Descargo la responsabilidad: no soy dueño de nada. Tan solo de mi imaginación, que es la que ha creado esta historia.
Nota del autor: en este capítulo me he basado un poco en la película Diario de una Niñera, en la que los protagonistas son Chris Evans (guapísimo) y Scarlett Johansson (también guapísima). Espero que os guste :) y comentarios.
PRIMERA CITA
"¿Por qué estás tan nervioso?" preguntó Sam mientras observaba a su amigo caminar de un lado a otro por el salón de su apartamento y jugueteaba con el mando de la televisión.
"¿Y si se arrepiente en el último momento? ¿Y si me deja plantado? O peor, ¿y si sale mal y no podemos volver a ser amigos nunca más?" preguntó Steve mientras se paró en seco en medio de la habitación.
Hacía un par de semanas que había tenido el valor de pedirle a Natasha salir con él a cenar, y para su sorpresa, ella había aceptado. Estaba muy nervioso, quería que todo saliese perfectamente. Había escogido el mejor restaurante, se había puesto su mejor traje e incluso se había peinado adecuadamente para la ocasión. Pero a pesar de tenerlo todo perfectamente preparado, estaba más nervioso que nunca.
"Vamos tío, no es para ponerse así" dijo Sam incorporándose del sillón. "Ella te gusta y tú le gustas a ella, nada puede salir mal" dijo. "Y ahora, si no te importa, me estás tapando la televisión" dijo con un movimiento de mano para que se apartase de en medio.
"Si, lo sé, pero es la primera cita que tengo y..." dijo Steve frotándose la cabeza.
"Espera" dijo Sam levantándose del sillón, "¿es la primera cita de toda tu vida?" preguntó riéndose.
"Bueno, le pedí una a Peggy pero, llegué setenta años tarde, a si que sí, es la primera cita que tengo" dijo Steve mirándolo de mal humor.
"Venga tío, no te enfades, era broma" dijo Sam, riéndose, mientras se volvía a sentar en el sillón. "Pero confía en mi, todo saldrá bien".
"Eso espero" dijo mirando el reloj. "Me voy ya, procura no destrozarme nada del apartamento, ¿quieres?" dijo mientras se ponía la chaqueta y cogía las llaves.
"Prometido" dijo Sam mientras Steve salía por la puerta. "Madre mía, la primera cita y tiene noventa y tantos años" dijo riéndose y bebiendo de su cerveza.
Había que admitir que Natasha estaba nerviosa. No era la primera vez salía a cenar con un chico, pero si era la primera vez que tenía una cita con el Capitán América. Él era muy diferente al resto de chicos con los que había estado. Era educado, amable, con un corazón muy honrado y un gran amigo suyo. Él era un chico de la vieja escuela (nunca mejor dicho) que estaba acostumbrado a tratar a una mujer de una forma que un chico normal, de la época, nunca haría, y eso a Natasha la asustaba y la encantaba a la vez.
Había estado más de una hora arreglándose, eligiendo el mejor vestido, los mejores zapatos, maquillándose y peinándose de la mejor manera posible. Había puesto tanto empeño que la asustaba. Lo que sentía por Steve no lo había sentido nunca por otra persona, ni siquiera por Bruce. La había dolido mucho cuando el Dr. Banner la había dejado y había desaparecido después de abrir sus sentimientos hacia él. Por eso en parte estaba un poco asustada de tener esta cita. No sabía lo que podía pasar si también se abría a Steve con respecto a los sentimientos que tenía por él. Pero nunca lo sabría si no se arriesgaba. Aunque ella sabía que Steve no era igual que Bruce, no saldría corriendo si veía peligro.
Estaba con los últimos retoques de maquillaje cuando llamaron a la puerta de su apartamento. Rápidamente llegó a la puerta y cuando abrió, se encontró a un elegante Capitán América con un pantalón de pinzas color crema, una bonita camisa azul celeste y una chaqueta a juego con los pantalones.
"Hola" dijo ella mirándolo de arriba a abajo. Dios, está guapísimo, pensó.
"Hola" dijo él con una sonrisa. "Woau, estás preciosa" dijo. Y por supuesto que lo estaba. Llevaba un vestido mitad negro mitad blanco, con unos tacones de color negro que la favorecían las piernas mucho.
"Gracias" dijo ella con una sonrisa tímida. Nunca había sido tímida con nadie, pero con él era diferente, con él podía ser una mujer de verdad, y no sólo una asesina sin corazón ni sentimientos.
