* Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm y J.K. Rowling respectivamente.


Hogsmeade estaba a rebozar de estudiantes. Largas filas de parejas se arremolinaban para tener un lugar en la Casa de Té, mientras nosotros, después de algunos minutos esperando, por fin logramos encontrar un lugar en Honeydukes. Eran verdad los rumores; se creó un menú especial para el día de hoy, por lo que podíamos comer aquí y no en las tres escobas, lo que era un ventaja para mis planes.

Rose se unió a nosotros apenas salimos del colegio, era extraño verla sin su hermana.

—Todo luce delicioso...—Rose estaba perdida viendo los platillos servidos en las mesas vecinas, mientras nosotros esperamos con ansias que nos atendieran.

—Creo que pediré uno de esos...—Dijo Poe señalando una enorme copa con crema y chocolate, mucho chocolate.

—Yo quiero probar una rebanada de ese pastel...—Finn no dejaba de ver la enorme pieza de pan que estaba sobre la barra, por más que cortaban de ella parecía no acabarse.

—¿Que hay de ti?—Preguntó Poe en mi dirección.

Parpadee un par de veces antes de notar que realmente no quería nada. No quería nada de comer. Estaba ansiosa por poder escabullirme a las tres escobas.

—Creo que nada...—Respondía con franqueza—Quizás cuando les sirvan a ustedes elija algo.

Unos minutos después se hicieron los pedidos, y en un instante la mesa estaba repleta de golosinas, malteadas y pasteles. Los ojos de mis amigos brillaban de emoción. Yo esperé a que comenzaran a comer para hacer mi jugada.

—Creo que quiero una cerveza de mantequilla...—Dije poniéndome de pie.

—Pero no tiene cerveza en el menú...—Poe hablaba sin modales pues su boca estaba repleta de comida.

—Iré rápido por una a las tres escobas y los alcanzo aquí... ni siquiera notarán que me fui.

—Yo te acompaño...—Finn se puso de pie, poniendo de lado su comida.

—¡No!...—Exclamé sobresaltada. Los ojos de Poe y Rose me encontraron al instante, supongo que debí exaltarme un poco.—Quiero decir... no—Dije más suavemente—no dejes solos a Rose y Poe, yo estaré bien.

Sin esperar una respuesta salí casi volando de Honeydukes y me dirigí a las tres escobas. El lugar era toda una locura; había estudiantes por todos lados, y casi todos los profesores escogieron precisamente este lugar para descansar, me acerqué a la barra e hice mi pedido mientras buscaba con la mirada a Ben. No fue difícil encontrarlo, pero no fue satisfactorio verlo. En nuestra última visita al pueblo, no había tantas personas y la mesa donde encontré a Ben estaba sola, en esta ocasión estaba todo lleno, incluso él se vio en la necesidad de compartir una mesa con más profesores. Se notaba que estaba incómodo rodeado de tanta gente. Pero, como por obra de magia, se abrió un lugar justo frente a él. Estaríamos en la boca del lobo, pero ese no me detuvo.

Caminé hasta la mesa repleta de profesores y me paré junto a la silla disponible.

—Profesores...—Dije saludando, de inmediato todos los ojos voltearon a verme—...No hay más lugares disponibles ¿Les molesta si m...

—Por su puesto que no Kenobi, adelante por favor, tome asiento.—Dijo el profesor Flitwick.

Tomé mi lugar frente a Ben y comenzamos, lo que puedo llamar, el momento más incómodo de nuestras vidas. Ninguno de los dos hablaba, ni siquiera nos veíamos a los ojos, Ben tomó su libro y comenzó a hojear. Yo tomaba ligeros tragos a mi bebida. Mientras los profesores hablaban y bromeaban ignorando por completo la tensión que crecía cada vez más entre nosotros.

No se suponía que esto pasara así, se suponía que íbamos a estar solos, conversando y pasando un rato agradable.

—Keboni...—La voz de Ben siempre sonaba tan extraña cuando se dirigía a mi como su alumna.—...Gracias por el libro lo disfruté mucho.

Extendió su mano y me entregó el desgastado libro que cargaba a todos lados. Era obvio que planeaba algo, este libro ni siquiera era mío.

—No hay por que, profesor...—Le respondí tomando el libro en mis manos.

De inmediato Ben se puso de pie y, sin despedirse, salió de la taberna. Pareciera que los profesores estaban acostumbrados a su comportamiento poco social.

