Firia y Nirusui fijaron sus miradas en mí a medida que me acercaba al punto desde el cual era capaz de escuchar a mis hermanos desde sus respectivos hogares en la cueva.

Firia podía llegar a ser intimidante por su constante necesidad de no sonreír. Y sus ojos negros solo reforzaban esa sensación. Sin embargo, su aspecto físico daba la sensación contraria, pareciéndose mucho más a mí que cualquiera de los demás miembros de la familia. Tenía la misma melena que envolvía su cuello, con un grueso mechón de pelo entre sus dos puntiagudas orejas y una espesa cola; todo de un color amarillo apagado. Lo que la diferenciaba de mí era su altura, el cual era tres veces la mía, el pelaje rojo y la cola, que era bastante más larga. Tenía la costumbre de mantenerla siempre levantada, lo que daba la sensación de tener una llama casi blanca rodeándola como un aura.

Por otro lado, Nirusui era la viva contraparte de Firia. Más calmada y con una mirada menos intensa a pesar de que también eran negros. Era la única de toda la familia que no tenía pelo en su cuerpo, sino unas elegantes escamas celestes por todo su cuerpo. Sus orejas eran dos aletas amarillas y de su cabeza salía una tercera aleta que no estaba relacionada con las otras. Alrededor de su cuello tenía una gorguera blanca y justo debajo salía una fila de picos escamosos que finalizaban en una cola increíblemente larga y pesada que terminaba en una nueva aleta. Todo diseñado para poder moverse como un pez en su entorno natural. Si no supiera que era mi hermana, jamás la habría asociado como a un Pokémon salido de mi especie.

Me senté sobre una marca que dejé para indicar el lugar adecuado desde el que escuchar las voces de mis hermanos.

—Has llegado relativamente rápido —dijo Firia relajando su rostro serio—. Pensaba que tardarías más en acudir a la llamada.

Ladeé la cabeza.

—¿Dudabas de la eficacia de los poderes de Massara?

—No. Más bien de cuánto tardarías en siquiera poner rumbo de vuelta a casa. —Fruncí el ceño—. No me malinterpretes, sabíamos que estabas reunida con tus amigos del bosque y pensábamos que estarías más tiempo con ellos antes de venir aquí.

—Hemos vuelto a quedar más tarde, siempre y cuando esta reunión que nos ha juntado a todos no sea larga.

—Bueno, todo depende de Zikay —comentó Nirusui—. Sigue siendo increíble que sea el Pokémon más veloz del bosque y que siempre sea el último en aparecer. Tendremos que esperarlo un poco.

No pasó ni medio minuto desde que se nombró al hermano faltante que las tres sentimos que Zikay ya había llegado. Firia y yo éramos las que más lo notábamos porque se nos erizaba el pelaje cuando andaba cerca usando sus habilidades. Aquella no fue una excepción.

Zikay entró en la sala de reuniones como un rayo, echando chispas en todas direcciones. Instintivamente, me puse a cubierto y me aparté de la supuesta dirección que había calculado al escucharlo detrás de mí. Firia y Nirusui se encargaron de neutralizar el proyectil eléctrico con sus habilidades y vi como Nirusui se metía en su piscina de agua y expulsaba un gran y poderoso torrente que golpeó con fuerza a Zikay, empujándolo a un lado. Firia apagó el torrente de llamas que estaba a punto de usar para detener su avance.

Zikay se recuperó del impacto del agua de Nirusui con bastante normalidad. Solo estaba un poco mareado. Su pelaje estaba erizado, formando una gran cantidad de pinchos por todo su cuerpo. Prácticamente no había ninguna parte que no estuviera cubierta por uno, incluso la parte blanca que simulaba ser una melena como la mía o la de Firia. Zikay dio una vuelta sobre sí mismo, expulsando una débil onda eléctrica a su alrededor. A pesar de eso, su cuerpo seguía emitiendo pequeñas chispas.

—Siempre intentando ser el centro de atención —dijo Firia seriamente—. ¿Se puede saber dónde estabas? Llegas tarde.

