¡Otro nuevo capítulo! Me he propuesto actualizar con más frecuencia, y espero cumplirlo.

IMPORTANTE: antes de empezar a leer, quiero aclarar que la familia Rogers vive en la base de los Vengadores, junto con Bucky, Wanda y Sam. El resto del equipo tiene su propia vivienda y pasan sólo temporadas allí.

Ahora sí, ¡disfrutad del capítulo como yo lo he hecho escribiéndolo!

Descargo la responsabilidad: no soy dueña de nada. Tan solo de mi imaginación, que es la que ha creado la historia.

LA ADOLESCENCIA

"James cumple diecisiete este sábado" le dijo Natasha a su marido mientras se cepillaba el pelo húmedo. Steve estaba haciendo flexiones, y levantó la vista para mirar a su mujer.

"Lo sé" dijo, dejando escapar un suspiro de agotamiento. Se levantó del suelo y se secó la cara y el cuello con una toalla. "Creo que Tony va a regalarle un coche".

Natasha rodó los ojos. "Lo que nos faltaba, que James tenga un deportivo" dijo.

"Fuiste tú la que quiso que fuera su padrino" dijo Steve, sonriendo.

"Si, pero no para que lo malcriase" se defendió Natasha. Miró el reloj de la mesilla y dijo, "FRIDAY, por favor, haz que la alarma de la habitación de James suene".

Claro, señorita Romanoff, dijo la voz robótica. Steve y Natasha oyeron la alarma sonar en la habitación continua, seguida de un golpe.

"¿Qué crees que ha lanzado ahora?" preguntó Steve, saliendo de la habitación. Llegó hasta la puerta de su hijo y llamó. "¿Qué ha sido ese ruido?" preguntó. No hubo respuesta.

La puerta se abrió y un James recién levantado salió por ella. Tenía el pelo rojizo desordenado y un par de ojeras. "Buenos días a ti también" dijo Steve cuando pasó a su lado. James no se giró, simplemente levantó la mano a modo de saludo mientras bostezaba. Era casi tan alto como Steve, y tenía una buena musculatura para un chico de su edad. Físicamente, era una mezcla perfecta entre Nat y él.

James llegó a la cocina, cogió un bol y se echó cereales. "Bueno días" dijo Wanda, sentada a su lado. James pegó un brinco en el taburete y tiró la mitad de los cereales.

"¡Dios, Wanda!" dijo, "¡qué susto!" se llevó la mano al pecho. Ya estaba despierto.

Wanda se rió. "Lo siento". En ese momento, Bucky y Sam salían del ascensor, discutiendo.

"Y te repito que has hecho trampas" decía Sam, "es imposible hacer el circuito entero en menos de una hora, por muy super soldado que seas".

"Admítelo, Wilson" dijo Bucky con tono burlón, "te estás haciendo mayor". Le golpeó suavemente en el hombro.

"¿Mayor?" preguntó indignado Sam, "¿quieres que hablemos de edad, hombre centenario?"

Sam se dirigió a la nevera y cogió el zumo de naranja. Bucky se acercó a Wanda y la dio un beso en los labios. Natasha y Steve entraron en la cocina, hablando sobre una reunión que tenían ese día. Todos se sentaron en la mesa de la cocina, menos James, que se quedó en el taburete comiendo sus cereales. Allí, observando a su familia, se dio cuenta de lo rápido que pasaba el tiempo. Ya no recordaba a su padre ni a sus 'tíos' sin ninguna cana, ni a su madre llevando el pelo más largo de los hombros. El tiempo pasa para todos, pensó.

Cuando se terminó los cereales, dejó el bol en el fregadero y se fue a su habitación a cambiarse. A las 8:00 estaba de vuelta en la cocina. Besó a su madre y a su 'tía' en la mejilla y se despidió.


James entró en el instituto justo cuando el timbre sonaba. Subió las escaleras corriendo y entró en la clase sigilosamente, sentándose en el pupitre entre sus mejores amigos, Bruce y Chuck.

"No crea que no le he visto entrar, señor Rogers" dijo el Sr. Morgan, profesor de Literatura, mientras escribía en la pizarra. El Sr. Morgan, o señor pelmazo, como lo llamaba James, no sentía especial aprecio por él.

"Lo siento, Sr. Morgan" se disculpó James, intentando que pareciese creíble. Bruce y Chuck se rieron en silencio.

Morgan lo miró sin ocultar su cara de desprecio y dijo, "abran el libro por la página 33 y empiece a leer, señor Rogers".

