Pronto llegó la Navidad y el colegio se fue vaciando, aunque no tanto como otros años. A la gente le daba miedo dejar atrás la seguridad del colegio en los tiempos en los que vivían. Los mortífagos no habían realizado aun ningún ataque importante, pero todos los días El Profeta publicaba una lista con todos los muggles desaparecidos o asesinados. También eran normales las destrucciones de edificios, puentes, accidentes de tráfico que, a primera vista, parecían sucesos naturales, pero bien sabía el Ministerio, aunque se esmerara en ocultarlo, que esto no era así.

Entre esos estudiantes que se quedaron en Hogwarts, se encontraban Ginny, Harry, Ron, Hermione y Draco. Los 4 primeros habían decidido no visitar La madriguera por los peligros que esto supondría. El trío dorado quería aprovechar al máximo sus últimas Navidades en el castillo. Además, como bien había insistido Lupin en remarcar en la última reunión de la Orden, no era prudente que Harry abandonara el colegio.

A Hermione no le sorprendió que el rubio no se fuera. No era momento para los Malfoy de tener a Draco rondando por los pasillos de la casa, pues era bien sabido que Malfoy Hall era el lugar principal de las reuniones de los mortífagos, y la castaña creía normal que Narcissa Malfoy intentara mantener a su hijo lejos de todo peligro. Sin saber por qué, a la Gryffindor le alegraba la noticia de que su compañero de torre fuera a quedarse en Hogwarts.

La víspera de Navidad llegó y Hermione, Harry y los dos Weasley se pasaron toda la tarde haciendo batallas de bolas de nieve, como todos los años.

- ¡Cuidado Harry!

El ojiverde se volvió ante la advertencia de la menor del grupo, a tiempo para ver como una bola enorme le golpeaba en plena cara. Cayó de espaldas sobre la mullida capa de nieve y se levantó colocándose las gafas mientras Hermione y Ron reían a carcajadas.

Ginny se acercó lentamente hasta él y, sin apartar la mirada de sus ojos, le limpió los blancos copos del pelo mientras el chico notaba que, a pesar del frío, se sonrojaba violentamente. La pelirroja bajó la cabeza y se dio la vuelta turbada, pero Hermione fue la única que advirtió la situación y sonrió para sus adentros. Siempre había pensado que esos dos hacían buena pareja.

Sobre las 6 las chicas marcharse a vestirse para la cena de la noche, dejando a Harry y Ron conjurando un muñeco de nieve.

Cuando Hermione llegó a su habitación se dio cuenta de que le sobraban dos horas para prepararse, así que decidió darse un baño de esos que tanto la relajaban en el enorme baño de su torre.

Cogió su bikini, su toalla y algo de ropa y se dirigió a la puerta bajo las escaleras.

- Portum – dijo, tras lo que la puerta se abrió dando paso a una enorme habitación, en cuyo centro se encontraba una enorme piscina de aguas cálidas. Hacia ella caían cientos de grifos, cada uno con diferentes temperaturas y cantidades de agua. A los lados de la inmensa bañera había varios lavabos y alguna ducha. La pared del frente era de cristal, y dado la altura a la que se encontraban, esa sala gozaba de unas vistas increíbles de los patios nevados. Para Hermione, la sala era impresionante y un perfecto lugar para relajarse con el ajetreo que llevaba durante el curso. Amaba sumergirse en la bañera y, durante horas, mirar a través de la ventana las escenas que se desarrollaban en el patio. Así había descubierto, por ejemplo, que Hagrid salía de su cabaña cada tarde, hacia las 7, y se encaminaba hacia el Bosque Prohibido, para reaparecer media hora después; que Neville y Luna daban largos paseos en silencio; que Hannah Abbot practicaba hechizos en uno de los rincones más apartados. Era su ventana secreta, y aunque no se consideraba cotilla, la Gryffindor amaba observar la vida en Hogwarts.

Hermione se puso el bikini, observando como Harry y Ron terminaban un muñeco enano y con una mueca burlona y regresaban hacia el castillo. Eligió las sales de baño que más le gustaban y se introdujo en la piscina.

