Disclaimer: Todos los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.

OS7: Un cumpleaños más… acompañado.


-.-Birthday Sex-.-


Hinata lanzó una última mirada hacia la cama de su hijo. Boruto yacía profundamente dormido en compañía de algunos muñecos de felpa, y con el sonido arrullador de uno de sus juguetes. Nadie creería que su pequeño, que ahora parecía un ángel, hubiera desordenado la habitación en segundos. A sus cortos dos años, era un experto en mover los juguetes de su lugar, sacar la ropa de los cajones más bajos del ropero, y arrojar las almohadas por el suelo. Sin embargo, no le importaba volver a ordenar nuevamente, con tal que se divirtiera. Tenía que admitirlo. Naruto y ella se convirtieron en padres muy consentidores.

Sonrió y cerró la puerta de la habitación. Pensando en las actividades que le faltaba por hacer, caminó por el pasillo, bajó las escaleras y se dirigió a la cocina. En una de las hornillas la sopa ramen casera seguía hirviendo, la olla de arroz ya estaba lista, y el plato de fondo descansaba sobre la mesa. Todo preparado hasta que Naruto llegara, seguramente con mucha hambre.

A ella le gustaba cocinar sus platillos preferidos, y sobretodo hoy, que era muy especial. El cumpleaños de Naruto.

Se esmeró por todos los detalles. La comida, los adornos para la casa, el pastel y su familia. Celebraría en compañía de su esposo y de su hijo, un cumpleaños más en su propia casa. Aunque ya llevaban un poco más de dos años de casados, seguían siendo nuevos en aquella tarea de ser padres. Así que arreglando sus cabellos en la coleta, decidió apurarse en arreglar la mesa, y lo más importante, arreglarse ella y que Naruto no la encontrara con el delantal de cocina.

—¡Hinata!

Su menté entró en alerta cuando pretendió coger un plato, y tuvo que hacer malabares para que no se le fuera de las manos. No estaba entre sus planes que su esposo llegara tan rápido, todavía no había terminado. Escuchando la puerta cerrarse, sólo le dio tiempo para sacarse el delantal y caminar hacia la entrada. Naruto le sonreía ampliamente, mientras dejaba unas bolsas sobre el suelo.

—N-Naruto-kun. —Se acercó a él—. Bienvenido a casa.

—¡Estoy en casa!

Su abrazó llegó de un momento a otro. Correspondió de inmediato al sentir sus brazos por la cintura y su rostro ocultándose por el cuello. Era muy relajante después de un día ocupado. La apretaba fuerte como si no se hubieran visto un mes, lo cual era gracioso, porque esa mañana le dejó una nota que salía muy temprano a la oficina del Hokage.

—Perdón por salir tan temprano —explicó feliz—. Espero que recibieras mi mensaje.

—Descuida, lo importante es que estás aquí. —Hizo un espacio entre ambos, y con un ligero sonrojo, tomó una de sus mejillas—. Feliz cumpleaños, Naruto-kun.

—¡Gracias! —se rió. Cubriendo la mano delgada en su mejilla, le guiñó un ojo—. ¡No me perdería mi cumpleaños por nada-ttebayo!

—Es bueno escucharlo —dijo sonriente, animándose y perdiendo el nerviosismo anterior—. Hice tu comida preferida.

—Ya quiero probarlo. El ramen que preparas es el mejor.

Entre risas se miraron a los ojos, con una calidez única que parecían suspendidos en el tiempo; sin embargo, el sonido de la olla los alertó. Ambas manos fueron perdiendo ese rozamiento inicial, hasta que se soltaron. Hinata se dirigió rápidamente para apagar la cocina, y Naruto fue hacia la entrada para tomar las bolsas que dejó en el suelo.

—¿Y Boruto? —preguntó al caminar de regreso a la cocina.

—Lo dejé tomando la siesta —expresó sonriente. Dejó la hornilla apagada, y se dispuso a colocar los platos en la mesa—. Despertará en unas horas. Se emocionará mucho al verte.

