Capítulo 4

-¡Capitán! –la chica se apresuró a interponerse entre Oluo y Levi, y este último pareció desconcertarse ante sus acciones y actitud seria- será mejor que se siente un momento. Oluo ya se va –volteó a ver al soldado como indicándole que era el momento para huir.

-Lo…. Lo siento… -apenas terminó de decir eso y salió de la oficina, confundido y preocupado por la actitud del Capitán y de su compañera. Sabía que tal vez no había sido el momento más adecuado para molestar a Petra, pero nunca pensó que su superior reaccionara así. Parecía que había despertado algo en él que, muy probablemente había dejado en el pasado, pero que con esa extraña regresión en la que se encontraba, continuaba latente.

Mientras tanto, aún dentro de la oficina, Eren estaba listo para ayudar a contener al Capitán en caso de que hubiese atacado a su compañero, aunque tenía una corazonada de que no habría sido fácil. Por otro lado, todavía seguía impresionado por la actitud de Petra, quien después de asegurarse de que Levi estuviera sentado y no quisiera ir tras el otro soldado, se volvió a acercar a la ventana para respirar aire fresco y respiró hondo.

Seguía molesta con Oluo, pero al mismo tiempo se sentía responsable por la reacción de su superior y temió por lo que hubiese podido pasar. De pronto, la voz de Eren la sacó de sus pensamientos.

-¿Estás bien, Petra? Si quieres puedo ir a buscar a Gunter o a Erd, o yo puedo quedarme con el Capitán si…

-No será necesario, Eren –ella contesto, todavía viendo hacia el exterior- no debí alterarme así y… -por fin lo miró, esforzándose por fingir una sonrisa tratando de tranquilizar al muchacho, pero de inmediato notó la mirada intensa de Levi sobre ella y lo miró con preocupación- disculpa, yo...

-No me gusta cuando tratan mal a las mujeres –su voz fue sombría.

-No es eso. Oluo sólo bromeaba y… -ella trató de explicar, pero el Capitán la interrumpió.

-Pero esa broma no te gustó y te hizo enojar.

-Eso es verdad –ella habló con sinceridad- en otras ocasiones no me molesta tanto. Se que es una manera de llamar la atención, pero esta vez no estaba de humor para aguantarlo. Lo siento, no debía haber perdido la paciencia así.

-Si lo vuelve a hacer, se las verá conmigo. Eso como esos hombres que visitan a mamá… primero dicen estar bromeando, y después… –el rostro de Levi se ensombreció mientras recordaba algunas escenas que había visto en casa de su madre, pero en cuanto sintió la mano de la soldado sobre su hombro, regresó al presente y relajó un poco. Su advertencia fue sincera y tanto Eren como Petra lo comprendieron, sin saber a qué se refería exactamente, aunque no hacía falta mucha imaginación para deducirlo.

Unos momentos después, pareció olvidar todo y con mirada expectante miró a Petra, quien continuaba al pendiente de él.

-¿Hoy vamos a continuar con la lectura?

-Claro, si tú quieres –la chica se relajó y mostró una pequeña sonrisa. Después miró a Eren y le preguntó- ¿cuál era tu cuento favorito cuando eras pequeño?

-¿Mi cuento favorito? –el muchacho pensó por un instante- no recuerdo el nombre. Era una historia que me contaba mi madre, sobre una chica que, por salvar a su padre, se vuelve prisionera en un castillo encantado con una horrible bestia y…

-¡Oh, ya se a cuál te refieres! –Petra por fin sonrió, recordando la historia, que también era de sus favoritas y después se apresuró a tomar uno de los libros que el día anterior dejó en el librero de la oficina- por suerte, está en uno de estos libros –lo abrió y buscó por sus páginas- aquí esta…

La tarde transcurrió sin ninguna otra eventualidad. Los dos soldados y el Capitán se entretuvieron leyendo "la bella y la bestia" y, al parecer la teoría de Eren tenía cierta verdad en ella, ya que a Levi le resulto fácil volver a aprender las letras. Era como si esas memorias estuvieran en un rincón muy escondido de su mente, esperando por ser recordadas.

