* Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm y J.K. Rowling respectivamente.


—No lo entiendo joven Kenobi ¿Ya no es su ambición convertirse en magizoologa? —El profesor no daba crédito a lo que escuchaba, desde primer grado Rey mostró un talento único para las criaturas.

—…Si, pero quisiera poder explorar otros campos de la magia. —Ella juntaba sus manos frente a su cuerpo. Tenía insistiendo algunos minutos, pero aun no perdía la esperanza de que pronto cediera.

—Tendrá mucho tiempo cuando concluya la escuela. —Dijo él a media voz.

—Pero no será lo mismo…—La voz de Rey sonaba suplicante. —… además el Profesor Solo es un gran maestro y sé que puedo aprender mucho de él.

—Y…—Dudó ligeramente antes de volver a hablar, casi como temiendo mencionar el nombre del Profesor Solo— ¿Él está de acuerdo?

—Mientras a usted no le moleste…—Confesó Rey. Y de alguna manera intentando que la responsabilidad de todo estuviera en manos de su maestro.

—Bien, siendo así, tendrá que esforzarse para sacar adelante las dos clases.

La sonrisa de Rey se manifestó al instante, sin poder contener toda la emoción que la recorría dio pequeños saltitos en su lugar.

—Gracias Profesor, prometo que no tendrá quejas de mi desempeño.

Rey salió disparada de regreso al colegio. Los jardines estaban vacíos pues el frío ahuyentó a todos al comedor, algunos alumnos se mantenían afuera jugando con la nieve. Ajustó con más fuerza su bufanda y metió sus manos dentro de los bolsos de su capa, dentro sintió un pequeño pergamino, recordó de repente que tenía una carta pendiente para enviar a su abuelo. Y calculando su tiempo libre cambió su rumbo a la torre donde descansan las lechuzas.

El camino estaba resbaladizo así que sus pasos eran calmados y pausados, en cualquier momento podría caer de no pisar en el lugar indicado.

—Rey…—Saludaba Paulo a la distancia—…que gusto verte.

—Hola Paulo…—Extendió Rey su mano para saludar el chico, quien de inmediato se acercó a ella.

—¿A dónde vas? —Preguntó con curiosidad.

—Voy a enviarle una lechuza a mi abuelo. —Le respondió mostrándole el pergamino en sus manos.

—Te acompaño ¿No te molesta?

—Claro que no.

Paulo colocó su brazo para que Rey pudiera sostenerse de él mientras caminaban, un gesto que ella recibió con una sonrisa.

—Entonces… ¿Ya tienes pareja no? —La mirada del chico se clavó al frente, sin confrontar a Rey.

—Si… ya—Mintió ella de nuevo. Y sabía que debía mantener esa mentira viva hasta el último momento. Su ilusión no dejaba de ser clara, ella quería ir con Ben Solo al baile.

—Es genial, yo también…—Dijo casi disculpándose, como si Rey sintiera profundamente no poder asistir con él.

—¿Irás con alguna compañera de tu colegio?

—Oh no… Lo importante de estos bailes es conocer gente nueva… invité a Addison Bell. —Rey intentó no ser obvia, pero una fuerte y sarcástica exhalación se dejó ver en su respiración. — Claro que, prefería haber ido contigo.

—Que dulce—De nuevo estaba sucediendo, Paulo era un casanova. Lo supo desde que le regaló esa flor el día que se conocieron, un coqueto de primera. Claro que Rey estaba tan entusiasmada con él como cualquiera lo estaría de recibir un golpe del sauce boxeador.

Pero Paulo no era un chico que se rindiera tan fácil. Detuvo sus pasos y se colocó justo frente a Rey, su brazo aún estaba sujeto por la mano de la chica y con su brazo libre la tomó por el hombro. El aire caliente que salía de sus labios se transformaba en vaho y poco a poco, muy lentamente, comenzó a cerrar el espacio entre él y ella. Rey de inmediato reaccionó alejándose y frunciendo ligeramente el ceño. Ella era baja de estatura, pero cuando se molestaba resultaba amenazante. Paulo se detuvo con esas señales y así como se acercó se alejó.

—Sólo te hago sentir incómoda, perdón… Sabes, mejor iré al comedor.

—Si, creo que es lo mejor. —Respondió Rey molesta.

Paulo se dirigió de nuevo al camino que lleva directo al colegio, pero antes de llegar a las puertas se giró.

—Oye pero promete al menos regalarme una pieza. —Gritó con fuerza en dirección de la chica.

—Mientras entiendas el significado del espacio personal. —Rey no se guardaba nada, y no perdió oportunidad de demostrarle a Paulo que no es el tipo de persona que se queda callada.

—Es un trato. —Gritó de nuevo se respuesta, esta vez sonriendo.

La lechucería estaba algo abarrotada, con la fiesta de navidad algunas chicas pensaron exactamente lo mismo que Rey, pedirlos vestidos por correspondencia. De no haber desperdiciado su única oportunidad en Hogsmeade podría haber ido a la tienda con sus amigos y buscar algún vestido, pero las prioridades en su cabeza estaban claras, y ella prefirió pasar la tarde al lado de su profesor, o al menos un momento.

