* Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm y J.K. Rowling respectivamente.


Rey mantenía las palabras de su maestro en mente, Poe necesitaba tiempo, incluso ella lo necesitaba. Pero mientras transcurrían los minutos, y la hora de cenar se acercaba, la presión en su pecho regresó ¿Cómo va a reaccionar cuando su mejor amigo la ignore?

Ingresó con calma al comedor, rodeada por un grupo de estudiantes, sus ojos llegaron de inmediato al lugar que siempre comparte con sus amigos, alcanzó a observar la mano de Finn empujando a su amigo y señalándola a ella con la mirada. Poe irguió su cuerpo de inmediato, lo primero que Rey pudo ver en él fueron sus ojos, dibujados de arrepentimiento. En el preciso momento en que sus miradas se encontraron; Rey se quedó quieta, congelada por un segundo, mientras Poe empujaba la mesa para ponerse de pie y casi correr al encuentro de su amiga. Los brazos de Rey lo recibieron con la misma naturalidad de siempre, las manos de Poe se cerraban en su espalda y la estrujaba contra él mientras enterraba su rostro en la comisura de su cuello.

—Me comporté como el mayor imbécil del mundo… Perdóname Rey.

Las manos de Rey subieron hasta la cabeza de su amigo y con ternura jugó con su cabello.

—Eres mi mejor amigo Por Dameron… Yo no tengo nada que perdonarte.

Rey cerró sus ojos y se dejó envolver por el momento. De repente otro par de brazos de unió a los chicos, era Finn quien entre susurros sólo decía "Parecemos niños". Pero poco le importaba a Rey eso y con todo el cúmulo de sus fuerzas se aferró a ellos, pues nada valoraba más en su vida que la amistad de sus dos mejores amigos.

La primera semana del nuevo mes de Noviembre terminaba, pareciera que la prueba contra el hombre lobo fue hace tanto tiempo, pero apenas habían transcurrido algunos días, y aun así la pista de la siguiente prueba no estaba ni cerca de ser resuelta, Finn pasaba todo el tiempo enfocado en la taza, pero esta no le decía nada, era una simple taza vacía. Poe Dameron intentaba ayudar a Finn tanto como podía y con Rey trataban de pensar en algo que los guiara en la dirección correcta. Pero así como Rey estaba comprometida en apoyar a sus amigos también tenía sus propios asuntos; Buscas al Profesor Solo.

Se sentía como una verdadera acosadora cuando caminaba detrás de él cada que tenía la oportunidad, comenzaba a averiguar en qué lugares se escondía cuando las clases terminaban, y su emoción se descontroló cuando descubrió que pasaba la mayor parte del tiempo debajo del roble donde la encontró aquella ocasión en que ayudaba sus amigos a robarle el libro de tercer grado.

Finn y Poe apenas notaban que Rey comenzaba a desaparecer con más frecuencia o que en las reuniones en la biblioteca era la primera en retirarse. Claro ella estaba, primordialmente, preocupada por Finn, pero no podía hacer nada con los nervios y el descontrol que sentía cada vez que pensaba en Ben Solo.

Jamás había sentido nada parecido por nadie, salvo en una ocasión que creyó estar enamorada de Poe Dameron, pero eso fue hace tanto tiempo, ya ninguno de los dos toca ese tema, pero incluso la forma en cómo se sintió por él no se acerca ni por asomo a cómo se siente ahora cuando piensa en su profesor.

Justo ahora se encontraba en uno de los pasillos que llevan al patio, fiel a la palabra que le dio a su amigo Finn, conversaba con Rose sobre el baile. Las clases ya habían terminado y su profesor no demoraba en pasar por ese preciso lugar.

—… Y ¿Alguien ya te ha invitado? —Preguntaba Rey con curiosidad a Rose.

—No, aún nadie. Creo que seré yo quien termine por invitar a alguien o pedirle a mi hermana que me acompañe.

—¿A quién se lo pedirías? —Rey intentaba no ser tan obvia, pero los ojos de Rose se crisparon un poco.

—No… es vergonzoso—Las mejillas de la joven se tornaron rojizas.

—No me lo digas, pe…—La frase se quedó inconclusa en sus labios, pues justo a tiempo él apareció del otro lado del corredor, caminando entre los alumnos. —…Debo irme ahora. —Le dijo Rey apresurada y salió disparada a lo largo del pasillo.

Ella sabía a donde se dirigía, ese camino lo lleva hasta el patio y, si no se desviaba, llegaría directo al viejo roble. Rey corrió por un camino diferente, tratando de acortar tiempo, llegar antes que él al árbol. Si el maestro no cambiaba su habitual y taciturno caminar ella llegaría con suficiente ventaja.

Y así fue, cuando llegó al árbol, notó que el profesor aún no llegaba, pero no debía tardar, así que apresurada comenzó a subir, pero esta vez una o dos ramas, lo suficiente para ser vista y poder bajar sola del árbol.