Sin perder mucho tiempo abrí el libro, sabiendo que debía haber algo en el, de lo contrario ¿Por qué me lo daría?. No estaba equivocada, en la última página había un pequeño recado que citaba "Te veo en la entrada del pueblo". Sonreí al notarlo, pero traté de no hacerlo evidente. No me paré de inmediato, me tomé mi tiempo para terminar con mi bebida e incluso después de haber terminado esperé algunos minutos.

Salí de la taberna con el corazón palpitando de emoción ¿Qué estará tramando Ben?

—Hey... Rey—Escuché un grito lejano apenas salí de la taberna. Me detuve sin ganas, tenía prisa y no era muy buena para ocultarlo.—Disculpa que te moleste...—Paulo hablaba tan encantador como siempre, pero justo ahora lo detestaba.

—Para nada, Paulo ¿Qué necesitas?—Pregunté apresurada.

—Sólo charlar, quería agradecerte por ayudarme en el proyecto... No estaba del todo concentrado...

—No te preocupes, te entiendo... tengo algo de...

—Me gustaría invitarte algo, en agradecimiento... sin molestar tu espacio personal—Sonreía y trataba de ser agradable, pero yo tenía prisa y él parecía no notarlo.

—Yo... acabo de comer algo entonces no...

—Entonces puedo acompañarte, dar una vuelta...

—Paulo...—Ahora Bill Weasley se unía a la conversación—Reily-Beily es demasiado amable para negarse, pero tiene prisa ¿Qué tal si yo te hago compañía?—Bill pasó su mano sobre el hombro de Paulo mientras que con su mano disponible se despedía de mí.

No esperé a dar las gracias, di media vuelta y salí disparada rumbo a la entrada del pueblo. Tampoco me detuve demasiado en tratar de entender el comportamiento de Bill. Desde el baile de Navidad sé que está consiente de que ocurre algo entre el profesor y yo, pero no estoy segura si alcanza a dimensionar lo que está sucediendo en realidad.

Caminé algunos metros fuera de los límites del pueblo. Ben no estaba precisamente en la entrada, a la vista de todos, lo alcancé a distinguir algo apartado, junto a una pequeña cerca de madera.

—Pensé que dijiste "la entrada..."—Musité en tono acusador.

—¿Tienes mi libro?—Preguntó girando para observarme. Sabía que Ben era extremadamente celoso con ese libro en particular, por lo que no hice ni el intento de leerlo cuando me lo dejó en la taberna.

—Aquí...—Le dije sacándolo de una de las bolsas de mi capa.

—Y... ¿Me dijiste que ya te quitaron el Detector?

—Hace más de un año...—Sonreí nerviosa mientras el se acercaba. Por un pequeño momento me sentí por completo intimidada.

Ben Extendió su mano y sin pensarlo dos veces la tomé. El tirón lo sentí al instante, de repente los árboles se estiraron y con un extraño bucle se transformaron en paredes y viejos muebles. Nos habíamos aparecido.

No ubicaba el lugar, no me sonaba de ninguna manera. Todo parecía viejo y desgastado, repleto de polvo y nada estaba en su lugar.

—¿Donde estamos?—Pregunté confundida acercándome a una ventana.

—Es la casa de los gritos...—Murmuró Ben a mis espaldas. Había escuchado cosas horribles sobre este lugar. Me sobresalté y caminé hasta él tomando su mano, realmente asustada.—... Tranquila, no está embrujada de verdad.

—¿Cómo lo sabes?—Pregunté aferrándome a su brazo.

—Sólo confía en mí... —Dijo suavemente.

Decidí relajarme un poco, era lo más sensato, además ¿Que daño podría hacerme él? Caminé al rededor inspeccionando la habitación. Cuentan las historias que hace años gritos espantosos sonaban en esta casa, pero por alguna razón, así como aparecieron, desaparecieron. Curioso lugar eligió Ben para nuestra primera cita.

De pronto sentí la energía de Ben acercándose por mi espalda, colocó su mano sobre mi hombro, casi suspendida. Su respiración golpeó sobre mi nuca y un efecto en cadena provocó que cada parte de mi piel se erizara.

—Puedes gritar si quieres...—Un tono sombrío, casi embriagante, se apoderaba de su voz—... nadie va a escucharte o pensarán que son los gritos de las almas en pena que regresaron...