Adrián y Marinette se sentaron sobre la cama y observaron con curiosidad a los kwamis. Tikki y Plagg se habían situado uno frente al otro.

–Cuando quieras, azucarillo –dijo Plagg con un guiño y una sonrisa llena de dientes.

Tikki frunció el ceño ante el apodo, pero no replicó.

Ambos inspiraron hondo y se tomaron de las manos.

Y empezaron a cantar.

Adrián y Marinette contemplaron asombrados a los kwamis mientras iniciaban una danza repleta de saltos y giros que los elevaba lentamente en el aire. Aún tomados de las manos, continuaron cantando mientras giraban y giraban cada vez más deprisa; sus pequeños cuerpos comenzaron a iluminarse con un leve resplandor, oscuro en el caso de Plagg y rojizo en el de Tikki. Siguieron bailando y cantando hasta que la luz que los envolvía se hizo más intensa y se fusionó en un único resplandor multicolor que ocultó a los dos kwamis.

Adrián y Marinette se cubrieron los ojos, deslumbrados. Cuando volvieron a mirar, vieron que Tikki y Plagg yacían sobre el edredón, aparentemente muy cansados. El pequeño cuerpo de Tikki estaba rodeado de un halo de color oscuro, y Plagg emitía un leve resplandor rojizo. Marinette alargó la mano para tocar a Tikki, insegura. Adrián tomó a su kwami entre las manos.

–¡Plagg! ¿Te encuentras bien?

El kwami abrió los ojos y lo miró con desesperación.

–¡Oh, no, me mueeeero...! –gimió, y Adrián abrió mucho los ojos, alarmado.

–¡Plagg, no!

–¡...de haaaambreeee! –concluyó Plagg, melodramático.

Adrián suspiró con resignación y le acercó un trozo de queso. El kwami lo olisqueó un poco y revivió al instante para devorarlo, sin molestarse siquiera en darle las gracias.

Marinette estaba ya alimentando a Tikki. Los dos adolescentes cruzaron una mirada y esperaron a que los kwamis terminaran de comer. Entonces Marinette preguntó:

–¿Qué ha pasado? ¿Por qué brilláis de esa forma?

Tikki se miró sus propias manos; aún emitían un leve halo de color oscuro que, sin embargo, parecía que iba perdiendo intensidad poco a poco.

–¡Nos hemos fusionado! –exclamó Plagg muy satisfecho–. Es algo que todos los kwamis somos capaces de hacer, pero la unión entre las fuerzas de la creación y la destrucción siempre resulta mucho más poderosa.

Adrián y Marinette cruzaron una mirada y sonrieron con timidez.

–Pero ¿habéis encontrado a los otros kwamis? –preguntó Adrián.

–Todavía no –respondió Tikki–, pero hemos activado la búsqueda.

–¿Y eso qué quiere decir?

–¡Que ahora somos como un radar de kwamis! –exclamó Plagg–. Y seremos capaces de detectarlos en cuanto nos acerquemos a ellos lo suficiente.

Adrián frunció el ceño, no muy convencido, pero Marinette sonrió ampliamente.

–¡Eso es genial! Entonces recorreremos toda la ciudad hasta que los detectéis. Sé que París es muy grande, pero podemos organizar una búsqueda por sectores y... ¿qué pasa? –preguntó, al ver el gesto abatido de su compañero.

–Yo no voy a poder salir de casa, Marinette. Estoy castigado, ¿recuerdas?

Ella dejó escapar una exclamación consternada.

–Oh, Adrián, lo siento mucho. Pero ¿por qué se enfadó tu padre tanto contigo? No fue culpa tuya que te secuestrara un supervillano.

El chico se encogió de hombros.

–No le hizo gracia que volviera a dar esquinazo a mi guardaespaldas, supongo. Lo hago a menudo, aunque la mayoría de las veces no me escapo para estar con mis amigos, como él piensa, sino porque tengo que transformarme en Cat Noir. Pero, claro, eso no se lo puedo decir.

Marinette frunció el ceño, recordando algo.

–Un momento –murmuró–. Ese villano... Rastreador... no te secuestró por casualidad, ¿verdad? Dijo que tú eras Cat Noir. Yo pensé que se había equivocado, pero... ¡sí que lo sabía!

