Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm y J.K. Rowling respectivamente.
5 Años Después.
El sol estaba en su punto más alto, condenada hora en que a los Oocamys se los ocurrió nacer, ya estaba cargando algunos costales repletos de semillas y alimentos para ellos y otros animales que debía cuidar.
Trabajaba de la mano del Ministerio en la búsqueda y rescate de criaturas en situación de contrabando. La casa de campo de mi abuelo fue mejorada y me permitió hacer este pequeño refugio donde cuidaba de mis animales. Terminé por convertirme en Magizoólogo, justo como Poe siempre dijo; tenía un criadero de Oocamys, a quienes regresaba a su libertad una vez que lograban valerse por si mismo.
Mi completa atención estaba en los cuatro huevos plateados que tenían al menos quince minutos haciendo movimiento raros, amenazando con nacer.
— Vamos...—Los animaba, casi esperando que pudieran entenderme—...Los estoy esperando.
Ahí estaba uno de ellos, asomando su pico y sus pequeñas alas, el huevo se desmoronaba a su alrededor y el ligero Oocamy daba pequeñas vueltas en su lugar, a los pocos segundos sus hermanos siguieron al primero y por fin estaban aquí. Serían unas semanas largas hasta que pueda regresarlos a India.
Mis manos estaban sobre las pequeñas criaturas, ayudándolas a comer cuando escuché los pasos de mi abuelo detrás de mí. En estos años lo he hecho amar a estos animalitos, sus nacimientos siempre lo emocionan.
— Nacieron los cuatro...—Le dije sin verlo. Sabía que la noticia lo haría feliz.—... Voy a sacar algunas cosas del granero ¿Me ayudas?
—Lo que necesites...
El alma me cayó, esa no era la voz de mi abuelo. Giré de inmediato, sorprendida y un poco asustada.
— ¿Ben?...—Pregunté temiendo que no fuera real, apenas había cambiado en los últimos años.
— ¿Cómo estás?—Pregunto torpemente. parado del otro lado de la cerca de madera.
Sacudí mis manos repletas de polvo, semillas y hojas secas.
No respondí, estaba algo mareada por esto. No había visto a Ben desde que fue despedido del colegio. Pasé todo el verano esperando por él, tratando de localizarlo, pero nunca apareció. Para agosto había resuelto continuar con mi vida y fue cuando comencé a trabajar en le ministerio.
— Te fuiste...—Lo acusé, tenía esto atorado en el cuerpo desde hace cinco años, necesitaba sacarlo.
—No podía quedarme en el colegio... el Director fue muy expreso y...
—Tampoco me buscaste...—Lo interrumpí. ¿De verdad lo estaba acusando? Sí. Toda esa historia que vivimos me costó, y me costó cara; Perdí a uno de mis mejores amigos, perdí tiempo esperando por él. Y la oportunidad de ser feliz con alguien más. Pues a pesar del tiempo y el abandono una parte de mí continuaba aguardando por Ben.
—Lo lamento... quise hacerlo, muchas veces.
—Y ¿Porqué ahora?—Cada una de mis preguntas estaba cargada de veneno.
—Supe que trabajas en el ministerio, estoy presentando mi información para ingresar como Auror. No había escuchado tu nombre en cinco años y pensé que... Lo siento no debí venir.—Sujetó con más fuerza su maletín, señal de que de nuevo planeaba irse.
— ¿Mi abuelo sabe que estás aquí?—Un mal presentimiento me caminó por la espina, mi abuelo no es fan de Ben Solo. Antes de que terminara el verano le conté toda la historia a mi abuelo. Sabía que una parte dentro de él detestaba la mención del nombre Ben Solo en esta casa. Quería tratar de entender si era por que rompió el corazón de su nieta o por el hecho de que inició una relación conmigo cuando yo era aún muy joven.
—Si...—Se apresuró a responder, bajando ligeramente su mirada. La forma en que entornó sus ojos me recordaba a los míos después de un regaño, creo que antes de llegar a mí pasó por un filtro; El abuelo Kenobi.—Él me dijo que te encontraría aquí.
Giré para observar la casa, cual fue mi sorpresa cuando vi qué una de las cortinas se movió. Viejo entrometido. Ya hablaría con él más tarde.
— Me... me iré, no quiero ser una molestia.—De nuevo se aferró a sus cosas.
—Espera...—Le dije una vez que dio la vuelta.—Si necesito ayuda en el granero.
—Claro...—Respondió dejando caer su maletín y recargándolo en la cerca.
Le pedí que me siguiera con un movimiento de manos. El pequeño granero estaba empotrado en una de las paredes del establo.
—Entonces... ¿Auror?—Pregunté intentando sonar casual. Mentiría si no reconociera que una vibración me recorría el cuerpo.
—Sí, pasé algún tiempo viajando. Pero ahora quiero un trabajo más tranquilo.
—¿Qué estabas haciendo en tus viajes que te hace pensar que ser Auror es un trabajo tranquilo?.—Reí mientras preguntaba. Y entonces lo noté; un brillo inusual en sus ojos. El último día de clases Bill Weasley me dijo que los ojos de Ben brillaban cuando estaba a mi lado, jamás lo noté, hasta ahora. También las palabras que me dijo regresaron como un balde de agua fría "Él está enamorado de tí".
—Sujétala, no la sueltes.—Le dije distraía y en voz baja dándole la manija de la puerta.
Me permití poder compararme con Ben, durante mis años en el colegio apenas alcanzaba su pecho, ahora había logrado llegar a sus hombros, supongo que habré crecido un poco.
