* Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm y J.K. Rowling respectivamente.
—Aquí estoy...
El sonido de mi voz lo tomó por sorpresa, y por un momento permaneció quieto, intentando decidir que era lo que haría a continuación. La respuesta la sabía incluso antes de que él se moviera; tenía que confrontarme, tendría que volverse para verme y darme cuantas de que era exactamente lo que estaba sucediendo.
Planté mis pies sobre el suelo, sentía más determinación en este momento que en todo el mes que intentaba invitarlo al baile. Quería respuestas, y conocía el lugar perfecto para obtenerlas.
Sus ojos ya estaban fijos sobre mí, sin decir una sola palabra y con un ademan en la mirada le pedí en silencio que me siguiera, por primera vez, en toda la noche, el vestido no se enredaba en mis pies. Caminé hasta la parte posterior externa del salón, donde alguna vez Poe me mostró la entrada a uno de los muchos pasajes que existen en la escuela. Las escaleras se ocultan detrás de una gárgola y sólo aparecerán si tocas los dedos indice y pulgar, mientras soplas en la nariz de piedra de la estatua.
Las escaleras llevan a una parte escondida del colegio, una terraza invisible para los ojos, pero lo suficientemente amplia, con vista al interior del salón, lo maravilloso de ella es que quienes están dentro no pueden vernos a nosotros, era el escondite perfecto. Su único defecto es que se encontraba al aire libre, estaba completamente nevado y caminar era más difícil.
Llegué hasta el borde de la terraza y me mantuve tranquila, respirando con calma.
Él no tardó en alcanzarme y pararse a mi lado, sus manos estaban sobre la nevada piedra, movía nerviosamente los dedos de arriba abajo.
—¿Entonces?... Continuaras fingiendo que no está sucediendo algo o esto también lo estoy imaginando.—Me paré frente a él, pero Ben continuaba observando el horizonte, sin verme a los ojos— No creas que no me di cuenta que no dejaste de observarme toda la noche, incluso Bill Weasley lo notó.
El tono de mi voz se imponía sobre el silencio sepulcral que lo rodeaba, Ben únicamente cruzo los brazos sobre su cuerpo y cerró los ojos. Suspiró dejando caer su cabeza ligeramente hacia abajo.
—Respóndeme...—Le exigí tomando su brazo y lanzándolo con todas mis fuerzas en un intento para que su rostro me encarara.
—¿Qué quieres que te diga?—Preguntó elevando el sonido de su voz, sonaba más rasposa, claramente intentando intimidarme.
Pero me planté, y elevé mi rostro con total seguridad.
—La verdad...—Este se estaba convirtiendo en un duelo de intimidación y era una discusión que no estaba dispuesta a perder.
Algo estaré haciendo bien pues al escuchar mi respuesta movió su garganta tragando saliva en el acto.
—Tienes razón; algo está sucediendo...—Admitió él en un susurro—... Y me está volviendo loco.—Por fin sus ojos giraron para observarme, pero esta vez no era esa mirada asesina que lanzó sobre Bill Weasley, esta lucía más cansada, abrumada y sobre todo suplicante.
—¿Qué es...?—Pregunté con suavidad, aunque ya conocía la respuesta, quería escucharla saliendo directamente de él.
—Tú...—Susurró él casi con la intención de que ni siquiera yo pudiera escucharlo, que error pues mis sentidos estaban disparados.—...Tú con él, con ellos, con Dameron, con Calrissian—El tono de su voz fue aumentando gradualmente mientras enumeraba—... tú siendo compartida con todos en esta escuela y sin nada para mí. Y ser egoísta me está volviendo irracional.
—Pudiste habértelo evitado diciéndome que si...—Le recriminé con la voz cargada de rencor.
—Claro...—Soltó una risa irónica—... y llegar contigo del brazo justo como lo hizo Weasley... me abrían expulsado del colegio antes de llegar a la puerta.
—Tampoco te estaba pidiendo llegar de tu mano o que bailaras conmigo toda la noche, sólo quería llegar contigo y ya.
—¿Por lo que ahora soy yo quien está imaginando cosas?—Su voz ya sonaba cansada.
