* Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm y J.K. Rowling respectivamente.


Nada estaba resultando como lo había planeado desde el momento en que nos dieron el anuncio oficial del baile.

Corría de la mano de Bill Weasley por los solitarios pasillos del colegio, algunos compañeros ya estaban listos, sólo a la espera de la hora indicada para ir por sus parejas. Teníamos al menos dos horas para arreglarnos y llegar a tiempo, pero con la emoción, combinada con algo de adrenalina, nos ayudará a estar listos incluso antes.

Llegamos a las escaleras donde cada quien tomará su camino a su respectiva casa, nos echamos a correr después de una cómplice mirada furtiva, acordando en silencio reencontrarnos aquí una vez que estemos listos.

Una extraña sensación me recorría, como un revoltijo en el estómago, sabía que iba a verlo ahí, pero estar acompañada de Bill haría la noche menos caótica.

Llegué dando tumbos por la sala común, para mi buena suerte mis amigos no estaban aquí, subí las pequeñas escaleras a los dormitorios, mis compañeras estaban ya dando los últimos toques a su maquillaje y peinados, todas lucían salidas de un bello cuento.

Sobresaltadas voltearon a verme con ojos lleno de curiosidad, posiblemente mi rostro sorprendido las asuste un poco.

—Necesito ayuda...—Susurré débilmente.

Siempre hemos sido un grupo de chicas muy unidas, aunque mi amistad con Finn y Poe es más grande, las chicas con las que comparto habitación siempre han estado ahí cuando las necesito.

De inmediato, entre algarabías y emociones, dos de ellas se colocaron sobre mi cabello, mostrándome la forma en que lo peinarían. Recogido, suelto, peinado alto, en menos de quince minutos habían hecho y deshecho algunos estilos. Mientras ellas terminaron de darse los últimos toques yo tomé un rápida ducha para quitarme el olor del día tan extraño que había tenido. Al salir de las regaderas algunas chicas ya habían bajado y otras se quedaron atrás para ayudarme, una de ellas dejó su maquillaje completo a nuestro servicio. Poco a poco las chicas comenzaban a bajar, hasta que al final me quedé completamente sola, terminé optando por un peinado medio recogido, pero mayormente suelto, un maquillaje muy sobrio. Mis compañeras bajaron mucho antes de que eligiera el vestido que utilizaría esa noche. Mi abuelo envió algunos vestidos de donde elegir, todos pertenecieron a mi madre. Al final opté por uno azul de hombros descubiertos, un hermoso escote de corazón y unas transparentes mangas por sobre el codo de las cuales una capa transparente caía hasta el suelo, estoy segura que mi madre debió lucir mucho mejor en el.

Bajé lentamente las escaleras hasta la sala común, la cual estaba completamente vacía, los largos pliegues del vestido se atoraban en mis pies, por lo que caminaba con un poco más de lentitud.

Llegar hasta el punto de encuentro con Bill fue todo un reto, con calma bajaba cada escalón para evitar caer y rodar.

Bill estaba de pie ante las escaleras, intentando ocultar sus manos entre los extraños pliegues de su traje, posiblemente, ese traje, también perteneció a su padre o incluso a su abuelo. Me recibió con su dulce sonrisa y extendió su mano para ayudarme a bajar.

—Luces muy bella, Reyli...—Dijo mientras tomaba mi mano y la pasaba por debajo de su brazo.

—Tú luces muy... tradicional...—Trataba de buscar alguna palabra para describir su traje tan extravagante.

—Si... creo que era de mi abuelo o de su abuelo...—Confesaba avergonzado.

—Este perteneció a mi madre—Me apresuré a comentar, no quería hacer sentir mal a Bill, considerando que son tres hermanos y no podían todos estrenar trajes el día de hoy.

—Tu madre, a diferencia de mis abuelos, tuvo un excelente gusto.

Los pasos, que nos llevaban hasta el gran salón, que fue adaptado para la fiesta, eran cada vez más tensos, estaba nerviosa y un extraño zumbido me recorría, las manos comenzaban a sudar, pero por otro lado una corriente eléctrica me impulsaba a llegar cuanto antes.

—Voy a ser la envidia de alguien esta noche...—Musitó Bill cuando llegamos a las puertas del salón, las risas y la música llenaban nuestros oídos.

—Yo se de una chica que se va a arrepentir de no haberte elegido a ti...

