La puerta se abrió con aparente violencia, una mujer trigueña de mediana estatura entró casi salvaje, Piper ya la había visto antes, era difícil no conocer a los empresarios importantes de la ciudad sobre todo si eran tan agresivos en el mercado.

-Disculpe...Su cita de las once.-Piper escuchó decir a la secretaria, la directora con un porte despreocupado volteó a mirarla.

-No recuerdo haber pedido una scort rubia, no son mi tipo, ya lo sabes.-Le dedicó una sonrisa entre burla y sinceridad.

-No, yo...-Piper disimuló la más amigable de las muecas que jamás había hecho antes.-Mi nombre es Piper Chapman, CEO de PoPi Co.

-Oh sí.-Dijo con la misma expresión.-Leí de ustedes en Forbes, son de esas pequeñas empresas "que se han hecho a sí mismas" con nombre de cachorro.-Hizo un ademán para que la siguiera a su oficina. -No me pasen llamadas, estaré... ocupada.

Piper se aclaró la garganta.

Entró después de ella a una reluciente oficina.

-Es una oficina preciosa..-Dijo sin saber si era honesta, ya que era exagerada en cuánto a los detalles, como los cuadros de arte contemporáneo que le resultaban pinturas amorfas, incluso el alfombrado era muy excéntrico.

-¿Lo dices por el jacuzzi?.-Señaló una esquina.-¿Quieres probar?

Piper no hizo ningún ademán, no le sorprendía, estaba acostumbrada a ese tipo de personas, gente que lo ha tenido todo desde siempre y que por lo tanto es difícil ponerles un alto.

-Señorita Nichols.-Exclamó con una voz estricta.

-Puedes decirme Nicky.-Ella estaba ya en su silla, igual de extravagante y le veía con suma curiosidad.

-Señorita Nichols.-Volvió a decir sin tomar la palabra a la aludida.-No puedo decirle suficiente para agradecer que tomara un espacio de su tiempo y atenderme, sé que con anterioridad hemos tenido algunos roces...

-Vamos Chapman, suficiente con el parloteo, si estás decidida a vender por fin, que así sea. Sin rencores.

-Sé que hemos rechazado ofertas generosas de usted en el pasado, y sinceramente no hay motivo para sugerir que no seguirá así en el futuro, como decía, ojalá me presentara aquí por razones más amigables...

Nicky estaba entretenida en su móvil y parecía no prestarle atención. Piper tosió.

-Lo siento, me perdí hace veinte minutos, ¿podrías decirme qué es lo que quieres sin caer en el discurso de Mary Sue...?

Azotó la pequeña libreta en el escritorio.

-Nicky N.

Dio un respingo con los ojos abiertos y una boca asombrada empezó a reír.

-Vaya, Chapman.-Prendió un cigarrillo.- Las malas lenguas te tachan de loca pero si supieran cuánto, millares de mujeres con la mala suerte de llamarse Nicole y tuve la peor para que pensaras que soy yo la que está escrita en una libreta aleatoria que encontraste por ahí...¿De qué habla? ¿De magnates que contratan prostitutas? Tengo mala fama, pero no tengo que pagar por sexo.

-Demasiados detalles Nichols, no soy policía pero eso es bastante sospechoso.

-Podrás no ser policía pero sí eres un buen dolor en el trasero.

-Lo tomaré como un cumplido.-Asintió Piper.-No vamos a perder tiempo en palabrería, así que, puedes admitir que estás consumiendo.

-Oh sí, claro, me atrapaste.-Levantó las manos en signo de derrota.-Supongamos que lo admito ¿Cuánto quieres?

Piper pareció no comprender.

-¿Querer de qué?

-¿Dinero?.-Nicky la miró como si las rubias fueran estúpidas.

-¿Por qué querría dinero?.-Preguntó con el ceño fruncido.

-Para donarlo a las hermanas de la caridad, o para comprar huevos de oro... Sinceramente no lo sé, y no me interesa, lo único que quiero es que no se haga un escándalo de esto.-Nicky prendió un puro y dio una bocanada grande.-El viejo todavía tiene poder acá, no quiero darle motivos...