–Sí, eso parece –respondió Adrián, inquieto–. Ayer por la noche me estuvo siguiendo cuando volvía a casa, y creí que lo había despistado. Pero al parecer pudo seguir mi rastro incluso cuando yo ya no estaba transformado.

–Pero entonces, ¿por qué te dejó marchar?

–No fue él, fue Lepidóptero. Al parecer no se creyó que yo era Cat Noir. Pensó que Rastreador se había equivocado.

–Qué raro –murmuró Marinette–. ¿Por qué haría eso?

–Quizá ya me había descartado como sospechoso. Al fin y al cabo, todo el mundo vio juntos a Cat Noir y a Adrián Agreste durante el ataque de Gorizilla –concluyó con una deslumbrante sonrisa.

Marinette lo miró, perpleja.

–¡Es verdad! Vi las imágenes en las noticias, y estabais... los dos. ¿Cómo lo hiciste?

Aún sonriendo, Adrián se inclinó hacia ella para responder en susurros, como si le confiase un gran secreto:

–Ese Adrián no era yo en realidad, sino Wayem, ese chico que es tan fan mío que hasta se viste como yo.

–Pero... pero si no os parecéis –replicó ella, perpleja–. Oh, espera, él llevaba el casco de moto puesto, ¿verdad? –Lo contempló con admiración–. ¡Qué ingenioso por tu parte!

Adrián se ruborizó ligeramente.

–Gracias. –Trató de centrarse–. En resumen, pienso que por eso Lepidóptero ordenó a Rastreador que me dejara marchar. Tiene lógica, ¿no?

–No lo sé. Te llevó de vuelta a tu casa y después... se desakumatizó, o algo por el estilo.

–Como Daga –recordó de pronto Adrián–. Parece que Lepidóptero tiene el poder de retirar los akumas de sus villanos cuando ya no le son de utilidad, ¿no crees?

–En el caso de Daga, imagino que se debió a que ya había conseguido la caja de los prodigios para él, ¿no? Y Rastreador... ¿fue porque pensó que se había equivocado de persona? Pero entonces, ¿por qué no le dio la oportunidad de volver a intentarlo? ¿Y por qué te llevó de vuelta a casa, en lugar de dejarte por ahí sin más?

Los hombros de Adrián se hundieron ligeramente.

–No lo sé. ¿Crees que se nos escapa algo?

Marinette no contestó. Seguía pensando intensamente, tratando de encontrarle un sentido a todo aquello. Adrián trató de reprimir un bostezo, y ella alzó la cabeza para mirarlo por fin.

–Pareces muy cansado –le dijo, sonriendo con simpatía.

Él le devolvió la sonrisa.

–Sí, ha sido un día muy largo. Pero no te preocupes por mí, milady; tienes toda mi atención.

Marinette echó un vistazo a Tikki y Plagg y descubrió que se habían quedado dormidos sobre la almohada, el uno junto al otro. Sus cuerpos aún brillaban tenuemente.

–Seguiremos mañana, gatito –decidió–. Todos tenemos que descansar.

Adrián bajó la mirada, un poco ruborizado.

–¿Aún quieres que... me quede? Porque no tengo problema en marcharme a dormir a mi casa, si no te sientes cómoda.

Marinette se quedó mirándolo.

–Tú prefieres quedarte aquí, ¿no? –le preguntó con suavidad–. Quiero decir... que no venías solo por las pesadillas.

Él alzó la cabeza para mirarla a los ojos.

–¿Me estás preguntando si me siento a gusto aquí, contigo? Ya sabes que sí, Marinette –respondió con dulzura.

Ella se sonrojó de nuevo.

–Yo... yo también estoy a gusto contigo –confesó–. Además, si mañana no vienes al colegio..., no nos veremos en todo el día.

–Es verdad. Pero...

Marinette le tomó de las manos.

–Puedes quedarte, si quieres. –Inspiró hondo y añadió–: A mí me gustaría mucho que te quedaras.

Adrián le dedicó una sonrisa tan feliz que el corazón de Marinette se puso a latir como loco.

–Gracias, Marinette –dijo él–. Significa mucho para mí.

Ella sintió de pronto unas ganas terribles de abrazarlo con todas sus fuerzas. Titubeó un momento, porque no se atrevía; Adrián todavía le imponía mucho respeto. Pero se obligó a sí misma a mirarlo de nuevo y a recordar que se trataba también de Cat Noir. Y no lo dudó más.

