* Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm y J.K. Rowling respectivamente.
—No pueden hacer algo como eso, ¿No está prohibido poner en peligro a los estudiantes? —Rey continuaba alegando, mientras leían algunos libros que hablaran sobre bestias nocturnas.
—Es el torneo, Rey… muchas cosas están permitidas en el…—Poe hablaba resignado, estaba recargado sobre uno de los estantes con un libro sobre sus manos.
—No es correcto…—Ella se negaba a aceptarlo.
Rey comenzó a guardar sus cosas.
—¿A dónde irás? —Finn se acercaba a ella intentando detenerla.
—Voy a hablar con el director… no pueden ponerlos en riesgo.
—Rey, cálmate, yo soy quien debería estar molesto
—Eres mi amigo Finn, y no voy a ver cómo te enfrentan a algo como esto.
Rey terminó por colgar la bolsa sobre su hombro y salió casi volando de la biblioteca.
—¿Qué podemos hacer? —Finn regresó para observar el rostro de su amigo mientras Rey se alejaba.
—Ya la conoces…—Decía Poe tomando el libro que dejó Rey. —… va a regresar cuando descubra que no hay nada que pueda hacer.
Rey caminaba con paso firme y con total decisión a la oficina del director, necesitaba hacer todo lo posible en sus manos para evitar que Finn se enfrentara a una criatura como esa, ella sabe que debajo de la piel de un hombre lobo existe una persona que sufre las consecuencias de una terrible maldición, pero no era justo enfrentar a los estudiantes contra seres tan peligrosos.
Se detuvo en los grandes arcos que estaban junto a los jardines, a la distancia lograba distinguir a algunos maestros, entre ellos el profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, que se adentraban al bosque. "El director debe estar con ellos" pensó, y comenzó a caminar en su dirección, conforme se alejaba de la escuela el sonido de los estudiantes se atenuaba, hasta convertirse en nada, el canto de las aves y algunos insectos comenzaban a formar parte del panorama, y poco a poco un sollozo llegó a sus oídos, sonaba lleno de dolor. Se detuvo a tratar de determinar de dónde venía, era el inconfundible llanto de una mujer. Rey caminó hasta un muro del colegio, algo retirado de los salones, por lo que era difícil que algún estudiante estuviera ahí por casualidad.
Detrás de una pared de piedra escondida de toda luz estaba una pequeña chica con las rodillas flexionadas sobre su pecho.
—Hola…—Rey se mantuvo a una distancia considerable.
La chica levantó su rostro, era la pequeña campeona de Ilvermorny; Rose Tico. Ella se mantuvo en silencio, sus ojos ligeramente rasgados estaban hinchados de tanto llorar.
—¿Está todo bien? —Rey sabía que era evidente que no, pero buscaba una forma de acercarse a ella sin ser invasiva.
Rose negó con su cabeza sin decir una sola palabra.
—…Ya… ¿Ya lo descubrieron?... —Su voz estaba quebrada, Rose estaba realmente alterada.
—Si…—Le respondió Rey sabiendo casi por instinto que se refería al torneo.
La mandíbula de Rose comenzó a temblar, sus rodillas se apretaron con más fuerza contra su pecho. Rey se acercó a la joven que lucía destrozada, se sentó a su lado y sólo se dedicó a ser su compañía, ella sabe que no hay nada más que pueda hacer por Rose.
—Aún no se lo digo a mi hermana...—Rose observaba el horizonte, sus manos se hicieron puño sobre sus rodillas.
—Ella puede ayudarte a encontrar una forma de enfrentar la prueba.
—No... ella, temo más por ella que por mí.
—Lamento el momento que debes estar pasando.—Rey sospechaba que existía una historia detrás del miedo de Rose.
—¿No deberías estar con tu amigo?—Preguntó la pequeña Rose, no con la intención de ahuyentarla, más como curiosidad.
—Si, él ya está investigando sobre eso en la biblioteca. Yo estaba buscando al director o a cualquiera que me dijera que la prueba estaba equivocada.
—Oh no... Las pruebas del torneo nunca están equivocadas y siempre tienen un propósito.—Ella parecía conocer mucho sobre las reglas y normas del torneo de los tres magos.
—¿Cuál será este?—Rey notaba como, conforme avanzaba la conversación, Rose comenzaba a tranquilizarse. Después de todo su compañía al menos la calmó un poco.
—Debe ser aprender a enfrentar tus terrores...
No, para Rey esa afirmación no tenía mucho sentido, si; los hombres lobo son aterradores, pero no hasta el punto de inhabilitar a Finn a enfrentarse contra uno.