—¿Qué quieres que haga? Massara tendrá unos poderes psíquicos increíbles, pero su telepatía es menos efectiva contra más lejos está el que debe recibir el mensaje. Y mira tú por donde, en ese momento yo estaba en el otro extremo del bosque. —Zikay se sacudió y pisoteó el suelo, soltando más chispas con cada movimiento—. Uf, todavía estoy sobrecargado. Por cierto, me gusta tu nuevo aspecto. Más puntiagudo de lo normal.

Firia lo fulminó con la mirada, haciendo que algunas burbujas de lava explotaran y lanzaran gotas cerca de Zikay. Él esquivó el ataque contenido de Firia en un abrir y cerrar de ojos, literalmente. Zikay enseñó a Firia su mejor sonrisa y una corta risa traviesa. Emocionalmente, ambos eran opuestos. Firia rara vez sonreía (en público, por lo menos) y Zikay casi no había un instante en el que no se estuviera riendo. Eso llevaba en ocasiones a peleas entre ambos con un vencedor distinto en cada ocasión. Me costaba ver a mi hermano como un digno luchador con una personalidad más orientada a divertirse que a competir. Pero Firia me lo había dejado claro: no se debía subestimar a un Jolteon, fuera cual fuera.

—Pues descárgate, ¿quieres? Tu electricidad estática nos está molestando tanto a mí como a Nevui.

Zikay me dirigió una mirada y estalló en carcajadas. El pelo erizado se notaba en mí mucho más que en Firia. Parecía una bola de pelo marrón.

—Me había olvidado de eso.

—Zikay, por favor —dijo Nirusui.

El Jolteon contuvo unas cuantas carcajadas más y empezó a calmarse.

—Está bien, está bien. Ahora me descargo. Perdona por la molestia, hermanita.

No respondí. Solo quería que parase.

Zikay se dirigió a la tarima con las gemas cargadas de electricidad y las tocó con las patas delanteras. Acto seguido, traspasó una gran cantidad de electricidad a la piedra que se iluminó con un tono verdoso a la vez que diminutos rayos aparecían y desaparecían en su interior. Poco después, la piedra regresó a su estado original.

Con eso, mi pelaje y el de Firia regresó a su estado natural. Yo me tuve que acicalar un poco y a Firia le bastó sacudir todo el cuerpo para devolverlo a su forma original.

—Pues ya estaría —dijo Zikay sentándose en la tarima—. Si aún se os queda algún pelo levantado, no es culpa mía.

—Siempre es culpa tuya cuando se trata de esto —replicó Firia—. Pero dejémoslo estar; no es la razón por la que he mandado tener una reunión familiar.

—Claro, claro. ¿Y por qué lo has hecho, entonces? —inquirió Zikay—. Estaba en medio de unas pruebas cuando me llegó el mensaje de Massara. ¿Es algo grave?

—Quizá. Pero lo será tanto como nosotros queramos. Si nos anticipamos y preparamos, será el menor de nuestros problemas.

—¿Y de qué se trata? —pregunté.

—Humanos.

Un mecanismo de autodefensa estuvo a punto de encenderse al escuchar aquella palabra. Me habían contado lo peligroso que era los humanos para cualquier Pokémon del bosque, especialmente para un Eevee como yo. Firia decía que nuestra especie era muy preciada para ellos.

—Yo no veo nada raro en los humanos —dijo Zikay restándole importancia—. Los he visto más veces que a la familia.

—¿Y no te has percatado de nada extraño en su comportamiento? —preguntó Firia con un claro mensaje oculto.

Pero hablábamos de Zikay. La perspicacia no era uno de sus puntos fuertes. Y como era de espera, aquella vez tampoco lo adivinó por mucho que lo intentara.

Firia no quiso alargar el asunto más de lo necesario.

—Me he reunido con los jefes de algunas manadas cercanas a nuestra cueva y todos me han informado de que han llegado a toparse con humanos en sus respectivos territorios del bosque. Supongo que ya sabéis lo que eso significa.