Adrián la acogió de buen grado entre sus brazos.

–Te quiero –susurró ella–. Muchísimo.

Adrián la estrechó contra su pecho, hundiendo el rostro en su cabello, y suspiró.

–Yo también te quiero muchísimo, Marinette.

Permanecieron un rato así, abrazados, temblando de pura emoción, felices de estar juntos al fin. Marinette se sentía como en una nube y, al mismo tiempo, mucho más cómoda de lo que jamás habría creído que estaría en brazos de Adrián Agreste. Pero sentía su presencia tan familiar, tan natural, que le bastó con cerrar los ojos para evocar las noches pasadas junto a Cat Noir. Porque, aunque el tacto de su ropa fuese diferente, todo lo demás era igual: la forma en que sus brazos enlazaban su cintura, la calidez de sus labios sobre la piel de su frente, la sensación de calma y seguridad que le transmitía el simple hecho de poder apoyar la mejilla sobre su hombro.

Así, para cuando apagaron la luz y se tendieron el uno junto al otro, aún abrazados, Marinette estaba ya mucho más relajada.

Charlaron un rato en la oscuridad, intercambiando anécdotas e historias y riendo en voz baja ante las muchas confusiones y malentendidos que su doble identidad les había causado a ambos. Para Marinette era como cualquier otra noche con Cat Noir y, sin embargo, tenía un sentido completamente diferente. Primero, porque ya no eran solamente amigos; y segundo, porque Cat Noir era también Adrián.

–Es todo tan raro –dijo ella al fin, aún acurrucada entre sus brazos, mientras él le acariciaba el pelo con suavidad–. Tengo la sensación de que sigues siendo tú, y a la vez alguien distinto. Alguien a quien creía que conocía, pero resultó que no, y sin embargo cuando intento conocerte mejor descubro que sí que te conocía. –Sacudió la cabeza con perplejidad–. Es bonito, pero da un poco de miedo.

–Yo también me siento igual –confesó él–. Aunque creo que en mi caso estoy más feliz que asustado.

–Me alegro mucho. De que seas feliz, quiero decir. A mí lo que me preocupa en realidad es que todo parece demasiado bonito como para ser verdad, ¿no crees? Tengo miedo de despertar y descubrir que he estado soñando todo este tiempo. Que nada de esto es real. O, que si lo es, es algo demasiado bueno como para durar.

–Es real, milady –respondió él, besándola en la frente–. Y haremos que dure. Después de todo, somos un gran equipo, ¿verdad?

–El mejor, minino –sonrió ella.

Se acomodó mejor entre sus brazos y apoyó la cabeza en su pecho. Echó de menos el suave ronroneo de Cat Noir; pero los latidos del corazón de Adrián y el lento sonido de su respiración bastaron para acunarla hasta el mundo de los sueños.


–Buenos días, bella durmiente –susurró él en su oído.

Marinette refunfuñó y trató de cubrirse la cara con la colcha, pero él la apartó de nuevo.

–Abre los ojos un momento, bichito.

–Nnnno... ¿por qué?

–Para despedirme. Claro que podría haberme marchado sin más, pero la última vez que lo hice me reñiste un poco, así que...

Marinette abrió los ojos por fin y se encontró con la mirada felina de Cat Noir, que le sonreía con ternura. Ella sonrió a su vez.

–Cat Noir... –murmuró, y entonces recordó de golpe todo lo que había pasado, y abrió los ojos del todo–. ¿A... Adrián? –preguntó, dudosa.

La mirada de él se suavizó aún más.

–A tu servicio, milady –respondió con una inclinación de cabeza.

Ella se ruborizó.

–Entonces lo de ayer... no fue un sueño.

–No, no lo fue. Pero tendrás que asimilarlo a solas, por el momento. –Se estiró exactamente igual que un gato y sacudió la cabeza para terminar de despejarse–. Tengo que volver a casa antes de que amanezca del todo y descubran que no estoy. Hoy no podré ir al colegio, pero me acordaré mucho de ti y volveré otra vez a verte por la noche, si te parece bien.

Marinette recordó entonces que Adrián volvería a estar encerrado en su propia casa. Empezaba a comprender por fin lo mucho que le había cambiado la vida el hecho de que el maestro Fu lo eligiese para portar el prodigio del gato. Le sonrió con cariño.

