ADVERTENCIA. capítulo con escenas fuertes para muchas personas. así que si no puedes con violencia y una para nada detalla violación, puedes seguir leyendo.
Capítulo 8: Desagradables recuerdos
James empezó su día como siempre, esperó la llegada del elfo que le alimentaría y luego le entregó una túnica para mago de color azul suave, con un pantalón de algodón de color verde al igual que la polera de mangas largas que tenía que ponerse. No había ropa interior y eso le incomodaba mucho, pero no había nada que pudiera hacer, así que ni siquiera lo mencionó.
Esperó a que el elfo saliera y su plan empezó.
No tenía mucho tiempo, un par de minutos, antes de que la pequeña criatura se diera cuenta de la falta de uno de sus instrumentos. Sacó de entre sus ropas un cuchillo sin filo que le robó al elfo cuando éste estaba preparando su baño y caminó a la entrada con rapidez y forzó la entrada haciendo palanca. Gracias a Merlín la entrada no fue sellada con magia, a diferencia de la ventana que daba al jardín.
Cuando por fin escuchó el clic que le indicaba que la cerradura había cedido, sintió un gran alivio y botó el cuchillo al suelo para poder correr por los pasillos. Lo hacía con cautela, buscando no encontrarse con nadie en su huida.
Escuchaba discusiones por el pasillo por el cual corría y pensó en volver, pero al darse vuelta se fijó que alguien más se acercaba. No tenía escapatoria, pero aún no había sido divisado, gracias a que la persona que caminaba hacia él venía leyendo un pergamino. Sólo le quedaba ocultarse tras una de las puertas que estaba a sus espaldas. Entró con cuidado y cerró la puerta, esperando hacer el menor ruido posible. Escuchó como la persona seguía de largo y se relajó un segundo. Miró alrededor y notó un amplio despacho, y su posible salida. Una chimenea. Corrió a ella y trató de buscar algo de polvo flu, pero no había nada. La desesperación hizo mella en él. Tenía que huir, no podía aguantar un día más ahí. Quizás, si no hubiera estado tan desesperado, hubiera notado como la puerta del despacho era abierta y por ella entraba su secuestrador, pero cuando lo hizo fue demasiado tarde, sólo el sonido de la puerta siendo azotada le indicó que ya no se encontraba solo.
James miraba de frente a Voldemort, el maldito megalómano que pretendía someter a todo el mundo mágico. Retrocedió con temor, no iba a negarlo, no tenía la posibilidad de enfrentarse a ese monstruo.
-¿Qué haces aquí, James? -preguntó con voz rasposa, mientras se acercaba al escritorio con aparente tranquilidad, sin tomar importancia a que el joven se moviera para alejarse más de él- Creí haber ordenado que no salieras de la suite quete proporcioné.
-Yo... no -estaba aterrado, ese ser tenía el poder de matarlo con un solo golpe, pero tenía que mantenerse firme-. Quiero largarme de aquí - dijo con voz aparentemente firme.
-Suponía eso, mi querido James -dejó un par de pergaminos en el escritorio y se encaminó hacía el chiquillo que le enfrentaba-, pero el que da las órdenes aquí soy yo. Tú te quedarás en tu habitación hasta que yo lo decida y luego empezaremos con tu entrenamiento.
-Yo no haré ningún tipo de entrenamiento para ti -estaba desesperado. No podía pensar con claridad, y se le iban las ideas al tratar de defenderse de lo que no sabía.
-Tú harás lo que yo te ordené, James, no por nada te traje conmigo. Serás uno de mis… colaboradores.
-¡No seré un mortífago! -gritó furioso y sin darse cuenta de su verdadero tono- ¡Son una partida de delincuentes, asesinos miserables y sin escrúpulos!
-Cuida tus palabras, James.
-¡Deja de llamarme James, que no te lo he permitido!
