* Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm y J.K. Rowling respectivamente.


—¿Encerrada en un armario toda la noche?—Poe se colocaba delante de su amiga mientras bajaban los escalones.

Rey le contó toda la historia a sus amigos, como Peeves la engañó y terminó metida en un armario por casi cinco horas... el único detalle que omitió fue que estuvo acompañada por el maestro Ben Solo.

—Sólo hasta media noche, la puerta estaba hechizada...—Los ojos de Rey se notaban cansados, después de regresar a su habitación apenas pudo quedarse dormida.

—Si, escuché sobre eso... McGonagall estaba furiosa cuando terminó la cena, pero nunca pensé que tú estarías encerrada también.—Finn tomaba el hombro de su amiga y la envolvía en un pequeño abrazo.

—¿Y dónde pensaban que estaba?—Rey preguntó furiosa, pues mientras se encontraba desaparecida, sus amigos parecieron no preocuparse por ella.

—En la biblioteca...—Respondieron ambos al unísono.

—¿Biblioteca? ¿Haciendo qué?... ¡Y en Halloween!

—Rey, somos amigos y te quiero, pero a veces eres algo...—Poe dejaba la frase sin concluir.

—¿Rara?...—Preguntó Rey molesta.

—Estudiosa...—Dijo Poe escudándose con sus manos—Iba a decir estudiosa.

Un pequeño puño golpeo el omóplato de Poe.

—Lo que más me duele es que no pude probar una última tarta...

—Y sabes que nunca sobran—Finn abría la puerta al gran comedor.

—Gracias Finn, me lo estás haciendo más sencillo.

Una sonrisa se dibujó en los labios de su amigo. Los tres se dirigieron a sus lugares en la mesa para tomar el desayuno, los profesores y el director ya se encontraban en la mesa principal, intentando ser discreta Rey paseó su mirada sobre la mesa buscando a su profesor, pero él no estaba ahí. "Debe seguir dormido" pensó ella.

Rey pasó toda la noche en vela, apenas pudo dormir después de todo lo que ocurrió la noche anterior, se preguntaba si su profesor habría sentido igual, si él pudo conciliar el sueño o si pasó cada minuto hasta ahora pensando en ella y ese momento que vivieron juntos. Ella no sabía si podría concentrarse en el resto de las materias, aguardando con expectativa la clase de Defensa contra las artes oscuras.

—¡Finn!—Saludaba emocionado Bill Weasley.—¿Listo para el torneo?

—Listo...—Les respondió el joven estrechando la mano del Gryffindor.

La sonrisa en el rostro de Finn reflejaba seguridad, pero Rey sabía muy bien que en el fondo estaba algo asustado, y no podía culparlo, de estar ella en su lugar también estaría aterrada.

Bill regresaba a su mesa, a reunirse con sus hermanos. Mientras a Finn se le deformaba ligeramente el rostro y su enorme sonrisa desaparecía.

—Hey...—Rey llamaba su atención colocando su manos sobre la de él.—Nosotros estaremos ahí.

La primera prueba estaba cerca y enfrentar a un hombre lobo no sería fácil. Rey no sabía cómo reaccionaría cuando lo viera en semejante peligro, quizás aún no terminaba de dimensionar el riesgo que corría su amigo. Y las regulares oleadas de esperanza, en que todo va a salir bien, se debían sólo a la emoción del momento. Estaban a sólo dos días de averiguarlo.

Las clases que comparte con sus amigos son sus favoritas. Herbología donde, no sólo está con Finn y Poe, también Bill Weasley asiste en ella, y es el mejor compañero de proyecto que podría pedir.

—Nunca me gustaron las mandrágoras...—Rey caminaba con su amigo pelirrojo por los pasillos, rumbo a su segunda clase.

—Estuvimos muy cerca de recibir el Asfódelo...—Se lamentaba el joven, pues a él le gustaban las mandrágoras tanto como a Rey.

—Más suerte para la próxima Weasley.—Poe llegaba por la espalda de los chicos.

—¿Qué haces aquí Dameron?—Rey estaba extrañada de verlo, se supone que tiene clase en el otro extremo de la escuela.

—Olvidamos decirte que después de clase nos veremos en la biblioteca.

—Muy bien, hasta entonces.—Rey se despedía con una enorme sonrisa, mientras su amigo se alejaba.

—Ustedes tres son como hermanos ¿No?—Bill sonreía y colocaba su mano en el hombro de ella.

—Algo así...—A Rey le gustaba pensar en ellos como parte de su familia.

—Siento pena por el pobre hombre que quiera cortejarte, tendrá que pasar por ellos antes.

—Oh, en verdad no creo que ellos sean así...—Respondió ella mientras se carcajeaba.

—Mis hermanos y yo tenemos sólo una hermana menor, si alguien quiere salir con ella deberá ser un hombre casi maravilloso.

