- ¿Tú eres mi compañero?
- ¿Sorprendida Granger? No veo el porqué, no se me ocurre nadie mejor que yo para ocupar el puesto de Premio Anual – respondió socarronamente el rubio – no me mires así. No creas que me parece bien. Te odio tanto como puedas recordar.
Draco recorrió con una mirada a la chica de arriba abajo. La verdad que estaba diferente, con esos jeans ajustados a sus esbeltas piernas y esa blusa que le resaltaba las curvas. Y su pelo tampoco estaba mal.
¿Pero qué estaba pensando? Era su enemiga.
- Señorita Granger, señor Malfoy, sabemos que su relación no es la mejor, y entendemos que si alguno de ustedes tiene algún problema en convivir con el otro, puede volver a su casa y vivir donde acostumbraban hasta ahora. Pero es algo que deben decidir ya. – dijo McGonagall.
Pero ambos, como sus casas decían, eran orgullosos. Y ninguno iba a renunciar a ese privilegio tan solo por la presencia del otro. Así que negaron la propuesta de la mujer.
- Por supuesto, lo suponíamos. – Dijo Snape – así que si van a vivir aquí, deberán dejar atrás sus diferencias y comportarse respecto a la edad que tienen. ¿Está claro? – terminó, dirigiendo esas frías palabras más a la chica que al chico.
- Sí – respondió resignada la chica.
- ¿Señor Malfoy?
Un gruñido salió de la boca del chico, cosa que la profesora tomó por una afirmación.
- Muy bien, pues aquí tienen sus horarios de curso y los horarios y fechas de las rondas que deben hacer cada semana, cumpliendo con su obligación de Prefectos y Premios Anuales – dijo McGonagall entregándole a cada uno una hoja – las clases empiezan el lunes, dado que hoy es viernes, tienen todo el fin de semana para acostumbrarse. La contraseña del baño, cuya puerta se encuentra detrás de ustedes es "Portum". Les dejamos instalarse. Buenas noches. – Concluyó la profesora, lanzando una preocupada mirada a la chica – si tienen algún problema… pueden consultarnos - tras lo que ella y Snape abandonaron la sala.
Un largo silencio se hizo en la sala, mientras ambos se miraban. El rubio se dio la vuelta para coger su equipaje, tras lo que subió las escaleras de la izquierda hacia su habitación.
Hermione hizo lo mismo, solo que ascendió por la derecha. Al entrar, quedó maravillada.
Tendría unos 30 m2, con el suelo de una preciosa y suave piedra blanca. La cama, de colcha clara, se encontraba en el lado derecho. Al fondo, una silla y un pequeño escritorio, delante de un amplio ventanal desde el que se disfrutaba la vista de todos los jardines y el lago. A la izquierda de la habitación, había una sencilla puerta que daba a un confortable baño, compuesto por un lavabo, un inodoro y un armario lleno de diferentes útiles para el baño y de higiene femenina.
Tras una hora, la chica terminó de instalarse y se asomó a la Sala Común, y tras ver que estaba vacía, bajó y se sentó delante de la chimenea, con todos los instrumentos necesarios para escribirles una carta a sus padres contándoles su llegada y como se había instalado.
Se saltó la parte en la que les decía que compartía torre con un chico, y aun menos que ese era su enemigo desde el mismo día de su entrada a Hogares.
La terminó, intentando ser escueta pero expresar todo lo que quería, e iba a levantarse para irse a su habitación cuando notó algo detrás de ella.
Se dio la vuelta y se encontró con unos ojos grises clavados en la carta que acababa de terminar y que se encontraba en su regazo. Al darse cuenta, la cogió con la mano y se levantó:
- Malfoy. – dijo la chica mirando al rubio. – ¿querías algo? – preguntó secamente.
- En realidad sí, Granger.
La respuesta del chico despertó la curiosidad de la Gryffindor.
- ¿Qué quieres?
-Verás, he estado pensando. Vamos a convivir aquí.
- Vaya, eres más inteligente de lo que pensaba.
- Deja tu sarcasmo malo para tus estúpidos amigos, Granger. Esto no es fácil para ninguno de los dos. Quizás para ti sí – sonrió arrogantemente – Al fin y al cabo, cualquier chica en este castillo desearía dormir bajo mi mismo techo.
Hermione rodó los ojos, exasperada por la arrogancia de aquel estúpido Slytherin.
- Malfoy, mejor déjate de rodeos y vete al grano.
- Está bien si lo prefieres así. No te atrevas a tocar mis cosas y no tocaré las tuyas. Si veo a la Comadreja o a Cararrajada por aquí, te juro que haré cualquier cosa.
- Respecto a…
- No he terminado. – dijo cortante el rubio, con odio en su mirada – Prefiero que no hablemos. Será más fácil. Tómatelo como una especie de tregua, sangre sucia.
- ¿Una tregua? ¿Y por qué debería aceptarla? – preguntó la chica.