Estaba agitada cuando logró recargarse en el tronco y sin perder tiempo tomó cualquiera de sus libros, cuando lo vio aparecer Rey trató de lucir tranquila "Tienes aquí al menos media hora… no estás cansada, no estás cansada".

Él caminó hasta el roble y se dejó caer sobre el pasto, a la sombra, tomó su libro y comenzó a leer. Ahora que estaba ahí Rey no sabía cómo proceder. ¿Fingiría que ya había terminado de leer O simplemente lo saludaría?

Ella entró en un pequeño conflicto, quizás fue demasiado impulsiva con esta estúpida idea suya, podría hablar con él en cualquier momento dentro de clases.

Lo observaba absorto en su lectura, inconsciente de la presencia de Rey en el árbol, su ancho cuerpo contrastaba con lo relajado que se veía. Ella podía pasar horas simplemente admirándolo.

"Debes ser valiente" Se dijo a sí misma. Tragó saliva y suspiró antes de abrir la boca y hablar.

—Profesor…—Dijo ella en un tono parecido a la sorpresa.

De inmediato Ben reaccionó al sonido de su voz, primero girando su rostro a los lados y por último girando hacia arriba.

—¿De nuevo está atrapada? —Preguntó con ironía.

—No…—Dijo ella sonriendo.

Él se puso de pie, sin despegar la vista de la joven que comenzaba a descender.

—¿Y que hace ahora arriba del árbol?

—En ocasiones vengo a leer un poco aquí.

—Oh, la biblioteca puede ser tan ruidosa—Un cómico sarcasmo sonaba en su voz, era tan extraño escucharlo bromear.

—Es más tranquilo…—Le respondió ella en voz baja, mientras quedaba colgada de la última rama que la separaba del suelo.

Sus manos estaban sujetas del tronco y su cuerpo quedó columpiando frente a él. Quien de inmediato se acercó y la sujetó de la cintura, esperando que ella se soltara para ayudarla a bajar. Ella casi por instinto lo entendió y se soltó del árbol. Por un segundo maravilloso quedó suspendida en las grandes manos de su maestro, antes de que él la depositara con cuidado en el suelo.

—Que curiosa es usted joven Kenobi, con su inusual amor por los árboles.

—Mi abuelo suele decir lo mismo. —Respondió ella con sinceridad, recordando que alguna vez su abuelo le dijo algo muy parecido.

—Debió ser una niña con mucha energía.

Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de la chica, quien desvió su mirada y observó por un momento el suelo antes de ver de nuevo a su maestro.

—¿Cómo va todo con su amigo? —Preguntó Ben sentándose de nuevo sobre el césped. Sus ojos buscaron los de Rey, quien lo observaba con cuidado y entendiendo la invitación en su mirada se sentó frente a él.

—Excelente, aquel mismo día se arregló todo. —Rey se distraía arrancando hebras del césped y jugando con ellas.

—Sólo bastó tiempo…

—Un poco, si…—Rey sonreía y buscaba de nuevo la mirada de Ben—… Creo que no le agradecí… por hablar conmigo.

—Por favor, no—Ben negaba con su cabeza y sonreía ligeramente—…Es un gusto ayudarla.

—Gracias…—Una sonrisa se atoró en su garganta.

El frío comenzaba a abrazarlos a ambos y una ligera brisa de viento hizo volar los cabellos de la joven, quien de inmediato elevó su mirada, las nubes grises ya tenían encapotado el cielo desde la mañana, su color no lucía tan amenazante, pero era probable que una llovizna ligera cayera sobre ellos.

—¿No debería estar preparándose para sus clases? —Preguntó Ben, regresando la atención de Rey a él.

—Si debería…—Lentamente se puso de pie y sacudió su capa. —Lo veo mañana en clases. —Se despidió Rey extendiendo sus manos.

—Hasta mañana…

Rey le dio la espalda a caminó de regreso al colegio, estaba sonriendo como tonta caminando por el patio. Su corazón aun palpitaba con emoción, se culpaba por no mencionar nada sobre el baile, pero según su pequeño plan, aun no era tiempo para eso. Antes de ingresar a los pasillos del colegio una mota blanquizca llamó su atención, diminuta y revoloteando frente a ella, era un pequeño copo de nieve. Oficialmente comenzaba a nevar y eso sólo significaba una cosa en el colegio.

Rey se lanzó como bala por los corredores en busca de sus amigos, cuando llegó al comedor, el último lugar que visitó, ellos estaban ahí; sentado charlando y comiendo. Rey se sentó emocionada frente a ellos.

—¡Está nevando! —Recitó con demasiada alegría.

Finn y Poe se observaron a los ojos y una sonrisa se dibujó en sus rostros.

—Hogsmeade…—Resoplaron los dos al unísono.