Y James así lo hizo. A las 9:00 el timbre volvió a tocar y todos los alumnos se levantaron y salieron de clase. James, Bruce y Chuck se dirigieron a sus taquillas.

"Es increíble, acabamos de empezar nuestro último curso y ya estás llegando tarde" dijo Bruce mientras metía y sacaba libros de su taquilla.

"No puedo evitarlo" dijo James, riéndose, "podría levantarme a las seis de la mañana y, aun así, llegaría tarde".

"¿Tus padres lo saben?" preguntó Chuck, colocándose la mochila.

"Qué va" dijo James cerrando su taquilla, "creen que Happy me trae hasta la puerta del instituto". Comenzaron a caminar por el pasillo hasta su siguiente clase. "No saben que le obligo a pararse a dos manzanas y continuo el camino a pie".

"¿Por qué?" preguntó Chuck.

"No quiero que la gente me vea salir de un coche con chófer" respondió James. "Es incómodo".

"¿Incómodo?" dijo Bruce perplejo, "lo que es, es suerte".

Entraron en la clase de la señorita Simmons, profesora de Historia. Otro día más hablaron de las hazañas del Capitán América durante la Segunda Guerra Mundial, y James rodó los ojos con desesperación. La señorita Simmons le caía muy bien y, además, ella le tenía mucho cariño, pero tenía un problema, idolatraba al Capitán América. Gracias a Dios que nadie en el instituto, excepto sus mejores amigos, sabía que era su padre.

A la hora de comer, los tres amigos se sentaron en una mesa lo más alejados del bullicio posible.

"El otro día estuve trucando mi radio portátil y he conseguido que capte las señales que envía el Pentágono" dijo Chuck, el experto en tecnología del grupo, emocionado.

"Eso está genial, tío" le felicitó James, "pero, ¿qué crees que pasará si te pillan?"

"Nah" dijo Chuck despreocupado, sacando su comida.

"Oh oh" dijo Bruce en un susurro, "matones acercándose".

James y Chuck se giraron para ver a Tommy Flanagan y sus dos lacayos acercarse a su mesa.

"¡Qué pasa, frikis!" dijo Tommy, apretando el hombro de James con fuerza. Éste apretó la mandíbula. Otro de los matones cogió la bolsa de Bruce y le quitó la comida. El otro tenía agarrado a Chuck para que no se moviera. "Se acerca el día de la entrega del primer trabajo del curso, y he pensado en vosotros para hacerlo".

Ninguno de los tres dijo nada. "Lo quiero hecho para el jueves a primera hora" dijo, acercándose al oído de James, "y cuidado con que esté mal hecho". Cogió el bocadillo de James y se fue, seguido de sus matones.

James apretó con fuerza los puños, cogió su botella de agua, se levantó y se la lanzó a Tommy, dándole con fuerza en la cabeza. Mierda, pensó nada más hacerlo. El comedor se quedó en silencio. Se oyeron algunas risas. Tommy se tocó la cabeza y se giró con la cara roja de ira. Miró a James, que permanecía quieto, observado por sus amigos con asombro. Se acercó a él a zancadas y levantó el brazo, pegándole un puñetazo en el ojo. James cayó al suelo, pero se levantó y pegó a Tommy en la mandíbula. Así comenzó la pelea entre los dos. Fueron separados por el vigilante y llevados al despacho del director.


"¿Qué ha pasado?" preguntó el director.

"¡Empezó él, director!" contestó Tommy apenas el director terminó de preguntar, "¡me lanzó una botella a la cabeza y me pegó un puñetazo!" El director le miró, y luego miró a James, que estaba muy calmado.

"¿James?" preguntó.

James le miró y dijo, "Tommy llegó con dos amigos a mi mesa, nos amenazó y nos robó la comida. Estaba cabreado y le lancé un botella. Él se acercó a mí y me dio un puñetazo, así que yo se lo devolví y empezamos a pelearnos".

El director asintió con la cabeza y Tommy dijo, "¡eso es mentira!"

"Tengo que castigaros a ambos por estar involucrados en una pelea" dijo el director tranquilamente. "Señor Flanagan, se acerca el Baile de Bienvenida, así que su castigo será ayudar a montar todo el decorado, añadiendo, además, una semana de castigo por la tarde", Tommy resopló con frustración, "ya puede irse". Se levantó y salió por la puerta, mirando de reojo a James.

Cuando la puerta se cerró, el director dijo, "James, sabes que no puedes meterte en este tipo de peleas". James agachó la cabeza. "Con tu genética podrías causar graves daños corporales" dijo.

