¡Hola a todas/os! Quiero disculparme por la tardanza. Esta semana he estado hasta arriba de trabajo. Pero aquí os traigo otro capítulo para que disfrutéis de Steve y Natasha (aunque éste es un poco más dramático que los anteriores).
Nota de la autora: este capítulo tiene muchos términos médicos de los que no había oído hablar hasta que me informé sobre ellos para escribir el capítulo, así que quiero disculparme por cualquier error. Y quiero aclarar que es todo ficción, no un ensayo médico ni nada por el estilo, por lo que pido que no me juzguéis por los fallos. También quiero aclarar que sé que el Doctor Strange y la Dra. Palmer eran neurocirujanos, pero he decidido que, como buenos doctores que son, también tienen conocimientos de ginecología.
Ahora sí, ya os dejo leer tranquilas/os. ¡Disfrutad!
Descargo la responsabilidad: no soy dueña de nada. Tan solo de mi imaginación, que es la que ha creado esta historia.
JAMES
La mañana del 1 de septiembre de 2019, Natasha se levantó con una sensación rara. Tenía un extraño presentimiento. Steve había ido a correr, como todos los días, y se levantó de la cama como pudo. Su enorme barriga la impedía hacer muchos movimientos. Fue al baño y orinó con urgencia.
"Hoy has dormido sobre mi vejiga, ¿eh?", preguntó al bulto.
Se lavó la cara y se peinó. Cuando bajó a la cocina, Wanda ya estaba allí haciendo el desayuno.
"Buenos días", la dijo con una sonrisa.
"Buenos días", dijo Natasha, también sonriendo. Cogió un vaso de zumo y se sentó en una de las sillas. En ese momento, notó un fuerte pinchazo en la zona del útero. Se presionó la zona con la mano e hizo una mueca.
Wanda se dio cuenta y la preguntó, preocupada, "¿estás bien?" Se acercó a la espía y se agachó a su lado, frotando con suavidad la barriga.
Natasha asintió. "No es nada, tranquila", respondió, sonriendo a su amiga, "un pinchazo, nada más".
Wanda la miró con preocupación. "¿Seguro que no es nada?", la preguntó. "Estás a punto de dar a luz, Nat", dijo, levantándose.
"Lo sé", dijo Natasha, asintiendo. "Pero aún queda una semana".
En ese momento, salían del ascensor Steve, Bucky y Sam, riéndose de algo.
"A veces los bebés se adelantan", dijo Wanda.
Cuando los hombres llegaron a la cocina, Bucky se dio cuenta de la cara de preocupación de su novia. "¿Qué ocurre?", preguntó, después de darla un beso.
"Natasha ha sentido un fuerte pinchazo", respondió Wanda.
Steve, que estaba sirviendo el zumo para sus amigos y para él, paró en el acto y se acercó a su mujer, preocupado. "¿Un pinchazo?", preguntó. Se sentó a su lado y colocó su mano sobre la barriga.
Natasha agitó la mano, despreocupadamente. "No ha sido nada, de verdad", dijo, mirando a su marido.
"¿Has tenido alguno antes?", preguntó Sam, también preocupado.
Natasha negó con la cabeza. "Esta mañana ha sido el primero", respondió.
"Eso van a ser contracciones", dijo Wanda.
"Ni siquiera he roto aguas", dijo Natasha, mirando a su amiga.
"Algunas mujeres no lo hacen", dijo Bucky, "mi madre no rompió aguas con mi hermana, empezaron las contracciones directamente".
"Estoy bien, de verdad", dijo Natasha, empezando a frustrarse. "Ahora, quiero desayunar".
Los cuatro dejaron de presionarla, y Wanda la sirvió un plato con huevos, bacon y unas tostadas. Los cinco adultos desayunaron tranquilamente. Cuando terminaron, los hombres recogieron todo y fueron a ducharse. Natasha y Wanda se quedaron en el salón, charlando.