Antes del anochecer, la temperatura comenzó a bajar y parecía que una tormenta de avecinaba y en cuanto Petra notó que el joven soldado no traía su chaqueta, lo dejó ir para que no cogiera un resfriado. Además, parecía estar algo cansado. Sin embargo, antes de que este se fuera, bajó a la cocina para preparar un té para ella y el Capitán.

Cuando se quedaron solos, Levi continuó con la lectura y la chica le acercó la taza para que bebiera un poco de té. Un momento después, él la sostuvo por el asa y con mucho cuidado para no quemarse, bebió un sorbo. Al ver eso, Petra sintió confusión, ya que el Capitán siempre había tomado las tazas de una manera muy peculiar y no pudo evitar preguntarle al respecto.

-¿Levi? –el la miró con cierta expectativa-¿no te parece más fácil tomar la taza por… no se, de manera diferente?

-¿A qué te refieres?

-Es decir, algo así – ella tomó la taza por los bordes, de la misma manera peculiar que el Capitán solía hacerlo desde que lo conoció. El intentó hacer lo mismo, pero si mucho éxito.

-Es muy difícil tomarla así –hizo una pausa y después la miró con cierto desagrado- los militares tienen unas costumbres muy extrañas.

-No, no es eso. No la tomamos así, es sólo que… pensé que se le haría más fácil porque…- en realidad no sabía qué decirle- agarra la taza como quieras –sonrió y después pensó que quizás la razón detrás de la bizarra costumbre del Capitán por tomar el té de esa manera, sería el resultado de algo que sucedió en otra etapa de su vida.

Poco a poco, el cielo comenzó a nublarse y Petra pensó que sería mejor que el Capitán regresara a su habitación, antes de que hubiese más soldados dentro del cuartel a causa de la lluvia y, casi como arte de magia, pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer en cuanto entraron al cuarto. Al notar esto, Levi se acercó corriendo hacia la ventana, fascinado por la lluvia. Nunca la había visto caer de esa manera, sin algo que obstruyera su camino hacia el suelo.

Por su parte, la chica observó el cuarto de su superior, el cual estaba impecable, con excepción de la cama, la cual había permanecido destendida desde la mañana, pero sin mucho esfuerzo, Petra pudo imaginar que su habitación siempre permanecía inmaculada. En diversas ocasiones se había preguntado sobre cómo sería su cuarto y, la realidad era muy parecida a la imagen dentro de su mente. Era una habitación un poco más grande que la de los demás soldados. Al ser uno de los soldados con rango más alto en la legión, Levi era acreedor de ciertas comodidades, como un cuarto más amplio que, incluso tenía baño propio y una vista hermosa hacia los bosques cercanos al cuartel.

Petra decidió sentarse en la silla junto al escritorio, pensando en algo que pudiese mantener entretenido al Capitán antes de dormir, pero éste la interrumpió cuando comenzó a contarle sobre cómo era la lluvia en la ciudad subterránea. Allí, la poca lluvia que caía, lo hacía a través de los escurrimientos en las cavernas y al caer, el agua ya era prácticamente lodo. También había algunos pequeños sitios en los límites de la ciudad, donde el cielo podría verse a través de pequeños agujeros en lo alto y, con un poco de suerte, la lluvia caía por ahí en forma de agua pura.

Levi le contó a Petra cuánto le gustaba ir a ver la lluvia junto a su madre, quien en ocasiones aprovechaba esas oportunidades para recolectar un poco de agua. El Capitán compartió con ella algunos detalles sobre su vida pasada, la cual fue difícil y la chica no pudo evitar pensar que la situación había sido terriblemente injusta y cruel para un niño de tan corta edad. Los recuerdos que Levi tenía de su madre eran alegres, aunque parecía tener memorias no tan gratas sobre el trabajo de su mamá y los abusos que sufrió a causa de ello.