Su pregunta quedó suspendida en el aire. Estaba comenzando a exasperarme el discutir con él, claramente buscaba la manera de salir de toda esta situación y yo, siendo tan insistente, no se lo estaba facilitando.
—Yo debo ser honesto contigo...—Habló después de los segundos de silencio más extensos de toda mi vida. Esta vez su voz sonaba más tranquila, intentando entrar en razón—... soy tu maestro, esto no te va a dejar nada bueno, soy diez años mayor que tú, apenas estás comenzando a vivir... sin mencionar el problema en el que yo me metería.
—No planeaba decirle a nadie...—Dije en voz baja. Pero Ben se mantenía distante ante mis palabra, continuaba moviendo su cabeza de un lado a otro en forma de negativa— Vas a continuar negando ¿Hasta cuando? No soy una niña Ben Solo, soy joven es verdad, pero estoy lejos de ser una niña.
Cubrí mis hombros con mis propias manos, el frío comenzaba a calarme realmente. De nuevo Ben giró sobre sus talones y estaba dándome la espalda. Era casi como hablar con una pared, dura y hueca. Trataba de mantener el ritmo calmado de mi respiración. Estaba a punto de darme por vencida y regresar a mi habitación cuando las palabras de despedida se atoraron en mi boca.
—En verdad me agradas, Ben...—Dije en lugar de un "Buenas noches"... mis mejillas se sonrojaron al instante, no sabía hasta que punto era el frío el que ocasionaba mi sonrojo.
—No eres la primera y yo tampoco voy a ser el último profesor que se enamoró de su estudiante.—De nuevo Ben giraba para observarme y se acercaba muy lentamente hasta estar parado justo a medio paso de distancia de mí.
¿Acaba de afirmar que si está enamorado de mí?
—¿Y que harás?—Mis manos viajaron directo a los pliegues de su capa y los sujeté, como aferrándome a una pequeña luz de esperanza— ...esperar a que termine la escuela.
—De ser preciso...—Murmuró mientras dibujaba la forma de mis nudillos con sus manos.
—Muchas cosas pueden pasar en cinco meses...—Ese medio paso que nos alejaba fue cerrado mientras le contestaba.
—Que pasen... será lo mejor.—Sus ojos estaban fijos sobre los míos. Una de sus manos se alejó de las mías y acomodó uno de los mechones de cabello que se despeinaron con el viento gélido que soplaba.
—Y si mejor ocurren ahora...—Empuñando mis manos jalé un poco su capa para acercarlo más a mí, mientras que con mis pies intentaba subirme de puntillas con la intención de estar lo más cerca posible de su rostro. Mis ojos se cerraron instintivamente.
—Basta, Rey...—Dijo poniendo sus manos en mis hombro y presionando ligeramente para hacerme retroceder.—... es mejor esperar.
—Entiendo...—Respondí apenada. Bajando la mirada.
Esperaba que el terminara por alejarse, pero no lo hizo, se mantuvo de pie justo en su lugar y sus manos bajaron de regreso hasta mis manos, rozando ligeramente mis brazos en el proceso. Mi corazón estaba desbordado de emoción ¿Esto en verdad estaba pasando? Necesitaba un un chorro de agua fría para despertar, si todo esto era un sueño, no quería despertar nunca.
Permanecimos de pie uno frente al otro perdidos en la profundidad de nuestros ojos, cuando un extraño sonido nos hizo salir del trance, era un ruido poco peculiar, como el que hacen las ramas de un árbol cuando se rompen. Nuestros ojos rompieron el contacto y buscaron la fuente del sonido. Ambos giramos nuestro rostro para ver hacia arriba, el cielo nocturno nublado y las luces del interior del gran salón nos dejaron ver de que se trataba.
—¿Qué lo sostiene?—Pregunté incrédula viendo como el muérdago colgaba de la nada y su posicionaba sobre nosotros.
—Es lo de menos...—Respondió con rapidez.
Tomando mis mejillas con sus manos terminó por cerrar la brecha que nos separada y hundía sus labios sobre los míos.