La mañana pasó rápidamente, y después de comer, todos estaban disfrutando del buen tiempo en el jardín cuando Natasha volvió a sentir otro pinchazo, un poco más fuerte que el anterior. Steve, que estaba sentado a su lado, se dio cuenta. "Nat", dijo, muy preocupado.
Natasha negó con la cabeza. "Estoy bien", dijo, intentando parecer despreocupada. Aún así, Steve no se quedó tranquilo.
Entraron en la base, y Steve la ayudó a sentarse en el sofá. Se pusieron una película, y cuando estaba a punto de terminar, Natasha volvió a sentir otro pinchazo, más fuerte que los anteriores.
Se le saltaron las lágrimas del dolor y dijo, "algo no está bien".
Wanda, que acababa de llegar con Bucky, se acercó a su amiga. La ayudó a levantarse y dijo, "voy a llevarla a su habitación", con tono firme. "Steve, llama a Strange".
Cuando Natasha y Wanda llegaron a su habitación, Wanda la ayudó a tumbarse en la cama con cuidado.
"Me duele mucho", dijo Natasha, apretándose la parte baja. Wanda la dio suaves masajes en la barriga, intentando calmar a su amiga.
Steve entró por la puerta muy alterado. "Ya está en camino", dijo, sentándose al lado de su mujer. Sam y Bucky también entraron en la habitación, muy preocupados.
"Voy a llamar a Clint", dijo Wanda. "Toda va a salir bien, Nat", la dijo, sonriéndola.
Natasha miró a su amiga e intentó sonreír, pero no lo consiguió. Wanda salió de la habitación, sacando a Sam y Bucky con ella.
"Cariño", dijo Steve, "todo va a ir bien". La besó la cabeza mientras la frotaba la barriga de la misma manera que lo estaba haciendo Wanda.
"Tengo miedo", susurró Natasha, mirando a su marido. "Sé que algo va mal, Steve, y tengo mucho miedo". Las lágrimas caían de sus ojos, y Steve la abrazó con fuerza.
"Yo también, nena", dijo, "pero vamos a superarlo". La miró y dijo, muy serio, "vas a superarlo porque eres la mujer más fuerte que conozco". La besó en los labios con suavidad y Natasha se calmó un poco.
Se quedaron un rato en silencio hasta que Wanda volvió a entrar. "Clint y Laura están de camino", dijo, "Bucky ha llamado a Tony y a Bruce, por si acaso, y Sam está intentando contactar con Furia".
Se sentó al lado de su amiga y la cogió de la mano. A la media hora, Sam entró seguido del Dr. Strange, vestido de médico, lo que fue raro porque nunca le habían visto sin su habitual atuendo, y la Dra. Palmer. "¿Cómo se encuentra, señorita Romanoff?", preguntó, después de haber saludado a todos.
"Me duele demasiado", respondió Natasha.
Strange sacó de su maletín un estetoscopio y lo acercó a la barriga de Natasha. Los adultos estaban expectantes ante el diagnóstico del doctor. Miró a la doctora Palmer, que se había encargado de mirar en la vagina de Natasha, y todos supieron que, efectivamente, algo no iba bien.
"Natasha, tenemos que llevarte al hospital cuanto antes", dijo Strange, con tono serio.
"¿Por qué?", preguntó Steve, asustado. "Teníamos planeado que diese a luz aquí".
"Lo sé", dijo Strange, con calma, "pero vuestro bebé está sufriendo un prolapso del cordón umbilical".
Natasha y Steve lo miraron extrañado. "Lo que el Doctor Strange quiere decir es que el cordón umbilical está por delante la cabeza del bebé, y es muy peligroso", explicó la Dra. Palmer.
Natasha empezó a llorar. "¿Has roto aguas, Natasha?", preguntó Strange. La pelirroja negó con la cabeza. "Entonces hay que provocarlo". Miró a su compañera, que asintió con la cabeza. Palmer se acercó a Natasha y la ayudó a levantarse.
"Vamos a intentar hacerlo de forma natural, ¿vale?", la dijo. Natasha asintió. Steve la cogió del otro brazo y los tres caminaron hacia las escaleras. "Subir y bajar escaleras es una de las mejores formas de romper aguas, así que vamos a intentarlo".
