Capítulo 1

Buscando trabajo.

La forma en la que me desperté no fue la más tranquila que digamos.

Alguien entró a toda prisa en mi habitación, luego saltó y cayó de bruces encima de mí. Abrí los ojos de par en par, sobresaltado. Lo primero que vi fue una chica con una máscara de gato.

-¡Pero, ¿qué carajos?! - pregunté sobresaltado.

La mujer sacó rápidamente su celular y me sacó una foto. El flash de su celular iluminó mi rostro, dejándome aún más choqueado.

-JA, JA, JA- se rió en mi cara la chica-. Tu cara salió perfecta para alzarla al grupo.

-¿Lucy?- pregunté rascándome la cabeza.

-Atinaste- dijo sacándose la máscara.

Lucy es mi vecina. La conozco desde que tengo memoria. Siempre vamos juntos al colegio, ya que entramos en el mismo colegio. Es un año menor que yo, de cabello color amarillo y lacio.

-¡¿Cómo entraste?!

-¿Hace falta preguntar?- dijo guiñándome el ojo.

En ése momento, entra Wendy saltando encima de mí, haciendo una plancha y gritando «¡ES JHON CENA!» Me agarró del cuello con sus piernas y comenzó a forjar presión. Intentaba zafarme, mientras que Lucy contaba con la manos hasta tres, listo, perdí antes de comenzar...

Lucy levantó la mano de mi hermana y anunció su victoria.

-Creo que no hace falta- dije friccionándome la garganta.

Lucy asintió, luego me miró seriamente.

-¿Qué?- pregunté, confundido por su mirada.

-No quiero que dejes la escuela.

La miré a los ojos, luego suspiré.

-No debiste haberle contado- dije dirigiéndome a mi hermana.

Wendy se encogió de hombros, luego bajó la cabeza avergonzada.

-¿Qué tiene de malo?- Preguntó Lucy bajándose de la cama-. Son mis amigos, me preocupo por ustedes, sobre todo ahora que están so...

Se tapó la boca, dándose cuenta de lo que decía en el último momento. Wendy bajó aún más la cabeza y yo apreté los puños. Lucy nos miró a ambos, realmente arrepentida por sus palabras.

-L...lo siento... no pensé en lo que decía y...

-No te preocupes- dijo Wendy sonriendo. Me sorprendí al ver su reacción. Intentaba ser fuerte, pero sabía que sonreía para no llorar.

Me agité la cabeza para despertarme, luego me rasqué la nuca.

-Bajemos a desayunar- propuse, esbozando una sonrisa.

Wendy asintió, luego se dio la vuelta y salió del cuarto arrastrando los píes. Lucy y yo la seguíamos con la mirada, hasta que salió por completo del cuarto. Lucy no pudo evitar demostrar su depresión y rápidamente se sentó en el suelo colocándose en posición fetal- cosa que hace siempre que está triste o asustada, lo hace desde que tengo memoria-.

Ladeé la cabeza, luego suspiré... éstas chicas... desde chicos siempre he estado pendiente de ellas. Me bajé de la cama y me coloqué mis sandalias, luego caminé hasta Lucy y la miré por unos segundos.

-¿Estarás así todo el día?- Pregunté cruzándome de brazos.

Lucy simplemente asintió sin siquiera despegar su cara de sus rodillas.

-No deberías preocuparte- dije sentándome a su lado-. Wendy no se enojó contigo, solo se puso algo triste.

-No debí haber dicho eso- dijo aún sin apartar su cabeza de sus rodillas.

-Tal vez no. Aún seguimos dolidos por la muerte de nuestros padres, pero Wendy intenta reponerse y para eso necesita la ayuda de sus amigos. - Lucy alzó la cabeza y me miró a los ojos. Le sonreí-. Te necesita Lucy... necesitamos la ayuda de nuestros amigos ahora más que nunca.

Me miró detenidamente por unos segundos, luego asintió y se levantó decididamente.

-No se preocupen- dijo sonriéndome-. No los abandonaré.

Asentí sonriente, luego dije a Lucy que bajara a acompañar a Wendy en el desayuno, que yo bajaría dentro de unos minutos. Esperé hasta que saliera de mi cuarto y bajara las escaleras por completo para dejar caer una lágrima al suelo. No podía llorar, no podía mostrar signos de debilidad, debía aguantar todo el dolor por mi hermana. Me levanté rápidamente, luego entré al baño.