Bill soltó una risita casi irónica. Sujetó mi brazo con fuerza, claramente estaba mucho más nervioso que yo, y abrió lentamente la puerta. La música estaba sonando y no todos estaban bailando, la mayoría aun permanecían sentados en sus sillas, una puerta abierta fue el pretexto perfecto para desviar las miradas de algunos compañeros, entre ellos Poe Dameron, que inmediatamente al reconocerme voló de su silla hasta donde Bill y yo estábamos de pie.

—¿Él fue?...—Preguntó con rencor en su voz.

—¡No!—Me tomó al menos dos segundos entender a que se refería con su pregunta.

—Pensamos que no vendrías...—Musitaba Finn llegando hasta nuestra altura.

Estaba a punto de responder a Finn cuando me encontré con la lejana figura de Ben Solo observando desde el otro extremo del salón, inmediatamente mi corazón se puso a la defensiva, golpeando con fuerza en mi pecho

—Si... yo... es...—

—Encontré a Rey en el puente...—Dijo Bill interrumpiendo mi tartamudeo—... y le pedí que fuera mi pareja.

Yo me mantuve en silencio, tratando de lucir calmada observando el techo y las paredes mientras asentía fervientemente con la cabeza.

Finn y Poe se observaron, como comunicándose en silencio, mientras nos escoltaron hasta la mesa donde Rose estaba al lado de su hermana, y junto a ellas estaba, quien infiero era un compañero de Ilvermorny, al lado de Poe estaba, la joven promesa, Jessika Pava, casi al verla un sentimiento poco amistoso me recorrió el cuerpo, no la odiaba a ella, pero si a la forma en que, clase tras clase, Ben avalaba su talento natural para convertirse en Auror.

—¡Rey... te ves muy hermosa!—Rose exclamo emocionada cuando llegamos hasta la mesa.

—No tanto como ustedes... Que pena perderme el baile de apertura.—Me disculpé en dirección a Finn, quien había ensayado tanto para ese momento.

—Está bien, Finn pisó a Rose al menos cuatro veces, las conté...—Poe tomaba uno de los vasos de cristal que estaban frente a él, y tomaba un gran sorbo a la bebida.—Ahora que estamos todos juntos... vamos a bailar—Poe colocó su vaso en la mesa, tomó la mano de Jessika y entre risitas se fue casi corriendo a la pista.

Pensaba que el baile sería algo más solemne, pero era obvio que los maestros se esforzaron por hacer una fiesta lo suficientemente divertida para los alumnos. Me estaba tomando el tiempo para reunir el valor suficiente para despegarme de la silla y bailar con mis amigos, Bill permanecía a mi lado, aguardando y conversando alegremente, pero su mirada se desviaba de ves en cuando a dos mesas vecinas.

—¿Qué tanto ves?—Le pregunté curiosa, intentado girar mi cabeza, pero su mano me detuvo sosteniendo mi hombro. Sus ojos estaban apenados mientras negaba con la cabeza.

—Es... Miranda Smith—Confesó en voz baja, casi como si temiera que ella escuchara.

—¿Con ella querías venir?—Pregunté igualmente en voz baja, él solo afirmó con su rostro y apretó fuertemente sus labios.—Deberías invitarla a bailar... digo, ya estamos aquí, no creo que a su pareja le moleste una pieza.

—No... si voy a bailar con alguien esta noche va a ser con mi propia pareja.

Inmediatamente se puso de pie y extendió su mano en mi dirección, mis pies aún estaban demasiado nerviosos para acercarme a la pista, pero no iba a dejar Bill con la mano extendida, así que la tomé, con cuidado me puse de pie y caminamos hasta la pista.

Mientras sonreía y bailaba con mis amigos, intentaba mantener mi atención completa en ellos, trataba de no mover los ojos en busca de Ben, deliberadamente me puse a espaldas de donde pude verlo cuando llegué. Tampoco quería pensar demasiado en él, pero por fin estaba en el baile que por tantos días soñé con compartir con él. Pero no iba a llorar, no ahora, no cuando estaba rodeada de tantos amigos y tanta calidez.

La música nunca descansó, las alegres melodías poco a poco comenzaron a mermar para dejar lugar a las suaves canciones que sólo puede bailar tomando la espalda de tu pareja. Para Poe no fue extraño de ninguna manera, inmediatamente la música cambió tomó la mano de su pareja y la jaló con cuidado para recargarla sobre su pecho, incluso Finn estaba rodeando la cintura de Rose con delicadeza. Bill y yo nos observamos durante alguno segundos, golpeé discretamente mis manos contra mis costados, dudando si él quería continuar bailando, supongo que él debió pensar lo mismo. Pero con tímidos pasos nos acercamos lo suficiente para que yo pudiera pasar mis manos sobre sus hombros y lentamente nos balanceamos de un lado a otro.