"¿Y por eso tengo que dejar que matones como Tommy abusen de mí?" preguntó James, indignado. "Además, yo no tengo la culpa de haber heredado un ochenta por ciento del suero". Cruzó los brazos en el pecho.

El director Nolan se levantó de su silla y se acercó a James, poniéndole una mano en el hombro. "Tony hizo que me contratasen en este instituto para protegerte, y no puedo hacerlo si te dedicas a pegarte con compañeros" dijo amablemente.

James lo miró y dijo, "he estado aguantando a ese matón toda mi vida, desde el colegio. Tenía muchas ganas de pegarle un buen puñetazo en la cara". Se rió, y el director también.

"Bueno, me alegro de que te desahogases" dijo, "pero aun así tengo que castigarte. Una semana por la tarde".

James lo miró y asintió, cogió su mochila y se dirigió a la puerta. Antes de salir preguntó, "¿va a decírselo a mis padres?"

Nolan negó con la cabeza y dijo, señalando a su ojo, "creo que lo descubrirán ellos mismos".

James salió del despacho. En el pasillo le esperaban Bruce y Chuck. Cuando le vieron, se abalanzaron a él.

"¡Eso ha sido increíble!" dijo Chuck con entusiasmo. "Eres mi ídolo".

"¿Cuánto te ha caído?" preguntó Bruce.

"Una semana, más el moratón" respondió James, tocándose el ojo con cuidado.

Cuando terminaron las clases, salieron del instituto y Bruce y Chuck le acompañaron hasta donde Happy le esperaba con el coche. Antes de entrar, James se puso la capucha. Aunque no hubiera hecho falta porque Happy apenas le prestaba atención. Condujo hasta la base y lo dejó en la puerta. "Hasta mañana" se despidió James. Happy solo levantó la mano y dio marcha atrás. Si tenía suerte, sus padres estarían en esa reunión de la que estaban hablando esta mañana y no le verían el moratón. Entró en el edificio y subió al ascensor. Cuando salió al vestíbulo, miró hacia los lados. No había nadie. "Bien" susurró. Subió las escaleras hacia el pasillo y se encontró cara a cara con Wanda.

"¡Dios, tienes que dejar de hacer eso!" gritó.

Wanda se rió, hasta que vio el ojo morado. "¿Qué te ha pasado?" preguntó con preocupación.

"Nada" respondió James, "me han dado un balonazo en gimnasia".

Wanda lo cogió de la cara y dijo, "conozco tu horario, hoy no tienes gimnasia". James chasqueó la lengua. "¿Qué te ha pasado?" volvió a preguntar.

James agachó la cabeza y dijo, "me he pegado con un compañero". Wanda se llevó la mano a la boca. "No es para tanto, el director nos ha castigado una semana y lo ha dejado pasar" dijo, para que ella no se preocupara.

"James..." dijo Wanda en un susurro. Lo cogió del brazo y lo llevó hasta el baño de su habitación. Abrió el botiquín y sacó una crema. "Para el hinchazón" dijo mientras se lo aplicaba.

"Gracias" dijo James, mirándola con ojos de cachorro.

Cuando terminó, Wanda le dio un beso en la mejilla y dijo, "la cena estará lista a las ocho".

James asintió y se fue a su propia habitación.


"No, lo que tienes que hacer es echarle una pizca de albahaca para darle un sabor más dulce" dijo Sam, cogiendo la hoja.

"Sam, estoy haciendo yo la cena" dijo Bucky con un tono de frustración.

"Si, pero lo estás haciendo mal" dijo Sam, "a esta receta es conveniente hecharle albahaca". Intentó meterse entre el pollo y Bucky.

"La próxima vez lo haces tú" dijo Bucky, dándole un ligero codazo en las costillas.

Sam intentó forcejear con él, pero entró Steve. "Chicos..." dijo con tono de advertencia. Sam y Bucky pararon de inmediato. Steve cogió una botella de vino y la llevó a la mesa.

"Pues esto ya está" dijo Bucky animadamente. "¡A cenar!". Sam y Steve se sentaron en sus respectivos asientos. Bucky colocó el pollo en el centro de la mesa mientras Wanda se sentaba.

"Voy a avisar a James" dijo Natasha. Subió las escaleras y llamó a la puerta de su hijo. "James, la cena está lista".

"Voy" oyó al otro lado de la puerta. Abrió y Natasha vio la cara de su hijo. "¿Qué te ha pasado?" preguntó con preocupación.

James rodó los ojos. "Nada, solo me he pegado con un matón" dijo.