—Ya lo creo —rió entre dientes—. ¡Cierto! Mira lo que traje —agregó. Colocó las bolsas decorativas sobre la mesa, y añadió—: Recibí obsequios de Kakashi-sensei y Sakura-chan.

—¿Qué son?

—Todavía no he visto.

—¿Quieres abrirlos?

Hinata lo notó asentir. La mano vendada de su esposo rebuscó entre la bolsa naranja, y salieron varios papeles de colores. Era común que Naruto recibiera regalos de sus amigos, y sobretodo de su equipo, desde tantos años atrás. Muy atenta, esperó por el contenido de la bolsa, hasta que salieron tres libros, verde, naranja y rojo. Por alguna razón se les hizo familiar, como si los hubiera visto en otro lugar.

—Es una equivocación —expresó nervioso Naruto. Devolvió los libros nuevamente a la bolsa—. ¡Pasemos al siguiente!

—C-Creo que recuerdo —se dijo pensativa—. Es lo que siempre lee Hokage-sama. ¿De qué trata? —preguntó inocente.

—¿Eh? ¡Nada importante-ttebayo!

—Pero…

—¡Olvídalos! —gritó sonrojado. Tiró la bolsa lejos de ellos, hasta que llegó al sillón—. Mejor abramos el de Sakura-chan.

No supo que decir ante el nerviosismo de su esposo y su negativa por ver los libros. Ahora que recordaba, el sexto Hokage siempre tenía uno sobre su escritorio, sólo que nunca investigó su contenido, tal vez eran interesantes. Confiaba en Naruto, y si decía que no era importante, lo dejaría de esa forma, así que prosiguió en tomar atención a la bolsa rosada de Sakura. De igual manera, algunos papeles de colores cayeron, y dieron paso al objeto que estaba en el interior. La espera terminó cuando una prenda íntima femenina de encaje quedó en la mano de Naruto. Se cubrió la boca con ambas manos, y se avergonzó al saber de lo que se trataba. Obviamente no era para él.

—¡¿Qué es esto?! —Se alertó Naruto. Los ojos casi se salieron de sus órbitas al ver el regalo—. Es… —Se detuvo sonrojado y optó por bromear—. ¡Ah! Sakura-chan adivinó tu talla.

—¡Naruto-kun!

—L-Lo siento —se rió—. Fue una mala broma de Sakura-chan. —Negó con la cabeza e hizo diferentes pucheros de desaprobación—. S-Se lo devolveré mañana.

—Naruto-kun —llamó nuevamente para captar su atención. Notó como, en lugar de dejar la prenda íntima en la bolsa, se lo estaba llevando al bolsillo—. D-Devuélvelo a la bolsa.

—¿Ah? —rió. En un tic nervioso, se frotó la nuca con la mano—. Cierto.

Se sintió tan avergonzada por la acción de Naruto, que le ardieron las mejillas. Entendió la indirecta de Sakura en regalarle semejante prenda, obviamente para que llegase hasta sus manos, y lo luciera a Naruto. Comprendía que su intención era ayudarla porque formaba parte de la relación marital, pero nunca se vio con la seguridad necesaria para usar algo así. No necesitaba pensar mucho para saber cuál sería el siguiente paso, y es que cuando se trataba de tener relaciones sexuales con su esposo, muchas veces dejaba que todo fluyera según la situación, porque siempre caía presa del nerviosismo. Nunca había sido planeado de antemano. Bueno, a menos que se tratara de su luna de miel hace tanto tiempo atrás.

Puso la mano en una mejilla al llenarse de ansiedad. Tenía muchos pensamientos cruzados acerca de lo que debía hacer. Aceptar la ayuda de Sakura o que Naruto se encargara de devolver el regalo. Ya era madre y no podría asegurar que se viera lo suficientemente atractiva para su esposo. Sin embargo, él aseguró que era su talla, entonces no debería haber problema. Estaba confundida.

