* Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm y J.K. Rowling respectivamente.
El sol comenzaba a entrar por el pequeño orificio que no alcanzaba a cubrir la cortina, y eso era perfecto de no ser por ese molesto rayo de sol quizás no se habría despertado. Talló sus ojos mientras se ponía de pie, su horario de clases la espera en su cómoda, tomó el pergamino en sus manos y comenzó a leer, su primera clase sería Herbología, ¡Genial! Pensó, ojalá nos toque con Hufflepuff, tomó su uniforme y comenzó a arreglarse para su primer día, no fue una sorpresa que ella fuese la primer en despertar, si de algo se había preocupado en toda su estancia en Hogwarts era de ser una estudiante modelo, jamás había recibido una llamada de atención y en sus siete años como estudiante podía presumir que sólo le había quitado diez puntos a su casa por causa de ella, los primer cinco por llegar tarde a clase de pociones en primer año y otros cinco por estar en el lugar y momento menos indicado, es decir junto a Poe Dameron mientras trataba de esconder la varita del profesor Flitwick y así evitar la clase de encantamientos.
Mientras sus compañeras comenzaba a despertar Rey ya estaba bajando las escaleras, sus amigos debían seguir dormidos, a ellos no les encantaba tanto la idea de comenzar a tomar clases, y de ser posible dormían hasta que fuera necesario levantarse, por lo regular siempre se perdían del desayuno. Llegó hasta la sala común, este día era especial por lo que decidió arreglar su cabello un poco más de lo usual y se preparó tres bollitos a lo largo de la cabeza, un peinado que su abuelo le mostró en una foto de su madre, no estaba segura si se veía realmente tan lindo como lucía en su mamá pero le encantaba no tener el cabello revoloteando por los hombros o molestando en sus ojos.
El comedor no estaba vacío, algunos compañeros de Gryffindor ya estaban ahí, además de las escuelas visitantes ocupando los mismos lugares de anoche. Algunos maestros también estaban sentados en sus lugares tomando sus desayunos.
—Reyli-beily ¡Buenos días! —Entonaba con su dulce voz Bill. Rey cambio su enfoqué y caminó directo a su pecoso amigo.
—Buen día, Bill…
—Rey ¿Qué tal dormiste? —Preguntaba otro joven pelirrojo de nombre Charlie
—Excelente…—Rey se sentó al lado de los hermanos en la mesa de Gryffindor, jamás fue un problema para ella convivir con estudiantes de otras casas, respetaba y apreciaba a cada uno de sus compañeros así fueran de Slytherin o Hufflepuff.
Se dedicó a escuchar las divertidas ocurrencias de los hermanos; Bill era el mayor él pasaba todo el tiempo sonriendo, desde primer año están juntos en las clases así que lo ha visto crecer, luego estaba Charlie, sólo unos años menor era encantador y un verdadero caballero y el más pequeño estudiando era Percy, callado hasta los codos pero muy listo. En ocasiones envidiaba la relación de estos tres chicos, ella anhelaba una familia más grande, pero eran sólo ella y su abuelo, sus padres murieron cuando era muy joven tanto que no puede ni recordarlos. Y su abuelo se ha hecho cargo de su educación, mantienen una estrecha relación y es imposible para Rey dejarlo solo, por eso rechaza las invitaciones para ir a la playa con sus amigos o pasar los últimos días antes de volver a la escuela con los Weasley.
—¿Qué clase te tocó al principio? —Preguntó Bill a Rey para incluirla en la conversación.
—Herbología—Respondió ella con una sonrisa.
—Excelente igual que yo, supongo que compartiremos invernadero.
—Y si no quieres compartir un regaño será mejor que no vayamos ya.
—Los veo en la tarde muchachos—Dijo Bill poniéndose de pie y despidiéndose de sus hermanos. —¿Tomaras alguna clase extra?
—Creo que sí, tomaré una especial de Cuidado de criaturas mágicas.
—Eres igual a Charlie, ama toda clase de bichos, de hecho creo que lo invitaron a tomar una clase de séptimo, quizás les toque juntos.
—¡De verdad! Ojalá lo encuentre.
Continuaron caminando hasta el invernadero donde se impartiría la clase, ahí deberían estar ya sus amigos, pero lo que vio fue el inconfundible cabello blanco de Miranda Smith, Hufflepuff. De inmediato buscó la mirada de Bill, uno de los dos estaba en la clase equivocada, pero ahí estaban Poe y Finn.
—¿Vamos a compartir salón más de una casa? —Pregunto Bill hacia Rey, pero ella tampoco tenía la respuesta.
Fuera del salón estaban alumnos de las cuatro casas de Hogwarts y algunos alumnos de Ilvermorny y Castelobruxo. La profesora Sprout abría la puerta y les indicaba que se dirigieran al interior, todos.
—Bienvenidos alumnos de séptimo a la clase de Herbología, sé que deben estar un poco confundidos ante la presencia de más de una casa, para nuestros invitados; los estudiantes de Hogwarts toman sus clases por grupo de dos casas en cada salón, pero con la llegada de nuestros visitantes y celebrando la unidad que nos brinda el torneo los maestros decidimos reunir a todos en las mismas clases, notaran que alguno de sus compañeros de casa no están aquí…— Tenía razón fue cuando Rey se dio cuenta que faltaban sus compañeras de habitación. —…Tienen horarios diferentes de manera que puedan convivir todos con todos.