—Es tan raro para ti como para mí...—Le confesé sonriendo.

—Si, un poco...

—¿Quieres que regresemos a la mesa?...

—No...—Negó él con la cabeza— es sólo un baile.

Nos quedamos ambos en silencio y me permití acercarme un poco más a él, terminé por recargar mi cabeza sobre su pecho y una de mis manos bajó por la solapa de su saco hasta quedar a la altura de mi hombro. Mi corazón estaba palpitando con locura, y trataba de controlar mi respiración, observaba el piso y los pies de mis amigos moviéndose de un lado a otro. Cuando levanté la mirada lo único en que mis ojos pudieron concentrarse fue en la mirada del profesor Ben Solo, que nos observaba desde la puerta de entrada, sus hombros lucían tensos y si las miradas mataran, posiblemente, Bill y yo estaríamos muertos.

¿Pero ahora que le ocurre? Comenzaba a exasperarme su actitud, fue él quien me dijo que yo malinterpretaba su comportamiento conmigo y ahora está aquí de pie ante nosotros, asesinando con la mirada al pobre Bill Weasley. Mi rostro se crispó un poco cuando rompí el contacto visual y giré mi cabeza hacia otro lado. Bill se arremolinó un poco para adaptar su cuerpo al mío ahora que por fin me había determinado a moverme.

—Creo que van a reprobarme...—Murmuró entre sonrisas.

Su comentario me dejó helada ¿Es que acaso Bill se había dado cuenta?, continué bailando fingiendo que no había escuchado su comentario.

El baile estaba lejos de terminar, pero cuando la música volvió a retomar su ritmo alegre ya estaba demasiado cansada, cansada y abrumada por todo lo que había sucedido desde temprano en la mañana.

—Creo que voy a subir ahora...—Anuncié mientras me alejaba de mis amigos. Bill de inmediato me seguía las pisadas.—No...—Le dije extendido mi mano—Quédate si quieres, el baile aún continúa.

—No sería correcto, eres mi pareja...—Dijo tomando mi mano y colocándola en su brazo.

Caminamos juntos hasta la puerta y salimos al pasillo, en algún punto de la noche había comenzado a nevar y ahora el terreno lucía completamente blanco.

—Puedes quedarte si quieres, de verdad.—Solté a Bill y me pare frente a él.

—No sería un caballero si dejo que te vayas sola.—Insistía él.

—¿Sabes? creo que vi a Miranda Smith sola, quizás puedas pasar el resto de la noche con ella.—Por un momento lo dudó, claramente interesado en ir con ella.—A mí no me molestaría...—Susurré en voz baja.

—Eres la mejor Reyli-Beyli...—Sonreía mientra descansó un tierno beso sobre mi mejilla. Me quedé de pie mientras lo veía regresar a la puerta.— Por cierto...—Bill se detenía en la entrada y giraba de nuevo para observarme—... él no podía quitarte los ojos de encima.—Sonrió de nuevo asintiendo y regresando al salón.

Si lo sabía, Bill Weasley se había dado cuenta de todo. Cuando desapareció de nuevo en la habitación mis pies comenzaron a sentirse lánguidos, producto del comentario que quedó suspendido en el aire. Pero fuera de todo el nervio y miedo que comenzaba a sentir ¿Era verdad? ¿Ben Solo me había observado toda la noche?

Caminé de regreso hasta un costado de la puerta, donde había pequeñas bancas de piedra donde me senté un momento. Antes de regresar a mi habitación quería perderme un momento en mis pensamientos; Atar cabos, se supone que sólo soy una estudiante más, porque esa actitud tan repelente y de repente me ve llegar con alguien más y pareciera que quiere arrancarle la cabeza a todos en el salón.

Antes de continuar ahondando en mis pensamientos el ruido de la puerta me distrae, esta abruptamente se abre y por un segundo queda suspendida y el ruido de la música y brillos de la luz se escapan, estos acompañados por el ondear de la capa del Profesor Solo que camina a paso firme hasta el inicio de las cortas escaleras que nos llevan de regreso al colegio, ahora bañadas por la nieve. Observaba sus alrededores con ademanes preocupados, salió con tanta brusquedad que ni siquiera se dio cuenta que yo estaba sentada detrás de la puerta.

Me mantuve en silencio, y un arranque de adrenalina me impulsó a ponerme de pie.

—Aquí estoy...—Le dije, sabiendo de alguna forma que lo qué buscaba con tanta preocupación era a mí.