Capítulo 2.

Ese mismo día, todo parecía marchar con normalidad en los cuarteles de la Legión de reconocimiento; sólo un puñado de personas sabían sobre el accidente que el Capitán Levi había sufrido por la mañana, y la misión encomendada a su escuadrón era un absoluto secreto; quién sabe qué sucedería si alguien más se enterara del estado de su superior. Por el momento, el escuadrón tomó las medidas necesarias para asegurar que su Capitán estuviese a salvo y lejos de ojos indiscretos que pudieran darse cuenta de lo sucedido.

-¿Entonces, dices que el Capitán cree que tiene siete años? –la cara de Erd no tuvo precio cuando Petra y Eren le explicaron lo que pasó, y tampoco pudo evitar reírse son todas sus fuerzas, mientras Gunter parecía haberse quedado en shock. Por su parte, Oluo ya había sido testigo del estado de su superior y se limitó a observarlo con preocupación.

No era una situación común y ninguno de ellos habría imaginado que su superior pudiese llegar a comportarse de tal manera, haciendo todo aún más increíble y bizarro. Por su parte, Levi se entretenía comiendo unos panes que le habían llevado hacía un par de minutos. Era silencioso, pero comía demasiado rápido, como si tuviese miedo de que se los quitaran o estuviese amenazado por algo.

-Por favor Erd, esto es serio. El Capitán necesita que lo apoyemos mientras está así. El haría lo mismo por nosotros y… -Petra comenzó a explicar, pero fue interrumpida por un proyectil de pan que golpeó la cara de Eren, haciendo que el soldado rubio se riera aún más fuerte y la chica hiciera un gesto de hartazgo al ver su reacción. Tal vez Levi no era el único infante ahí.

-Lo… lo… siento –Erd no paraba de reírse- es que… es demasiado…

-Tal vez es gracioso ahora, pero si el próximo proyectil va hacia ti, dejará de serlo –Gunter intentó poner orden.

-Oh vamos, yo soy muy bueno con los niños. Sólo miren –Erd se acercó de manera amistosa a Levi y comenzó a platicar con él mientras los demás seguían con su pequeña reunión.

-Lo mejor será mantenerlo en un sitio lejos de los demás soldados. Limitaremos los lugares en donde esté. Digamos, su oficina, su cuarto, quizá el patio de atrás mientras no haya nadie y tal vez la biblioteca –Gunther parecía tomarse el asunto muy en serio.

-Es buena idea, pero ¿creen que podamos mantenerlo ahí? es decir… cuando estuvimos en la enfermería no se quedó quieto ni un momento… y luego comenzó a golpearme –otro proyectil de pan llegó pasó junto a Eren, pero esta vez iba dirigido a Gunter.

-Muy gracioso Erd. No le des ideas… -el soldado de cabello rubio se reía desde el otro lado del cuarto.

-No nos queda otra opción más que intentarlo -Petra parecía estar un poco triste, y de pronto Erd se acercó a ellos otra vez.

-Parece que no reconoce nada de aquí, es como si fuera otra persona, así que será mejor darle un pequeño recorrido por el lugar, en caso de que se pierda. Petra, tú toma el primer turno para cuidarlo. Después seguirá Gunther, Oluo, luego Eren y al final yo. Dependiendo de cómo salga las cosas, haremos cambios en los turnos.

Erd era el segundo al mando en el escuadrón y debía actual como tal, sin embargo, parecía disfrutar de la situación como ningún otro miembro del equipo. Al menos lo tomaba con buen humor. Parecía llevarse bien con la versión infantil del Capitán, y aprovecharía eso para establecer cierto orden y, sobre todo, de mantener unidos a sus compañeros.

Todos estuvieron de acuerdo con los roles para cuidar de su superior y en caso de que algo ocurriera, determinaron un plan de contingencia, además determinaron que siempre habría alguien cerca por si necesitaban refuerzos, en caso de que el Capitán se pusiera violento como sucedió con Eren en la mañana.

Un momento después, Petra comenzó con el pequeño recorrido por el cuartel. Caminaba junto al Capitán, y antes de entrar a cualquier lugar, se aseguraba de que no hubiese nadie dentro. No quería que alguien más se diera cuenta de su condición, pero su mayor preocupación era que Levi no pudiera recuperar la memoria ¿qué pasaría si se quedar así para siempre? Sería una gran pérdida para ella, para la Legión, pero sobre todo para la humanidad.

