* Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm y J.K. Rowling respectivamente.
El día de hoy sería diferente, no dejaría que su mal humor tomara poder sobre ella, debía encontrar la manera de enfrentar a su profesor sin comprometer su estancia en el colegio, pero era difícil, al menos para ella, ya que con sólo pensar en él sentía como sus entrañas se juntaban y retorcían. Inhaló y exhaló con fuerza y comenzó su camino hasta el despacho del profesor Solo, aún era una larga semana y apenas comenzaba su castigo, mientras caminaba recordó los consejos de sus amigos; Según Poe debía continuar como si nada hubiera sucedido, claro que sin faltarle el respeto de nuevo, sólo fingir. Y según Finn debía disculparse. Eventualmente tendría que hacer alguna de las dos cosas, pero estaba determinada a seguir el consejo de Poe.
Rey llegó hasta la entrada del salón, donde sabía que el profesor la estaba esperando. Pero antes de tocar la puerta esta se abrió; era Solo quién con severa expresión se hacía a un lado para dejar pasar a la joven.
—Llega usted tarde…
—Lo lamento, me retrasé en clases.
Las palabras sonaban monótonas en sus labios, sin emociones. Caminó detrás de su maestro, con la fuerte convicción de pretender que el día de ayer no sucedió. Se permitió perderse momentáneamente en el vaivén que producía el cabello rizado de su maestro al caminar, una parte muy dentro de ella pensó en enterrar sus dedos en ellos.
—El día de hoy lavará los instrumentos y matraces de su maestro de pociones, le he dejado unos guantes y detergente sobre el escritorio—Los largos dedos de Ben mostraban el lugar donde estos se encontraban.
Ella se colocó los guantes y comenzó su trabajo, por su parte Ben Solo tomaba asiento, con su libro entre las manos y continuó con su lectura. Los días posteriores no fueron muy diferentes. El profesor Solo se mantenía distante, sereno, reclinado sobre el libro que cargaba a todos lados. Rey limpiaba instrumentos y materiales de otros maestros, las tardes se volvieron monótonas, terminaba su castigo y llegaba directamente a la sala común a hacer sus tareas. Cuando por fin comenzaba a llevar un ritmo concluyó la semana, ese viernes terminó su clase extra de cuidado de criaturas mágicas, subió a los baños y lavó sus manos, arregló un poco su cabello y se dirigió a su castigo, era el último días, estaba agradecida que la semana llegara a su fin.
Al llegar frente a la puerta y llamar al menos dos veces sin recibir una respuesta decidió entrar. El salón estaba a oscuras, excepto por la luz que salía por las hendiduras en la puerta de la oficina del profesor. Rey caminó con sigilo hasta la entrada.
—¿Profesor Solo?...—Su voz sonaba desconfiada. Se acercaba lentamente a la puerta y extendía su mano para tocarla, el sonido de los pasos de su maestro la hicieron regresar.
La puerta se abrió de golpe y las luces de las velas que iluminaban el salón se encendieron.
—¿Es un mal momento?—Preguntó Rey con sigilo al notar el semblante cansado en el rostro de Ben.
—No...—Respondió tajante—Tome asiento.
Ella caminó hasta la silla que ha utilizado toda la semana y al sentarse notó que no había instrumentos que lavar. Con curiosidad observa a su maestro que toma su lugar frente a ella.
—Ha hecho un gran trabajo esta semana...—Rey había notado que cuando su profesor se dirigía a ella hablaba como si la conversación ya estuviera iniciada desde antes.
—Gracias profesor—Respondió de inmediato.
—Se ha quedado ya sin nada que limpiar.
Rey frunció los labios, y buscó la mirada de su maestro, esperando algo más... ¿Qué quería decir él con sus palabras? ¿Se terminaron los castigos? ¿Podría irse ya?... Rey tenía las intenciones de preguntarlo, salir de ahí un poco antes.