—Hinata —expresó Naruto—. ¿Estás bien?

—Lo haré…

—¿Eh?

—¡Lo haré! —Cogió la bolsa de papel, y lo puso sobreprotectoramente sobre el pecho—. S-Si Naruto-kun desea que use el regalo de Sakura-chan, entonces lo haré.

Se movió de su sitio en pasos inseguros, y caminó por el costado de Naruto para dirigirse hacia las escaleras. Aunque notó que su mano se movió en dirección a ella, seguramente para detenerla, no lo hizo. Su rostro estaba atónito por su ofrecimiento sorpresivo. Sin otra excusa que le interrumpiera el paso, agilizó los pies, y subió las escaleras rápidamente hacia la habitación.

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Naruto se encontraba sentado en el sofá, mirando al vacío y abrazando uno de los tantos cojines. Cada vez que escuchaba ruidos desde la segunda planta, volteaba la cabeza esperando que fuera su esposa, pero siempre se trataba de una falsa alarma. No negaba que se encontrara nervioso y la ansiedad se le escapaba por los poros.

Esa mañana salió muy temprano, incluso no pudo despedirse de Hinata porque la encontró profundamente dormida a su lado, y evitando molestar su sueño, le dejó una nota junto a la cama, avisándole que llegaría temprano. Consciente de su cumpleaños, días antes el sexto Hokage había aceptado que se quedara en la aldea, y dejó la misión asignada para él a alguien más. La única condición fue que ayudara con algunos documentos de la oficina. Así que en compañía de Sakura, que llegó después del almuerzo, estuvieron atareados en miles de actividades administrativas. Si no fuera por la ayuda de sus clones de sombra, nunca hubiese terminado.

Los regalos que trajo inocentemente, fueron entregados por el Hokage y Sakura respectivamente, poniéndole en claro que los abriera cuando llegara a casa, no antes. Todo había sido muy sospechoso. Aceptan su solicitud de quedarse en la aldea durante su cumpleaños, Kakashi poniendo la condición que lo ayudara en la oficina, Sakura que llegó en horas de la tarde, los regalos entregados después del trabajo del día, los libros de su maestro Jiraiya, y la prenda que estuvo a punto de guardarse en el bolsillo porque sería una lástima devolverla… Es que la tentación fue muy grande, que no lo pudo evitar.

¡Había caído directamente en la trampa! Sólo faltaba que alguien tocara la puerta de su casa, con la excusa de llevarse a su hijo a otro lado.

Hundió el rostro en el cojín de manera ansiosa. La culpa y la emoción daban vueltas por su estómago. Por un lado quería subir y disculparse con Hinata por no detenerla a tiempo, que desistiera de probarse las prendas provocativas y evitarle un desmayo por la vergüenza; sin embargo, le sudaba las manos al sólo imaginársela vistiendo algo así. No era la primera vez que la veía semidesnuda, pero la sensación era diferente.

—Naruto-kun.

Soltó la almohada al escuchar su nombre en una tenue voz. Giró hacia el comienzo de las escaleras en la segunda planta, y vio la tenue sombra de Hinata.

—¿Qué sucede?

—N-No creo que sea mi talla —expresó en voz nerviosa—. E-Es muy pequeño…

—¡¿Qué?! —Se sorprendió. Tuvo que cubrirse la nariz para evitar un desangramiento. Nunca imaginó que le tomara en serio broma que le hizo, al pretender saber la talla de la prenda—. Hinata, quédate ahí…

—¡No! —gritó avergonzada—. Yo bajaré. C-Cúbrete los ojos.

Se quedó atónito y aceptó de inmediato. Con el antebrazo, se cubrió ambos ojos y mentalmente empezó a contar. Debía hacer algo en contra de la ansiedad que movía su corazón a mil por hora. Pudo escuchar los pasos lentos de Hinata por la escalera. Eran estos momentos donde debía agradecer nuevamente a su maestro Jiraiya por hacerlo leer el 'Icha Icha Paradise', que le había servido de mucho desde que se casó.