Sabía que todo había sido un accidente, pero eso no hacía la situación menos seria. Además, hubiera preferido que le pasara a ella, en lugar del hombre a quien más admiraba. La angustia comenzó a invadirla, y de pronto sintió algo jalándola de la camisa.

-Señorita Petra… ¿dónde estamos? –la voz de Levi sonaba preocupada y su forma de hablar no se parecía en nada a la del Capitán que ella conocía.

-Estamos en la biblioteca –sonrió. La manera en la que él hablaba le causaba mucha ternura y de inmediato cambió su actitud. Ahora era más cálida y cuidadosa- aquí hay muchos libros que pueden interesarle y que además…

-Pero… yo no sé leer –dijo avergonzado y estuvo a punto de llorar, entonces Petra recordó que no todos los niños aprendían a leer a la misma edad, y aunque ignoraba las circunstancias en las que el Capitán había crecido, podía imaginarse lo duro que había sido esa etapa para él. Había escuchado el rumor de que provenía de la ciudad subterránea, pero esa mañana lo confirmó y sintió aún más simpatía y ternura hacia él.

-Yo aprendí a leer cuando tenía nueve años, no hay nada de qué avergonzarse –Petra le sonrió y él se sintió un poco aliviado- además, yo le puedo enseñar –comenzaba a parecer ilógico el hablarle de usted.

-¿En serio? -su rostro se iluminó

-Sí, Levi –sabía que nadie los estaba escuchando, pero era la primera vez que lo llamaba por su nombre, y le pareció sorprendente el hacerlo en esas circunstancias. Siempre imaginó que, la primera vez que lo hiciera, sería en una situación muy diferente a la que estaban viviendo- cuando terminemos el recorrido empezaremos con la primera lección, si tú quieres.

La chica miró alrededor de la biblioteca y se acercó a algunos libreros en busca de un libro que no fuera tan complicado de leer. No es que hubiese leído muchos de ellos, pero recordaba que hacía tiempo había leído uno con historias de fantasía que había encontrado en esa misma biblioteca, y se preguntó en dónde estaría. De pronto, sintió dos fuertes brazos alrededor de ella y se sorprendió mucho.

-¡Gracias, señorita Petra! Nadie más que mi mamá había sido tan bueno conmigo –Levi la abrazó con ternura por la espalda.

-¡Capitán! –en seguida se le subieron los colores. En ningún momento espero que él hiciera algo así, y por un instante olvidó que realmente estaba tratando con la versión de siete años del Capitán.

Fue un abrazo muy tierno que hizo sonreír a Petra durante unos momentos. Mentiría si dijera que no había pensado en más de una ocasión sobre cómo sería abrazarlo, pero el sentirlo de verdad, hizo que su corazón diera un vuelco. Nunca lo había tenido tan cerca y su particular y varonil aroma casi logra arrancarle un suspiro, era una mezcla de jabón, té y el cuero de su chamarra.

De pronto, algo interrumpió sus pensamientos y una idea le llegó a la cabeza: qué triste debió haber sido la niñez de Levi, como para expresarse de esa manera. Inclusive, cabía la posibilidad de que se hubiera quedado huérfano a temprana edad, a la merced de la vida en la ciudad subterránea. La verdad era que Petra no sabía mucho sobre su pasado y sólo podía especular, pero de cualquier forma, basándose en su comportamiento, su infancia parecía distar mucho de lo agradable.

Un instinto protector la invadió de repente, y se relajó bajo los brazos que la rodeaban. Tomó uno de ellos con su mano e intentó reconfortarlo por un momento, agradeciendo que no hubiese alguien más cerca, o la escena se podría malinterpretar.

El tour continuó por la siguiente hora y Petra aprovechó para inventar un "juego" para que el Capitán actuara como tal en presencia de otros soldados; le dijo que cada vez que se acercara un soldado que no conociera, debía poner una expresión seria y no hacer comentario alguno, pero más que un juego, ese parecía ser su estado normal; algunas cosas nunca cambian.

Más que parecer un niño de siete años, parecía ser una versión exagerada del Capitán, la cual detestaba a los militares y figuras de autoridad con todas sus fuerzas, e intentaba guardarse cualquier cosa que cupiera en sus bolsillos, y qué decir sobre sus modales a la hora de comer. Lo hacía demasiado rápido y a la defensiva, además ponía un gesto amenazador y de pocos amigos si alguien se acercaba a él mientras comía.