—Podría simplemente sentarme aquí y esperar. —Dijo en un tono bromista, se arrepintió al instante.
—Cómo guste—Terminando de decirlo tomó de nuevo su viejo libro y hundió los ojos en el.
Rey se quedó perpleja, sabía que debió preguntar si podía irse, pero en el fondo ella sentiría que le faltó un día de castigo, así que se relajó y trató de distraerse con las pinturas en las paredes o las nubes que atravesaban la ventana.
Todo estaba muy silencioso, escuchaba sólo la fuerte respiración de su profesor, quien se mantenía absorto en la lectura. Después de esta semana Rey ya no se sentía tan molesta con su presencia, aún estaba enfadada por el castigo que continúa creyendo injusto, pero toda la cólera que sintió el primer día desapareció.
A lo largo de esta semana no mantuvieron conversaciones muy largas, él sólo le daba las instrucciones de que era lo que debía hacer y una despedida corta al final. ¿Será que su profesor no disfruta estar acompañado? y ahora que Rey lo analizaba: no recordaba haberlo visto charlar con nadie, de hecho estaba la mayor parte del tiempo solo. En la mesa de profesores, durante los desayunos o cenas, él se sentaba en los extremos, comía en silencio y al terminar se retiraba sin anunciar. Durante las clases impartía su materia pero tampoco hablaba más de lo necesario, mientras sus otros profesores bromeaban y charlaban un poco. Tampoco recordaba haberlo visto en los pasillos o durante los descansos. ¿Qué tanto esconderá este profesor?
Y mientras más lo analizaba Rey se dio cuenta de un detalle que había pasado por alto... durante toda la semana no perdió de vista a su profesor.
—¿Le molesta si leo algo yo también?—Preguntó de repente Rey. Ben bajó un poco su libro y observó a la chica que le regresaba la mirada.
—Adelante—Le respondió con sequedad.
Rey se inclinó sobre sus cosas y tomó uno de los libros que sacó de la biblioteca, nada en especial sólo quería mantener su cabeza concentrada en otra cosa que no fuera su profesor.
Fue un poco difícil al principio, pero conforme avanzaba en la lectura su mente se dispersaba más y perdió por completo la noción del tiempo y espacio, se reclinó sobre la silla mientras masticaba cada palabra que salía del libro "Historia de la Magia volumen 3". Por poco olvidaba que en efecto estaba acompañada en ese momento.
Repentinamente el sonido de golpes en la puerta sacó a ambos de su trance, giraron rápidamente su cuello a la entrada mientras el profesor recitaba un "Adelante" con la voz ronca.
Los curiosos ojos de Finn se asomaron por la puerta y con algo de vergüenza en su voz se dirigió a su maestro.
—Lo lamento profesor… pensé que el castigo ya había terminado.
Pareciendo coreografiado, Rey y su profesor, giraron para encontrarse con la mirada, ambos estaban confundidos, tampoco sabían qué hora era.
—Puede retirarse, señorita Kenobi.
Rey tomó sus cosas y caminó hasta la puerta donde Finn aguardaba por ella.
—Buenas noches profesor…—Le dijo Rey girando sobre el umbral de la puerta antes de cerrar.
—Ya no se adentre al bosque prohibido…—Advirtió él en algo que casi sonó como una broma.
Rey sonrió más para sí misma al cerrar la puerta y concluir así por fin su eterna semana de castigos.
—¿Qué tanto estabas haciendo? —Recriminó Poe acercándose a sus amigos.
—Estaba leyendo…—Le respondió Finn antes de que ella tomará la palabra.
Poe sonrió y soltó una sonora carcajada.
—¿Ese era tú castigo?... Evidentemente ese profesor no te conoce para nada, pecas.
Poe pasó su mano sobre el hombro de sus amigos, colocándose justo en medio y comenzaron los tres juntos su camino de regreso al gran comedor.