En ese momento, Tony y Pepper entraron por el ascensor. Cuando vieron a la pelirroja y su marido con la doctora, preguntaron, "¿qué hacéis?"
"Vamos a intentar que rompa aguas", explicó Steve.
Strange salió de la habitación y Tony le preguntó, "¿qué ocurre?"
Cuando Strange se lo explicó, Tony y Pepper se quedaron pálidos. "Hay que hacer algo cuanto antes", dijo Strange.
Tony asintió. "En el laboratorio hay una sala habilitada para los partos", explicó, "Pepper dio a luz en ella".
"¿Puede servir de quirófano?", preguntó Strange. Tony asintió con firmeza. "Entonces lo haremos aquí", dijo, "no podemos arriesgarnos a trasladarla al hospital".
A la media hora, Palmer llegó corriendo por las escaleras. "Acaba de romper aguas", dijo, "había sangre".
Strange asintió. "Vamos a hacerlo aquí", la dijo, "en el laboratorio".
Los nueve adultos llegaron al laboratorio, y Strange entró en la habitación con Palmer, Steve y Natasha.
Natasha se tumbó en una de las camas con ayuda de su marido, mientras Palmer y Strange se preparaban.
"Natasha, sé que querías dar a luz de forma natural, pero va a ser imposible", dijo Strange. "Hay que hacerte cesárea, y cuanto antes".
"¿No hay otra manera?", preguntó Natasha, asustada.
Strange negó. "No", dijo, "y cuanto más tiempo tardemos, más posibilidades tiene tu bebé de quedarse sin oxígeno".
Natasha asintió, llorando. "Está bien", dijo.
La doctora Palmer le inyectó morfina en la zona uterina. "Steve, sé que quiere estar presente en el parto, pero voy a tener que pedirle que espere fuera", dijo Strange.
"No pienso dejar a mi mujer", dijo Steve, con tono serio.
"Si surge alguna complicación, la doctora Palmer y yo necesitamos toda la concentración posible", explicó Strange, "y, a veces, la presencia del marido es la mayor distracción".
Steve miró a su mujer, que asintió en silencio. "Estoy bien", dijo Natasha, "vamos a estar bien". Steve se agachó a su lado, y la dio un suave beso.
"Cualquier cosa que pase, por favor, avíseme", dijo Steve.
Strange asintió, y dijo, "por supuesto, Capitán".
Steve salió de la habitación, y todos se giraron a mirarle. Se dio cuenta de que Bruce acababa de llegar y estaba hablando con Tony.
"¿Qué pasa?", preguntó Bucky, acercándose a su amigo y apretándole el hombro cariñosamente.
"No quiere distracciones", explicó Steve. Se dejó caer en una de las sillas, junto a Wanda, que le rodeó con el brazo.
"Todo va a ir bien", le dijo. "Natasha es la mujer más fuerte que conozco, y ese bebé es vuestro hijo, por lo que va a luchar hasta el final". Steve miró a su amiga y la sonrió.
Al cabo de diez minutos, entraron por la puerta Clint y Laura. "¿Dónde está?", preguntó Laura, preocupada.
"Dentro", dijo Steve, señalando la puerta de la habitación.
Clint abrazó a su mujer y dijo, con firmeza, "no les va a pasar nada, ya verás". Pero Steve sabía que el arquero estaba tan preocupado por su amiga como él.
El silencio inundó la sala. Tony se acercó a Steve y se sentó a su lado. Le dio unas palmadas en la rodilla con cariño, intentado tranquilizarle, pero fue imposible. Su mujer estaba ahí dentro, sola, dando a luz a su hijo. Ambos corrían peligro si algo salía mal, y él estaba ahí sentado sin poder hacer nada. Había luchado contra nazis, terroristas, seres de otros planetas, y nada le había preparado para este momento. Jamás había estado tan asustado como ahora.
Los minutos pasaban, y Steve se alteraba cada vez más. Furia llegó casi a las siete, con Maria Hill, preguntando por su mejor agente.