–Podemos ir a dar una vuelta por los tejados, si quieres –propuso–. No hace falta que pasemos toda la noche metidos en mi habitación.

El rostro de Cat Noir se iluminó con una amplia sonrisa.

–Me parece una idea miauravillosa, Marinette. Y quizá podamos aprovechar también para buscar a los kwamis perdidos.

–Tikki y yo podemos empezar esta tarde. Haremos un plan de acción y dividiremos un plano de París en sectores para organizar la búsqueda.

–Suena bien –asintió Cat Noir–. Te veo esta noche, entonces.

Intercambiaron un beso de despedida. Cuando Cat Noir ya se daba la vuelta para marcharse, Marinette lo retuvo.

–Espera. –Dudó un momento antes de seguir–. ¿Puedo... puedo llamarte a lo largo del día? ¿O enviarte mensajes?

–¡Claro! ¿Cómo no? Aunque, espera... probablemente Nathalie me obligue a apagar el móvil durante las clases, para no distraerme. ¡Pero te llamaré yo! –añadió al ver que Marinette se ponía triste–. En la pausa del almuerzo, ¿vale? Y después por la tarde, cuando termines las clases. Y te enviaré mensajes en los ratos libres, y si no me puedes contestar porque estás en clase, no pasa nada, ya los leerás después.

–De acuerdo –asintió ella–, pero no quiero ser una molestia...

–¿Una molestia, tú? –repitió él, como si la idea le resultase absurda–. ¡Para nada! Si por mí fuera, pasaría todo el día contigo. –Suspiró–. Ojalá mi padre no me hubiese castigado. Sería genial ir al colegio, sentarme a tu lado en clase, pasar juntos los recreos...

Marinette sintió una súbita calidez en el pecho.

–Y lo haremos –le aseguró–, ya lo verás. Seguro que a tu padre se le pasará el enfado pronto.

Él le sonrió, aunque no parecía muy convencido.

Compartieron otro beso de despedida y por fin Cat Noir se marchó a través de la trampilla.

Marinette suspiró y observó las primeras luces de la mañana que entraban a través del cristal.

–Aún es muy temprano –murmuró–, pero ya no vale la pena que vuelva a dormirme, ¿verdad, Tikki?

–No –respondió el kwami–. Pero míralo por el lado bueno: hoy no llegarás tarde al colegio.

Marinette suspiró de nuevo.

–Va a ser un día muy largo sin Adrián. Acaba de irse y ya lo estoy echando de menos.

Tikki sonrió, comprensiva.


Cat Noir llegó a su casa y se transformó de nuevo en Adrián justo a tiempo para que no lo descubriera Nathalie, que llamó a la puerta instantes después.

–Veo que ya estás listo, Adrián –dijo ella con seriedad, consultando la tableta–. Te he enviado tu horario de hoy por correo...

–Sí, gracias, ya lo he recibido.

–Lo sé, pero ha habido un cambio: tu padre desayunará hoy contigo.

–¿Cómo? –se sorprendió él–. Pero ¿por qué...?

–Al parecer, tiene algo que hablar contigo. Así que no le hagas esperar.

Nathalie salió de la habitación, dejando a Adrián entre inquieto y esperanzado. Su padre nunca encontraba tiempo para él, así que quería creer que aquello era una buena señal... Pero, por otro lado, cuando quería comunicarle algo de forma urgente no solían ser buenas noticias.

Cruzó una mirada con Plagg, y entonces se dio cuenta de que su pequeño cuerpecillo aún emitía un ligero resplandor rojizo.

–¿Ahora te vas a quedar así para siempre? –le preguntó sonriendo.

Plagg se miró a sí mismo.

–Pues no debería, sobre todo ahora que no estoy con Tikki. ¡Hey, esto es una buena señal! Significa que no estamos lejos de los otros kwamis.

El corazón de Adrián se detuvo un breve instante.

–¿Cómo... de lejos crees que estamos? –preguntó con inquietud.

Pero Plagg se encogió de hombros.

–No sabría decirte; en estas ciudades modernas, con tanta gente viviendo junta, unos encima de otros... podría ser cualquier edificio de los alrededores. Pero están en este barrio, sin duda.

Adrián cogió el móvil para llamar a Marinette y contárselo; pero entonces vio la hora, se acordó de que su padre lo estaba esperando y decidió dejarlo para más tarde.