Levi estaba sentado sobre el escritorio mientras le contaba todo eso a Petra, y de pronto sintió la calidez de su mano sobre la suya, como si quisiera consolarlo de alguna manera. Ella lo miró con mucha ternura y el Capitán se sorprendió, ya que fue algo inesperado, pero en seguida le sonrió y estrechó su mano.

-Debió haber sido muy duro para ti –su voz fue dulce y serena- pero creo que eres muy valiente por haber sobrevivido.

-¿De verdad lo crees, Petra?

-Sí –ella sonrió y un pequeño sonrojo apareció en sus mejillas- en realidad, eres el hombre más valiente que conozco.

La chica, de pronto se percató de la situación en la que estaba y con un movimiento rápido, apartó su mano de la de él y volteó la mirada hacia otro lugar. En ese momento, el librero junto a la puerta del baño le pareció un sitio interesantísimo para examinar, y se levantó para echar un vistazo en los libros que había allí, evitando la mirada del Capitán, cuyos ojos la siguieron mientras una sonrisa se asomaba en su rostro. La miró con gran calidez, y sus ojos azules parecían brillar mientras se posaban en ella, pero un momento después, un relámpago se escuchó a lo lejos y de inmediato se sorprendió.

-¡¿Qué es eso?!

-¿Qué es qué? –ella se alarmó por el tono que Levi utilizó.

-Ese ruido –él miró a su alrededor, temiendo lo peor y cuando volvió a sonar, la miró con horror- ¿es un titán?

-¿Ese ruido? –ella miró hacia la ventana y se asomó- no temas, son tan solo los relámpagos. Al parecer hay una tormenta eléctrica.

-No me gustan esos ruidos… -cuando otro relámpago sonó, Levi se pegó a la pared, como si quisiera esconderse.

-No pasa nada, ven –ella hizo una seña para que Levi se acercara al escritorio- ¿por qué no jugamos a las sombras?

Levi la miró con preocupación, dudando un poco sobre si debía creerle o no, pero en realidad no tenía razón alguna para no hacerlo, por lo que se acercó, y en seguida, Petra encendió la vela sobre el escritorio. Estaba lo suficientemente oscuro para que la luz produjera sombras y un momento después, ambos comenzaron a jugar al teatro de sombras.

A entrada la noche, Erd tocó la puerta del cuarto. Era su turno para cuidar del Capitán y con una gran sonrisa, entró a la habitación.

-Hola… ¿interrumpo?

-No, para nada, Erd. ¿Descansaste? –el soldado entró con una bandeja de comida para el Capitán y para él. La puso en la mesa y volvió a sonreírles.

-Sí. Lo suficiente para hacer vigilia del Capitán esta noche –Levi parecía estar relajado y miró a Erd con agrado- mañana por la mañana vendrá Gunther, después Oluo junto con Eren, después tú y en la noche volveré a hacerme cargo.

-Entendido -la chica se levantó de su asiento y se acercó a Erd- entonces… nos vemos mañana. Mucha suerte y, cualquier cosa, recuerda que mi habitación está en el piso de abajo, a final del pasillo –hizo una pausa- que descanse Capitán, nos veremos mañana.

Y sin más, salió de la habitación del Capitán para dirigirse a la suya, percatándose de que la tormenta continuaba. Sin duda, había pedido la noción del tiempo y de su entorno mientras jugaba a las sombras con Levi y un instante después, pero antes de que Petra pudiera alejarse del cuarto, sintió algo tirando de su chamarra y al voltear, se sorprendió mucho al ver que era la mano del Capitán. Notó que su mirada estaba fija en el piso, como si estuviera apenado y temeroso, un gesto que nunca había mostrado antes.

-No… no te vayas…

-¡Capitán! –Erd salió corriendo tras de él.

-¿Qué sucede? –ella se acercó un poco más al Capitán.

-Por favor, no me dejes solo en la noche –su voz sonó triste e incluso un poco temerosa.