Era increíble la sensación de estar bajo el agua. Aislada de todo. Solo ella. Lo amaba. Como siempre, se sumergía hasta que sus pulmones reclamaban oxígeno y emergía a la superficie. Algún día probaría alguno de esos conjuros para respirar bajo el agua que utilizaron los participantes del "Torneo de los Tres Magos" 3 años antes en su segunda prueba.

Pero la castaña había olvidado cerrar la puerta detrás suya, así que 10 minutos después y mientras la chica se encontraba debajo del agua, Draco entró en el baño, dándose cuenta de que no estaba solo. Sabía que no estaba bien que se quedara allí, pero algo le impedía irse. Ese algo era ella, por supuesto. Admiró su cuerpo, cuyas curvas llevaba siempre escondidas debajo del uniforme. Parecía mucho más femenina allí, con esas grandes caderas a juego con sus pechos y esa delgada cintura, que muchas envidiarían. La admiró en secreto hasta que se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Porque él, Draco Malfoy, no podía admirar de esa forma a una sangre sucia. ¿Entonces porqué no sentía asco al verla? ¿Porqué su cuerpo se negaba a apartar la vista? ¿Porqué se sentía, quizás... excitado? Enfadado por su debilidad, dio la vuelta para salir del baño en silencio, pero tropezó, haciendo el suficiente ruido para que la chica percibiera su presencia.

Hermione se giró y lo encontró de espaldas a la piscina. Supo que había estado espiándole y esto la enfadó y avergonzó al mismo tiempo. ¿Es que el chico no tenía cosas mejores que hacer?

- ¿Se puede saber qué haces aquí, Malfoy? - preguntó duramente, tapándose con toda la espuma que fue capaz de reunir.

- No me eches la culpa, Granger. Si has olvidado cerrar la puta puerta…

- Eso no te da derecho a espiarme –interrumpió ella.

- ¿Espiarte? Acabo de llegar. No creas que me gusta espiart…

- Malfoy no me mientas –dijo cansada – eres malísimo mintiendo.

- Bueno me da igual. Este baño es tan tuyo como mío y puedo estar aquí si me da la gana. - Draco acababa de tomar una decisión, que se reflejó en una sonrisa burlona - De hecho, creo que tomaré un baño.

- Es mi turno. No tengo pensado salir.

- No es mi problema – dijo mientras se desprendía de sus ropas.

La chica abrió los ojos al ver su torso desnudo y se sonrojó.

- ¡Malfoy, déjate los bóxers al menos! – dijo mientras el chico la miraba sonriendo engreídamente.

- Como quieras, pero vamos Granger, nada que no hayas visto antes. Todo el mundo sabe de tu aventura con Weasley.

- Yo y Ron no…

- No te estaba preguntando. Es obvio que es cierto por el rubor de tus mejillas y tu nerviosismo. ¿Eres pudorosa, quizás? Sí, tú tampoco sabes mentir. Podemos hacerlo a tu manera si prefieres, pero no quita que me vaya a bañar – dijo mientras saltaba al agua.

Hermione se dio la vuelta tratando de ignorarle pero éste le comenzó a lanzar agua mientras hacía ruidos desagradables a su alrededor. Sintió que se relajaba para después, acerarse lentamente a ella.

Draco la miró con asco. Asco, porque notaba las sensaciones que aquella chica producía en él. Y eso no estaba bien. No podía ser que ella no se dignara ni a mirarle mientras que él no podía apartar la vista de la chica. Y eso le enfadó y encendió al mismo tiempo. Nadie había rechazado nunca a Draco Malfoy, y esa sangre sucia no sería la primera.

Hermione notó la cercanía del chico y, al volverse para defenderse, se topó con el pecho del chico delante de ella. Sólo unos pocos centímetros los separaban. La Gryffindor notó como se ponía nerviosa y el rubor acudía a sus mejillas. Tenía que salir de ahí antes de que fuera demasiado tarde, se dijo segundos antes de fijar sus ojos en los del rubio. Aquel color gris hielo la tranquilizó y la paralizó. Había un destello felino tras ellos y Hermione supo que estaba perdida. Cuando el chico se lanzó sobre ella, simplemente le siguió el juego. El Slytherin besaba con fuerza y firmeza, quizás demasiada para ser delicado, pero aun así, la castaña notaba miles de mariposas revolotear en su estómago. Sus bocas se abrieron dando pista libre a sus lenguas, que jugaron en la boca del otro, mientras, sus manos se exploraban ávidas.