... ... ...

Cuando bajé las escaleras Wendy y Lucy estaban en la puerta, esperándome impacientemente. Cuando me vieron, corrieron hacia mí y me entregaron un periódico.

Arqueé una ceja al ver que me lo entregaban.

-No me gusta leer el periódico.

-Sólo lee dónde te señalamos- dijo Wendy obligándome a coger el periódico.

-¿Para qué?

-Buscas trabajo, ¿no?- preguntó Lucy-. En los periódicos siempre hay propuestas de trabajo.

Miré a las chicas con los ojos entrecortados, luego abrí el periódico en la hoja señalada y para sorpresa mía, había varios trabajos con puestos bacantes y... la paga no estaba nada mal.

-N...no sé qué decir- dije molestaron en buscar trabajo... ¿por mí?

-Te dije que quería ayudarte- dijo mi hermana sonriendo-. Esto es lo mínimo que puedo hacer por ti, Natsu.

Sonreí a mi hermana, luego revoloteé su cabello fraternalmente.

En ése momento, a lo lejos se escuchó un bocinazo.

-Ése es papá- dijo Lucy colocando su mochila sobre los hombros-. Vamos Wendy.

-El papá de Lucy se ofreció en llevarnos al colegio hoy- explicó Wendy yendo tras Lucy-. Suerte en tu trabajo. Nos vemos Hermano.

-Cuídate Natsu- dijo Lucy despidiéndose de mí.

Luego de eso, vi por la ventana a ambas entrar al auto apresuradamente. Sonreí cuando el padre de Lucy tocó la bocina y los tres se despidieron de mí sacando la mano.

El padre de Lucy es un hombre bastante amable de cuarenta y cinco años. Siempre se preocupó por Wendy y por mí desde que éramos chicos. Cuando llegamos del funeral, él, su esposa y Lucy nos recibieron con un gran abrazo.

Abrí el periódico y miré los trabajos que tenían un puesto bacante. Bien, debo hacer varias llamadas.

... ... ...

-¡Me alegra que me hayas llamado!- Dijo Macao dándome palmadas en la espalda- ¡Seré digno de llevarte a tu primer día de trabajo!

-Ya, ya- dije rascándome la cabeza-. No es para tanto.

-¡Es tu primer trabajo!- exclamó sonriendo- ¡Claro que lo es!- Miró hacia la derecha y miró por la ventanilla-, aunque no es precisamente el mejor de los trabajos.

Nos encontrábamos estacionados al lado de una enorme juguetería. El edificio era enorme y abarcaba una cuadra a la redonda. Todas las paredes estaban pintadas de color azul y el techo blanco. En la puerta había un hombre disfrazado de una ardilla sonriente, repartiendo volantes a todos.

-Mira, al menos tienen una mascota...

-Mejor busco otro trabajo...- dije hundiéndome en el asiento.

-Vamos, no te rindas tan fácilmente. Tal vez no sea EL trabajo, pero pagan bien... además te dieron la oportunidad teniendo tan solo diecisiete.

Miré por la ventana. El hombre disfrazado de ardilla me miró directamente, luego señaló el volante en sus manos y asintió. Un escalofrío recorrió mi espalda... ése hombre realmente es extraño.

-Bueno, intentémoslo- dije bajándome del auto.

-¡Ésa es la actitud Natsu!- gritó alegre.

Desde que lo conozco siempre ha sido así de entusiasta.

-Sí, sí. Sólo no grites-. Cerré la puerta.

Suspiré antes de subir las escaleras que conducían a la entrada de la juguetería. Cuando subí el último escalón, me encontré frente a frente al hombre con disfraz de ardilla. Estaba parado en medio de la entrada, mirándome fijamente. Miré alrededor mío, no había nadie más a aparte de nosotros. Tragué saliva y di un paso adelante.

-Lindo disfraz- dije sonriéndole- ¿Puedes moverte?- pregunté al ver que no se movía de en medio de la puerta.

No hubo respuesta de su parte, sólo se quedó mirándome fijamente.

-Te estoy hablando. -Nuevamente no hubo respuesta-. ¡Quieres dejar de mirarme así! Que me pones nervioso- dije algo irritado por su mirada tan fija hacia mí.

