* Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm y J.K. Rowling respectivamente.
—¿Hay alguien ahí? —Preguntó Rey mientras tocaba la puerta.
—Señorita Kenobi…—La voz del profesor Solo la hizo sonrojarse un poco, agradecía no haberlo visto de frente
—¡Profesor! Debe ayudarme, el poltegeist me encerró, pero por favor no vaya a…—De repente muchas cosas sucedieron al mismo tiempo; Rey suspiraba enfadada, la malvada risa de Peeves se hacía presentes y el Profesor Solo ahora acompañaba a Rey en su encierro en el armario de escobas.—…Tocar el pomo…— Rey completando su frase y bajando su cabeza, esta sin querer se recargó sobre el pecho de su maestro, de inmediato elevó su rostro y se acercó más a la pared.
El armario apenas era lo suficientemente amplio para contener a los dos. Los pies del profesor rozaban los de Rey y estaban al menos a un antebrazo de distancia. No podían moverse demasiado sin rozar una parte del cuerpo el uno del otro
—¿Qué significa esto? —Preguntó el profesor.
—Es una broma de Halloween… No lo intente…—Rey notó que Ben comenzaba a buscar la perilla—…Está hechizada.
—Entonces sólo habrá que esperar. —Suspiró él cansancio.
—¿A qué? —La voz de Rey sonaba nerviosa, no había estado tan cerca de él desde el incidente del roble, cuando Ben la llevó en sus brazos hasta la enfermería. Pero esto era completamente diferente.
—A media noche…—Le respondió con calma su maestro. —Sea lo que sea que le hicieron a la puerta desaparecerá al terminar Halloween, este hechizo era muy popular cuando yo estudiaba.
—¿A media noche? —Preguntó Rey con desagrado, pero estaban por servir la cena. —¡Hay alguien ahí! —Gritaba con fuerza, la tentación que implicaba su profesor no era ni por asomo lo suficientemente fuerte como para perderse su último Halloween en el colegio.— ¡Ayuda!
—No hay nadie… yo era el último haciendo rondas, ya todos deben estar en el comedor.
—ay no…
—Son sólo algunas horas, yo la acompañaré a su sala común para que no tenga problemas, tranquila. —Su profesor intentaba consolarla, a pesar de estar casi totalmente a oscuras podía distinguir la desesperación en el sonido de su voz. Ella agradeció la propuesta de su maestro.
Pasaban los minutos y ambos permanecían en silencio. Rey no podía moverse sin tocar alguna parte del cuerpo de su profesor. Mientras él traba de quedarse lo más quieto que podía, rígido ante lo ligeros roces de su estudiante. Las lejanas risas de los alumnos retumbaban sobre el armario y eso le daba a Rey la idea de que debía estar siendo servida la cena.
No quería delatarse suspirando o haciendo sonidos extraños con su respiración, pero cada minuto que pasaba sentía una presión en el pecho. Nunca, ni siquiera en sus más profundas fantasías se habría imaginado encerrada en un armario con su profesor. Sus dedos bailaban nerviosos en sus costados y agradecía infinitamente la escasa luz que se colaba al armario, apenas podía distinguir la silueta de Ben.
Su corazón palpitaba cada vez con mayor fuerza, comenzaba a sentirse ansiosa, con extraños cosquilleos recorriendo su cuerpo ¿Es que acaso planea permanecer en silencio toda la noche? Muy probablemente, se respondió a sí misma, considerando que en clases o en el gran comedor apenas habla con los maestros o alumnos
—Profesor…—Susurró de repente Rey.
—Dígame. —La respuesta surgió casi al instante.
El sonido claro de su voz la tomó por sorpresa y la hizo dar un pequeño brinco en su posición. Realmente no tenía nada que decir, sólo quería escucharlo, hablar con él.
—…Yo… quiero… quiero disculparme con usted…—La idea le llegó de repente.
—¿Por qué? —La pregunta del Profesor fue acompañada por un ligero movimiento de cabeza.
