¿te acuerdas? La primera, ya la sabías... pero quería decírtela también bajo mi verdadera identidad. Y es que... –inspiró hondo antes de proseguir– te quiero, con máscara o sin ella. A ti, a Marinette, a Ladybug, también con máscara o sin ella.

La chica parpadeó, pero no reaccionó de ninguna otra manera. Parecía haberse quedado de piedra.

Adrián se frotó la nuca, azorado.

–La segunda cosa que tenía que decirte... –prosiguió–, es que yo soy..., en fin, yo. Que Cat Noir y Adrián somos la misma persona. Así que... he sido yo todo este tiempo. El que ha luchado a tu lado contra todos esos villanos, el que se ha enamorado de ti... dos veces. Tú pensabas que detrás de la máscara había alguien a quien no conocías, y resulta que era yo, Adrián, y cuando ayer me dijiste que te gustaba también, pensé...

–Te he dado calabazas –soltó Marinette abruptamente.

Adrián la miró desconcertado y se dio cuenta de que ella seguía intentando asimilar aquella sorprendente revelación, sin saber muy bien cómo reaccionar. Sonrió.

–Sí; porque estabas enamorada de otro... y supongo que te referías a Cat Noir, ¿no es así? Entonces, como Cat Noir soy yo, técnicamente no me has dado calabazas...

Marinette seguía sin reaccionar, mirándolo con tal expresión de horror que Adrián empezó a sentirse inseguro.

–...A no ser que realmente no te guste yo... quiero decir, que te guste Cat Noir, pero no Adrián... –prosiguió con nerviosismo–, pero ayer m-me dijiste que sí, que habías estado rechazando a Cat Noir por Adrián, y como hoy has rechazado a Adrián por Cat Noir p-pensé que en realidad te gustamos los dos, y que n-no hace falta que elijas, porque somos la misma persona y... oh, no, te gusta Luka, ¿verdad? ¿Es eso? –preguntó por fin, al borde del pánico.

Marinette pareció despertar por fin.

–¿Luka? –negó con la cabeza–. No, él... ¿Por qué piensas eso?

Adrián tragó saliva. Había supuesto que tenía muchas posibilidades de que aquello saliera bien y, sin embargo, Marinette no estaba reaccionando como él había esperado. Y probablemente lo de mencionar a Luka había sido una mala idea. Después de todo, si Nino tenía razón...

Pero si Marinette estaba o había estado enamorada de Adrián... ¿no debería alegrarse de que él fuera Cat Noir?

–Porque fuiste con él a la pista de hielo... el día que quedamos con Kagami...

Marinette abrió mucho los ojos.

–Kagami –repitió, y Adrián comprendió que había cometido un segundo error.

–S-sí, fuimos... los cuatro –dijo sin embargo.

Marinette saltó como movida por un resorte y se puso en pie. Adrián alargó los brazos para retenerla a su lado, pero no lo consiguió.

–Kagami –dijo ella, y había algo en su tono de voz que lo hizo estremecerse.

–Entonces –se atrevió a preguntar el chico–, ¿no estás saliendo con Luka?

Marinette lo miró, y sus ojos estaban tan cargados de tristeza y decepción que a Adrián se le encogió el corazón.

–No –susurró ella–. Yo solo te he querido a ti.

Él abrió la boca, dispuesto a decir algo, pero no encontró las palabras apropiadas. Marinette, sin embargo, siguió hablando.

–En cambio tú... eres Adrián... y eres Cat Noir.

–Sí –asintió el chico, desconcertado–. Supongo que tardarás un poco en asimilarlo, pero...

–Me dijiste que me querías. Todo este tiempo. Que solo amabas a Ladybug.

–Sí –respondió él, sin entender a dónde quería ir a parar.

–También me diste calabazas a mí..., o sea, a Marinette..., por Ladybug.

–Sí –repitió Adrián–. Me enamoré de ti prácticamente desde que el día en que te conocí, y nunca perdí la esperanza de que...

–Pero le pediste salir a Kagami.

–Eso no...

