* Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm y J.K. Rowling respectivamente.
—Sigo sin intender porque estás en esa clase...—Poe observaba a Rey en el gran comedor mientras escribía tan rápido como podía el ensayo sobre Dementores y Azkaban.
—En nuestros siete años en el colegio ¿Cuando has visto una clase como esta?—Preguntó Rey bajando su pluma y observando a su amigo, quien sin decir nada giró los ojos en blanco.—Exacto, nunca... ¿No crees que es importante aprovechar cada oportunidad que nos brinda la escuela?.
—Si, por eso estabas tan entusiasmada de poner tu nombre en el Cáliz.—Le recordó sarcásticamente.
—Oportunidades de aprender...—Agregó la joven. Recordaba como fue reacia en participar en la selección para el torneo.
—De cualquier forma; vas a salir de la escuela y no te vas a encerrar en el ministerio. Te conozco.
—¿A si? Y dime, mi adivino ¿Qué voy a hacer cuando salga del colegio?—Rey cruzó sus brazos sobre el pecho.
—Pues, definitivamente no vas a ser Auror.—Rey sólo negó con la cabeza y continuó escribiendo su ensayo.—...pero si estoy seguro que estás ocultando algo más. A mí no me puedes engañar, pecas.
Su castigo por fin había terminado, el trío era libre de nuevo. Finn decidió relajarse con la prueba, cada vez lo convencía más la respuesta de Rey. Poe por su lado se dedicaba a jugar Quidditch con sus compañeros y algunos otros estudiantes, era un hecho que no se celebraría el campeonato anual, pero al menos podían divertirse. Y Rey pasaba el poco tiempo que tenía libre estudiando, haciendo tareas y practicando su Patronus, intentaba pensar que mejoraba, pero era una verdadera perdedora. Apenas y lograba expulsar un escudo que jamás la defendería del ataque de un dementor. Alan Millan intentaba animarla en las clases, pero era fácil para él, pasó de ser el único que no podía ni conjurar el escudo a ser el primero en darle forma a su patronus; un tucán. Dejándolos a todos atrás incluso a Jessika Pava, quien, si Ben no fuera tan taciturno y poco expresivo, sería la consentida de la clase.
Ese sábado en especial, estaba a exactamente un mes del baile de navidad, su abuelo ya había respondido a su lechuza enviando un baúl con al menos cinco vestidos de donde elegir, esperaba ver verdaderas reliquias, pero cual fue su sorpresa que todos eran muy bonitos, y terminaron por volverse hermosos cuando leyó la tarjeta adjunta en ellos que decía qué todos los vestidos habían pertenecido a su madre. Rey ya había decidido que usar y como peinarse, sólo necesitaba que su pareja le dijese que si. Pero, a pesar de lo que ella podía haber creído, estar en una clase extra con Ben Solo no le estaba brindando tantas oportunidades de estar con él a solas. Claro que tenía más oportunidades de verlo, pero apenas y convivía con él.
—Expecto... Patronum—El enclenque escudo salía de la punta de su varita. Este era el quinto intento y no lograba ver avances. ¿Es que acaso sus recuerdos no son lo suficientemente felices? Recordaba a sus amigos, a su abuelo, los largos veranos en la playa, pero nada funcionaba. Dejaba caer su manos y se tumbó sobre el suelo. Estaba haciendo frío, pero no era un frío helado, así que podía estar sin problemas afuera.
"Uno más", pensó ágilmente, "un intento más y de regreso al colegio"
Con dificultad se puso de pie y cerró sus ojos, para concentrarse. Esta vez intentó algo diferente, recordaría a su familia, claro que sus memorias sobre sus padres eran tan lejanas que lo único que podía hacer era imaginarlos; intentó imaginar a su madre en alguno de los vestidos que su abuelo le envió, la imaginaba sonriendo al lado de su padre. Los imaginaba a ambos abrazados, bailando, intentaba ver a su padre haciéndola reír y ella respondería encantada con un carcajada. Mantenía esa imagen de ellos en su cabeza.
—Expecto...—Recito casi solemne. —... Patronus—La viva imagen de sus padre en su cabeza recorría su cuerpo y sentía como avanzaba hacía sus manos y salía expulsado de su varita. Un escudo, un escudo de verdad, no ese intento desgarbado que lograba cada vez que lo intentaba, era un escudo decente que bien podría defenderla.
Cuando sintió que el conjuro le quitaba todas la fuerzas que le quedaban lo rompió, pero ella sabía que lo había logrado, estaba eufórica, respiraba profundamente y de nuevo se dejó caer sobre el suelo, el sol estaba a su punto más alto, pero la sombra de un viejo árbol la protegía. Cuando por fin el cansancio la abandonaba, comenzaba a sonreír. En ese preciso momento se sentía fuerte, capaz de cualquier cosa; incluso de invitar a su maestro al baile de navidad.