"¿Cómo?" preguntó Natasha con los ojos de para en par.

"No ha sido para tanto" dijo James. Bajó las escaleras seguido de su madre. Cuando llegó a la cocina y se sentó en la mesa, las miradas de su padre y sus 'tíos' estaban puestas en él.

"¿Qué te ha pasado?" preguntó su padre también con preocupación.

James soltó un suspiro. "Me he pegado con Tommy Flanagan".

"¿Por qué?" preguntó Sam con curiosidad mientras servía el pollo.

"Porque se estaba metiendo conmigo" contestó con frustración, "y estoy harto de que se meta conmigo".

"Bueno, tu padre era peor que tú a tu edad" dijo Bucky, mirándole. "Al menos tú te peleas con gente a la que puedes ganar". Sam y él se rieron. Wanda echó una mirada de advertencia a su marido, y Steve ignoró el comentario.

"James, no puedes pegarte con la gente" dijo su padre con calma, "puede ser peligroso".

"No hace falta que me eches la charla papá" dijo James, mirando su plato de pollo, "el director Nolan ya se ha encargado de ello".

"Y ha hecho bien" dijo Natasha, "tu padre tiene razón hijo, puede ser peligroso".

James sopló con frustración. "Osea, ¿que os preocupáis más por el idiota de Flanagan que por mí?" preguntó indignado. "Sois los mejores padres del mundo" dijo irónicamente mientras se levantaba de la silla. Cogió su plato y sus cubiertos y subió a su habitación.

La cocina se sumió en un incómodo silencio.

"Voy a hablar con él" dijo Natasha levantándose de su silla.

Subió las escaleras y se dirigió a su habitación. Llamó a la puerta y preguntó en un tono suave, "¿puedo entrar?"

Al otro lado, James contestó enfadado, "¡no!"

Natasha se quedó un rato allí, pensando, y llegó a la conclusión de que debía darle su espacio. Volvió a bajar las escaleras y se sentó en la mesa, donde los adultos cenaron en silencio.


Cuando el reloj marcó la una de la mañana, James salió de su habitación con el plato en la mano. Bajó las escaleras con sigilo y fue hacia la cocina. Lavó el plato y, cuando se dio la vuelta, vio a su madre en una de las sillas, tomando un vaso de leche.

"Pensé que no ibas salir" dijo en voz baja.

James la miró y agachó la cabeza. Se sentó en la silla de enfrente y su madre le ofreció el vaso. "No, gracias" dijo.

"Entiendo tu enfado, James" dijo Natasha, cogiendo la mano de su hijo, "pero tienes que controlar lo que haces de cara al público". James no dijo nada. "Te quiero, tu padre te quiere y tus tíos también" continuó, "nos preocupa tu seguridad, y mostrarle al mundo quién eres pone en riesgo esa seguridad".

"Nunca me he metido en líos" dijo James, "siempre he tragado los abusos de Flanagan y sus matones. Pero todo el mundo tiene un límite". Miró a su madre, "sabía que podía pegarle más fuerte, pero me controlé".

Natasha sonrió con delicadeza. Ese era su hijo. "Lo sé" dijo, "y sé lo que has tenido que aguantar con Flanagan". Silencio. "Estoy segura de que a partir de ahora se lo pensará dos veces antes de meterse contigo".

James sonrió. "No lo volveré a hacer" dijo.

Natasha se levantó y se acercó a su hijo. Le dio un beso en la cabeza y dijo, "vete a la cama, es tarde y mañana, antes de que te vayas al instituto, quiero hablar contigo sobre la fiesta que va a montar Tony por tu cumpleaños".

James se levantó y besó a su madre en la mejilla. "Buenas noches" dijo antes de subir las escaleras. Natasha dejó el vaso en el fregadero y subió las escaleras. Entró en su habitación y se acurrucó en la cama con su marido.

Cuando Steve notó su presencia, se despertó. "¿Qué tal ha ido?" preguntó con la voz ronca por el sueño.

"Bien" dijo Natasha sonriendo. Se inclinó y besó a su marido. "Buenas noches" dijo, pero Steve estaba otra vez dormido.

¿Os ha gustado? He estado dándole muchas vueltas al personaje de James en la adolescencia y he preferido describirlo como un chico normal 'del montón', que pasa desapercibido entre sus compañeros y cuya identidad es desconocida. Me lo imagino como un amante de las artes, como su padre, y desarrollaré su carácter en el próximo capítulo, que será una continuación de este. Espero que hayáis disfrutado leyéndolo. ¡Dejad vuestros comentarios!