* Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm y J.K. Rowling respectivamente.


Rey observaba el pergamino con absoluta incredulidad, toda la semana estuvo tratando de revivir a la pobre y debilucha mandrágora, pasó noches desvelada pensando que esto significaría un declive en sus calificaciones, esperaba una calificación de Desastroso a Troll... pero nunca hubiera imaginado que un Extraordinario aparecería en su lugar. "¿Será la calificación correcta?" "¿La profesora habrá confundido los proyectos y le dio su calificación a alguien más?" Estaba sorprendida, pero Bill por otro lado estaba radiante con su calificación, como si obviamente la merecieran.

Poe y Finn obtuvieron un Aceptable, posiblemente el proyecto más sencillo fue para ellos pero, con Finn estresado y Poe con la cabeza en el Quidditch, no podían esperar algo mejor.

—Pecas, agradece tu calificación y deja de torturarte... Salvaste a la planta ¿Si o no?

—Si... pe...—Las manos de Poe taparon inmediatamente su boca impidiéndole hablar.

—De eso se trataba, presentaste tu proyecto, tu mandrágora está viva. Punto.

Poe lo sabía, no había nada peor en todo el colegio que una Rey Kenobi autoflagelada por una calificación que no cree merecer.

Ella se sentía feliz sólo por Bill, claro, la calificación era compartida, pero después de las semanas que dejó en el olvido su proyecto por estar persiguiendo los pasos del Profesor Solo, sentía inmerecida su calificación. Además que desde qué ocurrió el incidente en el invernadero Ben apenas le dirigía la palabra en clases, en los pasillos ha pasado toda la semana evitándola, cuando ella recordaba que al menos le respondía los saludos. Lo que la ha desanimado los últimos días, y su calificación es ahora el pretexto perfecto para mantener sus sentimientos ocultos, al menos de sus amigos.

Las clases extras con Ben Solo se volvieron incomodas, Rey presentó su escudo, ese que ya no era enclenque y desgarbado, ese que bien podía defenderla de un ataque, pero ante los ojos de su profesor no era suficiente. Ya al menos cuatro compañeros más habían convertido sus Patronus a formas animales, y el tema estaba por concluir, tenía hasta el martes para demostrar que podía hacerlo, que podía estar a la altura de los demás. Pero con este reciente cambio de actitud de su profesor, se sentía más cansada cada vez que conjuraba el escudo.

Llegaba el primero de diciembre, los corredores de la escuela se iluminaban con las decoraciones navideñas. Por los pasillos no se escuchaba otra cosa que no fuera el baile de navidad, ya casi todos sus conocidos y amigos tenían pareja. Después de la invitación de Paulo, Rey ya no volvió a recibir más propuestas para el baile, no se sentía mal por ello, ella se encargó de dejar claro que ya tenía pareja, aunque no fuese verdad. Y con sus planes cada vez más inalcanzables, comenzaba a pensar que debió aceptar la invitación de Paulo.

Los fines de semana los chicos se reunían en el campo de Quidditch, Poe no se rindió con los partidos y formó un pequeño torneo, sin copa al final, haciendo equipo entre todas las casas y los colegios invitados. Había al menos 8 equipos hasta ahora y cada día se unían más, los maestros parecían encantados con la iniciativa de Poe Dameron.

—Hoy voy a hacer las inscripciones oficiales...—Poe tomaba un pergamino del escritorio donde Rey leía uno de sus libros.

—Tú no sabes estar quieto, ¿verdad?

—Ya me conoces, Pecas. Debiste inscribirte con nosotros...

—No...—Murmuraba Rey— Los hermanos Weasley son un mejor refuerzo que yo.

Rey debía admitir que la idea de Poe; de poder hacer los equipos sin importar de qué casa o colegio sean, era interesante. Al menos nueva en el colegio, ya que competían entre casas.

Ella ya tenía otros planes para su sábado libre, como de costumbre, practicar sus encantamientos, en especial el Patronus, el tema concluía el martes y ella, junto a otros dos compañeros, eran quienes faltaban de darle forma a su Patronus.

Ya había encontrado un pequeño lugar apartado en el colegio donde practicaba, sabía que podía frustrarse tanto como quisiera, nadie iba a escucharla de todos modos, con todos pensando en el baile o el torneo de Poe.

Antes de lanzarse de lleno sobre el Patronus, practico encantamientos de transformación y algo de conjuros de protección. Decidió comenzar con lo que más dominaba, así cuando practique el Patronus y no funcione sepa que al menos puede hacer otras cosas.

Relajó su cuerpo y se preparó mentalmente para el cansancio que la esperaba. Esta vez trajo con ella algo de comida en su mochila, decidida a no regresar hasta que su Patronus tome forma.

Cerró sus ojos y se concentró en el único recuerdo que le ha brindado algo en concreto; sus padres. Era irónico que un recuerdo falso le esté brindando el poder de crear un Patronus. Rey ni siquiera recuerda cual era la dinámica de sus padres, no sabía si de verdad su madre reía fuertemente con los chistes que contaba su padre, pues el único recuerdo que tiene de ellos no es nada feliz, incluso es terrorífico, lo que costó años de pesadillas y una terrible fobia al agua. Despejó su mente de esos recuerdos y se concentró en lo que de verdad necesitaba; sensaciones felices. Pero todo se tornaba más difícil para ella, los últimos días no estaba del mejor humor y la navidad, así de hermosa como es, no le brinda tanta paz. Recordaba la familia que alguna vez tuvo, claro que no sería tan triste para ella si de verdad no recordara nada de sus padres, pero es inevitable no pensar en sus rostros, sus ojos antes de cerrarse, en su madre girando para verla antes de morir.