—Qué suerte que Finn y Poe no son Weasleys... moriría sola.

—Y rodeada de tus animales...

Ambos terminaron su caminata llegando a la clase de posiciones justo a tiempo. El resto del día pasó sin pena ni gloria, Rey estaba absorta escuchando las campanadas que daban por concluida una sesión para comenzar otra, esperaba con ansias su última clase.

Caminaba con demasiada rapidez por los pasillos, no iba tarde, pero quería estar ahí lo antes posible. Conforme se acercaba al salón bajaba el ritmo de su trote, hasta convertirlo en un caminado casual. En la entrada ya se encontraba Paulo hablando con algunas compañeras de clase. Él sonreía con galantería y todas a su alrededor respondían con estridentes carcajadas, Rey supuso que intentando llamar su atención. Pero rápidamente pasó su interés de sus compañeros hasta la gran puerta café. Hace más de un mes ella cruzó esa puerta en horas extra clase y aún se lamenta de no haber disfrutado debidamente de esa semana de castigo, claro que en ese tiempo detestaba a su profesor por haberle restado quince puntos a su casa. Cómo han cambiado las cosas en tan poco tiempo.

Los alumnos que estaban en clase antes que ellos comenzaban a salir del aula, un poco tarde, considerando que la campana ya había sonado. Rey rápidamente giró sus ojos a la puerta y pudo divisar, entre los alumnos, la figura de su profesor sentado en su banca, recargando sus codos sobre su escritorio con su enorme libro cubriendo ligeramente su rostro. Ella comenzó a caminar con lentitud, sin despegar los ojos de él, absorta y casi maravillada de verlo.

—…Rey…—El ligero abrazo de Paulo la regresó a la tierra.

—¿Qué?... —Brincó al sentir el contacto del joven.

Você está pensando muito sobre o amor…—Susurró Paulo mientras sacudía con ternura la cabeza de Rey.

—¿Eso que significa?... —Rey preguntó algo desorientada. Pero le encantaba como sonaba el acento cantarín de Paulo

—Nada en especial—Él sonrió y extendió su mano permitiendo que Rey ingresara primero al salón.

Ella cruzó la puerta y antes de pensarlo siquiera sus ojos ya estaban posados sobre el escritorio de su maestro, desde el que Ben Solo la observaba, no con intensidad en su mirada, ella alcanzó a distinguir algo de curiosidad, justo antes de que los ojos de él bailaran ligeramente, observara a otro lado y fingiera que en realidad no la estaba viendo a ella.

Rey llegó hasta su asiento, casi de inmediato la clase comenzó y la profunda voz del maestro Solo inundaba sus tímpanos, cada sonido que salía de su garganta era música pura y ella disfrutaba de escucharlo.

—…¿Qué es exactamente un Patronus? —El profesor lanzó la pregunta al aire. Inmediatamente la mano de Rey fue la primera en ser levantada. —Señorita Kenobi…—Dijo señalando a la chica con su libro y su mirada posó fijamente sobre ella.

—Es… un Patronus es…—Las mejillas de Rey se sonrojaron un poco y casi pierde la voz, pero cerró sus ojos con fuerza y tomó una gran bocanada de aire—… un escudo que protege al mago de un ataque de Dementor o de un Lethifold. Proviene del latín Expecto; Esperar y Patronus; Protector ,lo que puede traducirse como "espero un protector", es el reflejo del alma del mago que lo conjura y sólo puede ser invocado con un recuerdo feliz.

—Correcto… cinco puntos Ravenclaw…

Los ojos de Rey se abrieron con emoción ¿Dijo acaso que le daba cinco puntos a su casa?. ¿Estaba ella en lo correcto? ¿Habrá escuchado mal? Desde que fue castigada había intentado ganarse los quince puntos que le fueron quitados, entregando trabajos excelentes, contestando cada pregunta, participando en todas las clases y por fin su maestro le reconocía los méritos. Pero algo en esos cinco puntos se sentía extraño, sabía que tenía participaciones mejores en el pasado que no le valieron ni una sonrisa aprobatoria, y ahora de repente se ganaba cinco puntos. Rey estaba pensando demasiado en el asunto cuando la voz de su profesor otorgando otros cinco puntos a Hufflepuff la sacaron de su cabeza. Quizás estaba sobre analizando todo, estaba desesperada por creer que los sentimientos que la recorrían con referencia a su profesor eran correspondidos, debía aterrizar, debía controlarse y darse cuenta que ella es una estudiante, jamás un maestro se fijaría en un alumno.

La campana sonó de nuevo, el maestro dictó algunas líneas para la tarea que sería entregada el viernes, casualmente se trataba de hombres lobo, estaba informando de manera indirecta a sus alumnos sobre el tema de la primera prueba del torneo. Rey era ya casi experta en ello. Terminaba de guardar sus cosas y se colocaba su bolsa sobre el hombro, decidida a salir rumbo a la biblioteca a ver a sus amigos.

