Los personajes de la saga Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer y a su casa editorial. La trama es de mi invención.
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Tras el primer encuentro se produjo el silencio. Cuando empezaba a pensar que Edward Cullen se había arrepentido de todo aquello, mi cuenta recibió una generosa transferencia, exagerada en mi opinión.
También recibí un correo electrónico. Remitente: Tanya Daniels, secretaria del señor Cullen. A través de él, se me recordaba la fecha y la hora de la cena, como debía ir vestida y cuál era la temática de la reunión. Ese último dato me sorprendió bastante. Una cena benéfica para recaudar fondos para el cáncer infantil y se produciría un viernes por la noche.
Decidí recurrir a Rose para que me echara una mano con el tema del vestido.
-Eso es mucho dinero, Bella - comentó tras ver el presupuesto del que disponía.
-Se supone que tengo que ir de largo - contesté, encogiendome de hombros.
Asintió y dibujó una sonrisa escalofriante en los labios. Me estremecí. Odio ir de tiendas.
-Mañana después del trabajo nos vamos de compras - sus ojos viajaron de mi rostro a la pantalla de mi móvil, donde se veía mi cuenta bancária. Había pasado de pobre a rica con un click por parte de Edward Cullen. - Vamos a gastarnos esta pasta, Bella.
A la mañana siguiente nos levantamos temprano y nos fuimos al trabajo. Al ser un sábado por la mañana la cafetería estaba a rebosar. Normalmente nosotras cubríamos el turno de la tarde, pero los sábados por la mañana, al no tener clase, nos tocaba de mañana.
-¿Estás lista? - me preguntó Rose cuando llegó la hora de irnos.
Eran casi la una del mediodía y la cafetería seguía estando llena.
-¿Ya os vais? - inquirió Jacob, un compañero de trabajo. - Tengo media hora libre para comer. ¿Me hacéis compañía?
-¿Hoy haces turno completo, Black?- murmuró Rose, retirándose la melena rubia del rostro. Sus ojos azules atravesaron al aludido con frialdad. No le caía demasiado bien.
-Así es, Rosalie.- contestó él antes de dirigir su atención en mí - ¿Te quedas Bella?
-Lo siento Jake, tenemos que irnos - contesté sonriendo, contagiada por su entusiasmo. Jake siempre conseguía transmitirme mucha calma y tranquilidad - ¿A la próxima?
-¿Qué tal el domingo que viene para desayunar?- propuso apoyando su mano derecha en mi hombro y acariciandolo tenuemente. Asentí - Te voy a escribir para acordar lugar y hora- Se ajustó el delantal a la cintura y me guiñó un ojo - ¡Nos vemos!
Yo y Rose salimos del Jazzmin y nos montamos en su deportivo rojo.
-Sabes que Black te acaba de pedir una cita, ¿verdad?
-Somos amigos- me apresuré a contestar mientras me ponía el cinturón.
-Pues asegúrate de que él lo sabe- dijo antes de arrancar- No me cae demasiado bien, pero se merece que seas clara.
Me quedé pensativa tras aquello. Mientras Rose conducía hacia el centro comercial más cercano analizé la situación. Puede que llevara razón y no había sido clara. Jacob no me gustaba de esa manera.
-No le des muchas vueltas ahora- me interrumpió al cabo de un rato- Ahora lo más importante es encontrar algo que ponerte para tu cita con el señor Cullen.
Tanto nuestro apartamento como la cafetería Jazzmin estaban en el distrito universitario de Seattle, así que no era complicado encontrar tiendas y bares alrededor.
Aparcamos el coche y nos dirigimos a la zona de las tiendas más caras. El dinero no se iba a gastar solo.
Me limité a seguir a Rose. Ella sabía del tema. A pesar de que trabajaba de camarera y de que se pagaba todos sus gastos solita, provenía de una familia adinerada. Su padre era el alcalde de Seattle. Por lo que me había dicho no se llevaban bien. Aunque con su madre la situación era algo mejor, a penas se veían.
Nos metimos en Guess, su tienda favorito, y mi tarde se convirtió en un desfile de vestidos. Dejé de contar cuando ya me había probado unos siete modelos, con sus joyas, bolsos y zapatos. A mí me gustaban todos, pero Rose y la shopping assistant que nos estaba atendiendo no daban con "el vestido adecuado". Me sentía como un maniquí más en la tienda.
-Creo que he encontrado el vestido perfecto, chicas- exclamó de repente Alice, la chica que nos había estado atendiendo- Es largo y elegante, pero a la vez es ajustado y muy sexi - Sus ojos marrones se posaron en mí- Lo vas a volver loco.
Con suma elegancia le entregó el vestido a Rose, que lo analizó medio minuto antes de entregarmelo a mí, como si de un preciado tesoro se tratara. Cerré la cortina del probador, me quité el vestido que llevaba y me puso el que me acababan de dar. Era negro y me quedaba como un guante. Se amoldaba a mi cuerpo gracias a unos tirantes gruesos que cubrían mis hombros. La parte de la cintura llevaba transparencias y se juntaba con la zona del escote, pronunciado pero no excesivo ni vulgar. De cintura para abajo caía con gracia hasta los tobillos.