Él no debía estar lejos, Rey conocía ya sus escondites preferidos, buscaría en cada uno de ellos de ser necesario, comenzando por el viejo roble detrás del edificio de astronomía. Sus pasos eran tranquilos al comienzo, pero, conforme pasaba el tiempo, comenzaba a avanzar con mayor velocidad, ya lo había buscado por todos los lugares que frecuentaba, pero Ben Solo simplemente no aparecía "¿Quizás está en el gran comedor?", se preguntó cambiando su dirección, era muy probable, en fin de semana los alumnos tenían libertad de pasear por el colegio y descansar, algunos pasaban la tarde conversando y comiendo algún bocadillo.
Al entrar al Gran comedor apenas puso atención a las personas a su alrededor, sus ojos llegaron de inmediato a la mesa de maestros, donde Ben Solo destacaba por su ausencia.
Suspiró cansada ¿Donde podía estar escondido? Estaba decidida a continuar buscando cuando el sonido de su nombre la regresó de inmediato.
—¡Rey!...
—Hola, Bill...—Saludaba la joven a su amigo pelirrojo.
—Hola... Reyli-beily, no me respondiste en clase de herbología...
—¿Qué cosa?—Preguntó ella.
—Imaginé que no me prestaste atención... te pregunte ¿Cuando vamos a concluir el proyecto de las mandrágoras? Se entrega la próxima semana.
Había olvidado por completo ese proyecto. En los invernaderos estaba una mandrágora con su nombre y el de Bill que no había recibido ni luz ni agua en semanas. Se estaba concentrando tanto en su clase con Ben que estaba comenzando a descuidar sus clases regulares; Y se detestaba por ello.
—Hagámoslo ahora...—Rey se apresuró a decir.—Los invernaderos están solos. Tú y yo pode...
—Kenobi...—Ese tono de voz tan amenazador no podía ser de otro maestro. Rey, en poco tiempo, se había dado cuenta de un detalle: Ben Solo tenía dos diferentes tonos en su voz; uno de ellos era el habitual y huraño que utilizaba en clases o cuando había demasiadas personas cerca, y otro más calmado y suavizado que sólo había escuchado cuando estaba solo con ella.—... ¿Cómo va su patronus?
—Excelente, profesor—Recitó con pausa—... hoy logré conjurar un escudo muy aceptable.—No perdió tiempo de alardear.
—Me encantaría ver sus avances.—Dijo él observándola directo, ignorando por completo la presencia de Bill Weasley.
—Claro sólo qué... justo ahora...—Sus ojos se movieron directo a Bill, el joven pelirrojo la estaba esperando para concluir su trabajo. Ella sabía que sería muy sencillo pedirle a su maestro que la acompañe y poder mostrarle sus avances, pero no podía hacerle eso a su amigo, la calificación de herbología es compartida.—...Tengo cosas importantes que hacer.
—La veo el martes...—Se despidió Ben ingresando al gran comedor.
Y sin pensarlo mucho Rey se giró hacia su amigo y ambos comenzaron su camino hasta los invernaderos.
Tratar de lucir en calma era su especialidad, su rostro inescrutable y la mente bien cerrada, eso fue lo que le dejó un vida entera al lado de una legeremante. Pero justo ahora, en este precioso momento, sentado al frente de un comedor repleto de estudiantes, lo último que podía hacer era lucir sereno. Ben Solo estaba muy lejos de sentir paz.
Sus largos dedos golpeaban la mesa y sus pies incontrolables y sin ritmo subían y bajaban contra el suelo en una clara señal de desesperación.
Él sabía que sus sentimientos estaban más allá del bien y del mal, y por más que tratara de negarse a si mismo lo que estaba pasando era imposible, sabía que algo sucedida al rededor de su joven aprendiz Rey Kenobi. No puede ser posible que una simple bruja en entrenamiento pueda conmover en él los sentimientos que lo recorren. Consideró seriamente estar bajo los efectos de alguna poción, ella debió aprender a preparar amortentia el año pasado. Y ella a demostrado ser una bruja formidable, pero ni siquiera una poción de esas puede hacer un efecto tan prolongado en alguien, no importa que la estudiante que la prepare sea excelente, se necesitan años para perfeccionarla.
Intentó distraerse con cualquier cosa; la comida, las velas sobre los estudiantes, el ridículo peinado de la maestra de adivinación. Pero por mucho que se concentrara no lograba sacar de su cabeza una retorcida imagen de ella en el invernadero, sola, con un joven pelirrojo sujetando firmemente su espalda. No, imposible, trató de calmarse, él la conocía, un poco, pero sabía que ella no sería capaz de hacer algo cómo eso. Y de pronto un recuerdo lo hizo levantarse rápidamente de su silla y salir del gran comedor tan pronto como pudo, el recuerdo de ella en el armario de escobas, colocando sus piernas sobre las de él, mientras sugestivamente le decía que el Ministerio de Magia ya le había retirado el detector mágico.
