* Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm y J.K. Rowling respectivamente.
—No deberíamos estar aquí...
—Corrección, Pecas... no debemos estar aquí.
Las rodillas de Rey se sentían lánguidas, cada paso le costaba y le costaba caro, mínimo un mes de castigo y muchos, muchos puntos menos para su casa, y, considerando que son tres los infractores, esto también le va a costar la copa al finalizar el año.
—Andando, los jardines están despejados.—Llegaba Finn agachado a la altura de sus amigos.
El frío en los jardines era intenso, esta era por mucho la noche más fría que Rey había vivido en la escuela, claro que nunca había salido deliberadamente a los jardines en horarios que estaban estrictamente prohibidos y en los cuales deberían estar durmiendo.
—Camina, Rey...—Poe tomó con fuerza la mano de la chica y la jaló a lo largo de los jardines, caminando y evitando hacer más ruido del necesario. Rey no dejaba de observar sus pasos y de vez en cuando echaba un vistazo detrás, por si alguien los seguía.
¿Todo será más fácil cuando entremos al bosque, verdad? se preguntaba a si misma cuando divisó la línea que marcaba el inicio de los árboles. Nunca, en todos sus años en la escuela, había hecho algo tan irresponsable y tan fuera de las reglas, eso era cosa de Poe Dameron, no de ella, pero por Finn, bien valía la pena el riesgo.
Finn encabezaba a los tres muchachos, él mantenía la taza oculta y bien guardada en una pequeña mochila. Conocía mejor el camino al lago, ya lo había cruzado durante la prueba.
Una vez que se adentraron al bosque Poe relajó ligeramente su mano, pero Rey se negaba a soltarlo, claramente asustada.
—Oye, yo voy a cuidarte, tranquila...
La sonrisa de Poe era lo suficientemente cálida para brindarle a Rey un poco de seguridad, pero se negó rotundamente a soltarlo.
El bosque prohibido por la noche era más aterrador de lo que había imaginado, los árboles y las sombras que reflejaba a causa de la luna asemejaban a personas a su alrededor. Los sonidos de los animales y el ulular de las lechuzas eran las cosas más familiares para Rey, pero con el lúgubre abrigo de la noche todo se tornaba más terrorífico.
—El lago ya no está muy lejos—Finn se daba el lujo de hablar con su tono natural de voz, pues confiaban en que los profesores sólo vigilaban los pasillos del colegio.
—Tú nos guías...—Poe extendía su mano para que Finn pasara primero, mientras Rey se acomodaba a su lado, aún enganchada de su mano.
La actitud confiada de Poe, casi heroica ante este tipo de retos, alguna vez trajo loca a Rey, era más joven entonces, absolutamente inexperta. Pero en momentos como estos no podía evitar recordarlo, estaba en quinto grado en ese momento, Poe era el jugador estrella del equipo de Quidditch y ella su mejor amiga. El sentimiento casi fue recíproco, pero después del verano que pasaron juntos ambos decidieron simplemente olvidarlo y fingir que esos días nunca ocurrieron. La principal razón era evitar que la amistad se desgastara y no hacer sentir a Finn incómodo entre ellos, Poe fue en extremo reiterativo en mantener el secreto ante Finn. Por suerte, para los dos, ninguno tuvo mucho interés en revivir el extraño romance que vivieron.
Los pasos de los chicos se volvieron cada vez más acelerados, Rey apenas podía contener sus nervios ¿Qué pasará si los descubren? no quería ser expulsada, claro que estaban ayudando a Finn para resolver el acertijo de su prueba, pero esa no era una excusa lo suficientemente convincente.
—Rey...—Dijo Poe en voz baja—...relaja un poco tu mano, me lastimas.
—Perdón...—Se apresuró a susurrar apenada.
—Es por aquí, sólo un poco más.—Finn se adelantaba un poco.
Al llegar al gran lago Finn sacó la taza que guardaba en su mochila, pero esta se mantenía exactamente igual, un taza común. Rey comenzaba a molestarse, pues, pareciera que el riesgo ni siquiera valió la pena.
—Dime que ves algo, lo que sea...—Rogaba Poe acercándose a Finn.
—Nada... está igual que siempre.—Gruñó de Finn claramente molesto al mismo tiempo que arrojaba la taza lejos de ellos. Esta rebotó en uno de los árboles y quedó tendida debajo de las hojas del mismo.