Di un paso dentro del granero y me subí a un pequeño escalón para bajar otro de los costales con los que alimento a los animales. Mientras lo jalaba un cubo para agua se posó sobre el, lo que haría más difícil bajarlo.
— Permíteme... —Dijo Ben. De repente sentí sus manos alcanzando el costal.
—¡NO!... no... no sueltes la...— Cerré mis ojos al escuchar el portazo.—... puerta.
Suspiré cansada. Esto me traía recuerdos, sólo que ahora qué estaba sobre la escalera yo estaba más alta que Ben.
— ¿Qué ocurrió?—Preguntó asustado.
—Mi abuelo...—Le respondí mordiéndome la lengua—... quiso poner un sistema de seguridad en la puerta y el hechizo salió mal.
— ¿Y ahora qué?
—Esperar... a que el viejo note que estamos encerrados y venga a abrir.
Suspiré tranquila, los Oocamys habían alcanzado a comer algo.
— ¡ABUELO!—Grité, pero sabía que era inútil. Con los años ha ido perdiendo el sentido del oído. En ocasiones estoy aquí hasta dos horas.—Lamento esto.—Le dije tocando su hombro. Se sentía extraño volver a sentirlo.
— Tranquila... aunque no lo creas, esto ya me había pasado una vez.—Dijo sonriendo. Sólo pude reírme en respuesta. —Claro que... el armario de escobas era más pequeño.
Pasamos algunos minutos en silencio, era medio día y sentía el sudor recorrerme la espalda. Ben recargaba su hombro contra la puerta. Se veía cansado, claro que la enorme prenda negra que cargaba sobre los hombros no ayudaba a mantenerlo más fresco.
—Te debes estar asando.—Le dije señalando su ropa.—¿No quieres...—Tosí discretamente.—...Quitarte la capa? Está haciendo demasiado calor.
— Claro, yo...—Sus manos pasaron al botón central debajo de su cuello y desabotonó la prenda, la descolgó de sus hombros y la acomodó en uno de los estantes. Continuaba tan ancho como lo recordaba.
Reí por lo bajo, era obvio que debajo de su enorme capa negra estaría una playera del mismo color, Ben Solo no únicamente no cambió por fuera, por dentro seguía siendo el mismo.
—Creo que debí elegir mejor mi ropa...—Murmuró cuando notó que me reía de él.
—Probablemente, si.
La electricidad entre ambos crecía, cada vez más y más intensa. No estuve a su lado por demasiado tiempo, pero sabía cuando su corazón latía con fuerza, lo notaba en las venas de su cuello.
—Y tú... ¿Te... te casaste o algo?—Preguntó Ben intentando sonar casual. Claro que su tartamudeo no lo ayudó a tener un tono despreocupado. Preguntó temiendo la respuesta. Sinceramente pensé en mentirle, pero no tenía caso.
— No.—Respondí casi en un suspiro. Y no por que no se presentara la oportunidad, pero el recuerdo del hombre que tenía frente a mí ahora era más fuerte que el cariño que pude sentir por otras personas.
—Ya veo... Yo.. yo tampoco me casé.—Dijo él respondiendo una pregunta que nunca hice.
Sonreí y mordí fuertemente mis labios.—Sabes Ben... si quieres besarme sólo tienes que hacerlo.
Se quedó en blanco por algunos segundos, yo continuaba sobre la escalera, estaba algunos centímetros más alta que él. "Bien..." Pensé ágilmente "Si no lo haces tú" Puse mis manos sobre sus mejillas y lo acerqué con brusquedad hacía mi rostro y clavé mis labios sobre los suyos. Mis manos pasaron a la parte trasera de su cuello mientras él colocaba sus manos en mi espalda, y me sujetaba contra su cuerpo con el fin de hacerme bajar de la escalera. De nuevo tenía que subirme sobre las puntas de mis pies para poder alcanzarlo.
Me separé ligeramente de él respirando agitada.—¿Quieres quedarte a cenar?
— Claro que si...—Respondió antes de regresar a mis labios.
Ahora mi abuelo podría tardarse toda la vida en abrir esta puerta, realmente no me molestaba estar aquí encerrada. Me permití perderme en las sensaciones que renacían dentro de mí. Realmente extrañaba esto, ni siquiera dejé que el miedo a qué algo puedo alejarlo de mí me alterara ¿Ahora qué podría detenernos? Aún continuaba siendo diez años mayor que yo. Y si eso no nos detuvo antes, no lo hará ahora.
— Te amo...—Ben se alejó de mí. Vi como pasaba saliva por su garganta. Sonaba a algo que había cargado durante cinco años en su pecho, justo como mis reclamos.
No pude responder, sólo atiné a afirmar con mi cabeza antes de volver a besarlo.
Pues a pesar del tiempo sabía qué lo que sentía por él seguía siendo absolutamente real.
Fin.
La historia en verdad terminó en el capítulo anterior. Pues desde un principio se concibió como las aventuras de Rey dentro del colegio.
Por eso esa enorme cantidad de tiempo entre la separación y el reencuentro. Pude ser menos cruel y reunirlos al instante, pero ¿Qué es la vida sin algo de drama?
¡MUCHAS GRACIAS! En verdad aprecio mucho que siguieran esta historia, que se tomaran el tiempo de llegar hasta aquí, que disfrutaran y me lo hicieran saber. Atesoro todos sus comentarios, mensajes y fanarts.
Esta historia es de ustedes, siempre lo ha sido. Lo que hago, lo hago con amor y mucho cariño para que pasen un rato agradable.
Nos leemos a la próxima.
Anna.
