- ¿Qué? ¿Me matarás? Sé que no eres capaz, Malfoy. No eres tan malo como quieres hacer creer – tras esto, se dio la vuelta y se metió en su habitación.
Draco se quedó solo de nuevo, intentando calmar su respiración y apartar de su mente a su padre. Esa chica era odiosa, no podía creer que fuera a tener que convivir con ella. La mataría si pudiera. No era quién para juzgarle. Ni siquiera debería estar en Hogwarts. Para él, no significaba nada. De hecho, ahora tenía claro que sí que la odiaba… eso quería creer.
Y el rubio abandonó la sala, para dirigirse a las elecciones del equipo de Quidditch de Slytherin, que tardarían poco en empezar.
Media hora más tarde, Hermione terminaba de recoger sus cosas, pues les había prometido a sus dos amigos que iría al campo de Quidditch a ver las elecciones. No era una gran fan de ese deporte, pero le vendría muy bien algo de aire en la cara.
Se enfundó en una fina cazadora y salió del castillo, sintiendo como el viento le despeinaba, pero disfrutando el calor de finales de verano, que pronto se vería sustituido por el frío otoñal. Escocia no era un lugar especialmente cálido y por eso, los días así se agradecían mucho.
En camino, comenzó a pensar en Draco. Era odioso. No razonaba en sus pensamientos y su ira descontrolada podría hacerle daño. Decidió andarse con cuidado con él. Había notado que ese año se juntaba mucho con Theodore Nott, un compañero de Slytherin de su curso, rubio y muy atractivo. No era esto lo que le extrañaba, sino la distancia que notaba con Crabbe, Goyle y esa estúpida rubia, Pansy Parkinson.
Hermione había hablado alguna vez con Nott, no muchas, pero se había dado cuenta de que no era como los demás Slytherins. Y eso que su padre era un conocido mortífago. Pero él no tenía problemas con los hijos de muggles y su rostro reflejaba tranquilidad, aunque no faltaba en él la arrogancia y confianza propias de su casa. Solo esperaba que influyera algo en la conducta de Draco, que, por otra parte, también se juntaba con Zabbini Blaise, también Slytherin de séptimo curso. Aunque en él, la chica veía otras cosas: odio reprimido, depresión, soledad, arrogancia… características que le recordaban a su rubio compañero.
Enfrascada en sus pensamientos, llegó junto a sus amigos, que le comunicaron que la selección había concluido, y le presentaron el nuevo equipo de Gryffindor:
Los nuevos bateadores eras Ritchie Coote y Jimmy Peakes. Por otra parte, los cazadores serían Delmeza Robins, Ginny y, por desgracia para Ron y Harry, Dean. El guardián, por supuesto era el pelirrojo y el buscador el ojiverde.
No tendrían por qué tener algún problema en ganar el torneo ese año, o por lo menos eso dijeron los chicos.
Juntos caminaron hacia el Gran Comedor, cosa que Hermione agradeció, pues aunque no se hubiera dado cuenta antes, se moría de hambre.
La cantidad de deberes que los profesores les mandaban a los alumnos de séptimo empezó a aumentar, al igual que las rondas de Prefectos y los entrenamientos de Quidditch, lo que no les dejaba tiempo de descanso. El profesor Flitwick les mandaba ensayar 4 nuevos encantamientos cada día, Slughorn les hacía preparar pociones cuya lista de ingredientes ocupaba 3 pizarras y Snape seguía siendo insoportable con los Gryffindors, siempre dispuesto a restarles puntos por cualquier tontería.
Como esa mañana, que parecía tan corriente como cualquier otra.
- Bien, ¿alguien puede decirme la diferencia entre un hechizo defensor y uno protector?
La mano de Hermione se alzó velozmente, cosa que al profesor no pareció importarle.
- Vamos, no es tan difícil, ¿nadie? – Miró a la clase con ojos aburridos, aun ignorando a la chica, como siempre – bueno, la diferencia es que…
- La diferencia es que un hechizo protector únicamente protege, mientras que uno defensor, protege y ataca.