-Escúchame bien, porque será la última vez que te lo diga -dijo tomándolo del brazo con fuerza, justo cuando llegó a su lado sin que el menor pudiera darse cuenta de ello-, tú no vendrás a ordenarme nada, ¿Entendiste?
-Me duele -dijo al ver como esa mano se cerraba más fuerte en torno a su brazo.
-Me importa muy poco el que te duela. Me importa nada lo que tú quieras, porque si te traje conmigo fue para mí complacencia.
-No entiendo -dijo asustado, al tenerlo a un palmo de distancia.
-Que tu lugar será donde yo lo decida -lo sostuvo de su delgada cintura, apretándolo contra su cuerpo- y detesto que se me enfrenten.
-Yo… yo no lo hice -dijo con más miedo que antes sintiendo como la mano extraña bajaba por su espalda hasta acariciar desagradablemente sus nalgas- No… por favor -rogó.
-¿No? ¿Me pides que no disfrute de lo que tengo a la mano? Tu mismo te expusiste al desobedecerme. No debiste salir de tu habitación.
-No lo haré de nuevo. Lo juro -dijo tratando de alejarse de esa libidinosa mano que le estaba acariciando.
-Lo lamento mucho, James, pero cuando tengo que castigar a quienes me desobedecen, lo hago sin importar quién.
-No…
-Y no lo disfrutarás, te lo aseguro -lo sostuvo de la muñeca y lo arrastró fuera del despacho, sin importarle los gritos de James y sus intentos de que lo soltara- ¡Cállate, James! -dijo perdiendo la paciencia, y volteándole el rostro de una cachetada que logró su objetivo.
James temblaba al ver como llegaban a la que era su habitación, pero pareció relajarse un poco al ver como la pasaban de largo. Su cara le dolía, el maldito tenía la mano pesada. Vio como llegaban a otra puerta y esta vez el Lord la abría y lo empujaba adentro. Su temor se incremento al ver el lúgubre lugar. Una cama en el centro de la habitación, la habitación completamente negra al igual al igual que la ropa de cama. Se giró para tratar de huir, pero sólo le sirvió para que lo sostuvieran del brazo y lo arrojaran contra la cama.
-Por favor -dijo al ver como el hombre se acercaba a él.
-No sigas rogando en vano, James -cuando llegó a la cama se quitó la túnica y a dejó caer al piso- estoy seguro qué sabes perfectamente lo que viene.
James sólo podía negar con la cabeza, no quería, no podía permitir que ese ser lo sometiera. Se escapó de la cama en cuanto vio que aquel demonio no le ponía atención por desabrochar su ropa, de manera lenta y alarmante. Claro que no pudo ir muy lejos, porque fue atacado con un hechizo aturdidor por parte del mayor que lo lanzó demasiado fuerte contra una de las paredes. Su cabeza daba vueltas y no era capaz de enfocar nada. Sólo fue consciente de que era levantado del piso, de manera nada gentil y era arrojado nuevamente contra la cama. Sintió unas fuertes ganas de vomitar cuando su cabeza rebotó contra el cabecero.
-¿Ves lo que me haces hacer, James? -preguntó de manera burlona.
James sintió como era volteado y empezaban a desprender los botones de su camisa de dormir de manera violenta, dejando su torso moreno al descubierto. Las manos de ese sujeto le recorrían por todos lados y rápidamente llegaron a sus pantalones. Quería que se detuviera, pero entre el mareo de los golpes y el terror, no era capaz de moverse. De repente su cuerpo se estremeció por el frío al verse completamente desnudo ante la depredadora mirada del piernas fueron separadas y él luchó. No permitiría que lo tomara tan fácil. Tan fuerte como luchó fue como recibió el primer golpe, sus pulmones se vaciaron al sentir como un puño grande se estrellaba contra su estómago. Ya no fue capaz de dar pelea y sus ojos se abrieron por el dolor de sentir como el mago mayor le abría con su pene. Le dolía todo. Su ano escocía y punzaba, no sentía nada bueno. Su cuerpo se estremecía ante cada embestida, una más profunda que otra. Ya no podía más.
