¡Otro capítulo más! ¿Os están gustando? Antes de empezar, quiero avisar que es la primera vez que escribo un capítulo de este tipo, así que por favor, sed generosos. ¡Gracias!
Descargo la responsabilidad: no soy dueña de nada. Tan solo de mi imaginación, que es la que ha creado la historia.
NOCHE A SOLAS
Ser madre no era una tarea fácil. Primero, dar a luz al hijo del Capitán América había supuesto horas y horas de continuo dolor, aunque el resultado hubiera merecido la pena. Luego llegaban las noches sin dormir, los llantos, la estancia eterna en casa, y lo peor, no poder disfrutar de su marido. Habían pasado cinco meses y Natasha y Steve no habían tenido la oportunidad de disfrutar de una noche para ellos.
Por eso, Natasha se propuso organizar una cena romántica para ella y su marido con la esperanza de acabar haciendo el amor toda la noche. Llamó a Pepper y le pidió el favor de quedarse con James el sábado. Pasarían a recogerlo el domingo por la mañana. Pepper accedió encantada. La pequeña Maria disfrutaría de un día entero con su 'primo'. Natasha dio las gracias y colgó.
"¿Quién era?" preguntó Wanda, entrando en el salón con el pequeño James en brazos.
"Pepper" contestó Natasha, "va a quedarse con James mañana".
"¿Y eso?" Wanda se sentó en el sofá, colocando a James en su regazo.
"Quiero pasar una noche a solas con Steve" explicó Natasha, suspirando.
Wanda la miró y asintió, sonriendo. "Ya" dijo, "entonces Bucky y yo iremos a ver esa nueva obra que han estrenado, y cenaremos por el centro". La guiñó un ojo.
Natasha la dio un beso en la mejilla y dijo, "gracias".
El sábado por la tarde, mientras Steve estaba corriendo por la ciudad, Natasha comenzó a preparar un estofado, su especialidad. Cuando terminó, se dirigió a su habitación y se puso el vestido negro que a Steve tanto le gustaba. Cuando estaba peinándose, oyó a su marido en la planta baja gritar, "¿Nat?" Natasha sonrió y salió de su habitación. Bajó las escaleras y se encontró a Steve, sudado, oliendo el estofado en la cocina. Cuando levantó la vista, sonrió de oreja a oreja. Se acercó a su mujer y la dio un suave beso. "¿A qué viene todo esto?" preguntó cuando se separaron.
Natasha se encogió de hombros y dijo, "una noche especial". Volvió a besarle y dijo, "ahora, date una ducha mientras pongo la mesa".
Steve sonrió y dijo, "a sus órdenes, mi señora". Salió de la cocina y subió las escaleras hasta su habitación. Natasha puso la mesa, y cuando terminó, Steve entraba en la cocina vestido con unos pantalones y una camisa ajustada, marcando todos sus músculos. A Natasha le temblaron las piernas. Se sentaron en la mesa y Steve preguntó, "¿dónde está James?" mientras servía vino en las copas.
"Pepper y Tony van a ocuparse de él esta noche" respondió Natasha, bebiendo de su copa. "Hoy estamos tú y yo solos" dijo, cogiendo de la mano a su marido, que se la besó como un caballero.
Steve sirvió el estofado y comenzaron a cenar. Charlaron sobre el trabajo y sobre James, y cómo Tony lo estaba mimando demasiado a pesar de no tener ni medio año de vida. Steve no podía quitarla el ojo de encima. ¡Dios! Jamás había estado tan enamorado de una mujer como lo estaba de Natasha. Y ella lo sabía. Se la daba muy bien el lenguaje corporal. Cuando terminaron de cenar, Steve recogió la mesa mientras Natasha lo observaba con amor.
"¿Qué te apetece hacer ahora?" preguntó, acercándose a su marido, que se secaba las manos.
Steve dejó el trapo en la encimera y la cargó al estilo nupcial. Natasha se rió mientras agarraba el cuello de su marido. Steve subió las escaleras sin quitarla el ojo de encima. Entró en su habitación y la depositó con suavidad en la cama. Se tumbó encima de ella y comenzó a besarla frenéticamente. Natasha apoyó una mano en su pecho y se separó. "Tranquilo, tigre" dijo con voz ronca, "tenemos toda la noche". Sonrió ampliamente y le cogió del cuello, besándolo más despacio. Poco a poco, comenzó a desabrochar su camisa, dejando al descubierto su perfecto y musculoso pecho. Steve se incorporó y se quitó la camisa, tirándola a un lado.