Snape puso cara de fastidio tras la interrupción.
- Señorita Granger, no recuerdo haberle dado la palabra. Serán 15 puntos menos para Gryffindor.
- Pero…
- Y si sigue hablando, le seguiré restando a su casa.
Hermione intentó contenerse. Pero tras 6 años, estaba harta. De ser la niña buena que nunca responde, que se queda callada mientras ese estúpido profesor la pone en ridículo.
- Puede hacerlo si lo desea. Estoy harta. No ponga esa cara de sorpresa, sabe perfectamente de qué le hablo. Me ignora como si fuera un insignificante gusano y no tiene derecho a ello. Estoy en esta clase al igual que los demás. Usted hace una pregunta para la que busca una respuesta y yo se la doy. Es muy simple y siempre ha funcionado así. Espero que lo entienda.
Harry y Ron miraban a la chica preocupados. Neville estaba tan pálido que hubiera podido desmayarse perfectamente en su sitio y varias mesas más adelante, los Slytherin esperaban ansiosos la respuesta del hombre. Todos menos uno.
Draco lo miraba, sorprendido e irritado por su audacia. Parecía estar llena de sorpresas, día tras día.
Sus miradas se cruzaron durante un momento. Ambos recordaban la estúpida discusión de esa mañana -la misma de todos los días. Hermione se levantaba mucho antes que el chico y lo despertaba, cosa que a este no le hacía mucha gracia -.
Y tras eso, el rubio se dio la vuelta y recuperó su habitual gesto y la muchacha intentó borrar su imagen de su cerebro. Mientras, Snape había recuperado el habla.
- 30 puntos menos para Gryffindor. Su clase ha terminado por hoy, señorita Granger. Vaya al despacho de Dumbledore. Malfoy, acompáñela.
- No es necesario. – lo último que le apetecía era oír el sarcasmo del rubio durante todo el camino.
- Se hará como yo he dicho, señorita Granger. Abandone mi clase YA.
Ambos chicos se levantaron resignados pero rápidamente ante y se dirigieron hacia la salida. Fue él quien habló primero, tras medio recorrido en silencio.
- Tienes más agallas de las que pensaba, Granger – cada vez utilizaba menos el despectivo sangre sucia.
- No necesito tu reconocimiento, Malfoy. No sé cómo he podido llegar hasta éste punto.
- Sí, también eres una bocaza enorme.
- No hagas como si no lo entendieras. Ponte en mi situación y lo entenderás.
- Nunca me pondría en tu situación, Granger. Es más complicado de lo que crees. Pero meterte con Snape… no sabía que eras una suicida. Será por juntarte tanto con el-niño-que-sobrevivió.
Otra de las cosas que irritaban a Hermione sobre el chico era la larga lista de insultos que tenía para su mejor amigo.
- En serio, Malfoy. Si alguna vez dices algún sarcasmo medianamente gracioso, te lo haré saber.
- Es muy considerado por tu parte. Pero tampoco yo necesito tu reconocimiento.
Y se hizo el silencio hasta el despacho de Dumbledore.
- Yo me voy, Granger. Pásalo bien – tras esto, sonrió socarronamente y se fue, dejando a una nerviosa y enfadada Hermione.
- Maldito Malfoy…
Llegó hasta el piso superior y tocó con dedos temblorosos a la puerta.
- Adelante.
Hermione entró y se quedó en el umbral de la puerta.
- Ah, señorita Granger. ¿Qué la trae por aquí a estas horas? Por favor, tome asiento.
La castaña se sentó en una de las mullidas sillas, en frente del director.
- ¿Y bien?
- Snape me ha enviado aquí.
- Vaya, nunca habría esperado oír eso de usted. ¿Qué ha pasado?
Hermione le relató todo con aire cansado, mientras el anciano escuchaba atentamente. Cuando terminó su relato, la respuesta llegó enseguida.