-Pero Capitán, no sería correcto. Es decir, si alguien… -Petra intentaba explicarle mientras se sonrojaba un poco, mirando a su alrededor, en caso de que otro soldado pasara por allí y mientras Erd miraba la escena un poco confundido.

-Tengo… tengo miedo de los relámpagos… cuando el cielo truena, cosas malas suceden –había nostalgia en su voz, un genuino sentimiento con certeza de que algo sucedería si se quedara solo.

Petra lo miró con dulzura por unos instantes y los tres regresaron al cuarto. Allí, la chica le sonrió, tratando de reconfortarlo y acarició su brazo, pero de pronto se encontró con la mirada perpleja de Erd, y antes de que este pudiese decir algo, se apresuró a susurrar.

-Tiene miedo de los relámpagos y… -el soldado la interrumpió, finalmente comprendiendo lo que pasaba.

-Descuide, Capitán. No dejaré que algo le suceda. Puede dormir tranquilo mientras…

-Quiero que Petra se quede conmigo, no tú –su voz era ronca, y por un momento, ambos soldados pensaron que su Capitán estaba de vuelta, debido a su actitud. Sin embargo, sabían que él nunca diría algo así, a pesar de mostrar cierta predilección por la chica de vez en cuando.

-Pero Capitán, no es lo más correcto que…

-¡Dije, que quiero que Petra se quede conmigo! –al parecer él ya había tomado la decisión y los soldados poco podrían hacer al respecto.

-Está bien –después de un momento de mirarse con seriedad, la chica tocó el hombro de Erd de manera persuasiva y le habló en voz baja- por mí no hay problema. Además, considerando la situación, no creo que…

-No lo digas ni en broma –la expresión de Erd se volvió sombría- estarías infringiendo en un delito muy grave y...

-¡Erd! –ella se sonrojó y lo empujó- Yo no me refería a… -de pronto, el soldado comenzó a reír a carcajadas- ¡No es justo! Creí que hablabas en serio.

-Debiste haber visto tu expresión, Petra –continuó riendo- está bien, puedes quedarte –le sonrió- vendré temprano por la mañana, para asegurarme de que nadie te vea salir del cuarto y para esperar el siguiente turno. No queremos que esto se preste a malas interpretaciones. Será un secreto entre nosotros.

-Te lo agradezco.

-Ahí está la cena, así que… ¿quieres que te traiga algo más? Tal vez una cobija o… tal vez no pases mucho frío si duermes junto a él -su actitud se volvió pensativa, pero evidentemente no hablaba en serio.

-¡Ya vete! –ella lo empujó hacia la puerta mientras el soldado reía y ella ocultaba su sonrojo.

-Compórtese, Capitán. Recuerde que Petra es una chica, así que… -tomó el pomo de la puerta para abrirla- no haga nada que yo no haría –le guiñó el ojo y salió del cuarto, seguido de un libro que la chica le arrojó con indignación.

-¡No es gracioso!

-¿Qué no es gracioso? –en seguida preguntó Levi con mucha confusión.

-El… -no supo que responder- por… cosas de adultos… -iba a decir algo más, pero otro relámpago se escuchó a lo lejos, y el Capitán se escondió bajo la sábana.

-No hay nada que temer –se acercó y encendió otra vela junto a la mesita de noche - ¿ves? No hay nada aquí. Son sólo truenos y sonidos fuertes, pero no pasará nada –él la miró mientras recorría el cuarto, como si buscara a algo o alguien escondido.

-Gracias.

-Además, los titanes no hacen esos sonidos. Se lo aseguro…

Mientras cenaban, la chica le contó sobre las misiones que habían llevado a cabo y le describió cómo eran los titanes y cómo debían matarlos, hasta que notó la cara somnolienta de Levi.

-Creo que es hora de dormir ¿por qué no se lava los dientes mientras busco algo más cómodo para que duerma?-Levi la miró como si estuviese a punto de objetar, pero un momento después desistió y se dirigió al baño.