—Oh, ahora te sigo. Aunque, en mi defensa, los humanos que más suelo ver no se han adentrado nunca en el bosque. ¿Será su temporada de captura de Pokémon?

—Es posible, aunque el motivo de que anden por la zona más interna del bosque no importa —dijo tajante Firia—. Lo relevante está en cuánto nos afecta y cómo debemos actuar al respecto.

—¿No deberían saberlo también los demás miembros de la familia? —pregunté—. No entiendo por qué solo nos hemos reunido los cuatro.

—Les informaremos después de la reunión —respondió Nirusui—. Pero no te preocupes por ellos; saben cuidarse ellos mismos.

—Además, mandé reunir a nuestra hermandad natural para algo más que alertar a los presentes, y es acordar lo que podrás o no podrás hacer de ahora en adelante —añadió Firia.

Me sentí incómoda. Firia era muy estricta imponiendo normas de comportamiento y era muy capaz de prohibirme abandonar la cueva hasta que pasara la temporada de captura para los humanos o, simplemente, hubieran transcurrido días, incluso semanas, después de que se viera a uno cerca de nuestro hogar o de los territorios de los demás Pokémon. Hasta se atrevía a poner a cualquier miembro de la familia como vigilante con tal de asegurarse de que cumplía dichas reglas.

—Nevui, sé lo que estás pensando —dijo Nirusui al ver mi cara de preocupación ante las palabras de Firia—. No tienes nada que temer. Me he encargado de que Firia sea un poco más permisiva de lo que suele ser en cuanto a las acciones que hay que hacer para protegernos.

—¿Seguro que lo has conseguido? —pregunté poco convencida.

—Bueno…

—Lo ha hecho —confirmó la propia Firia—. Sin embargo, mi flexibilidad tiene un precio, uno que quizá no te guste.

Cerré los ojos, aceptando sin decir nada las condiciones de la Flareon. Ya era todo un logro que hubiera accedido a no ser tan severa con sus reglas.

—¿Cuáles son tus requisitos? —pregunté.

—Si quieres continuar quedando con tus amigos del bosque, deberás asistir a clases teóricas con casi todos los miembros de la familia.

Ladeé la cabeza, sorprendida y extrañada a partes iguales.

—Esas clases serán para… —Nirusui no terminó la frase. Se la veía incapaz de decirlo con su característica tranquilidad.

—Ah, es para despejar sus dudas sobre la evolución y ayudarla a tomar una decisión rápidamente, ¿verdad? —terminó Zikay por ella.

—Vaya momento has elegido para ser perspicaz —se quejó Nirusui.

Me quedé en silencio. En mi interior, estaba furiosa. Parecía que aquel día era perfecto para que mi incertidumbre sobre si evolucionar o no fuera en tema principal en cualquier situación, ya fuera por accidente como ocurrió con mis amigos como por obligación como en ese mismo instante. Mis hermanos también sabían lo poco que me gustaba que ese tema saliera a la luz a menos que fuera yo misma la que optara por hablar de ello. Y Firia había cruzado la línea. No solo por haber sacado el tema, sino porque me estaba imponiendo esa norma para poder salir de la cueva.

No me pude contener y la furia emergió.

—¿Qué clase de condición es esa? —pregunté llena de ira. Firia, Nirusui y Zikay me miraron—. ¿Por qué tengo que decidir sobre mi evolución solo para poder abandonar la cueva como he estado haciendo hasta ahora? ¿Qué sentido tiene?

—Uno de bastante peso —se limitó a decir Firia.

—¿Cuál? —inquirí aumentando aún más mi furia—. Todos sabéis cuál es mi opinión sobre este tema y acordamos que no hablaríamos de ello a menos que yo quisiera. ¡Y tú quieres que decida por la fuerza! ¡Me estás obligando a hacer algo en contra de mi voluntad!

—No es eso, Nevui —trató de tranquilizarme Nirusui—. Solo queremos que veas nuestros puntos de vista como Eevee evolucionados. No pretendemos que decidas cuanto antes una evolución.