- Bueno, no se preocupe. Severus odia ser interrumpido, como bien has remarcado. Respecto a lo demás, le devuelvo los 30 puntos a Gryffindor – la muchacha sonrió – aunque debo quitarle 10 por la contestación a su profesor. Solo intente contenerse, señorita Granger. Dos no pelean si uno no quiere, recuérdelo siempre – Hermione se preguntó como el director conocía refranes muggles -. Vaya a su torre hasta su siguiente hora. Yo hablaré con Severus.
La Gryffindor se lo agradeció mientras abandonaba la sala. Realmente, Dumbledore era un buen mago, pero una mejor persona.
El resto del día pasó con normalidad, aunque Harry y Ron no paraban de reír al recordar la cara de Snape ante la respuesta de Hermione.
Ni alumna ni profesor volvieron a hablarse directamente y la cosa volvió a la normalidad al cabo de unos días, que se iban volviendo cada vez más ajetreados.
Por desgracia para la chica, cada vez tenía menos tiempo para estar con Harry y Ron, pues ambos acumulaban muchos deberes y también tenían entrenamientos. Aún así, sacaban algo de tiempo cada día para estar juntos. Al fin y al cabo, el trío dorado podía con todo.
A veces, incluso Ginny se unía, haciendo que Harry se pusiera nervioso. A Neville lo veían mucho menos desde que éste había comenzado a salir con Luna Lovegood, cosa que alegró mucho a todos.
Y, mientras tanto, Hermione y Draco mantenían constantes peleas. Como ese día.
La chica esquivó por los pelos el jarrón que le acababa de lanzar el rubio mientras intentaba desarmarlo. ¿La causa de esa pelea? Como siempre, Draco estaba enfadado con el mundo y lo pagaba con ella.
- ¡Malfoy! ¡Eres idiota! ¡Para ya, somos adultos! – algunos días, lograban convivir en paz. Pero la mayoría no. Aunque estaban acostumbrados y tras terminar sus riñas, volvían a la calma. Se llevaban mejor que a principio de curso.
El rubio no le hizo caso, y por fin consiguió desarmarla y petrificarla.
- Vaya, veo que esta es la única forma de domarte. Tengo que decir que me has obligado, yo no estoy disfrutando nada con esto. – dijo irónicamente.
Hermione consiguió librarse mentalmente del hechizo y se levantó, dándose cuenta de que estaba desarmada.
- ¿¡A qué ha venido eso, Malfoy!? – Dijo golpeándolo en el hombro - ¡No te he hecho nada! ¡Simplemente buscas las peleas! ¡Eres imposible!
El instinto del chico le obligó a apartarse ante el golpe de la castaña, y observó divertido como se marchaba hecha una furia. Pero algo estaba mal. Por dentro, sabía que se estaba comportando mal. Se lo decía su consciencia y eso le inquietaba, pues normalmente la voz dentro de su cabeza prefería incitarle a hacer acciones de ese tipo. Pensándolo bien, quizás se había pasado. No le dio más importancia y siguió con su libro, como si nada hubiera pasado.
Por su parte, Hermione estuvo enfadado un rato pero acabó olvidándolo. Tenía mejores cosas que hacer. Además, sabía que la ira de Draco hacia el mundo – que, a decir verdad, tampoco se había portado de perlas con él – era la causa de todo su resentimiento y de sus explosiones.
La liga de Quidditch había dado comienzo, y ese último sábado de octubre iba a tener lugar el partido Gryffindor VS Slytherin, que todo el colegio esperaba con ansias.
Hermione llegó justo a tiempo para ver como Harry atrapaba la snitch, acabando el partido 190-60 a favor de Gryffindor. La chica se puso muy contenta, aunque algo se le movió por dentro cuando vio como Malfoy bajaba de su escoba y se marchaba cabizbajo y solo hacia el castillo. Supuso que era regocijo al verlo triste, pero era pena. ¿Por qué? No lo entendía. Pero enseguida apartó todo eso de su cabeza para seguir a sus amigos.
