¡Otro capítulo más! Espero que lo disfrutéis tanto como yo lo he hecho escribiéndolo. ¡Besos!

Descargo la responsabilidad: no soy dueña de nada. Tan solo de mi imaginación, que es la que ha creado esta historia.

PÍNTAME COMO A UNA DE TUS CHICAS FRANCESAS

La base estaba tranquila. Era la primera vez que Steve y Natasha estaban solos en la enorme explanada que era su hogar. Wanda, Bucky y Sam estaban en Asia, intentando combatir a unos traficantes de armas. Steve tendría que haber ido con ellos, pero había convencido a Furia de quedarse con su esposa, que en unos días saldría de cuentas.

Ahora estaban en el salón, Natasha leyendo tranquilamente en el sofá y Steve en un sillón observándola. Su enorme barriga abultaba más que ella, y no paraba de quejarse del eterno dolor de espalda, pero Steve pensaba que era la mujer más hermosa que había visto, sobretodo ahora. Un día, hablando con Clint sobre el embarazo, le confesó que su mujer siempre le había parecido más sexy de lo que ya era cuando estaba embarazada de sus hijos. Steve se había reído, pero ahora lo entendía. El echo de que la mujer que más amaba en el mundo estuviese llevando a su hijo era lo más sexy que podía haber. Y verla allí, absorta en su libro, con la luz anaranjada entrando de los ventanales e iluminándola como a una diosa lo confirmaba.

Se levantó del sillón y subió a la habitación. Cogió su cuaderno de dibujo y un lápiz y volvió a bajar al salón. Natasha seguía absorta en su libro. Comenzó a rasgar el papel con el lápiz, dándole forma al dibujo que estaba haciendo. Pasó una hora hasta que Natasha levantó la vista del libro y miró a su marido, concentrado en su dibujo. Lo observó durante un rato con una sonrisa en la cara. Cuando Steve se dio cuenta de que lo miraban, levantó la vista del dibujo y miró a su mujer.

"¿Qué dibujas?" preguntó Natasha.

Steve sonrió. "Ya lo verás" respondió.

Natasha dejó el libro en el sofá e intentó levantarse. Steve rápidamente dejó el cuaderno en la mesa y la ayudó.

"Gracias" dijo Natasha, con un suspiro. "Estoy deseando que salgas ya de aquí, ¿lo sabías?" dijo, acariciándose la barriga. Se acercó al cuaderno, pero Steve fue más rápido y lo cogió antes de que pudiera ver el dibujo.

"Es una sorpresa" dijo Steve, sonriendo.

Natasha puso los ojos en blanco y agitó la mano. Fue a la cocina y se preparó un sándwich. Steve volvió a sentarse y siguió dibujando. Cuando llegó la hora de la cena, Steve subió a la habitación y guardó el cuaderno en el armario, para que Natasha no lo encontrase. Volvió a bajar y preparó una ensalada. El matrimonio cenó en silencio, disfrutando de la compañía del otro. Cuando dieron las once, subieron a su habitación, se lavaron los dientes y se metieron en la cama. Cuando estuvo seguro de que su mujer estaba dormida, Steve sacó el cuaderno del armario y terminó el dibujo.

A la mañana siguiente, Natasha se despertó y Steve no estaba. Imaginó que su marido estaría en el gimnasio. Bajó a la cocina y allí estaban Wanda y Bucky, preparando el desayuno.

"Buenos días" saludó Bucky cuando entró.

"¿Cuándo habéis vuelto?" preguntó Natasha, "pensé que no volvíais hasta esta tarde" dijo, cogiendo el zumo de naranja que Wanda le ofrecía.

"Anoche" contestó Wanda, "la misión se nos dio mejor de lo que pensábamos". Los tres se sentaron en la mesa de comedor.

"¿Habéis visto a Steve?" preguntó Natasha. La pareja contestó con una negación de cabeza. Al cabo de un rato, Sam llegó secándose la cara con una toalla, se acercó a la mesa y cogió un trozo de bacon del plato de Bucky, que le dio un manotazo por hacerlo.

"Buenos días, encanto" le dijo a Natasha, dándole un beso en la mejilla.

"Buenos días" dijo Nat, "¿estaba Steve contigo en el gimnasio?" le preguntó. Sam negó con la cabeza. "¿Y a dónde a podido ir a las nueve de la mañana?" Los tres se encogieron de hombros.

Cuando terminaron de desayunar, Natasha se sentó en el salón a leer mientras Sam, Bucky y Wanda iban a ver a Furia para informar sobre la misión. Al cabo de una hora, Steve llegó con un paquete en la mano. Cuando lo oyó entrar, Natasha levantó la vista y preguntó, "¿dónde demonios estabas?".

Steve sonrió y besó a su mujer. Se sentó a su lado y contestó "tenía que hacer un recado". Le entregó el paquete a su mujer y ella lo miró con confusión.

"No es mi cumpleaños" dijo Natasha.

"Lo sé" dijo Steve, riéndose.

Abrió el paquete con cuidado, y cuando vio lo que había dentro, se le cortó la respiración. Era una foto. Bueno, más bien un dibujo enmarcado. El dibujo que había estado haciendo el día anterior. Era su rostro de perfil, con la cara apoyada en su mano, mirando hacia abajo, concentrada en su libro. No pudo controlar las lágrimas. Se abalanzó a su marido para besarle y abrazarle. Steve la devolvió el beso con gusto. Cuando se separaron, la cogió la cara y la limpió las lágrimas.

"¿Por qué lloras?" preguntó, sonriendo.

"Por las puñeteras hormonas" contestó ella, riendo. "Me encanta, Steve" dijo, mirando el dibujo, "es lo más bonito que alguien me ha hecho nunca". Se inclinó y volvió a besar a su marido, "gracias".

Steve volvió a besarla. "Te dije que era una sorpresa", dijo, divertido. Natasha se rió.

Se levantó del sofá y subió a su habitación seguida de Steve. Colocó el marco en su mesa de noche y lo observó con cariño. Steve la abrazó por detrás y acarició su vientre. Natasha colocó sus manos encima de las de su marido y dijo, "tu padre es todo un artista".

Steve sonrió y la besó el cuello. "Te quiero" dijo.

"Y yo a ti" susurró Natasha.

Bueno, ¿qué os ha parecido? Espero que os haya gustado. Si es así, dejad vuestro comentario. Y si no, pues también. ¡Un saludo!