De alguna manera eso le encanaba a Rey, tener clases con gente nueva y las casas revueltas, pero ¿Y si sus amigos no estaban con ella en el resto de las clases? Terminó la clase de Herbología y ahora tocaba pociones con el profesor Snape, suspiró ante la perspectiva, el profesor Severus Snape no era reconocido por simpatizar mucho con los estudiantes, de hecho Rey tenía la impresión de que le molestaban, pero era excelente en su trabajo y eso no lo podía negar.
Para su desdicha ni Finn ni Poe estarían con ella en esa clase, pero si Bill, al menos una cara conocida.
Pasó el día de clases y se acercaba su última asignatura Defensa Contra las Artes Oscuras, conocería al nuevo maestro; Ben Solo… según el horario de Finn y Poe ellos tendrán la clase hasta el día de mañana, así que deberá poner atención para informarles sobre el carácter de su nuevo profesor. Llegó antes al salón, mucho antes ya que ella no se detenía en los corredores a charlar, no si no la detenían, en la entrada estaba su nuevo amigo Paulo, a quien no había visto en toda la mañana.
—Rey ¿Cierto? —La voz cantaría de Paulo la hizo sonreír de inmediato.
—Si, Paulo…—Dijo ella señalándolo. Él sólo asintió con su cabeza. —¿Tienes clase de Defensa contra las artes oscuras?
—Sí, ¿Tú también? ¡Maravilloso! —Exclamó ante la afirmativa silenciosa de Rey.
—Te recomiendo que entremos, no conozco a este maestro así que no se si tolere los retardos….
—No te preocupes… tenemos tiempo de sobra…
Rey sonrió ante su respuesta, pero años de escrupulosa puntualidad no iban a morir por una cara bonita. Apenas atravesó la puerta y los ojos del profesor se fijaron sobre ella, él estaba recargado sobre su brazo leyendo uno de los libro, seguramente de su biblioteca personal, y bajaba sus lentes con la mano que tenía libre.
—Pensé que faltaban unos minutos…—Dijo él, su voz era tan ronca y grave qué Rey pensó que muy probablemente estaba atravesando por una enfermedad, pero ¿Qué clase de enfermedad te agrava tanto la voz?
—Así es maestro…—Dijo apenada.
—Tome su lugar. —Pareciera que estaba molesto por ser interrumpido, Rey giró su rostro para ver la sonrisa burlona pero juguetona de Paulo. No le quedó más que seguir su camino hasta tomar un asiento al costado del escritorio de su maestro, quien cerraba su libro y lo ponía de lado mientras ella pasaba frente a él.
Pasaron al menos cinco minutos, el profesor observaba un punto en la nada mientras resoplaba con la respiración y Rey no dejaba de sentirse apenada, clavó su vista en su pupitre y comenzó a garabatear palabras en la orilla del cuaderno, el silencio la estaba volviendo loca, su cabeza comenzó a imaginar regaños o peor que le quitaban puntos a su casa, sabía que no era posible, no podían regañarla por llegar temprano pero la osca actitud de su profesor la hacía sentir extraña, pero de repente la puerta se abrió y más estudiantes comenzaron a entrar, Paulo le sonreía y ella, aún demasiado apenada, sólo logro elevar ligeramente los pómulos.
—Bienvenidos alumnos a Defensa contra las artes oscuras, soy el profesor Solo…
La voz de su nuevo maestro se difuminaba en su cabeza, Rey sentía una extraña vergüenza aún incluso hasta para poner atención, bajó de nuevo la vista a su cuaderno y se mantuvo alejada, tratando de pensar en sus clases nuevas y en sus compañeros, las tareas que ya tenía asignadas, en fin, cualquier cosa que la llevara lejos de este salón. De repente los largos dedos del profesor se posaron sobre sus garabatos en el cuaderno, ella salió del trance en el que se indujo y volteó a ver la mirada de su profesor, sus ojos no eran ni remotamente tan oscuros como ella había imaginado.
—Supongo, señorita…—Dejó sus palabras suspendidas en el aire esperando escuchar el nombre de Rey.
—Kenobi, Rey Kenobi…—Respondió ella con nerviosismo impregnado en su voz.
—Señorita Kenobi, que su cuaderno en blanco debe estar ofreciéndole una mejor clase que la mía.
—No señor…—Tartamudeó ella de inmediato, el corazón comenzó a palpitar con acelerados golpes en su pecho.
Él no relajaba su rostro mientras le sostenía la mirada.
—Ponga atención...—Resopló antes de continuar avanzando a lo largo de la fila con un libro en las manos—…los conjuros pueden ocasionar daño extremo, las quemaduras y llagas provocadas por ellos son muy difíciles de sanar…
Al menos el resto de la clase fingiría que ponía atención, no podía esperar a que terminara, le gustaban los temas de la clase, pero debía esperar a la siguiente sesión para no sentirse tan mal, quizás el profesor olvide incluso su nombre.