"Deberíamos ir yéndonos o podríamos peder la reserva del restaurante" dijo él.
"Claro, espera que cojo mi bolso y nos vamos" dijo ella, entrando en el apartamento de nuevo para coger el bolso. Tenía un apartamento muy simple, poco decorado, prácticamente sin ninguna foto. Sólo tenía una en la que aparecía ella con los hijos de Clint. "Ya estoy lista, no encontraba las llaves del apartamento" dijo mientras salía de su habitación. "Cuando quieras" dijo ella en la puerta.
"Las damas primero" dijo Steve ofreciéndola el paso con una sonrisa.
"Gracias caballero" dijo ella con una sonrisa. Lo dicho, un hombre la vieja escuela.
Cuando llegaron al restaurante, la hora de la reserva se había pasado hacía unos minutos, pero Steve confiaba en que todavía estuviera su mesa, pero por desgracia, no estaba en lo cierto.
"¿Cómo que hemos perdido la reserva?" preguntó Steve indignado, "sólo hemos llegado diez minutos tarde" dijo.
"Lo siento señor Rogers, pero nuestra cocina es muy solicitada, y en cuanto vemos que unos clientes no van a llegar pasada su hora, le damos la mesa a otros clientes" dijo el metre educadamente.
"¿Y qué pretende que hagamos ahora?" preguntó mirándole fijamente.
"Bueno, pueden esperar la fila" dijo el hombre señalando la fila de gente que había.
"Pero podríamos estar ahí horas" dijo Steve levantando los brazos y totalmente indignado.
"Bueno señor, ese no es mi problema" dijo el metre con una sonrisa entrando dentro del restaurante con unos clientes.
Steve resopló con enfado. No le parecía justo que por haber llegado diez minutos tarde le hubieran dado su mesa a otros clientes porque la cocina esta muy solicitada. La cita no podría haber empezado peor.
"¿Qué te ha dicho?" preguntó Natasha mientras se acercaba a él por detrás.
"Que si queremos cenar, tendremos que esperar la fila" dijo Steve con decepción.
"Pero podríamos tirarnos horas allí, la fila da la vuelta a la calle" dijo Natasha con el ceño fruncido.
"Lo sé, pero no sé que hacer" dijo Steve frotándose la frente, "siento que nuestra primera cita haya empezado tan mal" dijo mientras se metía las manos en los bolsillos del pantalón.
"No pasa nada" dijo ella frotándole el brazo para consolarle. Se quedaron allí una rato, pensando qué podrían hacer, si quedarse en la fila esperando o ir a otro sitio. "Sabes qué, tengo una idea" dijo Natasha.
"Soy todo oídos" dijo Steve con una sonrisa.
"Pues a sido una muy buena idea" dijo Steve mientras se acaba el trozo de pizza que se estaba comiendo.
"Verdad, comer una pizza en las escaleras del museo más importante de Washington DC, al aire libre y con las estrellas del cielo iluminando la noche" dijo Natasha, bebiendo de su refresco.
"No sabía que la Viuda Negra podía llegar a ser cursi" dijo Steve mirándola con una sonrisa.
"No soy cursi, te describo la realidad de la situación" dijo ella sonriendo.
"Bueno, ¿te ha gustado al final nuestra cita?" preguntó mientras se limpiaba la boca con una servilleta.
"Me ha encantado" dijo ella, "la mejor cita de mi vida, aunque tengo que admitir que no han sido muchas" dijo.
"Pues yo tengo que admitir que esta ha sido mi primera cita y, que estaba un poco asustado al principio" dijo él, bajando la cabeza por la vergüenza.
"Pues no entiendo por qué" preguntó ella, "ha salido estupendamente, si quitamos la reserva del restaurante" dijo riendo.
"Si, tienes razón" dijo mirándola con una sonrisa.
"Y espero que esta no sea nuestra última cita" dijo ella bebiendo del refresco.
"Por supuesto que no será la última" dijo él, "te lo prometo" dijo, cogiendo su refresco y brindando con ella.
Y, a pesar del incidente del restaurante, fue la mejor noche de sus vidas. Después de cenar, dieron un paseo por un parque cercano y después él la llevó a casa. Esa noche, ninguno de los dos se salvó de dormir una gran sonrisa en la cara. La mejor cita de sus vidas