–Me dijiste que te gustaba Kagami. Me lo dijiste. A la cara. Y m-me pediste que te ayudara a... a... cortejarla –concluyó con los ojos húmedos.

Adrián abrió mucho los ojos, horrorizado.

Marinette era Ladybug. Y él mismo le había hablado de sus sentimientos por otra chica. Y lo había hecho...

–...justo después de confesar tu amor por mí por enésima vez con aquella rosa –le recordó ella–. Y yo creía... creía que eras sincero, que de verdad...

–¡Marinette! –exclamó él, poniéndose en pie de un salto. Avanzó un par de pasos, pero ella retrocedió, y Adrián dejó caer los brazos, apenado–. Era sincero. Lo soy. Te quiero con locura. A Ladybug, por supuesto, y también a ti, porque sois la misma persona...

–Le pediste salir a Kagami –insistió ella, y Adrián inspiró hondo, sintiendo que aquello se le iba de las manos.

–Me rechazaste –le recordó, con un tono de voz más frío de lo que había pretendido–. Todas las veces. ¿Qué esperabas que hiciera?

–¡Pero te rechacé porque ya estaba enamorada de ti! Y tú, mientras tanto, me veías solo como una amiga, me pedías ayuda para ir detrás de Kagami...

–¿Cómo iba a saber lo que sentías por mí? ¡Nunca me lo dijiste!

–¡Porque pensaba que no me correspondías, y tenía razón! ¡Me lo dijiste bien claro cuando mi padre te invitó a almorzar a casa! Me dijiste que solo querías a Ladybug... ¡pero no era verdad! ¡Me rechazaste por Kagami!

–¡Eso no es así! Y ya que hablamos de ello... Mira, no quería sacarlo a relucir, pero ¿por qué me dijiste que estabas enamorada de mí, aquella vez? No era cierto, ¿verdad? Porque tú eres Ladybug y no querías a Cat Noir, así que... ¿por qué fingiste que sí? ¿Por qué mentiste a tus padres... y a mí?

–¡Porque creí que estabas a punto de descubrir mi identidad, y se me ocurrió...!

–...que podías jugar con los sentimientos del pobre Cat Noir, como de costumbre, ¿verdad? Total, su corazón lo aguanta todo... Todos los rechazos, las decepciones, los engaños y las mentiras...

–¡Eres tú quien me ha mentido a mí! ¡Les tirabas los tejos a Ladybug y a Kagami... a la vez!

–¡No es verdad! Salí con Kagami una vez, una sola vez, y...

De pronto se detuvo y la miró, perplejo. Marinette estaba al borde del llanto, pero temblaba de rabia, con los puños apretados, y Adrián se preguntó cómo habían llegado a aquella situación.

Dejó caer los hombros, abatido.

–Lo siento –murmuró por fin.

Ella pestañeó.

–¿Cómo dices?

Adrián sacudió la cabeza.

–¿Por qué estamos discutiendo, en realidad? Quiero decir... que seguro que hemos metido la pata los dos, y hemos sufrido rechazos y desengaños por... por todo este asunto de la doble identidad, pero... yo te quiero, Marinette. De verdad. Y-y si tú sientes lo mismo, pues quizá... podamos darnos una oportunidad, y...

No pudo seguir hablando, porque ella se había arrojado a sus brazos con los ojos llenos de lágrimas. Adrián tragó saliva para deshacer el nudo de su garganta y la abrazó con todas sus fuerzas. Marinette hundió la cara en su hombro y se echó a llorar.

–Lo siento muchísimo –susurró él en su oído–. Por todo.

–Yo t-también lo siento –hipó Marinette; inspiró hondo y añadió–. T-te quiero.

Adrián sintió que se derretía. Apoyó la mejilla en su cabeza y cerró los ojos.

Permanecieron un rato así, abrazados, hasta que Marinette logró calmarse lo bastante como para poder hablar sin atrancarse.

–Entonces... ¿de verdad eres tú... Cat Noir? –preguntó por fin, aunque sin apartar la cara del hombro de Adrián.