- Por tu bien. Escucha, esto es solo por mi propio beneficio y el... acuerdo perdurará solo en esta torre.
Al menos así sabría que el ojigris no la iba a petrificar mientras dormía, pensó, a la vez que extendía su mano para agarrar la del chico y firmar la tregua.
El rubio miró su mano, casi con asco y se dio la vuelta para regresar a su habitación, dejando a la muchacha con el brazo extendido en el aire.
- ¿¡Malfoy es el otro "Premio Anual"!? – gritó el pelirrojo, mientras Harry, a su lado, intentaba sin éxito limpiar de su ropa el zumo que acababa de escupir, tras oír la noticia de su amiga.
- Sssssh, baja la voz, Ron. No es necesario que se entere todo el colegio – comentó Hermione, aun sabiendo que todo el mundo acabaría sabiéndolo. Simplemente era un hecho, no un secreto.
- Pero vamos, no hagas como que no te importa. Ese hurón va a aprovechar cada oportunidad que tenga para hacerte la vida imposible. Así no vas a estar tranquila. Renuncia a la torre y vuelve a Gryffindor, por tu bien Hermione. – dijo Harry, sin importarle que Dean y Seamus parecieran estar más interesados en aquella conversación que en mantener una propia.
- Firmamos una especie de tregua. No es que el haya cambiado un pelo, pero… no sé. Prefiero no tener problemas. Recordad que Dumbledore confía en que él sea bueno.
- Dumbledore creería eso incluso de Bellatrix. Vamos Hermione, tú eres una chica lista. ¿Malfoy aceptando comportarse normal? Seguro que trama algo, y si no vas a cambiar en tu opinión de mudarte, solo te pido que seas prudente. Tampoco es que vayáis a haceros amigos ni nada.
- No niego que puede que trame algo, Ron, pero creo que puedo ocuparme de ello. Al igual que yo no me quejo de tener a Lavender rondándonos todo el día. De hecho, casi preferiría a Malfoy. Por lo menos, no aprovecha cada segundo de su existencia para besarte.
Ron iba a abrir la boca para protestar, cuando unas manos le taparon los ojos y una voz aguda dijo:
- Buenos días, Ro-Ro. ¿Qué tal la primera noche? – a la vez que Lavender Brown se sentaba entre Hermione y Ron, mientras Harry, enfrente, miraba la escena divertido.
Hermione, susurrando un inteligible si antes lo digo…, se levantó y tras despedirse decidió ir a enviar la carta que había escrito el día anterior.
Le molestaba Lavender. A decir verdad, aun no había superado del todo sus sentimientos por el pelirrojo, pero ambos habían dejado claro en su anterior año, que era mejor que su relación fuera de amistad y nada más. Sí, lo habían intentado. Pero, simplemente, no funcionó. Habían dejado pasar demasiado tiempo y sabían que esa insana relación hubiera afectado la amistad del trío, aunque Harry lo negara. Y desde entonces, todo era más real entre ellos. Más cómodo.
Tardó un rato en llegar a la torre, porque además de que estaba lejos, se paró varias veces a saludar a algunos de sus conocidos y a hablar sobre su verano.
Cogió la carta y se dirigió a la lechucería, confiada en que estaría sola, puesto que todo el mundo se encontraba desayunando. Pero se sorprendió al entrar en la habitación y distinguir una cabellera de color rubio platino cerca de la ventana izquierda, desde donde Draco Malfoy la observaba calculadoramente.
- Malfoy.
Un gruñido fue toda su respuesta.
Draco ya había mandado su carta a la Mansión Malfoy y estaba a punto de irse cuando la castaña irrumpió en la habitación. Intentó sentirse enfadado, pero no era un sentimiento real. Algo extraño, teniendo en cuenta el odio que tenía hacia la chica. O eso quería creer él.
Hermione no había remarcado hasta el momento la lechuza de aire majestuoso y plumaje negro que se encontraba en el hombro del chico. Se acercó para acariciarla mientras el chico se alejaba todo lo posible y el animal pasó del hombro del chico al suyo.
- ¿Cómo se llama?
Draco la miró. No esperaba que la chica siguiera hablándole. No le gustaba. No podían ser amigos. Al final, contestó a regañadientes:
- Helenia.
La joven acarició a la lechuza, mientras esta le daba cariñosos picotazos en el dedo.
Malfoy se encontró mirando la escena curioso, y cuando se dio cuenta volvió a recuperar su arrogante gesto habitual.
- Adiós. – dijo secamente, caminando hacia la salida.
- ¿Ya no me insultas?
Maldición, esa chica no callaba nunca. Se volvió irritado.
- Adiós, sangre sucia. No sabía que lo preferías así.
Hermione rodó los ojos. Ni intentando ser amable con él conseguía evitar las malas palabras. Pero ya se estaba cansando de ese insulto y de ese chico.
- Malfoy, deja de llamarme eso. No tienes derecho.
