Disclaimer: Todos los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.
OS2: Cena en la oficina del Hokage.
-.-Hokage Desk-.-
—N-Naruto-kun.
Estuvo a punto de caérsele los párpados a causa del cansancio, pero una voz suave lo hizo reponerse en su silla. Se restregó los ojos con la dorsal de la mano para despabilarse, y emitió un sonoro bostezo. Agudizando mejor la vista, se sorprendió encontrarse a Hinata en el umbral de la puerta. Su esposa le sonreía muy tiernamente como siempre, y lo que más le llamó la atención, fue que llevaba un objeto envuelto con una tela naranja entre sus manos. Su expresión se suavizó.
—¡Hinata!
—Debes estar muy cansado.
—Estoy bien —se rió ingenuamente al pararse de la silla—. Sólo que no pensé que hubieran tantos pendientes.
—Comprendo —dijo preocupada devolviéndole la sonrisa—. No quisiera molestarte.
—¡Claro que no! —exclamó rápidamente—. Es todo lo contrario. —Se acercó a ella y guiándola hacia el interior, cerró la puerta con un pie—. Me alegra que estés aquí-ttebayo.
—Dejé a los niños durmiendo, y pues… —Se sintió algo nerviosa al acomodarse el cabello con una mano—, me imaginé que no cenaste.
Sintió su otra mano extendida hacia él. Le mostraba aquella tela naranja con el símbolo del remolino impreso. Muchas veces había sido entregada por su hijo, y le encantaba que sea Hinata quien personalmente se lo dé. Era un sentimiento muy especial que le recorría el pecho al verla tan dedicada a su familia, y sobretodo, que se haya tomado la molestia de llegar hasta la oficina a esas horas.
Tanto los ninjas a su cargo como su familia, eran libres de entrar o salir de la mansión del Hokage cuando quisieran, y su oficina se llegó a convertir en una sala de reuniones familiares cuando no tenía muchas actividades; sin embargo, preferían mantener su ámbito personal en casa. En particular, este instante lo encontró agradable, ya que hace algunas noches no llegó a casa a dormir por la responsabilidad de los exámenes Chunnin de ese año, pero ahí se encontraba Hinata, para apoyarlo.
Ella siempre comprendía la situación.
—Aunque —agregó Hinata—, me pareció ver a Shikamaru-san en la tienda de Ramen.
—¿Eh? Bueno. —Se rascó la nuca nerviosamente—. No siempre como Ramen en la noche… o mejor dicho —se rió.
—Naruto-kun —advirtió en un mohín de inflar las mejillas.
—Intento comer saludable, pero…
La risa de Hinata invadió el lugar, al igual que sus oídos. Aunque delicadamente se tapó la boca con una de sus manos, no puedo evitar hacerlo sonreír también. No importaba cuantos años tuviera, seguía siendo tan hermosa como siempre.
—¿Sabes?
Obtuvo su atención nuevamente. Caminando junto a ella, la guio lentamente hacia el escritorio principal, cerca de la ventana. Naruto estaba familiarizado con sus visitas a la oficina, sólo que muchas de ellas no ocurrían en la noche, pero agradecía mentalmente su iniciativa de ir a visitarlo. No le importaba ni el mayor de los cansancios, si era Hinata a la que debía atender.
Con una mano se encargó de tomar la caja de comida, que dejó a un extremo de la superficie. Una vez que estuvo en un lugar seguro, la tomó por los hombros, acercándola hacia él. Pudo sentir su respiración y vio ese sonrojo en sus mejillas.
—Naruto-k-
—Tu comida es mil veces mejor que el Ramen-ttebayo.
—Gracias —dijo nerviosa al bajar la mirada—. Te esfuerzas tanto por todos.
—No. —Negó con la cabeza y le guiñó un ojo—. Gracias a ti, por comprender.
No le respondió, pero si la notó sonreír. Al no resistirse más al juego de miradas en el que se enfrascaron, acabó con ese espacio entre sus rostros, y capturó sus labios. Se sentía el hombre más feliz del planeta que su esposa se encontrara a su lado, tanto en los momentos buenos que disfrutaban, y los no tan buenos, donde su falta de tiempo se convertía en un problema.
La sintió moverse incómoda, pero no se inmutó en lo que hacía. Soltarla, ahora cuando la tenía cerca, no era una opción. Coló los brazos por su espalda, se tomó el tiempo de repasar las manos por encima de la tela, y fue avanzando sobre sus pasos hasta que chocaron contra el filo del escritorio. La sentía presionada contra él, quitándole la determinación de detenerse y pensar nuevamente en lo que hacía. Era una aceptación tácita que se perdía entre las confinidades de su boca, y en ese suspiro ahogado, que quedó en su garganta.
Entre respiraciones rápidas, pudo hacerse un espacio y empezar el descenso por su cuello.
—N-Naruto-k… —expresó Hinata totalmente perdida—. D-Detente.
—Estará bien —calmó confiado.
—A-Alguien podría entrar.
—Shikamaru demorará.
Las manos no dejaron de seguir un camino invisible por debajo de su blusa y el abrigo que llevaba encima. Acarició la piel lentamente, mientras la empujaba cada vez más hacia el escritorio. Los miles de documentos que siempre se encontraban ahí, ahora estaban en una larga torre sobre el suelo. Los únicos objetos preciados, como la computadora portátil y las fotografías, se encontraban a un lado de la larga superficie. No sabía si se trataba de una fantasía a causa del cansancio, pero necesitaba continuar.