-No tengo ningún interés en quitarte tu lugar de privilegios, ni tampoco quitarte tus juguetes de niña rica, no todos somos así.-Dio un manotazo al humo que Nicky provocaba.-Vine aquí por Alex.

-¿Quién?.-Dijo exhalando a propósito.

-Alex Vause, tu dealer de hace años.

-Lo siento, la verdad no lo recuerdo y de hecho no sé de qué estábamos hablando.

-Alex te vendió durante años a ti y a tus amigos cuando tenías un negocio...

-¿Podrías salir antes de que llame a seguridad?.-Preguntó en un tono fuerte mientras cogía el teléfono.-Rubia deja de decir tonterías o...

-¿Crees que es una tontería?.-Piper se puso de pie.-¿Fue una tontería cuando compraste toda esa droga de Colombia? Seguramente lo fue, ¿sabes qué es más estúpido todavía? Una estúpida rubia que llevó toda tu droga por el amor de alguien que la traicionó en cuanto pudo.

Sus ojos estaban enrojecidos y las lágrimas empezaban a brotar.

Nicky tenía el auricular en la oreja y los labios entreabiertos.

-¿Hola?.-Preguntó una voz masculina.

-Sí... Por favor lleven a la señorita Chapman a la salida.

-No será necesario.-Piper se levantó, secó las lágrimas.-Conozco el camino. Muchas gracias por su tiempo.

Nicky sacó un puro nuevo mientras veía su espalda salir por la puerta.

-Rubia tonta.-Dijo y sus palabras se perdieron entre el humo denso.

La luz nacía entre las hojas que se movían por la brisa del verano, mientras yacía recostada sobre el pasto verde miraba las nubes que surcaban el cielo azul.

Pensaba con regularidad en el pasado, pensaba en Alex, sentía vergüenza por lo que había ocurrido y también lástima por ella misma en ese momento.

-Aquí estás.-Dijo Polly mientras se acercaba a ella.-El guardia me dejó pasar porque le dije que era tu amiga de la infancia y le di cinco dolares, debes despedirlo.

-Lo sé, pero a Larry le cae bien, juegan pokér los domingos...Lamento no avisar, necesitaba tomar el día...-Su amiga la saludó con un beso en la mejilla.

-Si no fueras la jefa estarías despedida.- Piper río un poco y la invitó a acostarse junto a ella.

-Es que es un día hermoso... Me hace sentir libre... Además tenemos una política flexible con los empleados para las faltas.

-Excelente, señorita noquierotenerproblemasconelsindicato...¿Has estado fumando? Tienes ese aura de cuando tenías veinte, fumando a escondidas atrás de las gradas.

-Han sido días difíciles.

-Pero todo ha salido bien, ya no deberías preocuparte por eso.

Piper no respondió y siguió contemplando la inmensa extensión azul.

-¿Vas a seguir ahí con esa expresión de idiota?

-Eso... no es amable de tu parte.

-Piper, hemos sido amigas toda la vida, ¿vas a pretender que no me doy cuenta que lo que tienes en la cabeza es lo que pasó con Alex?

-No, no... Sólo, ya sabes. A veces tengo esa manía de no dejar ir las cosas tan fácil.

-O de no dejarlas nunca, como esa vez cuando nos amotinamos por que la señora Chang no nos dejó salir al baile.

-Sí, sé que tengo arrebatos como todos.

-No era necesario hacer una fogata de Cheetos.

-Me gusta pensar que murieron por la causa.

-Piper, mira a tu alrededor. Hemos construido esto con esfuerzo, dedicación, sudor y sangre. ¿No es suficiente para ti?

La claridad de sus ojos reflejaban con certeza los colores naturales del cielo y las hojas, pese a ello tenían una expresión preocupada.

-Polly.-Dijo mientras se sentaba y tomaba sus manos.-Gracias por todo eso y más.-Se sentía tonta y frágil, el ardor en sus ojos enrojecidos le remarcaban eso.