Él sonrió.

–Sí, milady. Siempre he sido yo.

Ella se estremeció entre sus brazos.

–Has estado... durmiendo en mi cama... todas estas noches –farfulló con voz ahogada.

Adrián enrojeció intensamente. Era algo obvio, y en teoría parecía que lo habían aclarado, pero lo cierto era que, hasta aquel momento, para Marinette el chico a quien había acogido en su casa había sido Cat Noir, no Adrián Agreste.

–Pues sí..., eso parece. Lo siento de verdad. No pretendía incomodarte.

Ella se aferró a su ropa con más fuerza y hundió la cara en su hombro todavía más.

–¿Te encuentras bien? –preguntó Adrián, inseguro.

–Creo que voy a gritar –murmuró Marinette.

–No, no, no lo hagas –respondió él, alarmado–, o llamaremos la atención de alguien. Imagina que se asoma tu padre y nos ve, y tenemos que volver a explicar...

Los hombros de Marinette empezaron a temblar, y Adrián temió que se hubiese puesto a llorar otra vez. Pero al echarle un vistazo comprobó, aliviado, que la chica estaba luchando por contener la risa.

–No puede ser verdad –logró decir ella por fin–. Es todo tan... absurdo. Quiero decir... he estado durmiendo con Adrián Agreste... todas estas noches.

Volvió a hundir la cara en el hombro de Adrián para reprimir un grito entre horrorizado, histérico y emocionado. Adrián se rió con suavidad. Cuando ella pareció calmarse un poco, el chico murmuró:

–Muchísimas gracias por haber cuidado de mí todo este tiempo, Marinette. Cuando empecé a tener las pesadillas..., y no sabía a quién acudir..., tú siempre estabas allí para ayudarme. No te imaginas lo que ha significado para mí.

Ella alzó por fin la cabeza para mirarlo a los ojos, conmovida.

–Adrián –musitó–. Oh, no, ahora entiendo... Lo siento mucho.

–¿Qué es lo que sientes?

–Bueno, sé que lo estás pasando mal en casa... por lo de tu madre, porque tu padre es tan severo y apenas te deja salir, pero no pensé... quiero decir que, como Cat Noir estaba siempre haciendo el tonto y no parecía tomarse nada en serio...

Adrián alzó una ceja y la miró, sonriendo.

–¿No me crees capaz de hacer el tonto?

–¿Tú? Pfff..., para nada –soltó Marinette; después se dio cuenta de lo que acababa de decir, y trató de rectificar–: Quiero decir...

Pero Adrián se rió.

–Creo que necesitaremos un tiempo para adaptarnos a... la nueva situación. Y para conocernos del todo, ¿verdad?

Alzó suavemente la barbilla de Marinette para mirarla a los ojos, de forma que sus labios quedaron muy cerca de los de ella.

–Pero sé que lo conseguiremos –prosiguió–, porque formamos un gran equipo. Y mientras estemos juntos todo irá bien..., ¿no crees?

–Sí –susurró ella, perdida en su mirada.

Adrián bajó un poco la cabeza con intención de besarla, pero Marinette dio un respingo, alarmada. y el chico se apartó.

–Lo siento –se disculpó–. Quizá me he precipitado, y probablemente necesites más tiempo...

No pudo terminar la frase. Marinette inspiró hondo, reunió valor, se puso de puntillas y lo besó en los labios.

Adrián cerró los ojos, la rodeó con los brazos y le devolvió el beso, ebrio de felicidad. Por fin la estrechó contra su pecho, aún sin poder creer que todo aquello fuese real, y no parte de un hermoso sueño del que acabaría por despertar en algún momento.

–No sabes cuánto me alegro de haberte encontrado –susurró–. De que seas tú. De que hayas sido tú todo este tiempo.

Marinette se quedó sin aliento.

–¿De... de verdad te alegras... de que sea yo?

–Absolutamente, bichito.

Marinette alzó la cabeza y él la miró, sonriendo. Sus ojos estaban tan repletos de cariño que ella suspiró sin poder evitarlo.