—¡Ni siquiera sé si quiero evolucionar! —repliqué. Mi enfado se redujo un poco porque no me sentía bien gritando a Nirusui, quien había tenido buenas intenciones en todo momento.

—¡Suficiente!

La lava reaccionó ante la simple pero poderosa palabra salida del hocico de Firia y decenas de gotas volaron en todas direcciones. La mayoría de ellas bañaron su tarima y contemplé como la Flareon pisaba la roca fundida como quien ponía el pie en un charco de agua. Algunas de las gotas cayeron en la piscina de Nirusui, produciendo vapor por unos segundos antes de convertirse en piedras a medida que se hundían en esta.

Todos nos callamos, el silencio solo roto por la conversión de las gotas de lava en piedras en la piscina de Nirusui y las burbujas estallando en la de Firia.

Entonces, Firia volvió a hablar.

—Estas son mis condiciones, Nevui. Si no las aceptas, prepárate para no salir de la cueva en una larga temporada. ¿Es eso lo que quieres?

«¡Si así consigo que no decidas por mí, por supuesto!», grité mentalmente. Quería decirlo casi como una necesidad, pero no estaba cegada por la ira y mi propia cabeza me recordó lo malo que sería responder de esa manera. No me gustaba estar encerrada.

No me quedó más remedio que ceder.

—Está bien, tomaré las clases —contesté sin reducir el tono de ira—. Aunque creo que no necesitaré que me enseñes la vida de una Flareon. Si ser esa evolución es acabar como tú, definitivamente no quiero tener nada de esa vida.

Nirusui, incluso Zikay, se preocuparon ante mi respuesta. Ambos miraron a Firia, la cual solo parecía haberse quedado con que había aceptado sus condiciones e ignorado todo lo demás.

Jamás había odiado tanto a mi hermana.

Entonces, nuestros oídos captaron el sonido de unos pasos. Sin previo aviso, un Pokémon de pelaje blanco y rosa entró en la sala. Tenía los ojos azul pálido y dos lazos, uno en el cuello y otro en la oreja izquierda, de las cuales salían dos cintas tan largas como su propio cuerpo. De hecho, los tenía pegados a este, uno de ellos incluso enroscado en una de sus patas delanteras. Su presencia hizo que mi ira desapareciera casi por completo, resultando en poco más que una molestia.

—Oh, lo… lo siento —dijo el Pokémon encogiéndose y retrocediendo un poco—. Sin querer he tomado el camino que no debía. Todavía no conozco todos los túneles de la cueva. Por favor, perdonadme.

—No pasa nada, Faeris —la calmó Nirusui—. Creo que tu presencia nos ha beneficiado más de lo que imaginas. —Miró a Firia como si tratara de enviarle un mensaje telepático igual que haría Massara.

—Aunque has interrumpido una reunión de una hermandad natural —dijo la Flareon—. Ten más cuidado la próxima vez.

—S-Sí. Lo tendré en cuenta. Lo prometo.

—Nevui, querida, ya puedes irte. Mañana empezarás conmigo, ¿de acuerdo?

Asentí, pero me quedé con la cabeza bajada. Seguía molesta por la reciente conversación y no trataba de ocultárselo a Faeris, quien seguía en la sala temerosa de irse sin la autorización de uno de mis hermanos. Los dejé a todos ahí y volví a la superficie, a mi parte de la cueva.

El olor de las bayas hizo que me olvidara por un tiempo de la reunión y me centrara más en llenar el estómago. Desconocía cuánto tiempo había permanecido hablando con mis hermanos, o cuánto había tardado en llegar hasta la parte más profunda de la cueva después de pasarme por la mayoría de las habitaciones de los demás miembros de la familia. De modo que comí rápido para no dar el mensaje falso e indirecto a Zilgus de que no iba a volver a reunirme él.