Sin esperárselo, se sorprendió al sentir el sofá hundirse a su lado, seguramente albergando el cuerpo de su esposa. Respiraba algo agitada presa del nerviosismo.

No sabía a quién agradecer por el tiempo vivido en la tierra.

—Hinata, ¿ahora puedo verte?

—S-Sí, pero...

El brazo cayó, descubriéndose los ojos. Pestañeó varias veces ante la visión frente a él, no tenía otra forma de llamarlo. Hinata estaba sentada junto a él con la cabeza gacha y los ojos apretados. Aunque curiosamente llevaba puesta su propia chaqueta de misiones, dejaba a la vista la prenda interior inferior, o mejor dicho, la pequeña tela que pretendía llamarse ropa. Aunque no vio bien la parte superior, pudo notar una tela que traslucía su cremosa piel, sobretodo su abdomen. Mentía al decir que le quedaba pequeño, para él estaba perfecto. Mostraba aquellas curvas que le fascinaba, a pesar de la chaqueta que la cubría.

—N-No sabía con qué cubrirme y pues... —titubeó al señalarle la chaqueta.

—H-Hinata. —La tomó de ambos hombros—. ¿Eres tú?

—¿Eh? —Lo miró a los ojos ante la sorpresiva actitud—. ¡Claro que soy yo!

—¿Entonces no estoy soñando?

—N-No, Naruto-kun.

—Hinata —llamó nuevamente. Sonrojado, tomó una de sus manos, y con intenciones de pararse del sofá, añadió—: Vayamos a la habitación.

—¡No! —Cogió su chaqueta y lo detuvo—. Boruto está dormido y se… despertará si…

Se quedó mirándola sorprendido, como si hubiese escuchado mal. Una ligera risa escapó de la boca, pero tuvo que callar rápidamente a causa de la queja de su esposa, que le pidió no burlarse. Le hacía mucha gracia su sinceridad, poniéndole en claro que su hijo se despertaría si los escuchaba, ya que ambas habitaciones estaban cerca. Amaba a su hijo, pero a veces tenía que atender a su esposa. Era el momento de seguir disfrutando de su cumpleaños.

—Desde aquí, no interrumpiremos su sueño...

Tomó las mejillas de su esposa entre sus manos, y después de esperar su asentimiento, unió por fin sus labios. Se tomó el tiempo para saborear su interior, mientras perdía las manos por su cintura, acercándola a él. Sintió sus caricias por la base de cuello, masajeando lentamente la piel. Era lo que más disfrutaba, porque con sólo un toque, lograba despertar sus instintos primitivos. Sus bocas se comenzaron a mover en un ritmo acompasado hasta conseguir esa satisfactoria electricidad que viajó por todo su cuerpo

Por la existencia de la chaqueta, las manos tuvieron que abrirse camino por su cintura, y fueron subiendo por su abdomen. Hinata se movió nerviosa entre sus brazos, seguramente por las cosquillas que sintió a causa de su recorrido, e hicieron que perdiera la concentración en el beso. Separándose, usó ese tiempo para tomar la chaqueta y quitarla del cuerpo de su esposa. Los brazos, quedaron al descubierto lentamente, al igual que la prenda interior que usaba.

Una delicada tela transparente desprendía del sujetador violeta, y caía por ambos lados de su cuerpo, hasta dejar la abertura a nivel de su abdomen. La prenda se recogía fuerte sobre la base de cuello por un par de cintas. Tal vez, hubiera pasado desapercibido el diseño, sino fuera porque la tela violeta era transparente, y dejaba a la vista ambos pezones.

Naruto sintió que un hilo de sangre proveniente de su nariz arruinaría el momento, y se contuvo lo suficiente por proseguir. No era nada que no haya visto antes, pero una sensación punzante viajó por su cintura.