Plagg se ocultó en su camisa, como siempre, y Adrián comprobó con alivio que el halo luminoso que lo rodeaba era tan tenue que no se veía a través de la tela.

Se reunió con su padre en el comedor. Gabriel Agreste ya estaba sentado a la mesa y examinaba una tableta con gesto serio. Alzó la cabeza, sin embargo, al oír entrar a su hijo.

–Buenos días, padre –saludó el chico.

–Adrián –respondió él–. Siéntate.

Él tragó saliva, preocupado. Pero obedeció.

Nathalie le sirvió la bandeja con el desayuno. Cuando Adrián alzó la taza de leche, la mirada de Gabriel Agreste se desvió brevemente hacia el anillo que adornaba su dedo.

–Tengo que hablar contigo acerca de lo de ayer.

Adrián inspiró hondo.

–Quiero pedirte disculpas, padre –soltó–. Te prometo que no volverá a suceder. Si pudiese volver al colegio, yo...

–No volverás al colegio, es demasiado peligroso –cortó Agreste, y Adrián sintió que se le caía el alma a los pies.

–Pero...

–Es una medida de seguridad, hijo. No lo consideres un castigo. Después de todo, y aunque te cueste creerlo... yo también tuve catorce años una vez –concluyó con una leve sonrisa.

Sí, a Adrián le costaba creerlo. Sin embargo, algo en el tono de voz de su padre le hizo alzar la cabeza para mirarlo con curiosidad.

–Me he informado sobre el incidente de ayer, y qué fue lo que te llevó a burlar a tu guardaespaldas una vez más.

Los dedos de Adrián se cerraron instintivamente sobre su anillo antes de recordar que en esta ocasión no había dado esquinazo al Gorila para actuar como Cat Noir. El gesto, sin embargo, no pasó desapercibido a su padre.

–Esa chica con la que estabas... Marinette, ¿verdad? La de la panadería.

Adrián se tensó ligeramente.

–¿Sí? –preguntó con cautela.

–¿Es tu novia?

Adrián inspiró hondo. Aún no se sentía preparado para hablar de su relación con Marinette, y menos con su padre.

–Yo... n-no sé...

–¿Te gusta? ¿Estás saliendo con ella? –insistió Gabriel–. Es así como se dice ahora, ¿no?

–S-sí, pero...

–Y por eso te has estado escapando todo este tiempo... para estar con ella, ¿verdad?

Adrián abrió la boca, pero no supo qué responder. Podía decir que sí, y alejar definitivamente las sospechas de su padre sobre su actividad superheroica... pero entonces quizá él le prohibiría volver a ver a Marinette.

No obstante, pensó de pronto, ya estaba castigado de todas formas. Y podría seguir reuniéndose con ella por las noches, como Cat Noir.

–Sí, padre –respondió–. Lo siento.

Él le dirigió una mirada indescifrable. Por fin suspiró, inclinó la cabeza y se sujetó el puente de la nariz con los dedos, como si estuviese sufriendo un ligero dolor de cabeza.

–Confieso que esperaba que eligieses mejor.

–¿Mejor? –repitió Adrián, deseando haber malinterpretado a su padre.

–No te faltaban candidatas a tu altura, hijo. Sé que aún eres buen amigo de la señorita Bourgeois, cuyos vínculos familiares son... interesantes y más que convenientes para nosotros.

–¡Pero...!

–Comprendo, sin embargo, que tiene un carácter... difícil. Kagami Tsurugi, por otro lado, parece una joven mucho más centrada. Y sabe comportarse. Nadie ha dejado de notar lo buena pareja que hacéis cuando se os ha visto juntos en público.

–¿Vas a elegir también a mi novia por mí, padre? –preguntó Adrián a media voz, tratando de contener su ira.

Gabriel se quedó mirándolo un instante. Después negó con la cabeza.

–Por supuesto que no. Solo expresaba mis... preferencias. No eres un adolescente cualquiera, Adrián. Eres mi hijo, el heredero del imperio Agreste. Y respetaré tus elecciones, siempre y cuando tú tengas en cuenta que tu pareja será el foco de todas las miradas, y vuestro comportamiento tendrá consecuencias sobre la marca Agreste. Es todo.

Adrián inclinó la cabeza, preocupado.

–¿Crees que Marinette estará a la altura? –siguió preguntando Gabriel, esta vez con más amabilidad.

–Sé que lo está –respondió el chico–. Es solo que...