En la sala común de Gryffindor, la fiesta era increíble. Parecía que acabaran de ganar la copa de las casas. Llevaban a Harry en hombros, mientras que Ginny y las demás chicas del equipo lo celebraban con unas cervezas de mantequilla – que posiblemente hubieran cogido de la cocina.
Buscó a Ron con la mirada para acabar encontrándolo en una esquina dándose el lote con Lavender. Desde luego, no les importaba la cantidad de gente que hubiera.
Hermione miró a la pareja con cara asqueada y se sentó en un sillón al lado de Parvati Patil, con quien estuvo hablando un largo rato. Normalmente habría sido una de sus compañeras de habitación, pero ese año era diferente. Sin Parvati y Lavender en su habitación, la chica no se enteraba de nada, pues ambas eran las mayores cotillas de Hogwarts. Parvati la puso al día de todos los chismes en un momento, hasta que Hermione, algo aburrida, se disculpó y fue al encuentro de Harry.
- Felicidades campeón – le dijo la chica al llegar hasta él.
- No te he visto entre las gradas. ¿Has ido al partido?
- Sí bueno. He llegado casi al final. Siento no haber ido antes, pero estaba en la biblioteca y he perdido la noción del tiempo.
Harry rodó los ojos.
- Hermione, estás demasiado atareada. Deberías descansar de vez en cuando. En insano encerrarse tanto.
Su amigo tenía razón y ella lo sabía, pero tampoco era el indicado para hablar, pues él y Ron retrasaban siempre al máximo el hacer sus deberes, hasta que ella iba a ayudarlos. Algo que le agradecían inmensamente.
Ginny se acercó hasta ellos, con aire cansado y se sentó al lado de la castaña.
- Hey Hermione. Deberías venir más por aquí.
- Lo intentaré, pero no tengo mucho tiempo. Entre los deberes, las rondas…
- ¿Ni siquiera los domingos por la noche?
- No sé, Gin, sabes que me gustaría pero está siendo un curso atareado de verdad. Algún día veré si puedo – dijo Hermione - ¿Qué te pasa Ginny? Tienes unas ojeras enormes.
- Sí, bueno… Ayer Dean y yo cortamos.
- ¿Y por qué no nos lo habías dicho? – preguntó Hermione, al darse cuenta de lo contento que se ponía Harry ante esta noticia.
- Porque… bueno, ya sabéis como es Ron. No quería que le diera mucho la lata a Dean.
- Sí, te entiendo – Hermione miró su reloj. Las 21:55. En 5 minutos le tocaba hacer ronda con Malfoy, como todos los sábados – chicos, me tengo que ir a hacer la ronda de los "Premios Anuales".
- Ah sí. No nos has contado nada más de Malfoy. ¿Se está portando contigo? – preguntó Harry.
- No me puedo quejar – mintió la castaña.
- En realidad si puedes, Herm. Eres nuestra amiga.
- Lo sé… bueno, que tengo que deciros. Él sigue igual, aunque vamos aprendiendo a soportarnos. Es mejor ignorarle y punto. Además, me tengo que ir, de verdad. Hasta mañana, chicos.
Y dejó solos a Harry y Ginny, que comenzaron animadamente a hablar, sentados peligrosamente cerca. Hermione sonrió. Harían una bonita pareja.
Llegó a la torre de los "Premios Anuales" a la vez que el rubio salía.
- Ya pensaba que no llegabas – dijo secamente este.
- Yo también me alegro de verte, Malfoy – respondió la chica, a lo que Draco la miró.
- ¿Es resentimiento lo que noto? ¿Problemas en el paraíso, Granger? ¿Potter? ¿Tal vez Weasley?
- No te metas en mi vida. No es de tu incumbencia.
- Ouch, eso dolió – bromeó el ojigris.
- Eres tan infantil…
- Y tú tan mandona.
- ¿Siempre tienes respuesta para todo?