-¿Eres Natsu Dragneel?- preguntó la ardilla con un extraño acento ruso.

Miré detenidamente al hombre, medité por unos segundos si contestarle o no.

-Sí... soy yo. ¿Quién eres tú?

-Me alegro que hayas venido- dijo sacándose la máscara, revelando a un hombre de aparentemente veinticinco años. De cabello blanco y de terminadas en punta, su piel era de color chocolate y sus ojos eran rudos y penetrantes. . -. Mi nombre es Elfman Strauss.

Abrí los ojos de par en par por la sorpresa. Ése nombre... no jodas... ¿es en serio?

-¿Eres mi jefe?-¿Mi jefe se disfraza de ardilla?

-Así es. Eso hacen los hombres- dijo pasándome la mano-. Me alegro de que hayas llegado.

-¿Por qué estás disfrazado de ardilla?- pregunté pasándole la mano.

Tony se encogió de hombros, luego sonrió.

-Mucho tiempo libre. Una juguetería no es una jugetería sin una mascota.

-¿Pero por qué una ardilla?

-¿Por qué no?

Me rasqué la cabeza, estaba confundido. Ése tipo conseguía confundirme cada segundo más.

-Vamos. Entremos. Debo indicarte de qué va tu trabajo- dijo dando la vuelta. No pude evitar la sensación de que éste iba a ser un día muy largo.

Me aparté lo más que pude de Elfman. Caminábamos por los pasillos de la juguetería mientras que éramos observados por los clientes. Elfman llamaba mucho la atención por aquél traje de ardilla, además de que era alto y musculoso, por lo que con su disfraz daba la apariencia de que era una ardilla con esteroides. Los clientes se reían de él entre dientes y lo señalaban, lo gracioso es que a él no le importaba, de hecho, parecía orgulloso de llevar puesto el traje. Por mi parte, yo sentía vergüenza ajena...

-No deberías sentirte avergonzado jovencito- me dijo sonriendo.

-Me es difícil no sentirlo si vas con ése traje- susurré tapando la mitad de mi rostro con el cuello de mi remera.

Elfman rió, luego miró a su alrededor.

-Dime, ¿en dónde estamos?

-En una juguetería... supongo...

-Exacto. Los juguetes están hechos para los niños, mira a tu alrededor, todos nuesrros clientes son niños acompañados de sus padres o madres. Solo observa a los niños.

Eché un vistazo a los niños. Me sorprendí al ver que sonreían y miraban emocionados a Elfman.

-¿Lo ves? Están felices. Si los niños son alegres al verme con el disfraz, entonces soy feliz.

Me detuve a mitad de camino. A Elfman no le importaba ser el hazmerreír de los adultos, lo importante para él es hacer reír a los niños, eso es lo más importante para él. Sonreí y asentí, Elfman no es del todo raro, solo es fiel a sí mismo.

-Aunque debo admitir que es cómodo el traje, es otra razón por la cual me lo pongo- dijo sonriendo.

Bueno... tal vez sí es un poco raro.

Continuamos caminando hasta llegar a una oficina que ponía en la puerta «Strauss». Elfman abrió la puerta y me invitó a entrar. Adentro, me sorprendí al ver lo colorida y animada que estaba la oficina: las paredes estaban pintados de color azul; había varios juguetes y marionetas esparcidos por el suelo y algunos colgados en los fluorescentes; los papeles estaban desordenados y todos eran de diversos colores.

-Lamento el desorden- se disculpó sentándose en su silla giratoria-. Adelante, toma asiento.

Me acerqué hasta su escritorio, luego levanté una silla recostada por el suelo y me senté.

-Bueno, aún eres joven- dijo mirándome detenidamente-. ¿Para qué quieres exactamente el trabajo?

-Tengo una familia que mantener- dije seriamente.

Elfman asintió, comprendiéndome.

-No me gusta meterme en la vida de mis trabajadores, pero si tienes a alguien a quién proteger, entiendo. - Se colocó la máscara nuevamente-. Tu trabajo será atender a los niños, pero te advierto que no todos los niños son unos encantos. Suerte mi joven amigo.

Luego se alejó dando saltos y salió de la oficina a duras penas, la cabeza gigante de la ardilla dificultaba que pasara por la puerta. Cuando logró salir, se despidió de mí levantando el pulgar y desapareció tarareando una canción.