Mientras tanto, la chica se preguntó qué tipo de ropa usaría el Capitán para dormir. A simple vista, no parecía el tipo de hombre que utilizara pijama, pero en distintas ocasiones se había llevado grandes sorpresas al asumir algo sobre él, particularmente con su atuendo para hacer limpieza. Dadas las circunstancias, no sería mala idea que lo dejara dormir con el uniforme militar, pero estaba segura de que la noche anterior había dormido así y seguramente su ropa necesitaría lavarse, por lo que optó por buscar algo en la cajonera.

Optó por sacar una camiseta de algodón de manga larga que parecía lo suficientemente cómoda para dormir y unos pantalones negros algo flojos. Después, esperó a que abriera la puerta del baño y, antes de que saliera, le acercó la ropa, indicándole que debía ponérsela, a lo que el Capitán asintió sin objeción alguna.

-Cuando termines, dame tu uniforme para ponerlo junto con la ropa que hay que lavar, por favor- Petra dijo desde la habitación, preguntándose si la habría escuchado a través de la puerta, pero pronto sus dudas se despejaron, cuando Levi abrió la puerta de manera repentina.

-¿Qué dijiste? -se asomó con expresión confundida, pero tan sólo traía puestos los pantalones, dejando ver su torso desnudo.

-Dije que...-ella lo miró por un instante y después apartó la mirada, apenada al verlo de esa manera. A pesar de que el Capitán era un hombre muy fuerte, su complexión era más bien esbelta, pero en ese momento, Petra confirmó dos cosas que se había preguntado en el pasado. Número 1: sí, sus músculos estaban perfectamente marcados y número 2: por ilógico que sonara, se sentía terriblemente atraída físicamente por él- que cuando termines de vestirte, me des tu uniforme para ponerlo con la ropa que debe lavarse… -dijo mientras se levantaba y caminaba hacia la ventana, deliberadamente evitando mirarlo un segundo más.

-Está bien -y entonces él volvió a entrar al baño y terminó de vestirse.

Una vez fuera, se acercó a ella y le dio su uniforme, que lejos de estar doblado de manera cuidadosa, estaba arrugado y necesitaba lavarse con cierta urgencia.

Cuando Levi por fin se metió a la cama, Petra acercó una silla y se sentó junto. La tormenta continuaba y los relámpagos eran cada vez menos frecuentes, pero cada vez que resonaban en el cielo, él parecía temeroso, así que la chica decidió contarle sobre la vida dentro de las murallas, mientras él la escuchaba atento. Al haber perdido la memoria, no tenía idea de cómo eran las cosas en la superficie y todo parecía sacado de un cuento. Sin embargo, y a pesar de que intentó escuchar hasta el final de la historia con todas sus fuerzas, le fue imposible. El sueño logró vencerlo y un par de minutos después Petra lo notó. Así que sonrió y comenzó a pensar en una buena estrategia para mantenerse al pendiente de él, pero estar al menos un poco cómoda, pero de pronto, sintió cómo la mano del Capitán buscaba la suya y la tomaba para asegurarse de que siguiera cerca.

Al principio, Petra se sorprendió mucho, pero después una gran sonrisa apareció en su rostro. No tuvo corazón para apartarse mucho de él, por lo que se limitó a acomodar la silla de espaldas a la pared y recargarse en la cabecera. De esa manera podría incluso dormir un poco, pero de inmediato se daría cuenta cuando si Levi levantara de la cama.

Al principio estuvo determinada a permanecer despierta, pero poco a poco el sueño la fue venciendo y acomodó los pies sobre la cama para estar un poco más cómoda, hasta que, un par de horas después, se quedó dormida.

Notas de la autora.

Gracias por seguir leyendo la historia. Disculpen la tardanza en la actualización, es sólo que comencé un nuevo trabajo y he tenido muchas actividades que absorben mi tiempo, pero aquí está la actualización. Que la disfruten.