Descargo la responsabilidad: no soy dueño de nada. Tan solo de mi imaginación, que es la que ha creado esta historia.

Nota del autor: quiero agradecer todos los comentarios, estoy muy contenta de que os guste mi historia. Siento haber tardado tanto en actualizar, pero he estado muy ocupada estas vacaciones. Espero que esta historia os guste y, por favor, los comentarios son siempre bien recibidos.

PRIMER DÍA DE ESCUELA

El primer día de clase siempre era el más difícil, tanto para cualquier niño como para sus padres. En este caso, para James era el doble de difícil. Nunca había ido a guardería, siempre había estado en casa con sus padres y sus numerosos tíos, por lo que ahora le costaba más despegarse de ellos.

Hacía poco que había cumplido seis años y le daba miedo lo desconocido. Era normal, ¿a quién no le da miedo algo nuevo? Levantarse por la mañana temprano, vestirse con un uniforme que le picaba, desayunar rápido para llegar pronto a clase, etc. Todo era tan nuevo que le asustaba. Pero por suerte tenía a sus padres, que le ayudaron en todo. Por ejemplo, el día anterior, antes de acostarse, había estado hablando con su padre sobre el colegio.

"Papá, ¿tú el primer día de colegio estabas nervioso?" preguntó James a su padre mientras este le arropaba.

"No, estaba aterrado" respondió Steve a su hijo con una sonrisa. "Pero no te preocupes hijo, es normal estar asustado al principio de algo nuevo" dijo Steve mientras se sentaba en su cama. "Pero ya veras como te lo vas a pasar genial, vas a hacer muchos amigos y vas a aprender muchas cosas nuevas" dijo Steve acariciándole la cabeza a su hijo.

"Me gusta aprender cosas nuevas" dijo James con una sonrisa, "¿pero no puedo aprender esas cosas en casa?" le preguntó a su padre con cara de pena.

A Steve se le partía el corazón cuando su hijo estaba triste o dolido por algo, pero ir al colegio era obligatorio para cualquier niño, "lo siento hijo" dijo Steve, "a mi me encantaría poder enseñarte todas las cosas que se, y no dudes de que te las voy a enseñar, pero seguro que lo hace mejor una profesora que ha estudiado para ello".

"Vale" dijo James apenado. Steve le arropó, le dio un beso de buenas noches en la frente, apagó la luz y salió de la habitación.

Cuando llegó a su propia habitación, Natasha ya estaba metida en la cama leyendo un libro. Steve se quitó la camiseta y los pantalones de chandal que llevaba puestos y se puso algo más cómodo para dormir. Se metió en la cama y se quedó tumbado mirando al techo. El silencio inundó la habitación, hasta que Natasha habló.

"Yo tampoco me hago a la idea de que vaya a empezar ya el colegio" dijo, "parece que fue ayer cuando lo trajimos a casa del hospital". Steve la miró. Pensaba exactamente igual.

"Se me va a hacer raro no tenerle detrás de mi todo el tiempo, intentando ayudarme con cualquier cosa" dijo Steve acomodándose en la cama.

Natasha cerró el libro y también se acomodó en la cama, de lado, mirando fijamente a su marido. "¿Te acuerdas cuando intentó ayudarte el año pasado con el pavo de Acción de Gracias y al final acabó tirando toda la salsa al suelo, y tú te cabreaste tanto que estuvo toda la noche sin hablar?" dijo Natasha con una sonrisa.

"Claro que me acuerdo" dijo Steve riendo, "esa noche se fue a la cama sin darme las buenas noches porque pensaba que le iba a empezar a gritar" dijo riendo, y girándose para ver a su mujer.

"Mañana se va notar mucho su ausencia" dijo con voz triste Natasha.

"Lo sé" dijo Steve acariciando la cara de su mujer, "pero tan solo serán unas horas, y luego esta casa volverá ser la misma". Hubo un momento de silencia en su habitación. "Ahora hay que dormir porque mañana va a ser una mañana dura".

"Si" dijo Natasha dando un beso en los labios a Steve, "buenas noches".

Natasha apagó la luz de su mesilla y ambos se quedaron dormidos.


A la mañana siguiente, Steve y Natasha se levantaron una hora antes que James para prepararlo todo, el desayuno, el almuerzo para James, etc.