–Bueno, bueno –dijo de pronto una voz, sobresaltándolos–. ¿Habéis terminado ya? Porque debéis saber que este espectáculo resulta de lo más desagradable, y no sé cuánto tiempo más seré capaz de soportarlo sin un mísero trozo de queso.

–¡Plagg! –lo riñeron Tikki y Adrián a la vez.

Marinette descubrió entonces a los dos kwamis sentados sobre el tejado, observándolos, y enrojeció.

–¿Cuánto tiempo lleváis ahí?

–Desde el principio, Marinette –respondió Tikki–, pero no queríamos interrumpir. Era importante que Adrián y tú aclararais las cosas.

Los dos desviaron la mirada, incómodos. Marinette recordó algo.

–Espera. Tú sabías que Cat Noir era... es... Adrián, ¿verdad, Tikki?

–Sí –respondió ella, afligida–. Pero no podía decirte nada, Marinette. Lo siento.

Marinette hundió el rostro entre las manos con un gruñido.

–Y todo este tiempo nos hemos estado... persiguiendo el uno al otro sin saber que lo hacíamos –gimió–. Y vosotros lo sabíais... ¡y no nos dijisteis nada!

–Tampoco era fácil para nosotros –se defendió Tikki.

–Sí –asintió Plagg–. No te imaginas lo insoportable que estaba Adrián, lamentándose todo el día porque Ladybug no le hacía caso... pero eh, a mí no me mires, yo intentaba hablar en tu favor y él siempre estaba con lo de «¿Marinette? No, Plagg, ella es solo una amiga»... humanos, ¡bah! ¿Quién os entiende?

Marinette echó un vistazo a Adrián, que se había ruborizado de nuevo.

–No hace falta que entres en detalles, Plagg –farfulló el chico.

–Además –añadió Tikki–, había buenas razones para mantener vuestra identidad en secreto. Y también hay motivos para desvelarla ahora, ¿recordáis?

–¡Es cierto! –dijo Marinette–. Entonces, ahora que estáis juntos, ¿podéis localizar a los otros kwamis?

–Podemos intentarlo –respondió Tikki–, pero será mejor que entremos dentro. Es un ritual un poco... llamativo, podríamos decir. Y no queremos que nadie nos vea desde la calle, ¿verdad?

Tikki entró volando en el cuarto de Marinette, seguida por Plagg. La chica dio unos pasos hacia la trampilla, pero entonces se dio cuenta de que Adrián no se había movido.

–¿No vas a entrar? –le preguntó, pero él se removió, incómodo.

–¿Todavía quieres... que me quede?

Marinette inspiró hondo. En principio lo estaba invitando a asistir al «ritual» que iban a realizar Plagg y Tikki, fuera lo que fuese, pero lo cierto era que ya se estaba haciendo tarde... y Adrián le estaba pidiendo permiso para quedarse a dormir.

Y ella no sabía qué decir. Era cierto que llevaban ya varias semanas durmiendo juntos, pero...

Pero eso era cuando Cat Noir era «solo» Cat Noir. Y ahora era Adrián Agreste.

Adrián. Agreste.

Marinette se ruborizó violentamente. Adrián captó la indirecta.

–No pasa nada –le aseguró, tratando de sonreír–. Comprendo que es todo muy reciente, y además ya no voy a tener pesadillas, así que... volveré a casa y... bueno, ya nos veremos... en otra ocasión.

Marinette evocó entonces la fría soledad de la mansión Agreste y el gesto severo del padre de Adrián. Y se le encogió el corazón.

–¡Espera! –lo detuvo–. Puedes quedarte, si quieres.

–¿De verdad? No quiero incomodarte, y...

–Claro que me incomodas –soltó Marinette abruptamente–. Qui-quiero decir... que al principio será un poco raro, pero no es como si fueras... una persona diferente. Sigues siendo tú, ¿verdad? Así que... lo único que pasa es que tengo que acostumbrarme y ya está.

–Pero...