Voldemort estaba disfrutando de lo lindo. Por fin estaba cumpliendo lo que tanto ansiaba desde que vio a James antes de "reclutarlo". Su hermoso cuerpo estremeciéndose por sus arranques. Bajó la mirada y no le extrañó ver que el chico no estaba para nada excitado. Había esperado a que esta situación se diera con más participaciónpor parte del menor, pero debía aprender que contra él nadie se rebelaba, mucho menos trataba de hacer su voluntad. James Potter sólo le pertenecería a él, tenía que marcarlo como suyo, y que mejor manera de hacerlo que tomando su cuerpo para sí.
James ahogó un gemido cuando sintió el caliente liquido expulsado por el pene de Voldemort llenarle por dentro. Era la sensación más desagradable que había sentido en su vida. Tanto como esa asquerosa lengua paseándose en su cuello y recogiendo las lágrimas que caían de sus ojos. No se quejaría, no le daría en el gusto. Apretaría los dientes hasta el cansancio, pero no se rendiría ante ese monstruo.
Ahora James recordaba lo trágico de esa situación, pero fue esa extraña relación la que le trajo a Harry varios años después, le trajo un fruto de su rendición ante Voldemort. El mismo que ahora le hacía gemir en la cama.
-¿En qué piensas, James? -preguntó mientras se movía en su interior y mordía su hombro.
-Que fue bueno… rendirse -dijo a medio respirar, mientras abría más las piernas, recibiendo los embates del cuerpo de su amante.
-Lo sé -un par de embestidas más y se corrió en el interior de James, segundos antes del que el otro hombre lo hiciera en sus manos.
Los cuerpos de ambos hombres se desplomaron en la cama, agotados por el placer. Cada uno sumergido en sus propios pensamientos, pero fue James el que salió de ellos antes, fijando su mirada en el hombre a su lado que parecía demasiado entretenido con el color del techo.
-¿Qué piensas? -preguntó lanzando un hechizo limpiador sobre ambos.
-Que me gustaría que tuviéramos otro hijo.
James se quedó mirando al hombre con el que compartía la cama y negó con la cabeza.
-Tengo treinta y seis años, no creo que sea una buena idea.
-Creo que es la última oportunidad que tenemos para recuperar el tiempo perdido.
-Lo dices como si fuéramos una pareja de enamorados buscando entablar un enlace. Además, ya tenemos a Harry…
-Y tú a Dominique -dijo con cierto tono resentido, haciendo que Jemas sonriera de lado al darse cuenta de lo que pasaba.
-Lo que tú quieres es reafirmar tu dominio sobre mí -le afirmó. El Lord no sentía celos, era simplemente posesivo.
-Puede ser -dijo un tanto ausente.
James no lo miró más, pero pensó en ello.
-¿Qué posibilidades hay de que te olvides de ello? -preguntó sin mirarlo.
-Ninguna -dijo tajante.
James sabía que en unos meses más, traería a otro hijo del Lord al mundo.
TBC...
N/A: en el proximo capítulo
-¿Qué pasó?
-Lo de siempre -dijo soltando el aire y acercándose a Harry para ubicarse entre las piernas de Harry y abrazarlo por la cintura, acercándolo a su cuerpo-. Él disfruta amenazándome con separarnos.
-Mi papá está un poco nervioso por todo lo que está pasando.
-Y ahora se pondrá peor -dijo abatido, dejando un par de besos en el cuello del menor, mientras acariciaba su vientre, que sólo a través del tacto podía ser perceptible.
-¿Resultó? -preguntó ansioso, sin poder creer que su padre pasara nuevamente por eso.
-Sí. James Potter espera al próximo heredero de Lord Voldemort. Tendrás un nuevo hermano.