—¿A-Ahora los hacen así? —comentó sorprendido.

—E-Es bonito pero… —dijo Hinata nerviosa— muy revelador.

—H-Hay que comprar más…

—¡Naruto-kun!

Decidido a proseguir, la tomó de las manos y lentamente las apartó para que no se cubriera más. Con un poco de fuerza ocuparon el sofá en su totalidad, y la acostó lentamente. Su entusiasmada boca viajó a su cuello, mientras lentamente descendía por la piel, probando si estaban listos para continuar. Cuando por fin llegó al inicio de sus senos, repasó la lengua por la protuberancia, y por encima de la tela trasparente, se dedicó a mordisquear los pezones erectos. La textura era rugosa, pero generaba la misma sensación. Escuchó los gemidos de su esposa.

Las manos traviesas descendieron por ambos lados de su cintura. Guiándose a través de la tela violeta, una de ellas se escabulló por su abdomen, hasta llegar a la pequeña braga que apresaba sus caderas por un par de cintas. No entendía que debía quitarle si la tela era casi inexistente. Haciendo un espacio en la prenda, hundió uno de los dedos en su femineidad, y fue cuando sintió la contracción de sus músculos internos. La espalda de Hinata se estiró al percibir su intromisión, que lo hizo apoyar una de las piernas en el suelo, fuera del sofá para mantener el equilibrio.

Los dedos se movieron en su interior. El cuerpo de Hinata se refregó contra él, su voz se volvió música para sus oídos, y el agarre de sus manos contra el descanso del sofá se hizo más fuerte. Separó su boca de sus senos, viajó por el cuello dejando un rastro de saliva por la cremosa y tensionada piel. Se detuvo en su oído, mordisqueando el lóbulo de la oreja.

—¿Así… está bien? —No pudo ocultar la sonrisa.

—Ahh… —gimió Hinata. Se cogió más fuerte al sofá—. S-Si… justo ahí…

—¿Quieres que siga de esta manera o…?

—Q-quiero que Naruto-ku también… ahhh… —Se sobresaltó al sentir un movimiento punzante—. Que también disfrute de esto.

—Lo hago, Hinata.

Detuvo el movimiento de los dedos en el interior de su esposa, se aferró a su cintura, y la alzó en brazos. Estaba cerca del límite, y deseaba tomar su palabra. Juntando sus bocas nuevamente, intercambiaron más que besos entre ese juego de seducción. Entre espacios de tiempo, se deshizo de la molesta camiseta, desabrochó los pantalones, y arrojó al suelo cualquier otra cosa que dificultara sus movimientos.

Continuó con el mismo ímpetu inicial, y usó el respaldar del sofá como punto de apoyo. Su esposa estaba entre el mueble y su cuerpo, sonrojada hasta la médula, con ambas piernas a cada lado de él, invitándolo a hundirse entre los rincones de su piel. Entre besos tuvo el valor de preguntarle si deseaba que se quitara la lencería que llevaba, pero en una rotunda negativa, le explicó que quería verla así, con la tela transparente. No estaba seguro por qué, pero se sentía más emocionante y excitante de esa manera.

Sin otro pensamiento que no fuera darse el placer que se negaron por incontables semanas, cogió sus caderas y las atrajo hacia él. La escuchó gritar su nombre cuando se hundió dentro de ella, ejerció la presión necesaria para ocupar completamente el espacio entre sus piernas. Se movió lentamente de adentro hacia afuera, en un ritmo acompasado. Esa posición fuera del sofá, con ambos pies sobre el suelo, le daba una gran ventaja sobre la situación. Podía sentir cuál era el ángulo adecuado para que experimentaran más placer que antes.

Poco a poco sus movimientos fueron aumentando en velocidad. Perdiéndose en su propio placer, sintió esa presión que se contrajo en su miembro, y lo hicieron apretar los dientes. Golpeó cada vez más fuerte el interior de su esposa, quien se cogió fuerte al respaldar del sofá, arqueando la espalda, y respirando rápidamente.