Como Zilgus y yo no acordamos una posición del sol aproximada que creyéramos correcta para volver a vernos, esperé en solitario en el árbol donde siempre quedábamos mis amigos y yo. Estuve sentada junto al árbol por bastante rato antes de que unos extraños ruidos entre la maleza de pusieran en alerta y viera el pelaje cremoso del Linoone.

Nada más verme, Zilgus se acercó velozmente.

—¿Llevas mucho tiempo esperando? —preguntó.

—Bastante.

—Perdona, no sabía cuánto tardaría tu reunión y, aparentemente, yo también tuve una en mi manada.

—¿De verdad? —dije con las orejas levantadas—. Déjame adivinar, tiene algo que ver con los humanos.

—Supongo que tu reunión con tus hermanos también ha tenido algo que ver con ellos, ¿verdad?

Miré a otro lado, recordando la conversación que tuve con Firia, y asentí.

—Sí —respondí.

Zilgus ladeó levemente la cabeza, captando el tono con el que le había confirmado su deducción.

—No parece que ese fuera el único tema que tratasteis. —Se me acercó hasta sentarse justo a mi lado—. ¿Quieres hablar de ello?

Volví a asentir. A pesar de que no me gustaba el tema principal, Zilgus era de los pocos, sino el único con el que me mostraba más abierta a hablar sobre la evolución.

—Pero, ¿podemos ir a la orilla del río? —pedí—. Las bayas que me he comido recientemente me han dado sed.

Zilgus aceptó y nos dirigimos al río. Estaba lejos del árbol, pero lo bastante cerca como para no sentir que nos alejábamos más de lo debido de nuestros respectivos hogares. Pronto escuchamos el ruido de una corriente de agua y, acto seguido, vimos el propio río. Era ancho y algo profundo en el medio, ideal para que algunos Pokémon nadasen sin problemas en sus aguas.

Me acerqué cautelosamente a la orilla, la cual para llegar a esta había que descender por una pendiente no muy inclinada, pero sí resbaladiza. Cuando me aferré bien al suelo, bebí hasta saciar mi sed. Luego regresé con Zilgus el cual se había sentado junto a un árbol cuyas raíces sobresalían de la tierra y el tronco estaba inclinado hacia el río como si buscase beber agua desesperadamente.

—¿Te sientes mejor? —se quiso asegurar Zilgus.

—Sí.

—Bien. Háblame de lo que ocurrió en la reunión. Tienes pinta de querer desahogarte.

—No quiero lanzar toda mi ira contra ti, Zilgus —dije como si me hubiera molestado—. Tú no tienes culpa de nada.

—Pero si no lo haces, me privarás del dulce tono con el que siempre hablas —dijo él con una pequeña sonrisa—. No me gusta verte con una cara de enfado. No pega contigo.

Oculté una sonrisa. Desde que evolucionó, la mentalidad de Zilgus había cambiado mucho, pasando de tratarme como una amiga a algo más parecido a una hermana pequeña. Y eso que nacimos casi a la vez. Al principio me resultó extraño, incluso molesto. Pero pronto empecé a verlo como el Pokémon con quien más podía compartir mis emociones. Estaba ahí para todo lo que podía necesitar: me escuchaba, me daba consejos de vez en cuando y siempre procuraba que me sintiera bien, que fuera feliz. En parte, era como el complemento ideal a la interminable felicidad de Zikay, solo que Zilgus sabía cómo tratar con los Pokémon, algo que Zikay no tenía.

Le conté al Linoone, sin entrar en muchos detalles, sobre la reunión que tuve con mis hermanos. Su reacción fue la que me esperaba: omitió la parte de los humanos como si la hubiera escuchado demasiadas veces en un solo día y se centró en el tema de la discusión con Firia. Me pidió que me explayara más para que pudiera dar un punto de vista que no desprestigiase a mi hermana.

—No soy el más indicado para decir esto, pero creo que tu hermana Firia hace bien en que hagas esas clases para conocer la vida de tus hermanos como evoluciones que son —dijo después de procesar la información que le había dado—. Ciertamente, no estoy de acuerdo en cómo te ha impuesto esa condición —añadió rápidamente al verme dirigiéndole una mirada fulminante—, pero creo que tiene un trasfondo que no has visto o no has dejado que explicara.