Con algo de fuerza y el autocontrol al límite, logró deshacerse de la blusa, llevándose consigo el abrigo. Aunque Hinata intentó cubrirse con ambos brazos, la detuvo en medio de su viaje. Le hizo mucha gracia que se tapara de él, cuando ya conocía su cuerpo de memoria. Acompañado de una sonrisa torcida en el rostro, cubrió uno de sus pezones que sobresalían del sujetador. Mordió ligeramente por encima de la tela de encaje, que la hizo sobre saltarse y pegar aun más su espalda al escritorio.
—¿Se siente bien? —cuestionó Naruto al escucharla gemir.
—Ahhh… S-Sí —aceptó con voz agitada—. Pero…
—Nadie vendrá.
—Naruto-k… —se quejó nuevamente.
No quería que dejara de gemir por el trato que comenzó a brindarle a aquella parte de su anatomía, que encontraba demasiado fascinante. Se dedicó a apretar uno de sus grandes senos, al mismo tiempo que terminaba de abrir el sujetador completamente. Sabía que cometían un acto indecoroso en la oficina del Hokage, que era él por supuesto, pero que sobrepasaba los límites de confianza. Sin embargo, no quería detenerse, no cuando la escuchaba gemir e intentaba cubrirse la boca para no hacerlo.
Planeaba continuar con la segunda parte, exactamente con la larga falda que llevaba encima, pero notó algo extraño. Hinata activó su Byakugan por unos segundos, antes de volver a la normalidad.
—¿Qué…?
—No… no —expresó nerviosa al tratar de empujarlo—, alguien viene.
—Hinata.
Lo que sucedió en ese instante, fue como un balde de agua fría a su entusiasmado cuerpo. Hinata logró deshacerse de sus manos presa del nerviosismo, y en un acto desesperado, se escondió en el espacio disponible entre el escritorio y la silla que estaba a unos metros. Rápidamente cogió sus prendas regadas por el suelo para cubrirse.
¿Qué sucedió?
Su respuesta llegó cuando la puerta fue abierta de golpe.
—Regresé, Séptimo. —Shikamaru hizo presencia en la oficina. Contuvo un bostezo cansino y agregó—: Tengo malas noticias. Era muy tarde y sólo encontré una sopa Ramen.
—Shikamaru —pronunció. Aún intentado digerir lo sucedido.
—¿Pasa algo malo? —cuestionó pensativo.
—¿Eh? No. Claro que no-ttebayo. —Se aclaró la garganta.
—Bien. Entonces puede comer el Ramen que traje y continuaremos con…
—S-Shikamaru —interrumpió.
No estaba preparado para seguir revisando informes. Su actividad mental estaba en cero por ciento, y era inútil que planeara hacer su trabajo en estas condiciones. Tener a su esposa semidesnuda en medio de la oficina, era muy mala idea.
—Cambiaremos el plan —dijo al buscar alguna excusa—. Entendí lo que me explicaste de la organización de los informes y… creo que puedo apañármelas solo, esta vez. —Buscando en los alrededores, cogió cualquier papel que estuviera al alcance y corrió a entregárselos rápidamente—. Puedes hacer esto en casa y más tarde nos veremos en la reunión.
—¿Qué?
—Temari seguramente debe estar esperándote, y no quiero que te metas en problemas. Ya sabes cómo son las mujeres —se rió nervioso.
—Sabes que estos informes son…
—Puedes llevarte el Ramen y compartirlo cuando llegues a casa —añadió convincente y en una risa nerviosa.
—¿Hmmm? ¿A qué viene todo…? —Se detuvo de agregar algo más. Notó una caja de comida que sobresalía entre todo el desorden del escritorio. Rió para sus adentros y agregó—: Esta bien. Creo que tiene razón, séptimo.
—¡Claro! Sabes que me preocupo por tu seguridad-ttebayo.
—Lo entiendo. Nos veremos más tarde.
Respiró tranquilo al verlo caminar hacia la puerta. Gritó mentalmente ante la aceptación tan fácil de Shikamaru, ya que su amigo era muy responsable cuando se trataba de sus actividades como consejero. Así que aprovechando ese tiempo que estuvo de espaldas, rápidamente se posicionó nuevamente del otro lado del escritorio. Hinata seguía ahí, cubriendo su rostro aún con la ropa entre sus manos, seguramente nerviosa por lo sucedido.
—Hokage-sama.
Volteó la cabeza ante la llamada tan formal de Shikamaru.
—¿Qué sucedió?
—Será mejor que termine su cena —expresó en una sonrisa torcida. Le señaló con un dedo una de las esquinas del escritorio—, antes que se enfríe.
La puerta se cerró inmediatamente, y sólo se escucharon los pasos de Shikamaru por el pasillo, además de un silbido.
Naruto se quedó en forma de estatua por la acotación tan extraña, pero a la vez tan puntual de su amigo. Notó la caja de comida que se encontraba exactamente en el lugar que señaló, y sumando el rostro cómplice que le envió antes de salir, sólo significaba una sola cosa...
—Hinata. Creo que nos descubrió.
—¡Qué vergüenza!
-FIN-
Me siento muy feliz que les haya gustado el primer OS, agradezco infinitamente a los reviews que he recibido.
Como siempre, estaré en espera de sus comentarios.
Agradecimientos a: DarkClaw1997, sakura1736,Yuuki, HinataBueso93, Mizuki Tomohisa, Iseki Higuatari, nova por siempre, esmeraldamr, jane94, Yami Meza, ele-02, Chia S.R, menma uzumaki, FamilyUzumaki-Hyuga, Davaru, Mkristal y un Guest. (Perdón si no respondí algún review, pero me quedé corta de tiempo u_u).
¡Gracias por leer!