Quiso maldecir por lo hermosa que estaba Hinata envuelta en la tela trasparente. Lucía más apetecible con aquella capa de sudor que hacía brillar su piel.

Tenían que comprar más de esa prenda interior.

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¿No parecía más bonito el día?

Silbó despreocupado mientras caminaba por el parque con dirección a la academia ninja. El maestro de lo más pequeños, le había pedido exclusivamente a él para que mostrara una clase magistral de pasos de combate a los niños. Así que hizo el tiempo suficiente, antes que le asignaran una misión. Ahora que estaba casado, los pedidos eran mínimos, así que aprovechó la oportunidad porque le entusiasmaba enseñar a las nuevas generaciones. Además, debía volver a casa para el almuerzo.

Volver a casa con su esposa.

Los recuerdos del día anterior quisieron guiarlo hacia el mundo desconocido de fantasías, pero se contuvo lo suficiente para no perder la cabeza. Tuvo que abrirse un poco la cremallera de la chaqueta para que el aire frío entrara. Aún estaba en la pelea interna de cambiar de sofá por uno nuevo, sólo para asegurarse de no recordar escenas obscenas cuando llegara a casa.

—¡Naruto!

Se aterrorizó al ver a Sakura hacerle una seña mientras se acercaba a él. Estaba con una mochila en la espalda y llevaba a la pequeña Sarada en brazos. No era su presencia que lo asustaba, pero sí lo concerniente al regalo que le entregó ayer. Aunque era su amiga, no deseaba exteriorizar nada con respecto a ese tema.

Movió la mano para saludarla e hizo lo posible por mantenerse ecuánime.

—Hola, Sakura-chan.

—¿A dónde vas? —preguntó sonriente—. ¿Alguna misión?

—Iba a la academia —comentó en una media sonrisa. Sintiéndose nervioso de pronto, añadió—: ¡Estoy tarde-ttebayo! Nos vemos después.

—¡Espera! —Lo detuvo en un ademán de molestia—. Todavía no te he preguntado algo importante.

—¿N-No puede ser en otro momento?

—Mmm… —Hizo un ruido con la boca de manera sospechosa, y puso un dedo en los labios—. ¿No será que te gustó mi regalo e irás rápido a casa?

—¿Eh? —Se sobresaltó—. ¿Cuál regalo?

—No te hagas el tonto —comentó en una risa—. Estoy muy segura que seguiste las indicaciones y lo abriste ayer.

Un tic en el ojo fue su respuesta obvia ante la pregunta tan directa. Tragó con dificultad al verse acorralado. Se rascó la mejilla, y viró la mirada hacia los árboles cercanos, mientras buscaba una respuesta. Tenía que negarlo.

—L-Lo lo guardé en… el closet y… —tartamudeó sin proponérselo. No sabía cómo quitarse a Sakura de encima—. Recién veré de qué se trata.

—Naruto —llamó Sakura con una mirada sospechosa—. Por los años que te conozco, puedo saber que estas mintiendo —alegó.

—P-Pero es cierto… —se defendió rápidamente—. No sé de qué…

—¡Mientes!

—¡Te digo la verdad-ttebayo!

—¡¿De qué color era el sujetador?!

—¡Violeta!

El silencio duró por unos segundos, hasta que el llanto de Sarada inundó el lugar.

Era un hecho que no sabía mentir.


-FIN-


Siento la demora, pero espero que hayan disfrutado de esta historia. ¡Agradezco a todos por los lindos reviews, favoritos y follows que he recibido! Alegran mi día y me animan mucho a seguir escribiendo :)

Agradecimientos a: N.H 4Ever, guest, miirellinu, Yamireto, Chia S.R, Inowe, Sele-02, HinataBueso93, Akane Tendo-97 y Luna-Uzumaki-Hyuga.

Nos vemos en el próximo OS. ¡Gracias por leer!