- Para cualquier cosa que se te ocurra.
- Entonces respóndeme por qué los de Slytherin llevan tanto tiempo sin ganar un solo partido a Gryffindor – sabía que el Quidditch significaba mucho para él.
Draco se molestó por eso. Qué sabría ella. Era sólo que el maldito Potter parecía tener suerte en todo. Incluso en el día que casi muere. Draco lamentó ese casi.
- El pasillo está vacío. Nadie te oiría gritar. Te aconsejo que te calles.
- Yo te aconsejo que no des por hecho que me ganarías en un duelo.
- Lo haría sin duda. Nací para practicar la magia.
- Cállate, Malfoy.
- ¿No tienes repuestas más ingeniosas?
- No para ti.
- Esa no estuvo mal.
Hermione rodó los ojos.
- Eres un arrogante.
- Nadie ha dicho lo contrario, Granger. Al igual que tú eres una sangre sucia. – notó que la palabra salía de su garganta con dificultad. No le había gustado pronunciarla. De pronto, le sonaba fea.
- Idiota malcriado.
- Granger, te enfadas con demasiada facilidad.
- Porque no te soporto, Malfoy.
- Venga, no te lo tomes mal. Hay que aceptar las raíces.
- Sabes, prefiero tener unos padres muggles a tener tus padres. De hecho, antes elegiría que mi padre fuera el calamar gigante del lago antes que un mortí…
Draco la aprisionó contra la pared.
- Esto ya lo hemos hablado. No te atrevas a decirlo. No lo digas o te mataré.
La chica se quedó helada ante esa amenaza. El chico tenía un brillo psicótico en los ojos. Ambos se relajaron poco a poco, hasta que el chico se dio cuenta de su proximidad. Notaba la respiración de la chica en su nariz y habría podido contar sus pecas. Nunca se había fijado en ellas, ni en sus largas pestañas o sus dientes perfectos, no como años atrás. Se miraron sin comprender por qué no se separaban, esperando a que el otro reaccionara. Al final Hermione dijo:
- Siento… siento ese comentario, Malfoy.
El chico se apartó de ella y del escalofrío que acababa de sentir al oír su voz contra su cara y se alejó, turbado, por el pasillo.
Y así pasaron los días. No hablaban mucho, pero habían aprendido a convivir. Algún que otro "buenos días" – pocos por parte del chico – y menos miradas iracundas. Pero las discusiones seguían siendo abundantes, momento que ambos chicos, por alguna extraña razón, disfrutaban enormemente. Era tan… excitante. Se insultaban, se gritaban, acababan tan cerca… y todo se rompía cuando Draco decidía alejarse de la peligrosa atracción que la chica ejercía sobre él. Y, aunque para Hermione esos segundos fueran oro, también comprendía el peligro que había tras ellos.
¡Y fin del capítulo!
¿Qué os ha parecido? A los que ya lo habíais leído en mi otra cuenta, supongo que nada diferente, pero a los nuevos lectores me gustaría saber si os gusta que la historia siga este camino o no. Voy a seguir subiendo el resto de capítulos pendientes entre hoy, mañana y puede que el jueves. Pero el viernes tendréis la continuación de la historia donde la dejé la última vez, no os preocupéis.
Hemos tenido un poco de Hinny (que estará presente durante la historia), una pequeña pelea con Snape (que se va a ir haciendo un personaje muy importante en los siguentes capítulos) y, por supuesto, algo de Dramione. Nada importante de momento, pero no vamos a negar que cada momento es una punzadita de esperanza para nuestro corazón XD
Espero opiniones y comentarios, y muchas gracias a todos por leerme, de verdad. Es eso lo que me hace feliz, incluso al comienzo de una novela, que haya un puñadito de gente fiel a la historia que cada semana dedique tiempo a mí - aunque solo sean 5 minutos.
Nada más por el momento, seguimos con la historia así que... ¡Hasta el capítulo que viene!
- Daphnea
