Notas de Zanza: Cha chaaan aquí el final! No mentira, falta un capi mas xDD Espero que lo disfruten y no se olviden de pasar por la página del concurso a decir lo trastornado que es mi fic xD
Pd: Creo- y la palabra clave aquí es CREO- que si llego a tiempo subiré un tercer fic para el concurso, todo depende de que tanto guste este. Ia tu sabe que me gusta vivir al límite osi osi xDDDD
Nos vemos!
Pd2: El título Calalini, viene de la canción de Vocaloid del mismo nombre que hace referencia al mundo de alucinaciones que sufre Jani Schofield. Esta chica fue la persona más joven en ser diagnosticada con Esquizofrenia (6 años) sus alucinaciones (algunas capaces de obligarla a lesionar a otros o a ella misma) vienen de una Isla llamada Calalini, ubicada "en la frontera entre este mundo y mi mundo", según sus propias palabras.
Calalini
El famoso neuropsiquiátrico Konoha con varias hectáreas de bosques, animales de terapia y un edificio parecido a una casona era un lugar tranquilo, Itachi tenía constancia de eso y no había dudado en pedir el traslado de su hermanito a ese lugar.
Por una ventana, el Uchiha mayor miraba con una mueca que pretendía ser sonrisa, como su hermano parecía feliz sentado en un banco, mirando a la nada, con la cabeza levemente inclinada.
Solo llevaba ahí una semana, pero el cambio era admirable (y a la vista): Su cabello volvía a lucir ese color negro con reflejos azules ahora que estaba limpio. Su piel de nuevo blanca como antes. Si Sasuke quería caminar en medio de la noche, le dejaban. Si pedía hojas y colores para ponerlos en fila y quedarselos mirando por horas, le dejaban.
- Disculpa por hacerte esperar Itachi- La suave voz lo trajo de nuevo a la realidad, y se volteo hacia la persona que entraba al cuarto con una semi-sonrisa.
- Yo debería pedir disculpas Orochimaru, por hacerle traer a mi hermano aquí tan rápido. Pero cuando por fin lo encontré, en ese horrible lugar…
- No tienes que decir nada más- Interrumpió el mayor con un gesto compungido. - Conozco la reputación de ese sitio, ¿Como pudiste encontrarlo?- Finalizó el mayor sentándose en su escritorio mientras con un gesto invitaba al menor a sentarse.
- Un interno salio antes y gracias a su familia se enteró de mi búsqueda, conectándome enseguida. Es un muchacho bastante alto que puede llegar a dar miedo por la mirada en blanco que suele tener, Juugo Taka. Iniciara aquí conmigo una terapia corta internado y luego externa, me asegurare de ayudarlo en agradecimiento.
-Ah si, vi su ficha hoy. Es interesante su caso, lamentablemente no poco común…Vivió en la calle casi toda su vida. Fue internado hace 2 años por un ataque de ira; una esquizofrenia paranoide nunca diagnosticada hasta ahora, en realidad.
Ignorante de los dos hombres que hablaban sobre su futuro, Juugo iba con una sonrisa suave, que extrañamente enternece su rostro cuadrado mostrándolo amable y accesible, uno casi podía olvidar con eso los 2 metros del gigante. La vida no había sido amable con él, partes de su cuerpo que no siempre estaban a la vista tenían las cicatrices para probarlo, pero eso poco le importaba ahora.
Se encontraba en paz, su enfermedad a raya. Con el tratamiento iniciado, ya no perdería el control como la última vez; culpa empañando un poco sus pensamientos al ver en el lugar de visitas a su pequeña hermana Karin. La muchacha pelirroja de anteojos sentada en la silla de ruedas no era realmente su hermana, simplemente ambos habían vivido en las calles juntos, de ahí que se considerarán familia. El robar alimentos o pequeñas cosas era moneda corriente si vivías como ellos eso era normal.
Lo que no había sido normal fue el tremendo ataque de furia que le acometió al ver como Karin era arrojada por un molesto hombre de negocios a la calle al tropezar con el, mandándola directamente a la vía rápida donde una camioneta de carga la arrollaba sin poderlo evitar. Después de eso solo tiene flashes: Gritos, sus manos estirándose tratando de evitar lo imposible, la cara de indiferencia del hombre; el frenazo de la camioneta. Sus manos volviéndose puños segundos antes de arrojarse sobre el desgraciado de traje, sus nudillos rotos, la cara del hombre desapareciendo bajo sus golpes, el forcejeo con el conductor que trató de evitar a su hermana pero no lo logró del todo, su risa desquiciada, luces, voces; la nada.