Me puse los zapatos de tacón negros y me miré al espejo. Alice tenía razón. Era sexy y elegante.
Rose dio su aprobación nada más verme y entre ella y Alice eligieron unos pendientes y un bolso a juego. Respiré hondo e intenté no pensar demasiado en la cifra que apareció en la pantalla de la caja registradora antes de pasar la visa.
-¿Te vienes de cervezas con nosotras, Alice?- propuso Rose mientras yo guardaba mi cartera en el bolso. Eran más de las ocho de la tarde.
-¡Vale! - aceptó ella. Estaba a punto de cerrar la tienda y ella y Rose habían hecho buenas migas.
Al final la cerveza se convirtió en 2 cervezas, 2 mojitos de fresa y una hamburguesa con patatas. Resultó que Alice era una estudiante de moda y que también estudiaba en la Universidad de Washington. Trabaja en Guess como estudiante en prácticas.
Tuvimos que coger el bus para regresar a nuestro apartamento. Antes intercambiamos el número de teléfono con Alice y prometimos quedar otro día para contarle que tal había ido mi cita. Por supuesto, no le dijimos que la "cita" era con un sugar daddy.
Al día siguiente dormí hasta tarde y me dediqué a organizar apuntes de la universidad. Ser empleada y estudiante a la vez era agotador.
Rose había salido y estaba sola en casa, así que, entrada la noche, preparé palomitas y me tiré en el sofá dispuesta a ver una película. De pronto mi móvil comenzó a sonar y contesté sin mirar el remitente.
-Buenas noches, Bella - murmuró la aterciopelada voz de Edward Cullen a través del auricular - ¿Puedes hablar?
- Buenas noches - contesté nerviosa. No había sabido nada de él en casi una semana. - Claro, dime.
-Estaba pensando que la cena es en menos de una semana y que aún no sabemos nada el uno del otro - expuso tranquilamente. - Tenemos que parecer una pareja consolida. ¿Sabes a lo que me refiero?
Suspiré y me tumbé en el sofá con el aparato pegado a la oreja.
-La verdad es que nunca he estado tanto tiempo con alguien como para saber cómo es una pareja consolidada- admití en un susurro. Se produjo el silencio durante unos segundos y cerré los ojos.
-Vaya, eso no me lo esperaba en absoluto- admitió, y pude sentir la curiosidad en el tono de su voz.- Desgraciadamente, las experiencias que he tenido yo tampoco sirven de ejemplo- adjuntó antes de soltar una carcajada que denotaba de todo menos ganas de reir. ¿A qué experiencias se estaría refiriendo?
-Aunque nunca haya experimentado algo así, he imaginado cómo sería- confesé, abrumada ante mi propia sinceridad. La conversación nos estaba llevando a un terreno bastante íntimo. Y a pesar de que él era un completo desconocido, algo en mí me empujaba a seguir hablando.
-¿Y cómo sería?- insistió Edward ante mi repentino silencio, lleno de dudas e incertidumbre.
-Creo que una pareja consolidada es la que se acepta con sus defectos y con sus virtudes. También creo que son capaces de entenderse más allá de las palabras, con los gestos y con la mirada - expliqué con la voz temblorosa.
-¿Crees que es posible llegar a ese punto de complicidad?- preguntó con la voz ronca- Yo lo veo casi imposible.
-No lo veo de esta manera- repliqué abriendo los ojos.- Pueda que sea difícil, pero no imposible.
El silencio se hizo de nuevo al otro lado del teléfono y esperé paciente.
-Puede que tengas razón- dijo tras unos segundos eternos.- De todas maneras no vamos a conseguir eso en pocos días- añadió con humor.- ¿Qué te parece si te llamo cada día un rato por la noche antes del día de la cena? Así no seremos unos completos extraños. - argumentó. Justo después se escuchó un sonido parecido a una campana de fondo.- Eso ha sido la sirena del hospital. Mi descanso de veinte minutos ha terminado.
-¿Estás de turno de noche?- pregunté con curiosidad.
-Así es, Bella. Tengo que dejarte. Hablamos mañana sobre la misma hora, ¿vale? Buenas noches- contestó atropelladamente.
-Buenas noches- dije. Pero él ya había colgado.
Me quedé tumbada en la misma posición y me descubrí impaciente para que llegara mañana. Edward Cullen era una persona muy enigmática y misteriosa. Todos tenemos una historia. Me preguntaba cuál era la suya.
Nota de la autora: Muchas gracias a todas las personas que leyeron el primer capítulo. Ya sea un review, un favorito o un follow, lo agradezco enormemente. Escribo esta historia sin brújula, dejando que los personajes decidan lo que pasará a continuación, a modo de ejercicio. Espero que este capítulo os haya gustado. Y lo mismo para los que vengan. ¡Hasta pronto!