Que la quería con todo su corazón, y en cierto modo deseaba mantenerla a salvo del mundo en el que él había crecido. Sabía lo cruel que podía resultar a veces.

«Pero ella es Ladybug», recordó de pronto.

Alzó la cabeza.

–Por supuesto que Marinette dará la talla –replicó–. La pregunta es... si nosotros, los Agreste, estaremos a su altura.

Gabriel entornó los ojos, y Adrián deseó haberse mordido la lengua. Lo único que conseguiría desafiando a su padre sería que él le prohibiese salir con Marinette, igual que había hecho con Nino.

–Quiero decir... –trató de arreglarlo, pero Gabriel lo interrumpió:

–Sé lo que quieres decir. Marinette no es una chica cualquiera. Es una diseñadora muy talentosa, y ser la novia del heredero Agreste podría influir muy positivamente en su carrera... para bien o para mal.

Adrián se puso en pie de un salto.

–¿Insinúas que Marinette está conmigo... por interés?

En ese caso, las palabras de su padre eran sumamente crueles. No solo por lo que decía de Marinette, sino también porque sugería que Adrián no era digno de ser amado por lo que era, sino solo por el apellido de su familia.

Gabriel Agreste agitó la mano en el aire, como para alejar esa idea de sí.

–Por supuesto que no. Pero es lo que algunas personas pensarán. ¿Estará Marinette preparada ante ese tipo de rumores y acusaciones? ¿Lo estarás tú?

Adrián se sentó de nuevo, abrumado.

–No... no lo sé –confesó al fin.

Agreste lo miró durante un largo rato. Después sonrió.

–Quizá deberíamos hablarlo con ella.

–¿Cómo dices? –se sorprendió el chico.

Gabriel se volvió hacia Nathalie, que esperaba junto a la puerta en silencio.

–Invita a comer a la señorita Dupain-Cheng para hoy a mediodía –ordenó.

–Pero... –trató de protestar Adrián.

–Tiene que ser un almuerzo ligero, porque ella deberá volver a clase después. También informal; no queremos que se sienta intimidada –añadió con una breve sonrisa; se volvió hacia Adrián, que seguía mirándolo, atónito–. Sé que en los últimos tiempos he estado... ocupado y distante. Lamento que me hayas ocultado que tenías novia, pero lo entiendo, en cierto modo. Por eso quiero implicame más en tu vida, conocerla mejor... Sin duda es una chica especial; si no, no te habría robado el corazón.

Adrián se sonrojó un poco, pero sonrió, animado ante el interés de su padre.

–Gracias, padre. Sí, Marinette es muy especial. Y estoy seguro de que te encantará en cuanto la conozcas un poco mejor.

Agreste colocó una mano sobre el hombro de su hijo.

–Lo sé. No me cabe duda de que posee muchas cualidades... extraordinarias –murmuró con una sonrisa.


NOTA: ¡Ya no queda mucho para el final! Muchas gracias por seguir leyendo. Alguien me preguntaba por historias para futuros fics. Sí me gustaría seguir escribiendo más, porque soy muy fan de Adrien y Marinette (en todas las esquinas del cuadrado, aunque tengo mis preferencias, claro). Es por ellos por lo que escribo fanfics, así que seguirán siendo los protagonistas de mis historias. Otras parejas aparecerán solo si son canónicas en la serie, y los personajes irán saliendo en las historias en la medida en la que sean importantes en el canon también y vayamos conociéndolos mejor. O sea, que ships como Lukanette y Adrigami aparecerán en mis historias si son canon también en la serie, o al menos la relación de la pareja principal con Luka y Kagami reflejará el canon en un sentido o en otro, no sé si me explico. Por eso en este fic se menciona más a Luka y Kagami que en los anteriores, porque ahora YA son parte de la historia de Adrien y Marinette y yo no puedo ignorar eso :). Pero again, todo depende del canon. Otras posibilidades como Nathaniel x Chloe ni las considero porque hasta el momento no hay evidencias de que eso pase o pueda pasar en la serie, así que no lo reflejaré en mis historias. Me parece bien que otros lo hagan, pero yo prefiero ceñirme al canon :). Lo único que espero es no volverme repetitiva debido a esto. Pero en fin, si os terminan aburriendo mis fics y no os apetece seguir leyéndolos, no pasa nada, lo entenderé perfectamente :).