* Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm y J.K. Rowling respectivamente.
—¿En que estabas pensando? ¿De verdad creías que iba a decirte que si?... ¿Cómo se te ocurre?—Imaginar que estoy ante un espejo es la única terapia que me consuela justo ahora. Sentía que cada parte de mi cuerpo pesaba al menos una tonelada. El nudo en la garganta era insoportable, pero lo que más me perforaba era el malestar producido por un dolor en el pecho, sentía como mis entrañas se contraían y esas ganas de llorar que no me han abandonado.
Debí ser en verdad ingenua al creer que él iba a aceptar una propuesta como la mía. Pero estaba realmente convencida que iba a decir que si, cada parte de la energía que siento que emana de él es como una confirmación a que todo lo que yo siento es correspondido. Que tonta fui. Obviamente estaba reflejando mis propios sentimientos en él, y aunque entendía perfectamente como funcionaban mis sentimientos y mis acciones, no podía dejar de sentirme así, el ser racional no me va a ayudar a superar la tristeza que crecía cada vez más en mi pecho.
El aire frío no era suficiente consuelo, pero tampoco quería regresar al colegio, se que no soportaré verlo ahí.
Preferí permanecer un poco más en el puente, es fin de semana y todos deben estar en el torneo amistoso que Poe estaba organizando. Podría distraerme un poco ahí, de todos los lugares en la escuela, ese tan concurrido, sería el último donde me encuentre con él. Pero se que en el momento en que vea a mis amigos comenzaré, inevitablemente, a llorar y ¿Cómo voy a explicarles que lloro por estar enamorada de un profesor?.
Hasta ahora la mejor opción continuaba siendo permanecer aquí, justo en el puente, tanto tiempo como pueda, al menos hasta que caiga el sol, de cualquier forma planeaba estar fuera todo el día.
Me senté sobre el suelo de madera y colgué mis pies fuera del puente, el aire frío continuaba soplando, solamente ajusté bien mi bufanda y contemplé el paisaje frente a mí.
¿Qué se supone que haré ahora? Estaba en dos clases con él. ¿Me expulsará del programa de aurores? Tampoco creo que regrese el martes ¿A que volvería? ¿A humillarme más a mi misma?
Sabía que huir sería cobarde, pero ¿Que otra opción me quedaba?
Faltaban tres semanas ya para el baile de Navidad, mis amigos ya tenían a sus parejas y los trajes que utilizarían ese día. Finn jamás se había visto tan radiante, y no sé hasta que punto se debe a que Rose será su pareja, tampoco lo había visto entusiasmado por alguien antes. Y Poe, bien Poe es sólo Poe.
Verlo de nuevo el siguiente lunes fue incluso más doloroso de lo que esperaba, volví a ser de nuevo la alumna invisible que ignora cuando levanta la mano para participar. Y no esperé a que mejorara al siguiente martes, ya no volví a las clases extras con él. Supongo que debe ser lo suficientemente listo para saber por que no me acercaba ni a respirar a esa clase. Pero incluso perdí mi interés por la clase extra de Criaturas Mágicas, prefería pasar el tiempo dentro de mi habitación, leyendo algún libro, adelantando tareas, haciendo cualquier cosa que me distrajera y me evitara pensar en él.
Las clases antes de las vacaciones fueron un absoluto desastre, y no por mis calificaciones, pero si por tratar de mantenerme temple ante lo que estaba sintiendo. Poe fue el único que supo que algo estaba mal conmigo, pero incluso él, siendo tan entrometido, sabía que era algo que debía tomar con cautela.
Las vacaciones llegaron muy pronto, tres días nos separaban del baile, mis vestidos ya estaban colgados resignados en el armario.
—...¿Pecas?—El ruido de la puerta me hacía sacar ligeramente la cabeza de las cobijas.—Se que estás ahí... la dama gris me lo dijo.
Caminé sin ánimos hasta la entrada, por un hechizo en las puertas los hombres no pueden entrar a nuestras habitaciones, así como nosotras no podemos entrar a las de ellos, así que sólo abro y salgo, aún continúo en pijamas y con un horrible nido de pájaros en la cabeza. La vista inquisidora de Poe no me toma por sorpresa.
—Me he visto peor.—Le dije en voz baja.
—Lo sé... vamos a bajar a jugar con Bill y Charlie ¿Quieres venir?—Justo antes de que terminara su oración ya estaba negando con la cabeza, él suspiró sonoramente y rascó con cuidado su cabeza—... sabes que no puedes esconderte toda la vida ahí, y que eventualmente tendrás que decirme que te pasa ¿Qué te parece si nos brincamos toda esa parte donde le damos vueltas al tema y me lo dices de una vez?
Él me conocía tan bien que me asustaba. Pero no dejaba de sentirme apenada por todo esto, y definitivamente no iba a decirle que estaba enamorada de un maestro, puede malinterpretarlo de alguna forma, y aunque estaba dolida no quería meter en problemas al profesor Solo.