De regreso en la biblioteca, buscaba a sus amigos, había prometido ayudarlos este día con el misterio de la taza. Pero mientras avanzaba por los pasillos alcanzó a distinguir la figura de Ben Solo sentado en una de las sillas de la biblioteca. Sin miedo y con mayor confianza se acercaba a él mientras sonreía ampliamente.

—Profesor Solo—Lo llamó cuando estaba algunos pasos de distancia. —ya he hablado con el señor Kettleburn.

—Es usted en verdad persistente—Les respondió él bajando su libro a la mesa— ¿Cuál fue su respuesta?

—Dijo que no había problema—La sonrisa en el rostro dela chica era persistente. — puedo tomar ambas clases, si aún me acepta en ella

—Perfecto entonces, la veo el martes señorita Kenobi—El profesor se ponía de pie y caminaba del otro lado de la mesa— no olvide su varita. —Dijo para terminar y caminando por el pasillo dirigiéndose a la salida de la biblioteca.

—Hasta el martes…—Se despidió ella en la voz más clara—…es una cita—Murmuró al final.

Rey se quedó unos segundos de pie en la misma posición, desesperada por extender un momento que ya había terminado. Continuó con su camino hasta encontrar a sus dos amigos. Finn se recargaba ligeramente sobre la mesa mientras Poe practicaba con su varita.

—¿Dónde estuviste? —Inquirió Poe cuando notó a su amiga parada a su lado

—Enviaba una lechuza…—Realmente no se sentía del todo cómoda mencionando de más a su maestro frente a sus amigos, ellos la conocen bien—… le pedí a mi abuelo un vestido. Deberá responder en uno o dos días.

—Yo recurrí a mi madre, supongo que no debe demorar, tomará uno de los trajes de mis hermanos mayores.

El tema del baile era un escape perfecto para Rey, así podía pensar en ella y su maestro, y fingir que imaginaba el salón o el vestido que su abuelo le enviará.

—Podemos dejar de lado un momento el baile…—Finn interrumpió a sus amigos— Quisiera al menos terminar la semana sabiendo que significa esto.

—Ya lo hemos intentando todo…—Rey se giró a su amigo para contestar—… pero simplemente no responde con nada, es una taza ordinaria.

—No puede sólo ser eso, lo saben…—Susurraba Finn agotado. Sabía que la prueba sería después de navidad. O al menos eso quería creer.

Rey tomó uno de los libros del estante, pero en realidad no sabía que buscar ¿Artefactos mágicos? De pronto un ligero brillo llegó al rabillo de sus ojos, era Poe que practicaba simples hechizos que aprendieron en tercer grado.

—Lumos… Nox… Lumos…Nox—Repetía al compás en que bajaba y subía su varita. La imagen de la noche del torneo llegó cómo un flash a la cabeza de Rey.

—Oye Finn…—Dijo sin despegar sus ojos de Poe— ¿Esa taza no estaba brillando cuando la encontraste?

—No…—Respondió apresurado. Pero, después de unos segundos de pensarlo, relajó su ceño y sus ojos comenzaron a destellar con esperanza—… si, lo hacía.

—Y ¿Por qué dejó de hacerlo? —Poe de inmediato se unió a la conversación.

—No lo sé… cuando terminé la prueba corrí con ustedes y luego a las gradas. Ya no volví a prestarle atención a la taza.

—Bueno quizás necesitamos volver al lago…—Se apresuró a decir el joven Dameron—…imitar las condiciones en las que la encontraste. Y ver si vuelve a brillar.

—¿Atravesar el bosque? Está prohibido. —Rey de inmediato se oponía a las ideas arriesgadas de sus amigos.

—No se me ocurre nada más. —Poe juntaba sus hombros.

—¿Y si no funciona? Nos arriesgarías a todos para nada. —Rey notaba que la idea estaba haciendo estragos en la cabeza de Finn. Ella intentaba regalarle un poco de sensatez.

—Es eso o esperar a ver qué pasa…—Poe sabía que si presionaba un poco podría convencer a su amigos de hacerlo— Finn no tiene ni la menor idea de a que se va a enfrentar, tampoco sabe cuándo, toda esa información está escondida aquí—Dijo tomando la taza—…y si la única pista que tenemos es volver al lago, puedo correr el riesgo. Por Finn…

—A ninguno de los dos nos engañas…—Rey colocaba sus manos en la cintura, en ocasiones era como una madre preocupada regañando a sus hijos—…tú quieres ir al bosque y romperlas reglas.

—No voy a negar que es tentador… Pero siendo honestos, no se me ocurre nada más ¿Y a ti?

Rey bajó su mirada mientras analizaba la situación. Poe era el tipo de chico que busca problemas, pero una parte de ella, una corazonada le decía que su idea no era tan mala. Quizás si deja de lado su miedo constante a romper las reglas pueda ser de más ayuda para su amigo. Rey sólo giró sus ojos en torno a Finn, dándole a entender que todo dependía de él. Cualquiera que fuera su decisión ella lo apoyaría.

—Iremos esta noche. —Dijo Finn tomando la taza y guardándola en su mochila.