—No creo que Finn esté tan...
—Son tres pruebas.—Rose giró su rostro para ver a Rey directamente a los ojos.
—¿Tú crees que es una prueba por competidor?
—No lo creo, lo sé...
—¿Cómo estás tan segura?—Rey era una chica de hechos, no de suposiciones.
—Por qué esta prueba es para mí.—De nuevo los ojos de la joven se llenaron de lágrimas—Un hombre lobo asesinó a mis padres.
Rey se mantuvo en silencio, sentada al lado de la chica mientras ella se tranquilizaba de nuevo, pensaba en Finn y lo imaginaba enfrentado directamente a un hombre lobo, pero él es un mago formidable, excelente con hechizos pueden petrificar a la criatura o confundirla... haría algo para defenderse. Pero ¿y Rose? posiblemente la joven se paralice del terror recordando a sus padres, la teoría sobre que las pruebas son hechas una por competidor no era del todo descabellada, pero si esta era la prueba de Rose ¿Cuáles serían las de Finn y Paulo?
Cuando Rose se tranquilizó lo suficiente agradeció la compañía de Rey y se dirigió a buscar a su hermana para informarle sobre las pruebas. Por su parte Rey regresó a la biblioteca a buscar a sus amigos.
—¿Que te dijeron?—Preguntó Poe una vez que Rey se sentó en la mesa y tomó uno de los libros.
—Hablé con Rose Tico... estaba muy asustada.
—¿Ya se enteró también?— Finn parecía ligeramente preocupado por la chica. Un impulso natural considerando que ella era la única mujer en la competencia.
Rey asentía a la pregunta de Finn—Y dijo algo que no puedo sacarme de la cabeza...—Poe se sentó frente a ella mientras Finn permanecía parado a su lado.—Dice que las pruebas son el reflejo de los miedos de cada participante... ella perdió a sus padre por un hombre lobo.
—¿Cómo serán las siguientes pruebas?...—La voz de Finn cambió notablemente al entender las palabras de Rey.
—¿Averiguaron algo?—Preguntó ella tomando uno de los libros, tratando de desviar la información, para no enfocarse en pruebas que aún no son un hecho.
—El libro de tercero tiene bastante información, sobre cómo son y cómo se relacionan con el entorno, pero nada de cómo enfrentarlos, según esto lo más sensato es no hacerlo.—Poe le pasó el libro a Rey para que ella lo leyera, con la esperanza de que pudiera encontrar algún hueco que ellos no vieron.—Sólo responden ante el llamado de otros hombres lobo... no reconocen a nadie en ese estado, son "salvajes"—Dijo lo último haciendo comillas con sus dedos.
—Vamos a encontrar algo, Finn...—Dijo Rey tomando la mano de su amigo al notar que estaba absorto observando la nada.
—Gracias Rey...
La mañana siguiente, en el gran comedor, Finn y Rose lucían un rostro demacrado, completamente pálidos, pero Paulo por otro lado estaba radiante, haciendo bromas y jugando, parecía no molestarle el hecho de lo que estaba por enfrentar.
—Quisiera esa confianza...—Dijo Poe observando al relajado Paulo, mientras tomaba una salchicha y la colocaba en su plato.
—Quizás ni siquiera sepa a qué se enfrenta...—Rey tomaba un poco de puré de papa. De inmediato los ojos de Poe se posaron sobre ella, con una sonrisa maliciosa—Ay no... no pienso preguntarle Poe. Me fue terrible con tu idea de persuasión.
—¿Él no te dijo que la pista estaba en el libro?—Finn se unió a la conversación.
—No, se los dije... apenas pudimos hablar, de hecho.
—¿Entonces cómo lo averiguaste?—Poe se sintió inmensamente curioso, conocía a su amiga a la perfección, la idea no había salido de la nada.
—Estaba en clases, rayando la hoja del libro y...—Rey comenzó a analizar las palabras que salieron de su boca—...Estudiábamos la página 39.
—Que bendita coincidencia—Poe tomó lo que sobraba de puré. Pero no prestó atención al rostro de Rey, quien parecía estar pasando por un momento de iluminación.
Y de repente notó que no era una coincidencia, el profesor lo hizo a apropósito, él sabía que Rey estaba ayudando a su amigo, lo que hizo fue darle un pequeño empujón en la dirección correcta.
Casi por inercia giró levemente sus ojos hacia la mesa de profesores, buscando la melena negra y bien peinada del profesor Solo, ahí estaba él, tomando un vaso con jugo, con la comida servida en sus platos, un libro en su mano y regresándole la mirada a la joven estudiante.