A las 7:00, James ya estaba despierto. No había dormido casi nada con los nervios. Cuando su madre fue a la habitación para abrirle las cortinas, este se levantó de un brinco de la cama y fue al baño a lavarse la cara. Después, Natasha le ayudó a ponerse el uniforme y ambos fueron a la cocina a desayuna. Allí, su padre les había preparado tortitas con caramelo y nata, un desayuno especial para un día tan especial. James se las comió a toda velocidad junto con un vaso de leche y un zumo. Se lavó los dientes, y las 8 en punto, ya estaba preparado en la puerta de su casa, con la mochila puesta y esperando al autobús escolar.

Natasha se dirigió a la puerta para hacerle compañía, "recuerda, estás en la clase de la señorita Adams, haz todo lo que diga, no te metas en líos, haz muchos amigos y pásatelo muy bien" dijo acariciándole la cabeza con cariño, justo cuando el autobús paró en la puerta. "Te quiero mucho cariño" dijo, dándole un fuerte abrazo.

"Yo también te quiero mami" dijo James devolviéndola el abrazo, antes de salir corriendo hacia el autobús.

Natasha observó cómo su hijo subió al autobús. Las lágrimas comenzaron a aparecer en su ojos cuando Steve se acercó por detrás, envolviéndola en sus brazos. "No llores Tasha, volverá en unas horas" dijo para consolarla, "estará bien, ya lo verás" dijo metiéndola en casa.

"Lo se Steve" dijo mientras se sentaban en el sillón, "pero es mi pequeño. Nunca me voy a hacer a la idea de que me abandone" dijo, limpiándose las lágrimas.

"Y tú siempre serás su madre" dijo mirándola a los ojos. "Él nunca se va a olvidar de ti, esté donde esté". Natasha le miró sonriendo. A Steve siempre se le había dado bien consolar. Siempre sabía qué decir para hacer sentir bien a los demás.

"Gracias" dijo ella besándolo, "lo necesitaba".

Ambos se quedaron un rato en silencio, hasta que Steve habló, "no recordaba lo que era el silencio" dijo. Ambos empezaron a reír.


A las 4 de la tarde, el autobús escolar paró en frente de su casa, y James bajó con un salto y una gran sonrisa en la cara. Sus padres le esperaban en la puerta con los brazos abiertos. James saltó a los de su madre.

"Hola cariño" dijo, dándole un beso en el moflete. "¿Qué tal lo has pasado en el colegio?" preguntó Natasha mientras entraban en casa.

"Muy bien" dijo el niño bajando de los brazos de su madre y quitándose la mochila. "Mi profesora mola mucho y ya he hecho amigos" dijo sonriendo.

"Como mola" dijo Steve sonriendo, "¿y cómo se llaman tus amigos?" preguntó, feliz de ver a su hijo feliz.

"Charly y Bruce" dijo el niño emocionado. "Y también hemos jugado al juego de las sillas en clase, ¡y en una he ganado yo!" dijo James.

"¿Si?, qué bien" dijo Natasha, sentándose en el sillón, "estoy muy contenta por ti cariño" dijo, cogiéndole en brazos.

"¿Estas cansado?" preguntó Steve cuando vio cómo su hijo bostezaba. Este asintió con a cabeza. "Es normal, el primer día de colé siempre es duro" dijo mientras se sentaba junto a su familia en el sillón. "Esta noche cenaremos pronto y te meterás en la cama prono, ¿vale?" preguntó. El niño asintió feliz. El colegio no había ido tan mal, y ahora estaba deseando volver para jugar con sus nuevos amigos.

La tarde fue tan simple como había sido la mañana. Steve bañó a James mientras Natasha preparaba la cena. Después, se sentaron a cenar y James siguió hablando de lo alucinante que era su colegio y su profesora, de lo que habían hecho hoy y a lo que había jugado con sus dos nuevos amigos. Siguió así hasta que sus padres le metieron en la cama y le dieron el beso de buenas noches. Estaba deseando que llegara otra vez la mañana para poder ir al colegio y seguir jugando con sus amigos.

"Al final no ha sido un día tan duro" pensaron Steve y Natasha cuando se acurrucaron en su cama y apagaron la luz.