Volvió a tumbarse encima. Lamiéndola el cuello, Natasha soltó un gemido de excitación. Eso dejaría marcas mañana. Echó el cuello hacia atrás, permitiéndole más espacio. Mordió el lóbulo de su oreja con suavidad, y Natasha arqueó la espalda. Pasó su mano por su espalda y subió hacia su pelo, agarrándolo con fuerza. Steve gruñó ante el tirón. Empezó a desabrochar lentamente su vestido. Natasha se quitó los tirantes, y Steve pasó su lengua por su clavícula. Cuando se deshizo completamente de él, Steve la observó con admiración. Esa mujer era perfecta en todos los sentidos. Natasha se dio cuenta y se sonrojó. Habían estado juntos durante años y Steve aún la miraba como el primer día. Eso la hizo desearle aun más. La quitó el sujetador fácilmente y lo tiró al suelo. Agarró uno de sus pechos y comenzó a masajearlo suavemente mientras besaba el otro. Natasha soltó un gemido, "oh".
Se acomodó entre sus piernas y Natasha pudo sentir su dureza. Bajó sus manos hacia el pantalón y comenzó a desabrocharlo con rapidez. Steve se rió en su boca y dijo, "¿quién es ahora la que tiene prisas?" Natasha ignoró el comentario y lo empujó hacia abajo. Metió la mano en sus calzoncillos y empezó a masajearle. Steve gruñó con excitación, "nena" dijo en un susurro. Colocó sus enormes manos en la cadera de su esposa, cogió el dobladillo de sus bragas y se las quitó lentamente, mirándola a los ojos y sonriendo.
Natasha suspiró con frustración. "Deja de perder el tiempo" dijo, 'enfadada'.
"¿Por qué?" preguntó Steve irónico, "tenemos toda la noche".
Cuando se las quitó, estaban chorreando. Steve sonrió. Colocó su cara entre las piernas y besó el muslo interior. Natasha tembló de la excitación, agarrándole del pelo. Hizo un recorrido de besos hasta llegar a sus pliegues, y comenzó a besarlos también. Natasha no se había sentido tan bien en mucho tiempo. "Steve" susurró con excitación. Steve sonrió y volvió a besarla. Natasha disfrutó de su propio sabor en los labios de su marido mientras las manos de Steve masajeaban todo su cuerpo. "Te necesito ya" le dijo al oído, mordiendo su lóbulo con necesidad. Steve se bajó los calzoncillos, Natasha levantó la cadera y envolvió sus piernas en la suya. Steve empujó lentamente, provocándola un grito de excitación. El ritmo era lento, y Natasha necesitaba más. "Más rápido, cariño" dijo, con la voz ahogada. Y Steve así lo hizo. Aceleró el ritmo mientras Natasha se agarraba con fuerza a las sábanas. "Esto se siente tan bien" dijo Natasha. Todo estaba borroso detrás de sus párpados.
Steve abrió los ojos y vio a su mujer con la boca entreabierta, los ojos cerrados y las manos agarrando las sábanas mientras gemía de placer y pensó que era lo más hermoso que había visto en su vida. Eran extremadamente diferentes y aun así se complementaban a la perfección. Steve pensó que era el hombre más afortunado del mundo. "Estoy a punto de llegar, Nat" dijo Steve con la voz ronca. Natasha abrió los ojos y le pasó las manos por la espalda, clavándole las uñas. "Ven a mi" dijo en un susurro. El orgasmo les golpeó a los dos como un tren a toda velocidad y ambos gimieron de placer. Las piernas les temblaban, y Steve se tumbó al lado de su mujer, con la respiración agitada. Ambos sonrieron. Cuando su respiración se calmó, Natasha apoyó la cabeza en el pecho de Steve, y él la envolvió en sus brazos.
"Ha estado bien" dijo Natasha, "gracias". Se incorporó y lo besó en los labios. Steve la devolvió el beso con gusto.
Tumbados en la silenciosa habitación, empezaron a quedarse dormidos poco a poco. A las ocho de la mañana, el despertador empezó a sonar. Natasha estiró la mano y lo apagó. Empezó a estirarse y abrió los ojos. El lado de su marido estaba vacío, y ella estaba desnuda bajo las sábanas. Eso la hizo sonreír. Escuchó la ducha apagarse, y se imaginó el cuerpo músculo de Steve mojado. Se mordió el labio ante el pensamiento y sonrió. Se levantó de la cama, cogió un pantalón de chandal y una camiseta de su marido y se lo puso. Abrió la puerta del baño y allí estaba Steve, con la toalla rodeándole la cadera. Cuando la vio, se acercó a ella y la besó en los labios. "Buenos días" dijo cariñosamente.
"Buenos días" dijo Natasha, sonriendo. Apoyó su pequeña mano en el pecho de su marido y volvió a besarlo. "Voy a ir haciendo el desayuno" dijo, saliendo del baño, "¿alguna sugerencia?" preguntó.
Steve negó con la cabeza. "Lo que tú quieras" dijo.
Natasha bajó a la cocina y empezó a preparar tortitas, huevos revueltos y salchichas. Steve bajó al rato y la ayudó. Sentados ya en la mesa, Wanda y Bucky entraron en la cocina, pegados el uno al otro y sonriendo como enamorados. Steve y Natasha se miraron y sonrieron. No eran los únicos que habían pasado una buena noche.
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