Él recorrió la curva de su cintura hasta depositar su mano en su firme trasero mientras que ella admiraba el duro tacto de sus abdominales e intentaba memorizar todos y cada uno de los músculos que se tensaban en su espalda tras el toque de las suaves manos de la castaña. Finalmente, entrelazó sus dedos en su suave pelo platino, ahora mojado.

El chico bajó por su mandíbula hasta detenerse en su cuello, donde depositó suaves besos que la hicieron suspirar y acto seguido subió hasta morderle el lóbulo izquierdo.

La chica ahogó un gritito mientras volvía a entrelazar sus bocas, esta vez más firmemente. Un beso lleno de promesas que ambos sabían que no podían cumplir.

¿Cuánto llevaban así? Segundos, minutos, horas… el tiempo era algo inconcebible e incalculable en esos momentos, mientras las templadas gotas de agua caían sobre la frente de ambos desde su mojado pelo y una capa de agua difuminaba ligeramente sus cuerpos entrelazados, las piernas de ella rodeando su espalda. Ese momento que tanto habían deseado, por fin se realizaba. Pero como todo, la magia duró poco.

El chico se separó y la miró. Su corazón, como el de ella, latía rápidamente y sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas. Había besado a muchas chicas antes pero nunca había sentido algo así, ese deseo de seguir haciéndolo hasta el día del Juicio.

Supo en ese momento que habían perdido ese temerario juego que sin saberlo, empezaron tiempo atrás en esa ronda nocturna. Notó su pelea interna entre el odio y el impulso de seguir besándola.

Como siempre, el odio ganó en Draco Malfoy.

Sin dar más explicaciones, la apartó con brusquedad, salió del agua y se fue del baño. Pero antes de salir, se volvió y dijo:

- Esto no ha pasado, ¿queda claro, Granger? Si se lo cuentas a alguien… – ni siquiera consiguió encontrar una amenaza que no hubiera utilizado y salió enfadado consigo mismo, con el mundo, por ese momento de debilidad que había tenido. Si su padre se enterara lo castigaría duramente, de eso no había duda. Y con nadie menos que la mejor amiga de Potter, la chica a la que odiaba. ¿La odiaba? A esas alturas, ni siquiera intentó autoconvencerse. Sabía que no lo hacía. O no tan intensamente como antes.

Aún en la bañera, Hermione, sin moverse, siguió cavilando un rato sobre todo aquello. ¿Por qué la había besado? Se había sentido bien mientras lo hacía y de hecho no se arrepentía. Notó su tristeza ante la marcha del rubio y se sintió sola. Sí, se estaban haciendo daño. Pero prefería ese dolor al de no tenerlo. Y es que, aunque no lo supiera, Hermione estaba empezando a enamorarse de su enemigo. Algo que sólo le traería problemas. Además, ¿y Ron y Harry? Si se enteraran… odiaban a Malfoy. Y no sin razón. Se dijo a sí misma que lo mejor sería apartarse de él. Lo más probable es que el rubio solo quisiera aprovecharse de ella o hacerle daño, y Hermione no iba a sucumbir a sus encantos tan fácilmente. No era como todas esas chiquillas que suspiraban al verlo pasar o como esa estúpida de Parkinson, que parecía vivir para satisfacer las necesidades del chico.

Las imágenes de lo que minutos atrás habían vivido no paraban de reproducirse en su cabeza como una película atascada, y así, perdió la noción del tiempo. Notó como unas lágrimas silenciosas se deslizaban por su mejilla y se dio cuenta de que estaba llorando. Sin ni siquiera saber porqué.