A pesar de todo, el día trascurrió sin ningún problema y Erd tuvo la brillante idea de limpiar el sótano junto con Levi, así que para las nueve de la noche el pequeño Capitán estaba exhausto y listo para irse a dormir. Entonces, lo acompañó a su habitación y se aseguró de que se metiera a la cama. Justo en el momento en el que el soldado cerró la puerta del cuarto, se topó con Petra.

-¿Todo en orden?

-Sí, Petra. Está muy cansado, así que no creo que tenga problemas para dormir, pero… me preocupa –por primera vez, Erd parecía reconocer la gravedad de la situación.

-A mí también –ella cruzó los brazos y se recargó en la pared- esto no puede continuar por mucho tiempo- parecía estar frustrada.

-Descuida, algo me dice que esto no tardará mucho –le puso la mano en el hombro como para reconfortarla y convencerse a sí mismo de que todo estaría bien eventualmente. Ambos intercambiaron miradas de simpatía y después el soldad se dirigió a su cuarto.

Al otro día, Oluo se levantó más temprano que todos para ir a buscar al Capitán. Al tener hermanos pequeños, sabía bien que los niños no suelen dormir hasta tarde, así que fue a buscarlo pocos minutos después de que amaneciera. Tocó la puerta y no hubo repuesta. Esperó un momento más para volver a tocar, pero tampoco tuvo suerte.

-Parece que sigue dormido –sonrió y abrió la puerta con cuidado para no despertarlo, pero no había nadie adentro -¿qué demonios?

Antes de comenzar a preocuparse sin motivo, lo buscó debajo de la cama y adentro del closet, pero no había rastro del Capitán Levi. La cama no estaba tendida y aún se sentía un poco tibia, así que no podía estar muy lejos, entonces Oluo corrió por los pasillos, abriendo los armarios de escobas y provisiones, buscándolo por diferentes lugares, pero sin éxito. Entre más tiempo pasaba, más comenzaban a invadirlo los nervios, ya que cualquiera podría darse cuenta del mal estado de su mente si cruzaba palabra con él. Además, era prácticamente un niño pequeño que podía lastimarse si no tenía cuidado.

Finalmente, Oluo se asomó por la ventana con la esperanza de verlo corriendo por ahí, pero tampoco tuvo suerte, entonces escuchó un fuerte estruendo en lo establos y temió lo peor. Sin perder un minuto más, se apresuró para averiguar lo qué sucedía. No había tiempo que perder y corrió con todas sus fuerzas, encontrándose en el camino con Gunther.

-¿Qué sucede, Oluo?

-¡Rápido! No puedo encontrar al Capitán, creo que está en los establos.

-¿En los establos dices? –se volvió a escuchar un golpe a lo lejos y se miraron con horror por un instante- ¡vamos!

Ambos corrieron y abrieron apresuradamente la puerta, esperando que los caballos salieran corriendo desbocados, pero por suerte para ellos, sólo se encontraron con el Capitán Levi en el suelo y sólo uno de los animales sueltos, caminando por el establo en busca de comida.

-¡Capitán! -los dos se apresuraron hacia donde estaba él. Tenía sangre en la nariz y, aunque no estaba inconsciente, parecía estar un poco mareado, por la forma en que los vio, como si tuviera problemas para enfocar la vista.

-¿Qué le pasó? –Oluo quiso averiguar lo que sucedió, pero ya tenía una pequeña idea sobre cómo había llegado al suelo.

-Yo… yo sólo quería agarrar al caballo y… y…- comenzó a hacer puchero y finalmente a llorar- ¡ahh!

-Gunter, llévalo a la enfermería. Yo me encargaré del caballo –y antes de que su compañero saliera del establo, le gritó- ¡que nadie te vea!

De camino a la enfermería, Gunther fue muy cuidadoso. No quería toparse con algún otro miembro de la Legión, pero el llanto del Capitán no ayudaba mucho a que pasaran desapercibidos y de pronto pensó en lo absurdo que era la situación. Lo último que pasó por su mente cuando despertó esa mañana, era la posibilidad de llevar a su superior, un hombre adulto a quien admiraba y respetaba, hacia la enfermería en medio de llantos y gritos de dolor que, indudablemente eran infantiles.

-Capitán, deje de llorar por favor. No le va a pasar nada. Sólo es un pequeño golpe en la nariz – Gunter tomó un pañuelo que tenía en el bolsillo y limpió la sangre que continuaba saliendo- vamos… debemos llegar a la enfermería.

Por suerte, no había muchos soldados despiertos, y los que ya se habían levantado, estaban en la cocina o el comedor, así que nadie alcanzó a verlos, o escucharlos. Una vez en la enfermería, Gunter sentó al Capitán en una de las camillas y buscó lo necesario para atenderlo.