—Expec... Expecto...—Ella en verdad lo intentaba, sabía que no iba a lograr nada con el cuerpo y la mente cansados. Además sus recuerdos estaban lejos de ser felices. Murmuró algunas palabras inaudibles y con un fuerte gruñido arrojó su varita de lado, que chocó de golpe con la pared de la escuela. Como una niña pequeña se dejó caer sobre el suelo helado y se permitió llorar, llorar en serio, dejó que el dolor, frustración, coraje y rabia la invadieran. Contenía fuertemente los sollozos pasando grandes cantidades de saliva por su garganta.

Poco a poco intentó normalizar su respiración, aunque agitada ya estaba más tranquila, sus ojos seguían rojos, el cansancio le estaba pasando factura y dejó descansar sus brazos a sus costados después de ajustar su bufanda y su gorro.

—Es verdad lo que escribí en su pergamino...—Rey giró su rostro al costado, desde donde el Profesor Solo le hablaba, estaba recogiendo la varita que ella arrojó contra la pared—...Confío en su capacidad.

—Gracias...—Respondió Rey sin ánimo en su voz.

Su profesor se acercó hasta ella extendiendo la delgada varita de Rey.

—Le diré un secreto...—Dijo él cuando Rey tomó su varita. Sentándose a un lado de la chica—... cuando yo estudiaba fui el único de mi generación que jamás pudo conjurar un Patronus. De hecho no pude conjurar una hasta algunas semanas atrás. También es nuevo para mí. Sólo no se desespere.

—Es muy fácil decirlo…—Rey hablo después de permanecer en silencio por demasiado tiempo.

—No sólo los recuerdos invocan un Patronus.

—Lo sé…—Rey se apresuró a responder recordando que ella conjura su hechizo con recuerdos falsos.

—Parta de eso…—Respondió Ben como si la solución fuera muy obvia.

—¿A usted que le funcionó? ¿Qué es diferente ahora? —Rey se recargó sobre su mano, curiosa de conocer la respuesta de su profesor.

—No tenía muchos recuerdos felices en mi juventud. —Confesó él.

—Y ¿Ahora los tiene?...

—Comienzo a tenerlos…

—¿Podría ver una prueba?... —Rey se puso de pie, aún en sus ojos se veía el vestigio de las lágrimas que la atravesaron— Para entenderlo mejor….

Ben siguió a la joven y tomó su propia varita en las manos.

—Expecto Patronum….— Recitó con solemnidad.

De la punta de su varita una luz blanca salía disparada, esta avanzaba frente a ellos y poco apoco comenzaba a tomar forma, se amoldaba, estiraba y serpenteaba.

—Es un… una…—Rey la observaba pero no era experta en animales que no fuera mágicos.

—Cobra Real…—Concluyó la frase que dejó incompleta la chica.

Rey alternaba entre observar el Patronus y observar a su profesor, entonces una risita se coló en sus labios.

—¿Era Slytherin? —Rey ya lo sospechaba, pero esta era la oportunidad de probarlo.

—¿Muy obvio? —Preguntó Ben con falso tono sorprendido.

—Sólo un poco…—Y así como apareció, el patronus comenzó a desaparecer. Una chispa de curiosidad golpeó la cabeza de la chica—… ¿En qué pensaba? ¿Qué recuerdo conjuró su patronus?

Ben se mantuvo en silencio observando la nada, indeciso entre decirle la verdad o continuar guardando silencio.

—Nada en especial… sólo el presente…

Rey frunció el ceño, no molesta más bien intentado comprender las palabras de su maestro.

—Quizás yo pueda intentar eso…—Rey tomó de nuevo su varita. Ben asintió ante las palabras de la joven y se acercó un poco más a ella.

—Cierra los ojos y relájate…—Dijo él. De inmediato Rey hizo exacto lo que su maestro le pidió. —… Permite que las emociones te llenen, déjalas fluir.

Rey respiró profundamente y se dejó envolver por el presente. Por sus amigos sonriendo y acompañándola, su abuelo enviando hermosos vestidos por correo, los nuevos amigos en la escuela y, la sensación que con más fuerza la recorrió, el preciso momento en que Ben colocó sus manos sobre sus hombros y con voz muy baja recitaba el conjuro cerca de sus oídos. Rey abrió sus ojos y elevó su varita en el aire.

—Expecto Patronum…—Su voz jamás sonó tan clara, tan llena de poder.

La punta de su varita se iluminó de nuevo, el escudo se formaba frente a ella, pero este comenzó a alejarse y a dar pequeños saltitos. Ella no soltaba el conjuro, esperando a que el animal tomara forma. Este comenzó a rodar y aclaraba la imagen de algo parecido a un roedor.

—Es una… ¿Rata? —Preguntó Rey extrañada. Claro que no era una rata.

—No…—Respondió Ben Sonriendo—… Una Mangosta ¿Usted sólo conoce animales mágicos?

Rey sonrió con esa pregunta que sonaba más a una afirmación, que no era del todo falso, conocía muy poco de animales normales. Quizás de saber un poco más sobre ellos habría notado lo que Ben notó casi al instante que su Patronus apareció; La fuente principal de alimento de las mangostas era justamente la cobra real. Esta chica iba a ser su perdición, en más de una forma.