Yo sabía que todo lo que necesitaba era tiempo, un poco de tiempo sola y todo este lío sólo será una historia divertida que recordar. Pero, lo sentía en mi corazón, aún estaba muy lejos de todo eso. El recuerdos de los últimos dos meses revuelan aún en mi cabeza, todas las muestras afectivas y dulces detalles que Ben había tenido conmigo, conmigo y con nadie más. En verdad estaba convencida que todo esto estaba caminando hacia algo, y ahí iba de nuevo, mis ojos se mojaron ligeramente mientras le negaba a Poe la información que deseaba conocer.
—Está bien, Pecas... será cuando estés listas ¿Bien? no te molesto más.— Los cálidos brazos de Poe me rodearon con cuidado y colocaba su hombro junto a mi cabeza, me permití descansar un momento en él.—Sabes todavía puedo cancelar el juego... y nos vamos nosotros dos a comer algo ¿Qué tal?... ya descubrí como entrar a las cocinas.—Me despegué de él inmediatamente con los ojos bien abiertos, desde primer año la fantasía más grande de Poe era entrar a las cocinas y parecía que por fin lo había logrado.—...Los castigos son una forma maravillosa de aprender cosas nuevas. Voy por algo de comer y nos vamos de aquí.
Meterme en líos ya no parecía ser un problema para mí, caminaba tomando fuertemente el brazo de mi mejor amigo por los pasillos del colegio mientras él desfilaba orgulloso con su mochila repleta de comida y postres que los elfos estaban inventando para el baile de navidad.
Ella es todo lo que obviamente no merezco; lista, divertida, inteligente y, aunque hasta cierto punto me sienta extraño pensándolo, ella es absolutamente hermosa. Pero en alguien debía caber la prudencia.
Sabía a donde conducían sus platicas, sus miradas fugases en el comedor y los sonrojos en sus mejillas cada vez que conversamos.
El resultado estaba casi escrito en piedra; entre ella y yo no puede existir nada más que una relación alumno-profesor. Y uno de nosotros tenía que notarlo antes de que todo se saliera de control.
Quizás en el pasado no me habría detenido tanto en pensar las cosas, solía ser la clase de persona que tomaba lo que quería, sin cuestiones, sin ataduras... Extraño tanto a ese sujeto. Pero no, era una persona nueva, con valores y un carácter temple, una niña de diecisiete años no va a poder más que yo.
Me decidí en ignorarla hasta donde pudiera, de ser posible no le permitiría participar en clases, el sólo escuchar su voz es ya intoxicante, sé que si convivo más con ella terminaré cayendo de nuevo.
Increíble pero ella me ayudó a hacer la transición más sencilla, poco a poco dejó de participar en mis clases, incluso se dio de baja en el programa de aurores, lo que académicamente es una pena; tiene demasiado talento.
Pero por otro lado el ver como de forma gradual comienza a perder el poco interés que tenía por mí me es insoportable, si tan sólo ella no fuese tan joven, si tan sólo pudiera yo parecerme un poco a mi padre.
Después de comenzadas las vacaciones, apenas podía verla, ya no la encontraba ambulando por los pasillos sonriendo acompañada de sus amigos, quienes me continúan produciendo una punzada en el estómago cada vez que los imagino juntos, el único consuelo que me quedaba era saber que no estaría con ningún adolescente hormonal durante el baile de Navidad. Si lo que me dijo era verdad, que no tenía pareja hasta ahora.
Los últimos detalles del baile estaban por concluir, los maestros encargados de cuidar a los alumnos ya estábamos alertados sobre los pasadizos y escondites donde posiblemente puedan escabullirse las parejas. Sería una noche en verdad larga.
Caminar por el estudio, sin tantos alumnos al rededor, resulta relajante, a pesar del frío. Apenas he terminado de calificar los últimos trabajos que recibí antes de las vacaciones, y hasta comenzar Enero, de alguna forma, estoy libre, he planeado salir estos días, viajar con mi madre para las fiestas de fin de año, cualquier cosa que me distraiga de ella.
Camino hasta la ventana con la intención de abrirla y dejar entrar un poco de viento, pero lo que parece una acción casual y cotidiana termina por convertirse en una broma cruel de las circunstancias, pues quien más que ella se pasea justo por debajo del edificio tomada fuertemente del brazo de joven Dameron. Mantengo las ventanas cerradas, pero mi mirada está fija en ellos. Caminando juntos, posiblemente con rumbo a los jardines, el verlos me produce esa punzada en todo el cuerpo, un piquete consistente por todos los centímetros de mi piel. Siento como el pecho me arde y como esa parte casi enterrada de mi pasado quiere regresar a arrancarle la cabeza al perfecto Poe Dameron.