Cuando se dio cuenta, solo quedaban 10 minutos para cenar, así que salió del agua rápidamente y se secó mediante magia. Se sonrojó al comprobar el chupetón que lucía en el cuello, cortesía, por supuesto, del rubio. Lo acarició suavemente e invocó el perfume a menta que tanto le gustaba. Por las barbas de Merlín, se estaba volviendo loca. Tras esto, lo tapó con maquillaje y algo de magia. Acto seguido, se vistió con un flamante vestido rojo, que había seguido el regalo de sus padres por su anterior cumpleaños.

- ¿Dónde te habías metido? Ya creíamos que Malfoy te había lanzado un maleficio o algo así – dijo Harry al tiempo que Hermione se sentaba a su lado en la larga mesa.

- Me he quedado dormida y se me ha hecho un poco tarde – se disculpó la chica. No era una excusa excelente, pero era lo primero que se le había ocurrido. Intentó que no vieran como se ruborizaba ante la mención de Draco.

Las 4 mesas que solían ocupar la gran sala habían sido sustituidas por una, ocupada por los estudiantes que pasaban las Navidades en el castillo. Los profesores también se sentaban en esa mesa, aunque los únicos que habían permanecido en Hogwarts eran, como todos los años, McGonagall, Snape, Trelawney y, por supuesto, Dumbledore.

La comida era más abundante que normalmente. Pasteles, ensaladas, marisco, pescado, carne, estofados, guisos, asados, surtidos de verdura, pudding, sopas, frutas exóticas, miles de tipos de postres diferentes… una larga lista de innumerables manjares.

La cena sucedió en un ambiente tranquilo. Harry y Ron planeaban qué hacer en su próxima visita a Hogsmeade, para la que no quedaban mucho más de 2 semanas. Ginny conversaba con Luna, que se había sentado con ellos, mientras que Neville había ido a reunirse con su abuela para pasar las Navidades. Por suerte, Lavender tampoco se había quedado.

Hermione fingía prestar atención a la conversación de sus amigos, pero no paraba de pensar en su último baño. Había decidido evitar cruzarse con él en su torre. Mejor lo evitaría en todas partes y punto.

Apartó esos pensamientos de su cabeza cuando Ron le empezó a hablar de los regalos de Navidad. La chica quedó con ellos a las 10, en la sala común de Gryffindor, para abrirlos juntos y pasar una buena mañana.

Varios asientos más allá, Malfoy, entre Nott y Pansy, tampoco podía sacarse de la cabeza a la chica. La odiaba realmente por hacerle pasarlo tan mal. Él no podía tener esos dolores de cabeza por una sangre sucia. Sabía que era inalcanzable y se maldijo. Teniendo a tantas chicas a sus pies, él decidía correr detrás de Granger. Era estúpido.

Pansy le rodeó con un brazo por la cintura y Draco, como siempre, no dijo nada. Aunque una voz en su cabeza siempre le decía que no estaba bien utilizar a la chica a su antojo, ella estaba tan perdidamente enamorada de él que no le molestaba. Y de vez en cuando, Pansy no le venía mal para olvidar sus penas durante un rato.

- ¿En qué piensas? – dijo Theo observando a Draco.

- ¿Eh? No, en nada.

- Vamos Malfoy, ¿no me lo vas a decir? - dijo sonriendo burlonamente - ¿mal de amores?

Pansy lo miró rápidamente.

- Cállate Nott - dijo cansado.

- ¿Te pasa algo, Draco? – la rubia lo miró con ojos tiernos.

El chico suspiró y siguió cenando en silencio. Lo había decidido, hablaría con la castaña. Le diría que se alejaría de él. Que solo la había puesto a prueba y que, por supuesto, el no buscaba nada con ella.

La cena terminó alrededor de las 11, momento que Dumbledore aprovechó para decir unas breves palabras:

- La Navidad es una época para pasar en familia o con tus seres queridos. Sé que muchos de vosotros echaréis de menos a mucha gente. Así pues, brindemos, como hacen los muggles en estas fechas, por todos aquellos que no pueden estar presentes en estas fechas. Viven en nuestro recuerdo – dijo mirando directamente a los ojos de Harry – y eso nunca cambiará – dijo a la vez que levantaba su copa, gesto que todos imitaron – Brindo por Hogwarts y la seguridad que nos ofrece.