-¿Sigue sangrando? –le preguntó con el tono más normal que pudo. Se sentía extraño al atender a su superior de esa manera. Levi era el soldado más fuerte de la humanidad; un golpe en la nariz nunca lo pondría así. En un día normal, si algo parecido le hubiese ocurrido, ni siquiera habrían ido a la enfermería, aunque para empezar, nada de eso habría ocurrido si el Capitán estuviera en sus cinco sentidos.

-Sí, todavía hay sangre… -continuaba sollozando y con los ojos rojos, llenos de lágrimas.

-Incline la cabeza para atrás –se acercó a él y le puso un paño con agua fría en la frente y limpió los residuos de sangre. Después lo examinó –creo que no está rota, pero va a dejar un buen moretón.

-¿Qué va a dejar un moretón?... ¡Válgame! ¿pero qué pasó? –exclamó Hanji en cuanto entró al cuarto y los vio.

-Parece que lo pateó un caballo… -dijo Gunther con ironía.

-Yo sólo quería jugar con él –Levi seguía sollozando.

-Oh, por Dios, esto no tiene precio… -Hanji intentó contener la risa mientras se acercaba a uno de los armarios para tomar un frasco- esto ayudará a detener el sangrado –mojó un paño con lo que parecía ser un ungüento y lo puso justo en las fosas nasales de Levi.

-¡Ah! ¡huele feo!

-Ya sé, pero así dejará de sangrar. Es sólo por unos momentos –volteó a ver al soldado- seguramente se le acercó al caballo por atrás y… lo pateó. Un error de principiantes.

-Pienso lo mismo. Rayos, se ha lastimado más en lo últimos dos días que en la últimas tres expediciones.

-Y me temo que seguirá así si no lo tienen bien vigilado –Hanji parecía estar disfrutando de todo aquello.

-Ya tenemos turnos para cuidar de él, pero hoy por la mañana se nos adelantó y… -suspiró- parece que alguien tendrá que montar guardia en su cuarto. Temo que, si lo encerramos, destruya por completo su habitación o intente saltar por la ventana con la ayuda de las sábanas. Después de todo, tiene la fuerza de un adulto.

-¿De un adulto? –de pronto al Capitán se le iluminaron los ojos y se sentó en frente del escritorio de la enfermería- ven, vamos a jugar vencidas –le sonrió a su subordinado, aún con los ojos rojos por el llanto.

-No creo que eso sea buena idea… -el soldado frunció el ceño y miró a Hanji con frustración- tal vez después.

Gunther fue el encargado de cuidar de Levi durante la hora del desayuno, mismo que fue llevado a su oficina. Para entonces, el sangrado de la nariz había parado y sólo estaba un poco hinchado. El moretón comenzaba a aparecer en su rostro. Cuando el soldado entró con la comida, por un momento pensó que las cosas habían vuelto a la normalidad. A simple vista, el Capitán parecía ser el mismo de siempre: estaba sentado en la silla de su escritorio, mirando por la ventana con absoluta seriedad y lo miró con actitud fría cuando entró.

-¿Capitán? –Gunther sonrió, esperando una respuesta positiva, como si por arte de magia, todo se hubiese arreglado, pero cuando vio que Levi brincaba de su silla y se apresuraba a tomar la bandeja con comida que llevaba, sus esperanzas se desvanecieron- será mejor que vuelva a sentarse –dijo con resignación.

-¡Pero tengo hambre! –renegó, pero obedeció después de un momento y esperó a que el soldado le acercara las cosas.

Levi parecía tener un gran apetito, ya que comió muy rápido, y logró ensuciarse las manos y las mejillas con restos de comida. Por su parte, Gunther abandonó todo intento por hacer que comiera con más decoro; cada vez que lo instaba a comer más despacio o a masticar, se ganaba una mirada de desprecio por parte de su superior, así que al final optó por divertirse un poco con la imagen. A decir verdad, no tenía otra opción.

De pronto, se escuchó a alguien llamando a la puerta y el soldado se alarmó. No quería que viesen al Capitán en ese estado, por lo que se acercó a la puerta y con voz seria preguntó de quién se trataba.

¡Hola a todos!

Les traigo la segunda parte de este fic. Preveo que serán entr capítulos, espero que les siga gustando y continúen leyendo hasta el final. Muchas gracias pos sus comentarios y votos, de verdad me alegra mucho ver que les gustan mis historias. Un saludo afectuoso a todos.