- ¿Por qué debería hacerte caso?
- No es una petición. Es una orden. No sé si recuerdas lo que te paso en tercero. Ya sabes, el puñet…
- ¡Cállate Granger! No es necesario que me lo recuerdes. Fue humillante. Pero han pasado 4 años. Soy mucho más fuerte que tú. Obviamente, la situación ha cambiado.
- No me pegarías.
- Simplemente no me pruebes. ¿Algo más que decir?
- ¿Y tú?
Sangre sucia fue la primera opción como respuesta del chico. Pero algo en su subconsciente le impidió decirlo. Y esto enfureció al muchacho. ¿Acaso iba a tener que luchar contra su propia consciencia para insultar a la persona que odiaba? Y de nuevo, la misma pregunta que el día anterior… ¿la odiaba realmente?
Incapaz de seguir dándole vueltas a todo esto, Draco Malfoy se dio la vuelta y desapareció por el umbral de la puerta, dejando a una boquiabierta chica, aun a la espera de algún insulto como respuesta por parte de su enemigo. Aunque ahora que vivían juntos… ¿podía seguir considerándolo su enemigo? ¿O simplemente la persona a la que odiaba? Porque… le odiaba, ¿no?
Mientras pensaba todo esto, iba preparando a la lechuza que iba a enviar su carta y al terminar, le dijo al dirección y la soltó. Acto seguido, abandonó la sala, que quedó vacía, aun sintiendo el fantasma de la discusión que dos personas que dudaban su odio hacia el otro acababan de tener.
El fin de semana pasó pronto, y con él, llegó el principio del curso. El lunes no fue un día muy atareado, pues los profesores se limitaron a explicarles qué iban a hacer durante el curso, que nota necesitaban y de qué forma se les iba a evaluar.
Pero el martes, la cosa cambió y al mediodía, Hermione ya tenía pendientes 3 traducciones de runas, 2 redacciones de Historia de la Magia y 2 libros que leerse para Aritmancia. Así que disculpándose ante sus amigos, que no parecían agobiados en absoluto, se saltó la comida para pasar el día haciendo sus deberes en la tranquila Sala Común de su torre.
Y de nuevo, el rubio la sorprendió, pues había tenido la misma idea que ella y se encontraba haciendo sus deberes en uno de los sillones negros, apoyado sobre la enorme mesa de cristal.
- Vaya Malfoy, así que no soy la única que se preocupa por sus obligaciones.
- Granger, que Cararrajada y la Comadreja sean unos irresponsables no quiere decir que el resto del colegio también.
- Por favor, Malfoy, no los llames así. Es horroroso.
- No eres mi madre, no me des Ordenes, sangre sucia. No eres quién para hacerlo – dijo sin levantar la cabeza de su libro.
- Malfoy, solo intento ser agradable. Pero está claro que contigo es imposible. Deja YA de llamarme así.
- Es lo que eres, Granger. Ni siquiera mereces tu magia. Y te repito, NO ME DES ORDENES.
- Oh, cállate. Eres imbécil. Igual que tu padre.
Malfoy saltó ante la mención de su Lucius.
- No te atrevas a hablar de mi padre.
La chica había encontrado su punto débil.
- Debe ser duro no tenerlo en casa, Malfoy. O quizás no. Ya tienes muchos mortífagos por alrededor para suplir su espacio. Además, no creo que te enseñara nada más que a despreciar a los hijos de muggles. Demasiado ocupado con sus cosas como para criar a su hijo en condiciones.
Los ojos de Draco brillaban de odio. Apuntó hacia ella con su varita.
- Te aviso, otra palabra más y te juro que…
¡Y fin del segundo capítulo!
Realmente no tengo claro si estoy subiendo el formato correcto, así que si no es así, ¿alguien podría decírmelo? Realmente estoy confundida con esta página.
Espero que os haya gustado el segundo capítulo. De momento no son muy intrigantes porque estamos comenzando, pero pronto veréis como al ir escribiendo la historia, me he ido centrando en qué quería que ocurriera y he aprendido a proyectar mis ideas mucho mejor.
Parece que Malfoy está algo más calmado que otros años aunque, no nos engañemos. Sigue siendo él, con todo lo que eso implica.
Respecto a dejar el suspense en los capítulos, es mi forma de escribir y sé que a muchos no os gusta, pero es una buena forma de atraer vuestra atención y así, al leer cada nuevo capítulo, os sentís satisfechos de continuar lo que habíais dejado a medias. Pero no vamos a engañarnos, cuando yo leo fanfics, también odio que me hagan eso XD
Nada más por el momento, gracias por leerme y no dudéis en comunicaros conmigo a través de las reviews para cualquier cosa que necesitéis :)
¡Hasta el siguiente capítulo!
P.D.: Ya he entendido más o menos el funcionamiento de la página, espero que os guste y no dudéis en comunicarme vuestras dudas o opiniones :)
- Daphnea