- ¡Por Hogwarts! – respondió al unísono un coro de voces. Los Slytherin no se unieron a ese coro.

- No quiero extenderme más. Feliz Navidad a todos, creo que ya es hora de irnos a dormir.

Tras lo que la cena se dio por finalizada y cada uno volvió a sus respectivos dormitorios.

Hermione dejó a sus amigos en la torre de Gryffindor y se encaminó, con el corazón latiendo fuertemente, hacia la torre de los "Premios Anuales", rogando que el Slytherin no estuviera allí. Pero ese, al parecer, no era su día de suerte. Él la esperaba sentado en el sofá blanco. Hermione trató de escabullirse pero la voz del chico le hizo girarse cuando ya tenía un pie puesto en las escaleras.

- No hagas como que no me has visto. Tengo que hablar contigo.

- Creo que lo has dejado claro antes. Lo olvidaremos y punto. No diré nada. Tampoco me creería nadie.

- Solo quiero que intentes comprender… no puedes entender mi situación.

- Sé que te sientes solo. Sé que has pasado un mal verano. Sé que no eres tan malo como quieres creerlo. Sé que últimamente no me llamas sangre sucia. Sé que me has besado antes y no has corrido a lavarte la boca. Sé que estás cambiando aunque ni siquiera tú seas consciente. Sé que… sé que ya no te odio. No tanto como lo hacía.

La chica terminó aquel pequeño discurso y, sonrojada, esperó la respuesta del rubio.

Draco asimiló todo esto sorprendido. Las palabras de la castaña le habían movido algo dentro. ¿Tenía razón? Es cierto que no le caía tan mal, no podía decirse que la odiara. Le gustaba discutir con ella hasta cansarla y no paraba de recordar lo de antes de la cena. Pero… ¿en serio estaba cambiando? Y si era así… ¿lo notarían sus amigos y la gente fuera de esa torre? Eso le preocupó seriamente.

- Granger… lo estás haciendo muy difícil.

Hermione se acercó a él con cuidado, hasta estar a su lado.

- No me culpes de algo de lo que tú también formas parte. No todos los demás son los culpables de las cosas que te pasan, Malfoy.

- ¿Quizás entonces no seguistes mi beso? Porque te recuerdo que eso es el desencadenante del problema. Como siempre, tú. - Hermione abrió los ojos ampliamente.

- ¡Comenzaste tú, Malfoy! ¿Es que te has vuelto loco? ¡Siempre acusas a los demás y NO ES JUSTO!

Draco la miró, estaban muy cerca. Miró sus labios y olvidó todo lo que había ordenado a su cabeza. El momento en el que sus labios se rozaron, simplemente se dejaron llevar. Como antes habían hecho y como tanto estaban lamentando. Un beso lento que hizo revolotear mariposas en el estómago de la chica.

- Draco, no creo que…

El chico la silenció con otro beso, esta vez más firme. Rodeó con fuerza su cintura y la atrajo hacia él. Únicamente los separaba la ropa que llevaban puestos. Por lo demás, no había un solo centímetro de espacio entre sus cuerpos.

Siguieron así durante un rato, como unas horas antes. Notó el suspiro de la chica en su boca y notando como perdía toda la cordura que le quedaba, se dejó llevar y presionó a la chica contra la pared mientras deslizaba su mano por debajo de su falda...


¡Y fin del capítulo! 😊

¡Por fin algo de Dramione! Sé que muchos de vosotros ya no resistías más la separación de los chicos y... bueno, yo tampoco XD

¿Tendrá acaso la magia de la Navidad algo que ver en todo esto? Yo creo que, personalemente, Draco se ha dejado llevar porque estaba de buen humor. Y no la ha besado una vez sino dos... ¡a ella, Hermione Granger! Parecer ser que le da igual ensuciar el apellido Malfoy, ¿o no?

El capítulo siguiente veremos las conclusiones que sacan de todo esto y sabremos si, al fin, deciden dejarse guiar por su corazón o por su cerebro.

Recordad mandarme vuestra opinión, yo os responderé en seguida y no olvidéis darle al Go. Gracias por leerme y espero que os esté gustando la historia :)

¡Hasta el capítulo que viene!

- Daphnea