Suspiré una vez cerró la puerta. «No todos los niños son unos encantos...», eso no suena bien.

... ... ...

Los niños corrían de aquí para allá, observando encantados y con ilusión todos los juguetes que había a su alrededor. Estaba parado en una esquina, con el uniforme de la juguetería que era una remera azul con cuello y un buzo negro. Mi trabajo consistía en ayudar a un niño a encontrar algún juguete que le gustase, como ninguno se acercaba, opté por recostarme por la pared a esperar a que alguno se acercase a mí. Miré la hora en mi celular: las 9 A.M, aún era muy temprano.

Miré a mi alrededor, había como máximo dos empleados, igual o más aburridos que yo. Uno estaba dormitando recostado por la pared, mientras que el otro chateaba en su celular. Me pregunté qué tan aburrido era éste trabajo para mantener en éste estado a todos los empleados-que como máximo eran siete-, hasta que algo chocó contra mi frente.

-¡¿Pero qué?!- Pregunté sacándome un dardo de Nefr de mi frente-. ¿Qué mierda? ¿Quién me lanzó esto?- Miré a mi alrededor.

Arqueé una ceja al ver a un niño regordete apuntándome con una pistola de Nefr: el niño tenía el pelo de color amarillo limón que le llegaba hasta los hombros. Sus mejillas estaban infladas de tal modo que parecían dos bolsas hinchadas de aire. Me miraba seriamente.

-Esto... ¿puedo ayudarte en algo?

-¡DOS! ¡ATACA!- gritó recargando su «arma».

-¿Qué?

En ése momento, un segundo dardo chocó contra mi sien. Miré a mi derecha, exaltado. Un segundo niño me apuntaba con una ametralladora Nefr: el niño era muy parecido al primero, solo que más flaco, eran casi idénticos.

-¡¿Quieren parar?!- vociferé algo enfadado. El niño solo sonrió e hizo una señal con su mano.

-¡TRES! ¡ATACA!

En ese preciso momento, un tercer dardo atinó en mi nuca. Lo saqué y giré enojado. Un tercer niño se encontraba apuntándome con otra arma de Nefr. Me sorprendí al notar que el niño era idéntico al segundo, solo que su cabello era de un amarillo más oscuro. Eran trillisos.

-¡¿Qué pasa aquí?! ¡Se están multiplicando!

Los tres niños me apuntaron al mismo tiempo. En sus ojos se reflejaba la hiperactividad que tenían.

-¿Pueden ayudarme?- pregunté a los otros dos empleados a mi izquierda.

El hombre que estaba chateando dejó aún lado su celular y me miró con cara de irritación.

-Estoy en mi descanso- contestó sin ganas- cuando hablaba parecía que tenía una papa en la boca-.

Los niños sonrieron y recargaron sus armas. «No todos los niños son unos encantos» dijo Elfman antes de irse. Tragué saliva, ahora ésas palabras tenían más sentido...

Lanzaron los dardos simultáneamente, atacando con todo lo que tenían. Yo me cubría con las manos, pero todos los dardos se pegaban en mis brazos, codos y manos... ¡¿Cuántos dardos tenían ésas cosas?!

-¡Ya paren!- grité enfadado-. ¡¿Acaso no tienen mejores cosas que hacer?!

-Esto es más divertido- contestó el gordo sonriendo.

-Para mí no...- contesté sacándome un dardo del codo. -¿De dónde sacaron esos juguetes?

-¿De dónde más? Duh- contestó el de cabello amarillo oscuro.

Miré hacia un lado. Había tres cajas de Nefr vacías, tiradas en el suelo.

-¡No pueden abrirla si no lo compraron!

-¡Pues lo compraremos!- contestó el niño de cabello amarillo normal.

-¡Se acabaron los dardos!- Avisó el regordete.

-¡Sí!- festejé.

-¡Tírenle las pistolas!- ordenó de nuevo.

-¡No!- dije protegiéndome con las manos.

Me lanzaron las armas, dos fallaron pero el tercero me golpeó en la frente... de nuevo.

-¡Esto es todo!- dije enfadado. Esos niños ya colmaron mi paciencia-. ¡Van a ver...!

-Es suficiente- dijo Elfman, sujetándome del hombro.

Los niños se quedaron viéndolo, el cual seguía disfrazado de ardilla.

