EL REINADO DE LA LEONA DE FUEGO
Disclaimer: Todos los personajes reconocibles pertenecen a J. K. Rowling
"Este fic participa en el minirreto de enero para la Copa de la Casa 18/19 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black"
Era la primera guerra mágica, una guerra que ella había ocasionado. Había logrado lo que quería: que todos los magos (incluidos los sangre pura) temblaran al oír su nombre, ser la persona con más poder en el mundo mágico, y controlar a todos los magos de Inglaterra. La vida había sido buena con ella.
Ella era Lily Evans, una bruja talentosa e hija de muggles, que, despechada por el rechazo de Severus Snape y otros magos mestizos y sangre pura, había decidido darles su lección.
Que ironías tiene la vida, ahora todos aquellos que en el pasado la habían insultado, la seguían y besaban el suelo que pisaba. Tenía mucho poder, era muy inteligente y sabía persuadir a las personas para que la siguieran; bruja de belleza y talento excepcional, había logrado que el mismísimo Ministro de Magia, se uniera a sus filas. Tom Riddle había suplicado porque le permitiera pertenecer a su ejército; y ella, benévola y magnífica como era, le había concedido su deseo.
Nunca le tembló la varita al lanzar alguna maldición imperdonable, disfrutaba del dolor que sentían sus víctimas. Ni siquiera cuando, tras una batalla con la Orden del Fénix le llevaron a las últimas personas del mundo que esperaba ver
—Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? Si son Severus Snape y James Potter en persona
—Hola Lily— saludó Severus— ¿cuánto tiempo que no nos vemos?
—Menos del que yo hubiera querido Severus. Dale saludos a mi hermana de mi parte por favor
Lo último que vio Severus fue un rayo de luz verde dirigido hacía él, un rayo que hacía juego con los ojos verdes de la bruja. A pesar de que estaba a punto de morir, no pudo evitar pensar que se veía hermosa
—Buen trabajo James— dijo ella después de ver el cuerpo de Severus caer sin vida
—Me costó un poco convencerlo pero, ahí lo tienes. Ahora, ¿vas a tener esa cita conmigo?
El pelinegro se liberó de las ataduras que lo retenían y se acercó hacia la bruja destilando seguridad. Ella no se resistió cuando él la besó con cariño, fuerza y pasión.
Su ejército no pudo negar que se veía imponente mientras se abrazaba con el mejor espía e impostor del Mundo Mágico. Con Severus Snape muerto y el Ministro en su bolsillo, el reinado de la Leona de Fuego prometía ser eterno y próspero.