"No sabemos nada", dijo Tony.
Bucky y Sam habían hecho bocadillos para todos, pero Steve rechazó el suyo. No tenía ganas de nada, y menos de comer.
Con cada minuto que pasaba se ponía más nervioso. "¿Por qué tarda tanto?", preguntó, enfadado. "No se tarda nada en hacer una cesárea". Se pasó las manos por la cara y el pelo.
A las siete y media pasadas, los adultos escucharon el grito de un bebé proveniente de la sala contigua. Steve se levantó de un salto de su silla, mirando hacia la puerta. Pero no salió nadie. Empezó a dar vueltas por el laboratorio, mientras escuchaba el llanto de su hijo. No supo cuándo, empezó a llorar. Le dio la espalda a sus amigos para que no le vieran, pero Furia se dio cuenta y se acercó a él.
"Escúcheme, Capitán", dijo, "no se esconda". Steve le miró. "Llorar por las personas a las que más se ama es lo más valiente que puede hacer un soldado". Le apretó el hombro con cariño y Steve asintió, dejando que las lágrimas cayeran por su rostro.
Unos minutos después, Strange salió de la sala y Steve se acercó a él. "Enhorabuena, Capitán", dijo, "es un niño".
Steve sonrió de oreja a oreja. "¿Está bien?", preguntó entre lágrimas. Strange asintió en respuesta. "¿Y Nat?"
"Tanto la madre como el niño están perfectamente", dijo Strange. "Antes de traer al mundo al pequeño, ha habido que operar de urgencia", explicó, "el cordón umbilical estaba enrollado de tal manera que no permitía la salida del bebé, por lo que ha habido que extraerlo antes de poder sacarle". Steve asintió. "Después, hemos tenido alguna complicación con la agente Romanoff, pero hemos podido solucionarlo a tiempo", dijo, "actualmente se encuentra dormida por el sedante, pero puede pasar a ver a su hijo".
"Gracias, Doctor", dijo Steve. Entró en la habitación, y vio a su mujer dormida en la camilla. A su lado, la doctora Palmer estaba terminando de limpiar a su hijo. Rodeó la camilla y se acercó a la pequeña cuna.
"Enhorabuena, Steve", dijo Palmer.
"Gracias, Christine", dijo Steve, sonriendo.
Cuando vio el pequeño bulto, no pudo contener las lágrimas. Estaba envuelto en una manta, con los ojos cerrados y la boca entreabierta. Tenía la nariz y el color de pelo de Natasha. Era la cosa más perfecta que jamás había visto. Su hijo era perfecto. "¿Puedo cogerlo?", le preguntó a la doctora Palmer.
"Adelante", respondió ella, sonriendo.
Con mucho cuidado, cogió a su hijo, asegurándose de tener una mano en su cabeza en todo momento. El pequeño empezó a moverse, y Steve se rió. "Parece que alguien ha heredado la impaciencia de su madre", dijo, en un susurro. Besó con suavidad su pequeña cabeza, y se lo acercó a su enorme pecho, meciéndolo con cuidado.
Strange volvió a entrar en la habitación, y dijo, "es un niño precioso".
"Si, lo es", estuvo de acuerdo Steve. "¿Cuánto tardará en despertarse?", preguntó, acercándose a la cama de su esposa.
"Calculo que no más de media hora", respondió Strange. "Les he dicho a Stark y compañía que fuesen a tomar algo y descansar, y que volviesen en una hora, para que usted y su mujer puedan disfrutar un rato de su hijo", le dijo.
Steve le dio las gracias por ello y, cuando él y la doctora Palmer terminaron de recoger, salieron de la habitación.
Como había dicho Strange, a la media hora Natasha empezó a despertarse.
"Ey", dijo Steve en un susurro, "¿cómo estás?"
Natasha miró a su marido, todavía con los ojos medio cerrados. "¿Dónde está?", preguntó.