Despertarse en un lugar completamente blanco, sin saber dónde estaba o quién era. Olor a desinfectante barato, el sonido roto de un televisor que miran sin ver a pocos metros, explotar nuevamente a los pocos minutos, sin enterarse por qué ni contra quien cargaba.
Le habían ayudado a llenar los espacios vacíos, le contaron que el joven conductor había rápidamente llamado a emergencias y tratado de ayudarlo, quitándole de aquel ejecutivo al que había matado en su arranque de ira. Nunca dejó de interesarse por ambos, haciendo todo lo posible para que reciban el mejor de los tratamientos. El mismo joven que actualmente se encontraba sentado al lado de la pelirroja, y quien pronto se convertiría en su cuñado, Suigetsu Hozuki.
Esa misma noche, mientras todos en Konoha parecían dormir, cuatro personas permanecían despiertas, perdidos en sus pensamientos pero con un denominador en común: Sasuke Uchiha.
Orochimaru Hebi, el director y fundador de ese lugar se encontraba con el ceño fruncido pensando en su situación, revisando la historia clínica de su último paciente para ver el mejor tratamiento en pos de su recuperación. De unos cincuenta años, usaba el cabello negro bastante largo y ropas sencillas. Conocía a los hermanos Uchiha desde que eran niños, ya que vivían al principio en el mismo barrio. Se sintió devastado cuando vio en las noticias el incidente de Sasuke y rápidamente ofreció su ayuda al clan, ayuda que fue desestimada ya que no querían saber más nada del caso. Itachi; sin embargo; aceptó su oferta y aprovechando sus influencias comenzaron a buscar al Uchiha menor luego que fue internado con vergüenza para ser olvidado por los demás miembros de la familia.
Irónico era que finalmente un extraño haya sido quien se preocupo lo suficiente por él para tratar de auxiliarlo.
Uchiha Itachi se revolvía en su cama, sin poder pegar un ojo ahora que contaba con su hermanito por fin a su lado. Era un hombre joven, de treinta y cinco años con las características comunes de su clan: Ojos y cabellos negros, mirada seria; piel blanca. Lo diferenciaban del resto de su parentela dos cosas bastante marcadas; unas ojeras definidas desde adolescente, y el intenso amor hacia su hermano pequeño, Sasuke. Itachi enfureció ante el abandono de sus familiares y cortó relaciones con ellos para ponerse a buscar a Sasuke inmediatamente. Esperaba que ahora con su este en un mejor lugar podría ayudarlo, no por nada era un respetado psiquiatra. En su interior estaba incluso dispuesto a simplemente darle una mejor calidad de vida si es que no podía curarlo.
Mientras tanto, Juugo estaba también en su cuarto, sin poder dormir. No dejaba de pensar en el azabache a quien ayudará. Había notado la agilidad con que algunas veces el azabache se movía para evitar un golpe; incluso algún obstáculo cuando caminaba mirando hacia la izquierda. Su cuerpo si bien se observaba un poco demacrado, saltaba a la vista que alguna vez había sido fuerte, entrenado.
Cuando empezó a estar más consciente de su alrededor, Juugo comenzó a notar su entorno y su interés por el comportamiento del Uchiha aumento. Una semana después estaba casi seguro del porqué estaba allí Sasuke: Estrés pos-traumático, seguramente fue soldado o policía antes. Lo único que aún no decidía, era si en verdad mató al niño que decía ver o si todo era una alucinación.
La última persona despierta era ni más ni menos que el propio Sasuke Uchiha. El azabache despertó y ahora miraba por la ventana, incapaz de volver a dormir, siempre alerta, siempre recordando...Odiándose por ello. Cuando había elegido seguir la profesión de su padre y entrar en el ejército, pensó que nada saldría mal, quería de verdad ayudar a su país, hacer la diferencia… Que equivocado que estaba. El horror que vivió allí, las muertes que tuvo que atestiguar… Incluso vómito luego de matar por primera vez. Se suponía que su última misión era fácil, terroristas se ocultaban en una pequeña aldea en el desierto, debían entrar en la casa y sacar a esas personas para ser enjuiciadas.
Había muchas cosas de esa noche para arrepentirse, tantas que podría hacer una lista.
Continuará
Notas de Zanza: Muajajajajaaa! Pues si, acá termina el capi, queda solo el final!
Ámenme u odienme, pero dejen rew xDDD
Pd: Al principio me había olvidado del apellido de Suigetsu y le puse uno que significaba "Charco de agua" xDD