Su amiga la rodeó con sus brazos fuertemente.

-De nada, estarías perdida sin mí.

-Lo sé...

-A veces pienso que fui muy dura al rechazarte, pero al final fue mejor así.

-¿De qué estás hablando?.-Piper deshizo el abrazo y la vio con incredulidad.

-Cuando te me declaraste, en el último año de universidad, estabas bastante emocional, y...

-¿Qué? ¡No!.-La rubia simuló una cara de asco.-Estaba saliendo del closet contigo por todo lo que había pasado con... ya sabes.

-A mí me pareció otra cosa.-Contestó tratando de contener la risa.

-Polly, eres mi mejor amiga, pero definitivamente tienes un trasero flácido y aparte era muy difícil para ti competir con una ex novia narcotraficante.

-Bueno...-Polly se puso de pie mientras se sacudía las manos.-Evidentemente sigues en este estado de negación, pero te apoyo, si sigues enamorada de mí, no cambiará nada.-La despidió con una palmada en la cabeza.-Nos vemos mañana sin falta... ¡Ah! Nada de seguirle dando vueltas a "ese" asunto.

Polly no esperó la respuesta de su amiga quién todavía tenía el semblante perdido, en cierta forma porque ella misma no quería pensar en eso y porque sabía que era inútil.

Larry estaba en un viaje de negocios, así que sólo había llenado una copa de un vino con nombre impronunciable, tenía su teléfono en la mano y una expresión resignada en el rostro.

-Hola, soy Vause dej...-Piper colgó la llamada y dio un sorbo.
Vestía una camisa de cuadros azules, vaqueros negros y el cabello recogido en una coleta despreocupada, sacó de su bolsillo la libreta maltratada, no había encontrado alguna otra pista que le dijera donde podría estar , lo único había sido que Alex seguía teniendo contacto con Nicky. Marcó otro número con su mano libre.

-Buen día, ¿cómo ha estado?... Todo bien, gracias... Quisiera invitarle una comida el día de hoy...Perfecto a esa hora... Sí... Yo le mando sus saludos.

"Si la montaña no va a Mahona"...-Citó mientras terminaba su copa.

El lugar era elegante congruente con su costumbre, el derroche no era su fuerte pero sí el buen gusto, su familia era acomodada pero carente de opulencia, su papá era un abogado de media fama que no podía quejarse de su suerte, su mamá también era exitosa, muy a su manera, había criado a los dos empresarios estrella de la generación algo de lo que se sentía responsable, si su personalidad controladora era insoportable, ello empeoró aún más cuando fue la portada de Cosmopolitan como "La madre del año", a Piper en realidad le importaba más bien poco, si Billy y ella eran lo que eran se debía más bien al apoyo del uno con el otro, sin embargo estaba agradecida.

-Lamento hacerla esperar.-Dijo un hombre regordete de traje azul.
-Señor Haley, no se preocupe, qué gusto verle.

El mesero rápidamente se presentó dejándoles el menú.

-Gracias.-Exclamó el hombre mientras acomodaba la servilleta en su cuello, Piper le sonrió al mesero.-Así que... ¿A qué se debe este hermoso placer?

-Siempre es buen momento para charlar con los amigos.

-Me honra mucho señorita Chapman, y quiero decirle también que mi esposa y yo estamos muy emocionados de asistir a la boda.

-Deben ir, que haya reconstruido mi vida se debe en parte a su ayuda.

Haley pareció no darle importancia a ese comentario y siguió viendo el menú con ayuda de los lentes gruesos.

-Por favor, si es mi trabajo ayudar a personas... como usted.

Sam Haley era el gerente de consejeros penitenciarios, graduado con honores en la carrera de psicología social de Harvard, tres bestsellers de autoayuda en América, un currículum impresionante.

-Y espero que siga ayudándome, algo recíproco por cierto.

Él era el contacto policíaco del que se jactaba en privado, gracias a él se implementó el programa triunfante de higiene digna para reclusas en Lietchfield, ahora expandiéndose a todo Estados Unidos.