—Señorita Kenobi…—La llamó su profesor antes de que ella llegara a la puerta. Rey giró sobre sus talones mientras el último par de alumnos abandonaban el salón—…Olvidó su varita. —Los ojos de Ben se movieron al pupitre de Rey, donde su varita descasaba al borde de la mesa.

Casi por instinto Rey revisó su capa, donde regularmente siempre la guarda, pero era obvio que no la encontraría ahí. Con torpeza caminó de regreso a su banca y tomó la delgada varita color blanco y la escondió entre su ropa.

—Gracias profesor…—Su voz no era clara y estaba nerviosa al hablar. Le dedicó una pequeña sonrisa y se dirigió a la puerta de salida.

—Señorita Kenobi…—De nuevo Rey giró de inmediato. —¿Se encuentra bien? ¿Descansó?

—Si, profesor…

—Aproxímese—Le pidió él extendiendo su mano al frente de su escritorio. Rey se acercó tanto como pudo, hasta donde sintió que sería correcto estar. —¿Cómo se siente?

El corazón de Rey comenzaba a palpitar con extraña aceleración, su boca se secaba y sentía sudor en sus manos.

—¿Con respecto a qué?... —Preguntó tratando de calmarse.

—Ayer por la noche estaba bastante molesta con su último año… ¿Cómo se siente hoy respecto a eso?

Ella sólo suspiró y sonrió, sintió que le respondía la pregunta a un amigo. —Ya me siento mejor, creo que necesitaba hablarlo con alguien, gracias.

—Que bien que tome las cosas con más calma… Y respecto a la tarta de ¿calabaza?...

—Si, calabaza con arándanos, creo que podré superarlo, hay más cosas que vivir este último año que un pequeño pastel.

—Ese es el espíritu, y yo conozco la forma perfecta de celebrarlo… —Dijo abriendo uno de los cajones de su escritorio, de inmediato el aroma dulzón invadió su nariz, y entonces colocó una enorme canasta repleta de tartas aún humeantes pasándolas a su dirección. —Tome algunas…—Le dijo él después de ver que Rey apenas se inmuto, por fuera, claro que por dentro estaba brincando, bailando y gritando de emoción.

Rey cerró la brecha que había entre el escritorio y ella, y tomó una de las tartas.

—Siguen calientes…

—Están hechizadas… ¿Nunca sobran al día siguiente?

—Jamás…—Respondió ella probando la tarta y dejando que el sabor se extendiera por su boca, apenas pudo evitar cerrar los ojos y dejarse llevar por la sensación. Estaba como recién hecha.

—De haber sido pacientes habrían notado que los Elfos las hechizan para que estén siempre calientes.

Un gemido se escapó de la garganta de la chica, quien no podía impedir los sonidos guturales que se cuerpo le obligaba a generar.

—¿De dónde pudo conseguirlo? —Preguntó con curiosidad, por años intentó convencer a los Elfos de preparar tartas fuera de fecha, incluso Poe intentó ingresar a la cocina a tomar algunas, pero el éxito era nulo.

—Ser maestro tiene algunas ventajas… Los Elfos dejan canastas como estas a cada uno de nosotros.

—Qué suerte…—El último bocado se deslizaba por su garganta.

—Tome otro, son para usted…—Ben de nuevo acercaba más las tartas a su alumna.

—Oh no… no podría, las prepararon para los maestros, no sería… ok, una y ya. —Dijo estirando su mano y tomando otra de las tartas. Una pequeña risa se dibujó en los labios de su maestro.

—¿Tiene clase extra hoy por la tarde? —Ben de nuevo intentaba mantener la conversación viva entre ellos.

—Sí, cuidado de criaturas mágicas…—Rey ladeaba ligeramente su rostro al contestar.

—Será mejor que se prepare, y yo también tengo una clase que impartir.

—No pensaba que hubiera clases extras de Defensa contra las artes oscuras…—Rey conocía cada horario de clases extras si ella pudiera tomaría más de una.

—Es un programa especial para entrenamiento de Aurores, surgió por idea del director.

—Suena muy interesante…—Claro que lo interesante era poder ver al profesor al menos dos veces al día. —… Gracias por la tarta. —Dijo Rey sonriendo y dirigiéndose a la puerta.

—Aún quedaron algunas, vuelva cuando quiera por ellas…

Un sonrojo se avivó en las orejas de la chica mientras abría la puerta. Al salir el aire frío le hizo ver el calor que mantenía en su cuerpo y sonriendo torpemente caminó directo a la biblioteca donde se encontraría con sus amigos para afinar detalles para la primera prueba del torneo que sería en menos de setenta y dos horas.