–Y quiero acostumbrarme. De verdad. –Sacudió la cabeza–. Tengo que aprender a comportarme contigo de una forma más... normal, con naturalidad, como lo hago con Cat Noir. –Suspiró–. Me está costando mucho, pero me estoy esforzando.

Adrián la miró, conmovido, y se acercó más a ella.

–Marinette –dijo con suavidad–. ¿Qué es lo que te pasa conmigo? ¿Te... intimido, o algo así?

–¡No, no, no! Es solo que... –Ella enterró el rostro entre las manos–. Me da muchísima vergüenza. No lo puedo explicar.

Adrián sonrió.

–Sigo siendo la misma persona, mira.

Ella retiró las manos y alzó la cabeza para mirarlo. Adrián había formado dos círculos con los dedos de ambas manos y los había situado ante sus propios ojos, como una máscara improvisada.

–¿Lo ves? Con máscara. –Retiró las manos–. Sin máscara. –Volvió a colocarlas–. Con máscara. –Las retiró–. Sin máscara...

–Lo he entendido –sonrió ella–. Pero...

–Ah, espera, serán las orejas, ¿verdad?

Alzó tres dedos de cada mano y se las colocó detrás de la cabeza, emulando sus orejas felinas.

–¿Mejor así? –preguntó con una deslumbrante sonrisa, tan propia de Cat Noir que Marinette se echó a reír.

–Gatito –susurró con cariño.

Lo tomó de las manos y lo besó suavemente en los labios, esta vez sin titubeos.

–Nunca me había sentido tan afortunada –le aseguró.

Él no podía dejar de sonreír.

–Yo tampoco –respondió.

–¿Bajáis de una vez, o qué? –se oyó entonces la voz de Plagg desde el interior.

Adrián suspiró con resignación, pero le guiñó un ojo a Marinette.

Los dos, aún de la mano, entraron en la habitación para reunirse por fin con sus kwamis.


Al otro lado de la calle había un coche aparcado junto a la acera. En su interior, Nathalie examinaba un vídeo que se reproducía en su tableta.

Era todo lo que había conseguido grabar desde allí. Los dos chicos habían pasado un buen rato en el balcón, aunque no habían sido visibles en todo momento desde su puesto de vigilancia, ni había conseguido escuchar nada de lo que decían. En el vídeo se apreciaba, sin embargo, un súbito resplandor verde, y en un par de ocasiones Adrián se había acercado lo bastante a la barandilla como para que ella pudiese grabarlo. También se veía brevemente a Marinette.

Pero había otra cosa que intrigaba a Nathalie. Estaba segura de haber avistado fugazmente algo de color rojo que volaba junto al tejado, aunque había examinado el vídeo varias veces y no lo apreciaba en ningún momento de la grabación. ¿Podía tratarse de un kwami?

El corazón le latió más deprisa. ¿Podría ser Ladybug... la joven Marinette? ¿La hija de los panaderos, la talentosa diseñadora que había llamado la atención de Gabriel Agreste y Audrey Bourgeois? ¿La amiga de Adrián?

La amiga de Adrián. Claro.

Tenía que ser ella, aunque Nathalie no había conseguido pruebas que pudiesen demostrarlo. Pero sin duda su jefe estaría muy interesado en escuchar su teoría.

–Volvamos –le dijo al guardaespaldas.

Ya había reunido suficiente información por el momento, y sospechaba que Adrián no regresaría a casa en un buen rato.

Tampoco podía reprochárselo, de todos modos.


NOTA: Cuanto más se lía la historia en la serie, más tengo la sensación de que la revelación no va a ser un camino de rosas. Espero equivocarme, pero creo que tanto Adrien como Marinette están metiendo mucho la pata sin darse cuenta, y eso les pasará factura tarde o temprano... o no. Por el momento, intento recoger en el fic todo el canon que hay hasta ahora, y tengo la sensación de que ambos se están autosaboteando de forma espectacular. De ahí la revelación semi-dramática. Aunque claro, luego todo se tiene que solucionar. ¡No lo imagino de otra manera! :)

¡Muchas gracias por seguir leyéndome!