-Ustedes niños- dijo señalándolos-, no me hagan llamar a sus padres. Los conozco y sé que viven aquí a dos cuadras.

Los niños se irguieron y asintieron.

-¡Sí señor Strauss!

-Vayan a casa y dejen de comer tantos dulces.

Los niños asintieron y salieron corriendo. Elfman se agachó y agarró las tres pistolas, luego las guardó en sus respectivas cajas.

-Este trabajo no es para ti, Natsu- dijo levantándose.

-S... señor, necesito el trabajo...

-Sé que lo necesitas, pero pierdes la paciencia rápidamente-. Se acercó a mí y me sujetó de los hombros-. No eres una mala persona, al contrario, pero...

-Entiendo...- bajé la cabeza. Decepcionado-. Al menos lo intenté.

-Déjame decirte algo que te animará... o te decepcionrá... da igual- dijo sonriendo-. Te iba a pagar solo diez dólares.

.

.

.

Salí de la juguetería tan rápido como mis piernas me lo permitían. Ni loco trabajaré allí para un hombre que le gusta disfrazarse de ardilla, con dos empleados irritables y tres mellizos insoportables solo para ganar diez míseros dólares.

Bajé las escaleras, pero me detuve en el quinto escalón. Suspiré, luego me senté en el escalón. Necesito un empleo, uno en donde gane al menos el sueldo mínimo. Wendy depende de mí, necesita ir a su tratamiento médico, al colegio... Dios, ¡necesito un empleo!

Escuché el sonido de una bocina y levanté la cabeza. Macao me estaba saludando a lo lejos. Seguía estacionado en el mismo lugar de antes. Me levanté pesadamente, luego me acerqué a él.

-Treinta minutos con Veinte segundos- dijo mirando la hora en su reloj-. Todo un logro, ¿eh?

-No sabes el infierno que pasé allí dentro- dije suspirando.

-¿Seguirás buscando empleo?

-No tengo de otra- contesté subiendo en el auto.

Las cosas no fueron mejor de lo que esperaba. Primero fui a buscar empleo en un centro comercial. Logré que el dueño me aceptara. Me encargaba de etiquetar los productos. Pero hubo un pequeño problema y uno de mis compañeros echó una caja de huevos, rompiendo una docena en total, ¿qué pasó? Pues echemos la culpa al nuevo, todos lo creerán. Al final terminé perdiendo mis diez dólares y mi puesto. Después de eso, nadie más quiso dar empleo a un joven de diecisiete años.

Al final, terminé sentado en una banca en el parque, mirando el cielo y las nubes. Las cosas no estaban yendo para nada bien, si esto sigue así tendré qué...

-¿En qué piensas?- preguntó Macao sentándose a mi lado, ofreciéndome una botella de Coca-Cola.

-Macao... ¿crees que tu jefe me de trabajo?

Macao escupió un poco de a coca-cola, luego me miró espantado.

-¿Quieres trabajar para mi jefe?

Macao y papá son compañeros de trabajo. Papá era el abogado de la empresa y sacó de varios a puros a su jefe, el problema es que el Jefe, el señor Michael es un viejo cerdo. Cada vez que papá volvía del trabajo, se quejaba de él y sus acciones, forma de hablar y ser. El hombre era un pobre diablo... aunque lo de pobre nadie se lo cree.

-No tengo de otra- dije seriamente- Wendy necesita sus medicinas, y ya no queda mucho de los que nos dejó papá... necesito un trabajo estable.

-Pero de ahí a trabajar con Michael...

-Por favor, Macao.

Me miró detenidamente, luego sonrió.

-Está bien, lo intentaremos- contestó dando otro sorbo a su bebida.

Mi celular sonó. Arqueé una ceja al ver que en la identificación de llamadas ponía: Wendy.

-¿Hola? - pregunté confundido. Wendy no me llamaba al menos que sea una emergencia.

-Natsu- dijo seriamente-. Se acabó mi medicina...

... ... ... ...

¡Hola gente! ¿Qué tal?

Aquí les traigo un nuevo capítulo jeje.

Espero les agrade, aún queda cosas por contar. A partir del otro capítulo es que las cosas comienzan a ponerse interesantes, je, je,je.

Dejen sus comentario pli, necesito saber si les gusta o no jaja.

¡Nos leemos en el siguiente capítulos!