-¿Pasó algo?.-Inquirió el viéndola sobre el gran menú.

-Pues, sí en realidad. Nada grave... Me habló.

Haley bajó la carta con una expresión seria.

-Hemos tenido un gran avance Piper.

-No hay nada de qué preocuparse, por eso estoy acudiendo a usted... Dígamos que quise ser muy clara al respecto y decidí demandar, Larry como la voz de la razón en la relación me sugirió que no lo llevara tan lejos.

La mirada azul de Haley intentaba escudriñar alguna mentira.

-Así que fuimos a poner un alto definitivo pero...

-¿Qué?.-Preguntó él con avidez.

-No estaba, simplemente Alex no estaba.

Él se movió de manera incómoda en su asiento.

-Bueno... habrá salido.

-No.

Él se extrañó por la seguridad de la exclamación.

-Tengo alguna sospecha de que quizá haya hecho un viaje de repente...

-Lo mejor es que no se entrometa en esas cosas, vimos en varias sesiones que nuestro espíritu nos lleva a buenas decisiones generalmente pero a veces tenemos que hacer caso omiso de nuestras corazonadas.

-Lo entiendo, pero si estoy frente a algo que podría dañar a alguien, lo mejor es ayudarle.

-Como lo vimos también, a veces necesitamos dejar ocurrir... sacrificios para no turbar el cauce de la vida.

Piper lo miró con recelo, él sabía algo.

-En eso tiene mucha razón.-Adornó la frase con una sonrisa enorme.-Pero también hay algo que me molesta, y si soy sincera a Larry también, queremos decirle de frente que no me vuelva a llamar, pero no podemos hacerlo si se ha mudado o ido de repente, incluso quizá planeé atentar contra nosotros...

-No, no lo creo... Bueno no lo puedo asegurar a ciencia cierta claro, pero sería mejor si lo dejara pasar...

-Si usted pregunta a alguien, quizá le puedan dar la información que estamos buscando. ¿No es así?.. Sólo al menos para saber dónde está ella y evitarla o confrontarla si se pasa de la raya.

Haley le dedicó una mirada comprensiva, como un padre dadivoso que sabe cuándo uno de sus hijos hace una travesura y este le miente deliberadamente.

-No estoy de acuerdo en ello, pero lo haré.

Piper asintió con la misma mueca poco honesta, la tarde era tranquila, y eso la ayudaba a tener una ilusión de paz más nítida, la comida transcurrió sin ningún detalle, y sin volver a tocar el tema.

Cuando salió del restaurant y después de que Haley tomara su mano para despedirse, se dio cuenta que el hilo que la ataba a su rutina podía resultar muy delgado, frágil, como ella resultaba a veces. Los días que tomaba libres se le antojaban largamente innecesarios, en la compañía ella podía llegar y mantenerse ocupada sin pensar en nada más, incluso podía olvidarse de comer, la ambición de crecer era lo que le alimentaba la mayor parte del tiempo.

Miró otra vez el número sobre la misma puerta frente a ella.
Y otra vez la lástima le cubría los hombros.

Cuando se dio cuenta estaba en el mismo fraccionamiento de la supuesta casa de Alex, y sin oponerse realmente se dejó conducir, en parte porque estaba preocupada, incluso enojada, pero sobre todo, quería tener la certeza de si había visto lo que había visto en verdad, para reafirmarse que Alex existía en el mundo y que lo había hecho, el sentimiento de superioridad que había tenido el día anterior se desvaneció al oler el perfume sobre el tocador, Piper estaba segura aunque le pesara admitirlo que Alex podía turbarla aún de los modos más irrisorios, ya no estaba frente esa casa con la altivez que confería su nombre.

Suspiró mientras colocaba la mano sobre la perilla, y pensó que al girarla por segunda vez no tendría vuelta atrás. Aunque nunca la tuviera desde el inicio y sin darle tiempo de hacer acción alguna, la puerta fue abierta por alguien que dijo con voz clara.

-Te estaba esperando.