—Firia no explica nada —repliqué—. Actúa según ella cree conveniente.

—¿Eso crees? He tenido pocas oportunidades de conocer a tu hermana cuando era un Zigzagoon y no he parado de verla como la encargada de velar por la seguridad de tu familia. ¿Por qué iba a ser una excepción el tema de tu evolución?

Aunque me costara admitirlo, Zilgus tenía razón. Firia era todo lo seria y cabezota que uno podía imaginarse, y sus métodos quizá no los más adecuados, pero siempre vigilaba que la familia estuviera feliz y actuaba como protectora en los casos donde un miembro con un problema no era capaz de solucionarlo. Incluso fue de las primeras en aceptar a Faeris como miembro de la familia. Sin embargo, seguía sin entender sus intenciones de dar clases por el simple aumento de humanos en el bosque.

—Tienes pinta de saber qué le pasó por la cabeza a mi hermana para imponerme esas condiciones. ¿no podrías aclarármelo?

Zilgus rio.

—No soy un Pokémon psíquico con la habilidad de meterme en la mente de otros e indagar qué ocurre en su interior. Y, si lo fuera, dudo que consiguiera algo. —Miró el río—. No puedo darte las respuestas que buscas, solo la que más habrás escuchado de la boca de tu familia: lo hacen por tu bien.

—Tienes razón. Eso lo he escuchado mucho.

Zilgus volvió a mirarme.

—Pero seguro que te sienta mejor que te lo diga yo ahora que ellos antes, ¿verdad?

Me encogí un poco.

—Sí.

—Lo suponía —dijo con una sonrisa—. Creo que lo mejor que puedes hacer para al menos entender por qué tu hermana puso esa condición es preguntándole directamente. Y si no, a otro miembro de tu familia. Dudo que haya decidido algo sobre un tema tan delicado para ti por su cuenta. —Lo miré como si acabara de decir una estupidez peor que apagar fuego con hojas de árbol secas—. Bueno, tal vez ella sí sea capaz de ello, pero tus hermanos habrán tenido la necesidad de controlarla un poco, al menos, ¿no crees?

Asentí. En la reunión, Nirusui había sido la que más quería explicar las cosas a pesar de mi enfado y de la consecuente reacción de Firia. Si quería despejar mis dudas, ella era la mejor opción.

—Gracias, Zilgus. Esta conversación me ha ayudado a tranquilizarme y a pensar mejor las cosas. Ahora sé qué he de hacer para conseguir las respuestas que quiero.

—Me alegro de haber sido de ayuda. Si surge algo más de lo que quieras hablar conmigo, no te lo guardes. Estaré a la misma posición del sol de siempre en el árbol. Y si esas clases ocupan toda la mañana, volveré después de comer.

—De verdad, gracias por todo lo que haces por mí, Zilgus. A veces pienso que te excedes.

—No hay exceso cuando se trata de asistir a mi mejor amiga —dijo Zilgus enorgullecido—. No he sobrepasado ningún límite… todavía.

Solté una corta carcajada. Algo me decía que el Linoone era capaz de resultar empalagoso cuando solo busca ayudar a otros. Podría llegar a ser molesto, pero, por mi parte, lo soportaría.

Después de la conversación, Zilgus y yo tuvimos nada más importante de lo que hablar más allá de cómo tendría que actúa él en su supervivencia ante la temporada de captura Pokémon de los humanos y del poco interés de estos por su especie, casi hasta el punto de aborrecerlos. La verdad es que sentí envidia.

Pronto el sol empezó a emitir su clásica tonalidad anaranjada, señal de que estaba a punto de dar paso a la oscuridad de la noche. Zilgus y yo nos despedimos y regresamos a nuestros respectivos hogares. Yo volví con la cabeza aún procesando todo lo sucedido aquel día y tratando de no pensar constantemente en ello. Después de un día tan intenso, lo que más necesitaba en ese momento era dormir plácidamente.