Steve sonrió y se acercó a la cuna. Cogió a su hijo y se lo entregó con cuidado a su madre. En cuanto Natasha tuvo a su bebé en brazos, empezó a llorar. "Es perfecto, Steve", dijo, "hemos creado la cosita más perfecta del mundo".
Steve se rió, estando de acuerdo. Se sentó en la cama junto a su mujer, y la abrazó por los hombros. La habitación estaba en silencio. Sólo eran ellos tres. La pequeña familia Rogers-Romanoff.
Al cabo de un rato, el pequeño empezó a llorar. Instintivamente, Natasha le dio el pecho, y el niño comió con gusto. "Tenías hambre, ¿eh?", preguntó, divertida.
Steve la besó en la cabeza y dijo, "te amo".
Natasha miró a su marido y le besó en los labios. "Yo también te amo", dijo.
Una hora después, la habitación estaba llena de gente. Hacía un rato que Thor había llegado.
"No sabes cuánto me alegro de que todo haya salido bien", dijo Laura, sentada al lado de Natasha.
"Si", estuvo de acuerdo Clint, "todos nos alegramos". Tenía al pequeño bebé en brazos, y estaba acunándole para que se durmiera.
"Y, ¿cómo va a llamarse el pequeño Rogers?", preguntó Thor, sonriendo.
"Eso", dijo Sam, "hemos esperado meses para saber el sexo, no queremos esperar más para saber el nombre".
Steve y Natasha se rieron. Se miraron el uno al otro y Natasha le cogió de la mano. "Dilo tú", le dijo.
"¿Estás segura?", preguntó Steve. Natasha asintió decidida. "Bueno", dijo, "su nombre es James Clinton Rogers".
Bucky y Clint se miraron, y luego miraron a sus amigos. "¿Enserio?", preguntó, sorprendido, Bucky.
Steve y Natasha asintieron, sonriendo. "Lo pensamos durante meses, y llegamos a la conclusión de que nuestro hijo tenía que llamarse como las personas que han estado a nuestro lado toda la vida", dijo Natasha.
Tony se aclaró la garganta. "Eso me ha dolido, Romanoff", dijo.
"Tranquilo, Tony", dijo Steve, sonriendo, "aún hay más".
Tony les miró extrañado. "Tony, queremos que seas el padrino de James", dijo Natasha.
Tony no se esperaba eso. "¿Enserio?", preguntó.
Ambos asintieron. "Si", dijo Steve, "y queremos que tú seas su madrina, Wanda".
Wanda, que estaba al lado de Clint mirando a James con absoluta ternura, miró atónita a Steve y Natasha. "No sé si es una buena idea", dijo Wanda, algo asustada.
Clint la pasó a James, y ella lo cogió de forma natural. "Steve y yo nunca hemos estado tan seguros de algo", dijo Natasha, mirando a su amiga con cariño.
Wanda les sonrió y acunó a su ahijado con suavidad.
Antes de irse, el Doctor Strange les dio una serie de indicaciones, y les dijo que al día siguiente vendría a primera hora de la mañana a ver cómo estaban Natasha y James.
A las diez, Natasha y Steve estaban en su habitación, mirando a su pequeño mientras dormía en su cuna.
"Se parece a ti", dijo Natasha.
Steve la rodeó con los brazos y dijo, "pues yo creo que se parece más a ti", sonriendo.
Natasha se rió. "Puede que haya heredado mi color de pelo, pero el resto es igual que tú", dijo, "y me alegro". Se dio la vuelta para mirar a su marido y le besó en los labios.
Steve la devolvió el beso con cariño. "Es una mezcla perfecta de ambos", dijo.
Natasha asintió, sonriendo. Se metieron en la cama, abrazaros el uno al otro y se quedaron dormidos.
Ninguno de los dos olvidaría nunca este día. Primero, por lo traumático que había sido, y segundo y más importante, porque la persona a la que más querían en el mundo por fin estaba con ellos.
Bueno, ¿qué os ha parecido? Comentadme si os ha gustado o no el capítulo, y prometo que pronto subiré otro. ¡Muchos besos!