De pronto Rey se sintió un poco cínica por enojarse, era obvio que el mas afectado sería Finn, ahora estaban como al comienzo, sin la menor idea de a se que va a enfrentar en la prueba que se avecina. Con cautela soltó la mano que aún aferraba de Poe y caminó hasta donde el recipiente yacía. Finn y Poe continuaban discutiendo sobre cuales son otras opciones para descifrar el enigma.
Rey tomó la taza en sus manos y la inspeccionó con mucho cuidado, había zonas en la taza donde algo quería aclarar, pero bien podrían ser grietas del mismo contenedor. Además la escasa luz no le permitía ver adecuadamente, así que, con extrema precaución caminó más cerca del lago, donde la luz de la luna le permitiría ver algo. El sonido que se produjo de sus pies cuando llegaron al agua la detuvieron de inmediato, en seco.
—¡REY!—Gritó Poe corriendo hasta su amiga y jalándola del brazo.—¿Qué haces, no viste el agua?
Rey se quedó congelada por un momento, atormentada por un miedo que era solo visible en su cabeza, observando directamente a Finn, quien se acercaba a sus amigos, Rey levantó la taza que ahora comenzaba a brillar.
—Es la luna...—Susurró Rey.—La hace brillar.
Finn tomó la taza y comenzó a inspeccionarla. Poe, por su cuenta, ayudaba a Rey a alejarse del lago más y más, hasta que de nuevo estaba internado en el bosque con la chica sujetando su mano, ahora con mayor fuerza que antes.
—No debí traerte aquí, lo siento...—Susurraba él claramente preocupado.
La mandíbula de Rey temblaba, causa del frío y el miedo que seguía consumiéndola lentamente.
—Voy a llevarte a la enfermería, vamos.
—No...—Renegó de inmediato—...nos meteremos en problemas.
—Eso es lo que menos importa ahora.
—Voy a estar bien... sólo volvamos al colegio.
Finn les seguía los pasos de cerca, logró alcanzarlos cuando llegaron a la línea de árboles.
—Regresar debe ser más sencillo...—Finn hablaba de nuevo en susurro, ya estaban en terrenos que los maestros suelen vigilar por las noches y lo último que quería era llamar la atención de alguno.
—Voy a revisar, esperen mi señal y...—Poe se quedó en silenció al instante, de repente todo el bosque se quedó mudo, los insectos dejaron de cantar y algunas aves nocturnas volaron—... no-está-muy-silencioso.
—En efecto señor Dameron, muy silencioso.
Y los tres estaban en grandes problemas, el profesor Severus Snape, se colocaba justo detrás de los tres chicos, con sus manos sobre el pecho.
—Arriba, todos, vamos con el director.
Siete años en el colegio, y se sentía como alumna de primer grado, caminando por los pasillos escasamente iluminados hasta la dirección, ninguno de los chicos se atrevía a hablar frente al profesor Snape, sabían que con él no valía la pena dar explicaciones, en todo caso podrían excusarse con el director, pero el único que podría salir librado sería Finn, él estaba tratando de descifrar el enigma de la taza, pero ¿Rey y Poe?. La última vez que Rey se metió en problemas a causa de sus amigos estaban en tercero, Poe los convenció de investigar la sección restringida de la biblioteca, por suerte para ellos sólo les costó algunos puntos menos a su casa, pero desde entonces Rey se mantenía alejada de los planes que consideraba tontos e irresponsables, y este sin duda era un plan tonto e irresponsable.
La discreta puerta de la dirección se abrió apenas llegaron.
—Adelante, por favor...—Recitaba la cansada voz del director.
Finn, Rey y Poe ingresaron a la espaciosa oficina escoltados por su profesor.
—Encontré a estos tres deambulando por el bosque prohibido. Quebrantando al menos 4 reglas del colegio. La expulsión es lo mí...
—Severus...—Dijo el director levantando su manos para detenerlo—...Aunque agradezco tus consejos, no eres el responsable de la casa de Ravenclaw, el castigo lo decidirá el profesor Filius Flitwick. ¿Serías tan amable de llamarlo?
Ondeando fuertemente su capa salió de la oficina en busca del profesor. Los chicos se quedaron de pie ante el director que los observaba en silencio.
—Y al menos ¿Descubrió el enigma señor Calrissian?—Los viejos y agotados ojos del director se posaron sobre Finn.
Finn bajó ligeramente su mirada mientras asentía.
—Mucha suerte, entonces.