—Por cómo lo traté durante mi castigo, fui grosera e irrespetuosa…—Su voz apenas sonaba como un murmullo.
—Tranquila, ya lo había olvidado.
—Aun así, no fue correcto, no tenía por qué decirle que lo despedirían…
—Está bien en verdad, la maldición del puesto no es noticia nueva… el trabajo estaba maldito incluso cuando yo estudiaba aquí…
—¿Y aun así aceptó? —La pregunta de Rey salió con su natural curiosidad.
—Alguien debía hacerlo…
La distancia entre ellos era estrecha, por lo que Rey pudo percibir claramente como el pecho de su profesor se infló en un suspiro contenido.
—¿Puedo preguntarle algo?... si no es mucha molestia. —Rey estaba determinada a aprovechar cada momento que pasara encerrada en ese armario.
—Adelante…—Contestó él. De haber estado encendida la luz Rey habría visto la sonrisa que se dibujó en los labios de su maestro.
—¿Qué edad tiene?.
—Veintisiete…
—Lamento ser impertinente…es sólo que luce muy joven para ser profesor en esta escuela. —De inmediato los recuerdos de sus pláticas con Poe sobre la edad de su maestro llegaron a su cabeza.
—En realidad, no soy el maestro más joven que ha visto este colegio… Ese título es para su profesor de posiciones, está aquí casi después de terminar sus estudios…Fue mi maestro mis últimos dos años aquí.
—No puede ser, él se ve tan…—Rey comenzaba a actuar como si charlara con Poe o Finn
—¿Viejo?... y es sólo algunos años mayor que yo…
Rey de repente era consciente de la diferencia de edades que los separaban, pasaba las noches fantaseando no sólo con un maestro, fantaseaba con un hombre diez años mayor que ella.
No había pasado aún ni una hora cuando los pies de Rey comenzaron a sentirse cansados, comenzó a levantar levemente sus talones, con la esperanza de que dejaran de doler un poco, pero realmente no funcionaba.
—¿Todo está bien? —Ben notaba como la cabeza de su alumna subía y baja.
—Si… no… es decir; me duelen un poco los pies…—Los nervios y las salvajes ideas en su cabeza no le permitían articular correctamente sus palabras.
—Me ofrecería a cargarla pero me temo que no hay espacio.
Las palabras se su profesor secaron la boca de Rey y detuvieron momentáneamente su corazón, antes de que este comenzara de nuevo a latir con un acelerado ritmo.
—Deme su mano…—Ben alargó ligeramente sus dedos, buscando la mano de su alumna.
Rey no podía canalizar la abrumadora sensación que le recorrió el cuerpo cuando su piel y la de su maestro hicieron contacto. —…Intente bajar con cuidado, yo la voy a sostener.
Rey con lentitud descendía hasta el suelo, aun tratando de impedir un contacto excesivo no puedo evitar que sus piernas tocaran las de su maestro mientras ella se sentaba sobre el suelo. Ben también se agachó un poco tratando de no soltar la mano de Rey, cuando intentó ajustar su vista y adivinar en que posición se encontraba la muchacha, fue sorprendido por la cálida respiración de Rey en su cuello. Sus pies fallaron un poco y casi cae sobre ella.
—Debería sentarse, profesor.—Suspiró al notar el cuerpo de su maestro suspendido sobre ella.
—No creo que ambos podamos…
—Si, si podemos—Se apresuró Rey a hablar.
—Ok… bien… podría quizás acomodarme de este lado…—Ben giraba en su lugar y buscaba un pequeño espacio donde sentarse, mientras bajaba estiraba sus piernas, al igual que Rey intentaba mantenerse alejado, pero era imposible moverse sin tocarla.
—Esto es muy incómodo ¿Verdad?... —Rey se atrevió a hablar colocando con cuidado una de sus piernas sobre la rodilla de Ben.
—Sólo un poco…—Admitió él, tratando de sonar relajado.
—Es sólo hasta media noche… —El sonido de la risa de Rey le hizo entender a Ben que ella estaba jugando con él.
—Creo que podré soportarlo…
